La zona de Banes en el contexto cultural holguinero de principios del siglo XIX
En el plano político administrativo la zona de Banes vivió pocos
cambios en el Siglo XIX. Si entre 1760 y 1800 había sido un punto
más dentro del Partido de Almirante, entre 1804 1854 se le ascendió
a la categoría de Partido bajo la denominación Banes, con los
cuartones: Río Seco, Mulas, Banes, Tasajeras y El Ramón. Finalmente
la nueva división política administrativa asumida entre 1854 y 1878
suprimió los Partidos aledaños de Banes y Tacajó, reestructurando
los cuartones respectivos ahora denominados: Samá, Banes, Berros,
Retrete, Tacajó y Bijarú, y sumándolos a los de Alcalá, Tasajeras y
Bariay, constituyendo con todos ellos, el nuevo Partido de tercera
clase, denominado Bariay.
Hacia los inicios del siglo XIX la aún poderosa familia holguinera
González de Rivera, poseedora entre otras tierras del Hato de
Bariay, comenzó a asentarse más ampliamente en el hato de los
Berros, iniciándose la reducción del poder de la familia Guerrero
en el lugar. En 1807, Pedro Guerrero le vendió a Juan Francisco
González Rivera de la Cruz, 335 pesos de posesión en los Berros; en
este propio año Juan Francisco testó y declaró ser el poseedor de
la hacienda de los Berros y Tacajó, la cual dijo le había costado 3
000 pesos. Más tarde, en 1831, Manuela González, su viuda, le
vendió a su hijo Manuel de Jesús, 500 pesos de posesión en la
hacienda en el sitio de Tasajeras, dato que indica que los González
le habían dado creces a su propiedad antes de ese instante.
Para 1817 en el partido de Banes se reportaron 5 haciendas (el 8,2%
de todas las de la Jurisdicción) y 5 sitios de labor (el 1,04% de
toda la Jurisdicción) con un total de 3 296 caballerías de tierras.
Entonces existían en su territorio 268 habitantes, de ellos 114
blancos, 53 libertos y 101 esclavos, dato demográfico de interés
que muestra que el 57,46% de la población era de origen africano.
El que el 37,68% de los habitantes fueran esclavos apuntan hacia un
determinado peso de la agricultura de tendencia mercantil en el
área.
El 13 de octubre de 1819, luego de decretarse la ley que puso fin
al régimen precapitalista posesionario sobre el suelo y
reconocedora del derecho capitalista a la plena propiedad sobre la
tierra, la hacienda de Banes fue redimida en 1 500 pesos, estando
repartida esta heredad de los Castellanos, entre el principeño
Lorenzo Castellanos Francia y sus primas habaneras Justa e Isabel
Uson Castellanos. Suponemos que en alguna de las notarías de Puerto
Príncipe debe existir un documento, al parecer el testamento de
Lorenzo, aclarador de en qué forma y momento, las hijas de Cecilia
Castellanos Francia, se hicieron de la mitad de la hacienda. A cada
parte, Castellanos Mojarrieta y Uson Castellanos, le
correspondieron 1 498 pesos y 6 reales de posesión, con lo cual
para entonces la hacienda se valuaba realmente en casi 3000
pesos.
Durante la segunda década del siglo XIX la oligarquía terrateniente
holguinera aún aliada al gobierno colonial discute y promueve
varios proyectos en función de acelerar el crecimiento económico
jurisdiccional, entre ellos la fundación de un puerto habilitado al
comercio, el que se discute entre las bahías de Gibara y Naranjo,
la primera ganará la partida con la inauguración de la Batería de
Fernando VII en enero de 1817, así como la fundación de nuevas
parroquias. En 1820 el arzobispo Joaquín de Osses Alzúa y
Cooporacio, acepta a la solicitud del Ayuntamiento Constitucional
de Holguín, la multiplicación de la parroquial de San Isidoro con
la fundación de la Iglesia de San Fulgencio en Auras (se instala en
Punta de Yarey, luego poblado de Gibara) y las parroquias de San
José (ciudad de Holguín) y Santa Florentina de Retrete, esta última
con el objetivo de atender la población del territorio en el
extremo norte oriental de la Jurisdicción. Pero según testimoniara
el historiador Diego de Ávila y Delmonte 45 años más tarde, por
causas de " atenciones mal entendidas y de intereses
particulares, " la Iglesia de Santa Florentina se ubicó en la
poco poblada hacienda de Bariay, sugerencia que interpretamos como
una acusación al influjo particularista de la familia González de
Rivera. Finalmente el cura propietario de esa Iglesia, Presbítero
Miguel García Ibarra y Bermúdez, logró en 1856 su traslado
definitivo para el poblado de Fray Benito.
Para 1827 el gobierno colonial realizó un nuevo intento colonizador
sobre la zona de la bahía de Nipe; pero como los planes anteriores
el esfuerzo no fructificó en nada concreto. A diferencia de la zona
de Banes, área occidental de la bahía de Nipe, en el área oriental
de la misma para esta fecha ya hacía varios meses que fructificaba
el primer centro urbano de la zona, el Pueblo de San Gregorio de
Mayarí, fundado en 1826 al calor de los dueños del corral allí
existente que donaron una caballería de tierra para su
fundación.
En marzo de 1829, Josefa Mojarrieta, ya viuda de Lorenzo
Castellanos Francia, obtuvo de sus sobrinas políticas Justa e
Isabel Uson Castellanos, la mitad que les faltaba de la hacienda,
unificando todas las tierras bajo su mandato. El 17 de septiembre
de 1831, por decisión del Alcalde Ordinario de Puerto Príncipe,
Josefa logró la implementación de la voluntad testamentaria de
Lorenzo normativa de que la herencia correspondiente a cada uno de
sus tres hijos varones (José de la Cruz, Rafael y Manuel), sobre el
valor de la hacienda de Banes, se utilizaría en la educación de los
mismos.
Durante la década de 1830 el gobierno colonial valoró un plan
colonizador en áreas aledañas a la bahía de Banes, el que no llegó
a resultados concretos. Para esa fecha dentro de la hacienda de
Samá se iniciaba la historia del sitio de Cañadón, explotado
inicialmente por la familia Ricardo; con gentes como María de la
Cruz Ricardo, viuda de Pedro Batista Rodríguez y Juan A.
Ricardo.
Un momento quizás desagradable para los hacendados de Mulas y Banes
fue mayo de 1836 cuando el Ayuntamiento holguinero, siempre escaso
de fondos llegó a la conclusión de que ambas haciendas adeudaban el
importe del censo a propios, señalando como en el lejano año de
1770, este había sido acatado por los dueños respectivos. Para
suerte de Manuel Trinidad Ochoa, dueño entonces de la hacienda de
Mulas, comprada a Salvador Dieguez, había recibido de este y
guardado los documentos que probaban que la misma ya había sido
redimida. De la de Banes, entonces representada legalmente por
Esteban María Castellanos, sus dueños tampoco sufrieron muchos
percances, porque también probaron haberla redimido años antes.
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