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Historia política de Chile

Autor: Ricardo Aguilar Cubillos
Curso:
2/10 (1 opiniýn) |1171 alumnos|Fecha publicaciýn: 20/04/2006
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Capýtulo 1:

 Desde Patria Vieja a Seudo Anarquía (1810-1829)

La Patria Vieja

Desde el primer momento en que la colonia hispana de Chile instaura una Junta Nacional de Gobierno, se pensó en normar el uso del poder, dictando una Constitución Política del Estado o la República. En 1811 se eligió un Congreso Nacional, a quien se le entregó el poder, una vez establecido el 4 de julio del mismo año. Con su aparición de este poder legislativo comienzan a manifestarse las primeras tendencias políticas del país. La mayoría de los diputados eran del sector "moderado", que sostenían que la Junta de Gobierno sólo gobernaba en ausencia del monarca legítimo, Fernando VII de Borbón, el cual estaba hecho prisionero por los ejércitos franceses de Napoleón Bonaparte. Sin embargo este sector moderado, propiciaba algunas reformas como por ejemplo el derecho de las colonias a elegir diputados para las Cortes de Españolas. Entre sus miembros de gran renombre se pueden contar a José Miguel Infante y Agustín Eyzaguirre y Arechavala. Otro sector político era el "exaltado", quienes aspiraban a terminar todo vínculo con el régimen colonial anterior, y pasar a conformar una República Democrática. Sin embargo, este ideal libertario estaba en franca minoría en el Congreso de 1811. A sus filas pertenecían importantes personalidades de la época como Juan Pablo Fretes, Manuel de Salas, Bernardo O´Higgins, Camilo Henríquez y Manuel Recabarren, entre muchos otros, que serían finalmente los que vencieran, a pesar de la enorme oposición que hacían los sectores conservadores del país, representados en el Congreso por una mayoría abrumadora.

Un tercer y último movimiento político, o "tendencia" como le denominan algunos autores a los fenómenos políticos de la época postcolonial, no tenía carácter doctrinario, sino que sólo propiciaba la lealtad al rey, y deseaban mantener el régimen colonial como estaba hasta antes del 18 de septiembre de 1810. E intentaron de muchas formas evitar el curso que estaba tomando el país. Ejemplo de ello fue el "motín de Figueroa", auspiciado por la aristocracia monarquista de la capital, junto al coronel Tomás de Figueroa, quien realizó un motín intentando evitar la proclamación del Congreso Nacional, el cual, fue finalmente retenido, y opacado. Entre las personas que defendieron los derechos de España sobre nuestro país podemos mencionar a Agustín Urrejola y Manuel Fernández, ambos miembros del primer Congreso Nacional.

En septiembre del año antes mencionado, un golpe de Estado, el primer en Chile, liderado por José Miguel Carrera Verdugo, y sus hermanos, llevó al poder a la tendencia más radicalizada del sector "exaltado" pero fue sofocado por los ejércitos que defendían a la Junta y al Congreso. Un nuevo golpe de poder vendría a terminar con el débil proceso democrático llevado hasta el momento, el 2 de diciembre de 1811, llevando al poder a José Miguel Carrera, estableciendo una Dictadura caudillista. Logró profundizar la autonomía alcanzada hasta esos momentos, ordenando crear el Primer Reglamento Constitucional Provisorio, y creó además los primeros símbolos patrios. Abolió la esclavitud, y estableció normas del uso del poder, declaraba la lealtad al rey Fernando VII, pero tenía un carácter republicano.

Ante este intento emancipador, el Virrey del Perú, don Fernando de Abascal y Souza, envío tropas a Chile, las cuales lograron vencer a duras penas al ejército patriota, en Rancagua, el 2 de octubre de 1814, entrando a la capital, la cual ya había sido abandonada por el gobierno provisorio de Francisco de la Lastra, que asumiera cuando Carrera debió viajar al sur a dirigir las campañas anti realista. El virreynato peruano restauró la monarquía, Mariano Osorio, vencedor de las batallas finales del período de Reconquista, sería nombrado nuevo Gobernador de Chile.

De esta forma, acababa todo intento emancipador de los criollos nacionales. Los pocos que defendían aún la causa patriota fueron puesto bajo prisión en la isla de Juan Fernández, mientras que los militares patriotas emigraron a Mendoza a reunir fuerzas con el ejército trasandino de José de San Martín.

La Patria Nueva

Tras el triunfo patriota en Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, se pone fin a la restauración monárquica, que retornó el régimen colonial al país una vez que Fernando VII recuperó el trono hispano. El general Bernardo O´Higgins es designado Director Supremo, ante la negativa del general San Martín a asumir aquel cargo. Los carrerinos se formaron en la oposición al régimen o´higginiano, cuyo gobierno quedaba automáticamente reelegido con la promulgación de las Constituciones de 1818 y 1822. Una de las medidas más importantes del gobierno de O´Higgins fue la organización de los ministerios, dividiendo las funciones del ejecutivo; en materia legislativa, se creó un Senado de carácter conservador, eliminando la Cámara de Diputados. La oposición fue más ferviente tras el asesinato del líder patriota de los Húsares de la Muerte, Manuel Rodríguez Erdoiza (Til-Til, 1818), y de los hermanos Carrera (Mendoza, 1821), cuyas muertes se atribuían a decisiones del Director Supremo. Con estos hechos, la oposición, más que reunirse en torno a ideales políticos o doctrinarios, lo que hizo fue formar grupos subversivos al régimen impuesto en 1817. En 1822 se dictó una nueva constitución, obra del Ministro de Hacienda, José Antonio Rodríguez Aldea. En esta nueva carta fundamental, se estipulaba un Ejecutivo confiado al Director Supremo, quien mantenía el cargo por seis años, con derecho a reelección por otros cuatro años. El poder legislativo recaía en la Cámara de Diputados (uno por cada 15.000 habitantes), y un Senado, siendo esta la primera ocasión que el Congreso era de carácter bicameral. Su elección se realizaba por medio de un complicado sistema en el cual los cabildos elegían a los individuos sufragantes, de entre los más importantes vecinos; juntas las Cámaras elegían al Director Supremo. El poder judicial, que nunca sufrió cambios considerables a lo largo de la historia, se conformaría por los Tribunales de Apelaciones, y las Cortes Anexas Provinciales.

El estado del país, y la pérdida de popularidad de O´Higgins determinaron la dictación de esta nueva constitución, que lejos de consolidar la organización del estado, creó una inestabilidad y agravó la precaria situación del gobierno coadyuvando a su caída. La gente vio en ella, con bastante razón, el propósito de prolongar la permanencia de O´Higgins en el mando, idea que se rechazaba, no obstante el prestigio y los grandes servicios del padre de la patria [1].

La situación del gobierno era precaria; su política cercana a la Iglesia Católica produjo mayor oposición en los sectores liberales. La aristocracia no aceptaba su mando, y por si eso fuera poco, dentro del ejército era impopular. En 1822, Ramón Freire Serrano, sublevó la guarnición de Concepción; en Illapel se alzó Miguel luis Irarrázaval; sin embargo, O´Higgins aún conservaba generales leales en Santiago, a Juan A. De la Cruz y José Joaquín Prieto en Concepción; pero esta vez estuvo a la altura de héroe, y pudiendo prolongar su mandato, decidió, por el bienestar nacional, citar al Congreso Nacional para el 23 de enero de 1823, a quienes les entregó su renuncia indeclinable al cargo de Director Supremo, quienes conformaron de inmediato una Junta de Gobierno, integrada por Fernando Errázuriz, Agustín de Eyzaguirre y José Miguel Infante, para poder mantener un orden institucional, político y democrático, así, procederían luego a escoger al sucesor, quien adoptaría también el cargo de la Dirección Suprema, situación que recayó finalmente en el general liberal Ramón Freire.

Período Seudo Anárquico

Después de la abdicación del general O´Higgins, en 1823, aparecieron en la vida política chilena dos grupos que ya existían de forma latente desde los primeros días de la independencia nacional. La evolución del o´higginismo, eran ahora llamado Pelucones o Conservadores. Se componía este grupo por la aristocracia castellano-vasca-navarra, defendían un régimen de autoridad, de respeto a las costumbres y tradiciones, fervientes creyentes del catolicismo, y sus leales defensores fueron, entre otros, José Gregorio Argomedo, Juan Egaña y Joaquín Prieto Vial. Al contrario, estaban los Pipiolos, o Liberales, herederos de la tendencia carrerina, influenciados enormemente por el libertinaje europeo. Pertenecían a la clase culta, se inclinaban por un régimen democrático y libre. Eran católicos, pero tolerantes; entre sus miembros cabe mencionar a Ramón Freire, Manuel Borgoño y Francisco Antonio Pinto.

Junto a estas dos tendencias políticas, que ya pueden comenzar a llamarse partidos o movimientos, claramente definidos por sus programas doctrinarios, nacieron además grupos minoritarios. Uno de ellos fue el Partido Federalista, impulsado por José Miguel Infante, inspirado en el exitoso modelo norteamericano, pretendió ser instalado en Chile. Otro grupo de este período, fueron los llamados "estanqueros", sector político heterogéneo, dirigido por Diego Portales. Se reunieron en torno a su figura, y su empresa de estanco de algunas especies, como el tabaco, de ahí el nombre del movimiento. Aquí estaban Juan Francisco Meneses (antiguo monarquista); Manuel José Gandarillas (ferviente carrerino); José A. Rodríguez Aldea (leal o´higginista), entre muchos otros. Durante este período además, nacen los primeros ensayos de Constitución, textos dominados por la corriente del autor, y que intentaron regir, con mayor y otras con menor éxito, el destino de nuestro país. Los tres ensayos a saber son: el "moralista", redactado en 1823 por el jurista Juan Egaña Risco. La carta establecía un estado unitario, democrático, y católico. El ejecutivo correspondía a un Director Supremo, por espacio de cuatro años, con derecho a una sola reelección. Su poder estaba limitado por el Consejo de Estado, el Congreso y las Asambleas de Ciudadanos. El poder legislativo se confiaba a un Senado, de nueve miembros por elección de Asamblea, y renovados cada seis años; y una Cámara Nacional, compuesta de consultores de entre 50 y 200, duraban ocho años en sus funciones, renovándose cada cuatro por octavas partes. La ley excluía a cualquier otra religión que no fuese la católica, del ejercicio público. El poder Judicial, como ya habíamos mencionado, no tuvo jamás grandes modificaciones, creándose ahora Tribunales jerarquizados y la Corte Suprema de Justicia.

El ensayo "federal", fue redactado por José M. Infante, en 1826. No fue una carta propiamente tal, ni formalmente aprobada. La impaciencia de los líderes federalistas por ver funcionar el sistema, llevó a estos a presionar al Congreso Nacional dictando algunas leyes federalizadoras del sistema político. Desde el cargo de Presidente del Consejo Directorial de 1825, que sustituyó a Freire por unos meses, mientras se encontraba el Director Supremo en misión de guerra contra los últimos realistas en Chiloé, Infante logró crear las ocho Asambleas Provinciales que dividían la país, y para el 14 de julio de 1826, ya estaba aprobado que se realizaría una elección presidencial. Los cabildos elegirían el 22 de julio a sus gobernantes, se estableció una elección directa y popular, para gobernadores, intendentes, cargos canónigos y cabildantes. El Director Supremo pasaba a ser Presidente de la República, y ocupó este cargo por primera vez en Chile, don Manuel Blanco Encalada, con el 59,45% [2] de los votos (22 votos electorales), venciendo al mismísimo José Miguel Infante (40,54%, 15 votos), a este le secundaba un Vicepresidente de la República, cargo que fue ganado, con un 57,14% (20 votos) por don Agustín de Eyzaguirre, quien venció al 40,54% (15 votos) de Francisco Antonio Pinto. Las ocho provincias eran: Coquimbo, Aconcagua, Santiago, Colchagua, Maule, Concepción, Valdivia y Chiloé. Cada Asamblea elegía a los miembros del Congreso Nacional. Finalmente, el régimen federal no dio el éxito esperado. Blanco Encalada renunció al poder, siendo sucedido por Eyzaguirre en 1827, y este sería derrocado por el coronel Enrique Campino Salamanca, quien devolvió el poder al general Ramón Freire, quien ordenó trabajar de inmediato en un nuevo proyecto constitucional, el Congreso se autodisolvió, y Freire dimitió en su Vicepresidente, don Francisco Antonio Pinto.

Finalmente, se logró una nueva carta fundamental. En 1828 el intelectual español, José Joaquín de Mora, en colaboración del jurista Melchor Santiago Concha, pudieron dar al país un nuevo orden institucional, acorde a la situación real de Chile. Este fue el ensayo "liberal", abarcando en él todos los ideales pipiolos. El país se establecía en forma unitaria, republicana y democrática, aunque se mantuvieron las Asambleas Provinciales en las ocho provincias creadas por el régimen federal. El Ejecutivo recaía en el Presidente de la República por espacio de cinco años, sin derecho a reelección, con un Vicepresidente, que sería la segunda mayoría electoral. Los ministros serían designados por el Presidente. El Legislativo era bicameral, con 16 senadores, elegidos cada cuatro años (dos por cada Asamblea Provincial), y los diputados, elegidos cada dos años, uno por cada 15.000 habitantes. La religión oficial era la católica, y excluía del ejercicio público a las demás, siendo esta una medida para apaciguar a los ánimos pelucones (conservadores), que no veían con buenos ojos esta nueva constitución. Consagra además libertades personales, derechos e igualdad, ampliación de la ley de votación, entre otras garantías.

Al término de este período se le conoce como el período anárquico. Sin embargo, muchos autores consideran erróneo denominarlo así. Argentina, Bolivia, Perú y Venezuela vivieron procesos de caudillismo en estos años, mientras Paéz dominaba la política venezolana, y Santander la colombiana, Andrés de Santa Cruz lograba dominar tanto Bolivia como Perú. Argentina, por su parte estuvo bajo el dominio de Pueyrredón y José Manuel de Rozas. Pero todos ellos llegaron al poder por la vía anárquica para fines personalistas, o partidistas, en pocos casos. No pretendían lograr mejoras al sistema independiente naciente de todas estas naciones, ni mucho menos lograr una organización estable. La lucha entre liberales y conservadores, fue la tónica de las anarquías, sin embargo, el caudillaje también fue una importante característica. Sin embargo, en Chile no existió Anarquía propiamente tal, sino más bien fue la consecuencia de un deliberado plan de ensayar sistemas políticos diferentes en busca del ajuste entre la ley y la realidad nacional de ese entonces. No hubo caudillismo ni militarismo, las personas que detentaron el poder mostraban el menor interés por éste, y si bien muchos fueron militares, no llevaban las armas al gobierno. En definitiva, no fue un problema entre bandos militares lo que ocasionó una guerra civil en 1829, sino una cuestión netamente política, lo que va a generar el título de Anarquía. La elección presidencial de 1829, dio como vencedor en propiedad al entonces Presidente provisorio (por ser Vicepresidente de Freire a su renuncia), don Francisco Antonio Pinto Díaz, militar y miembro del pipiolismo; pero el problema no surgió en él, pues en su cargo fue indiscutidamente el ganador, pues obtuvo 118 votos con un 29,06%, sino que en la Vicepresidencia ocurrirá el problema, pues quien debía haber ocupado aquel cargo debió ser el civil y pelucón Francisco Ruiztagle Portales (que obtuvo 98 votos, 24,13%), o el militar y pelucón José Joaquín Prieto Vial (que obtuvo 61 votos, 15,02%); cabe recordar que eran nueve candidatos; sin embargo era el Congreso argumentando que ninguno tenía la mayoría absoluta, y tomando en cuenta que la constitución no explicaba el procedimiento adecuado en tal caso, y todo esto unido a que la mayoría del Congreso era pipiolo, y presidido por Francisco Ramón Vicuña Larraín, hermano de Joaquín Vicuña Larraín, quien fue finalmente electo Vicepresidente por el Congreso, a pesar de que éste obtuvo sólo 48 votos (11,82%). Entonces los pelucones encontraron la excusa para iniciar acciones militares en contra del gobierno pipiolo. Esta lucha fue encabezada por Ramón Freire y Francisco de la Lastra, quienes defendían el gobierno liberal; y José Joaquín Prieto por los pelucones, mientras Ruiztagle y Diego Portales llevan a cabo un primordial papel político pelucón en la capital. El Presidente Pinto dimitió al cargo, pero dejó el gobierno no al Vicepresidente, sino al hermano de éste, el Presidente del Senado Francisco Ramón Vicuña Larraín. En la Batalla de Ochagavía Freire llegó a un armisticio con Prieto. El poder quedó en Ramón Freire quien organizó una Junta de Pipiolos, mientras Vicuña Larraín huía a Valparaíso. La nueva Junta pretendía llamar a elecciones de un nuevo Congreso Nacional, para dejarles el poder, pero en esos momentos se instalaba en Santiago un Congreso de Plenipotenciarios del Peluconismo.

[1] Sergio Villalobos, Osvaldo Silva, Fernando Silva y Patricio Estelle; "Historia de Chile, Tomo 3", Editorial Universitaria, Ed. 1995, página 442

[2] Datos Estadísticos de Elecciones entre 1827 y 1970. Enciclopedia Libre Electrónica: Wikipedia Copyright, www.wikipedia.org, búsqueda: "elecciones presidenciales de Chile"

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