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Capítulo 10:

 Valoración global de la desamortización


La desamortización debe entenderse como una pieza importante de la revolución agraria liberal, que pretendía cambiar la naturaleza de la propiedad y transformar el marco jurídico-institucional de la actividad agraria (para lograr un mercado libre de obstáculos que conseguirá el bien común a través del inevitable ‘ de la productividad, como resultado de la búsqueda del beneficio de los agentes individuales).

Balance de la desamortización:

No fue la medida más importante de la revolución liberal agraria, sino que fue tan importante como la desvinculación o la abolición del régimen señorial. Pero la desamortización es la medida más documentada y la que más enconamientos provocó - dando lugar a muchos tópicos también.

El éxito o fracaso del proceso desamortizador sólo puede verificarse racionalmente si se contrastan los resultados obtenidos con los objetivos perseguidos:

Pues bien, el objetivo principal era transformar el régimen jurídico de la propiedad de la tierra, en dos sentidos: transferir la propiedad a nuevas manos libres, y acabar con la titularidad colectiva. La desamortización cubrió estos objetivos, aunque con matizaciones:

- Una extensión del 20 - 25% de las tierras de España cambiaron la naturaleza de su propiedad, pasando de ser propiedad colectiva a ser propiedad privada (lo cual fue un éxito indudable). Así mismo, incrementó notablemente el número de propietarios. Las estimaciones de Fontana son de un incremento de un millón de nuevos propietarios (otro éxito indudable).

- El número de jornaleros aumentó muy considerablemente, en 1,5 millones a mediados del S. XIX. En cuanto a los censatarios, su número también disminuyó mucho respecto al inicio del siglo. La razón en que muchos de estos arrendatarios (y censatarios) se hicieron propietarios, y otro mucho se hicieron jornaleros: proletarización del campo.

Los efectos de la desamortización fueron distintos por regiones. Evidentemente, dependían en primer lugar de la riqueza previa a desamortizar de cada región. Pero también del sistema previo de explotación. En una parte importante de las tierras afectadas por censos enfitéuticos: sólo cuando el censatario se hizo con el dominio directo (que era lo que se vendía, y no la tierra), entonces la propiedad cambió realmente de naturaleza, al coincidir en la misma persona los dominios útil y directo. En caso de que el adjudicatario fuera cualquier otra persona, se mantenía la propiedad imperfecta. Y en general el censatario carecía de los recursos financieros para hacerse con le propiedad. Esta situación fue aún más frecuente en el caso del sistema subforal de Galicia y Asturias.

Por eso la desamortización fue muy importante en las dos Castillas, Extremadura y Andalucía occidental, y tuvo escasos resultados en el Levante, Asturias, Galicia, Cantabria y Vascongadas.

Tampoco fue completa la desamortización en el caso de los bienes municipales, continuando la titularidad colectiva en grandes extensiones de montes y otros terrenos catalogados "de aprovechamiento común" (según la Ley Madoz).

En cuanto a otros objetivos de la desamortización:

- Objetivo hacendístico o financiero : Las agobiantes necesidades financieras del Estado desde la época de Carlos III y Carlos IV les llevó a crear una masa considerable de Deuda Pública. Pero llegó un momento en que la corona fue incapaz de pagar incluso los intereses de la misma deuda, lo cual la desacreditaba como sistema de refinanciación futuro (nadie confiaba ya en la deuda pública de la corona).

La desamortización (tanto eclesiástica como civil / municipal) fue utilizada para paliar estas enormes necesidades financieras, y sobre todo en la fase Mendizábal - Espartero pretendía disminuir el volumen de la deuda, dejándola en una cifra cuyos intereses pudiesen ser atendidos por el gobierno. El reproche más habitual a la desamortización es que fue una pésima operación financiera, "un inmenso latrocinio" en palabra de Menéndez Pelayo.

Pero los estudios recientes subrayan que el propósito financiero fue cubierto. Al estudiar los precios de salida y remate, en la fase Mendizábal - Espartero, los precios de remate duplicaron a los precios de tasación. Si bien es cierto que no se logró acabar con el problema de la Deuda, Fontana y otros autores señalan que Mendizábal no pretendió terminar con la Deuda Pública, sino que expresamente habla de "minorarla".

En la fase Madoz, el capital obtenido en las subastas no se destinó en tanta proporción a reducir la Deuda Pública, sino a equilibrar los presupuestos del Estado y a las subvenciones de las líneas de servicio general del ferrocarril.

Además, de forma general hay otra aportación hacendística importante:

Como resultado del cambio de propiedad de las tierras, ahora en propiedad particular, van a contribuir más a la Hacienda Pública. Al analizar la Contribución sobre bienes inmuebles, cultivo y ganadería (la principal herramienta fiscal del S. XIX), se comprueba que la contribución aumentó notablemente con la desamortización. Si esos bienes no incrementaron todavía más la contribución, la causa fue el clientelismo político.

Ahora bien, una de las consecuencias más negativas de la desamortización, desde el punto de vista fiscal, fue la drástica disminución de ingresos de los ayuntamientos, que perdieron la propiedad y las rentas derivadas de los bienes de propios. Estos ingresos eran importantísimos para los ayuntamientos, y su pérdida dejó las arcas municipales y provinciales en una situación precaria. La consecuencia más grave de todo ello es que ni ayuntamientos ni diputaciones pudieron financiar las tareas que las leyes les asignaron: enseñanza primaria y beneficencia.

En cuanto a la crítica de que las subastas supusieron la absorción de unos capitales que podían haberse destinado a otras inversiones alternativas, no parece cierto: En la fase Mendizábal - Espartero, y también con Madoz (desde 1856), los bienes subastados se pagaron en buena medida con títulos de Deuda Pública. En el primer caso, a su precio nominal, y con Madoz al precio de mercado de la Deuda del día anterior a la escrituración. Pero en cualquier caso, no afectaron a inversiones alternativas, ya que ese papel de Deuda Pública no valía nada si no era porque el Estado lo admitía como válido.

- Objetivo de cambio de propietarios: Hay autores (Fontana) que dicen que la desamortización benefició sobre todo a la burguesía, y que se creó una nueva burguesía terrateniente, un latifundismo burgués.

Esto es más bien un tópico, o quizás fuera cierto sólo en algunas zonas de Extremadura y Andalucía. Pero como dice G. Rueda, la estructura de la propiedad no cambió tanto con la desamortización, sino que se vino a insistir en la estructura ya existente: En regiones latifundistas, se incrementó el latifundio, y en regiones de pequeñas parcelas, no se hicieron latifundios, sino que aumentó la parcelación.

- Objetivo social de redistribución de tierras: Aunque Mendizábal en su exposición de motivos planteaba este objetivo, que se cumpliría cuando incluso "jornaleros y artesanos" acudieran a las subastas, lo cierto es que sólo las gentes con dinero en efectivo o papel de la Deuda (los dos únicos medios de pago) pudieron hacerse con las propiedades sacadas al mercado.

Los compradores fueron 3 grupos:

a) Compradores de vecindad urbana, sobre todo residentes en Madrid, gracias al sistema de doble subasta: Comerciantes, fabricantes, hombres de negocio - especuladores de la reventa, los "profesionales de la subasta" según Zorrilla -, funcionarios y militares.

b) Compradores de vecindad rural, sobre todo propietarios previos de tierras, o arrendatarios / censatarios. También las profesiones liberales de la España rural: funcionarios y militares.

c) Otros compradores. Fueron un porcentaje menor de adquirentes. Fueron nobles, que acudieron con títulos de Deuda Pública con los que fueron indemnizados tras la abolición del régimen señorial (juros viejos), para recomponer sus patrimonios nobiliarios. También algunos burgueses enriquecidos, miembros del clero a título particular, y un sector del campesinado. Estos últimos tuvieron unas condiciones mucho más favorables con Madoz que con Mendizábal. Algunos censos enfitéuticos se podían redimir, de tal forma que el campesino, que ya tenía el dominio útil, compraba el dominio directo, con lo que adquiría la plena propiedad o propiedad perfecta. Con Mendizábal, pocos censos fueron redimidos, ya que la compra del dominio directo fue muy onerosa, y por el contrario, la venta del domino útil le resultaba favorable al campesino. Otra estrategia, usada en La Mancha, por ejemplo, fue la de asociarse varios campesinos para lograr alcanzar el precio de subasta de los bienes de propios o comunales de su pueblo.

El coste social. Los grandes perjudicados de la desamortización fueron la Iglesia y los municipios. La Iglesia, además, vio suprimido el diezmo, lo que supuso un drástico recorte de sus rentas, y como consecuencia una reducción de su papel social.

La educación y la beneficencia se secularizaron y se hicieron desde el Estado en el S. XIX. Sin embargo, la atención hospitalaria de las órdenes religiosas - las únicas permitidas en el Concordato - así como la enseñanza primaria y secundaria, siguieron en manos de la Iglesia. La razón es que las haciendas municipales no tenían la capacidad financiera necesaria para encargarse de beneficencia y educación (en buena medida por el recorte de ingresos fruto de la desamortización municipal)

La Ley Moyano (1857) así lo reconoce, ya que aunque instaura la obligatoriedad de la enseñanza primaria, también dice que al menos 1/3 de las escuelas deben ser públicas. Esto significa que 2/3 eran privadas, es decir, básicamente de la Iglesia.
Los ayuntamientos fueron privados de los bienes de propios y comunes.

La Ley Madoz sin embargo, decía que los "bienes comunales de uso común no serían expropiados, y así se salvaron algunas tierras". Pero estas tierras que continuaron amortizadas eran por lo general los bienes comunes, de uso compartido y gratuito. La mayor parte de los bienes de propios, que eran los que daban rentas a los ayuntamientos, sí fueron desamortizados.

En cuanto al campesinado:

La conclusión de Martínez Carrión en su obra sobre el nivel de vida en la España rural, es que el campesinado del 2º tercio del S. XIX sufrió un importante descenso del nivel de vida. Pero todavía más, disminuyó su calidad de vida, no sólo el nivel. Así por ejemplo, las tallas (altura) de la población muestran un descenso de estatura en esos años, señal de malnutrición.

La reforma agraria liberal supuso algunas ventajas indudables para los campesinos: la abolición del diezmo y de los derechos señoriales y jurisdiccionales. También fue ventajosa para aquellos campesinos censatarios con ciertos recursos que pudieron acudir a las subastas y adquirir la plena propiedad.

Pero la desamortización municipal de Madoz fue perjudicial para todo el campesinado, y en especial para los que menos tenían. Y tanto los que continuaron como censatarios como los nuevos jornaleros, que pasaron a trabajar para otros propietarios, según las gentes de la época (Flórez Estrada, Moyano, Bueno) empeoraron sus condiciones de vida con estas nuevas relaciones laborales.

Es notoria la diferencia del primer liberalismo de Cádiz y el Trienio y el liberalismo post-revolucionario. Al principio, uno de los objetivos de la desamortización fue la redistribución real de la riqueza, no hacia los burgueses sino hacia los más desfavorecidos; pero este objetivo social se fue difuminando en época de Mendizábal, y al llegar a la discusión sobre la Ley Madoz, la propuesta del diputado Sr. Bueno (1855) de repartir entre los campesinos más pobres una parte importante de los bienes expropiados, resultaba ya chocante entre los mismos progresistas.

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