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Capítulo 1:

 Las Revoluciones de 1854


Los últimos gobiernos de la Década Moderada: Bravo Murillo, Roncali, Lersundi, habían sido minoritarios, carentes de la confianza parlamentaria, y sólo poseedores de la confianza de la Corona.

Son gobiernos autoritarios, cuasi dictatoriales, de los que se habla de despotismo ministerial, tiranía de los gobernantes, de restricciones; sobre todo de imprenta(Texto ROT)

Son gobiernos que se plantean la reforma constitucional de 1845; que quieren cambiar esa constitución. Pero cambiarla en un sentido conservador. El primero que lo plantea es Bravo Murillo en 1852: estaba imitando a Luis Napoleón Bonaparte, que en diciembre de 1851 había reformado la Constitución de los franceses.

Esto significaba la restricción de las libertades públicas, el fortalecimiento de la Corona, la restricción del cuerpo electoral, y la reforma del Senado en sentido conservador; quería hacerlo hereditario.

Son gobiernos de inmoralidad, de corrupción generalizada, donde el escándalo se centraba sobre todo en la cuestión de la construcción de los ferrocarriles.

Claudio Moyano, ministro de Fomento en el Gobierno Roncali, es consciente de esa corrupción, y quiere denunciar las irregularidades que sus predecesores han hecho en las concesiones ferroviarias.

Llevó los expedientes al Consejo Real, que dictaminó procedente la anulación de todas las concesiones hechas anteriormente.

El Gobierno no lo aceptó, y Moyano tuvo que salir. Esa corrupción explica la reacción que se produce en el Senado, que teóricamente tenía que representar los valores morales de la sociedad.
Algunos senadores querían acabar con esta inmoralidad y hacen una ley de concesión de ferrocarriles.

Facundo Infante presenta un proyecto de Ley General de Ferrocarriles en el Senado en el Gobierno Roncali.

Cuando llega Sartorius al Gobierno, quiere acabar con esa corrupción, y presenta otro proyecto de Ley de Ferrocarriles en la Cámara Baja.
El conflicto estaba servido, ya que el reglamento de Cortes prohibía que se tratase la misma materia a la vez en las dos cámaras.
Senado y Gobierno estaban en conflicto, que se resuelve en la memorable sesión de 9 de diciembre de 1853, en la que el Gobierno fue derrotado por 105 votos contra 69 por el Senado.

La calidad de las gentes que votaron en contra del Gobierno era muy importante: gentes de la grandeza, altos cargos, magistrados, capitanes generales.

La Cámara Alta, era vitalicia, por lo que no se podía disolver.

Isabel II mantiene el Gobierno, cesando a quien hubiese votado contra éste. Se mandan militares a otras misiones, se les quita de en medio.

Pero se había consolidado una oposición, donde la prensa era un arma muy poderosa en esta denuncia al Gobierno Sartorius. Son periódicos progresistas y moderados que se manifiestan contra ese Gobierno, y avisan a Isabel II que de seguir así la revolución va a ser inevitable.

Quieren un cambio político controlado, que no rebase el horizonte liberal burgués. Nada de revolución roja como en 1848, sino un cambio político controlado.

Hasta aquí las razones políticas. Pero hay también razones sociales y económicas para el levantamiento de 1854:

- Encarecimiento de los artículos de primera necesidad (pan); y no suben por una crisis de subsistencia, sino por acaparamiento de las ciudades por la Guerra de Crimea (1853) que impide la llegada del trigo ruso al mercado occidental; la consecuencia es el encarecimiento del trigo español. Esto pasa en una época de salarios estables.

- Problemas laborales por la industria textil catalana. En los meses de marzo-abril de 1854 la conducta de los trabajadores ante el progreso, ante las máquinas fue de rechazo, ya que desplazaban al trabajador.

- Por situación muy precaria pasaba el artesanado; un sector muy numeroso en España, y espina dorsal del sector industrial del siglo XIX. Se vieron abocados a una proletarización, ruina y migración. Aumentó el paro en las ciudades y la mendicidad pública.

- Agobios financieros del Estado que llevan a paralizar las obras públicas.

En Madrid, en 1854, se paralizan; y varios millones de obreros que estaban haciendo el Canal de Isabel II se quedan sin trabajo.

Todo esto sumado hizo estallar la revolución el verano de 1854. Desde finales de junio se habla de tres revoluciones decisivas:

1ª Revolución de los moderados puritanos: con O´Donnell y el General Dulce a la cabeza. Hay dos manifestaciones:

1. El 28 de junio de 1854 los generales, desde Alcalá de Henares dirigen una exposición a la reina señalándole los agravios del Gobierno Sartorius, y pidiéndola su cese. La respuesta de la Corona fue la exoneración de cargos, y expulsión del ejército de los que habían firmado esta exposición.

2. Acción de Vicálvaro: el 30 de junio de 1854 se enfrentan las tropas gubernamentales dirigidas por el General Blazer, basadas en la artillería, contra las tropas levantadas de O´Donnell y Dulce basadas en la caballería.

El enfrentamiento acaba sin vencedores ni vencidos; concluye con la retirada de los gubernamentales al centro de Madrid, y los otros al Sur, deteniéndose en Manzanares (Ciudad Real)

El enfrentamiento incruento de Vicálvaro demostró dos cosas:

1. La debilidad del Gobierno, que no pudo derrotar a los sublevados.

2. La debilidad de los pronunciados que no pudieron provocar el cambio político.

El Gobierno Sartorius dio interpretación del levantamiento a través del Heraldo el 1 de julio de 1854 (Ver texto)

En cuanto a los revolucionarios; tendrían que ampliar el frente revolucionario; y la respuesta es el Manifiesto de Manzanares de 6 de julio de 1854 (Texto 95)

Manifiesto de Manzanares:

El Manifiesto está redactado por Canovas y supervisado por O´Donnell y Serrano (al que se achaca la intervención de la Milicia Nacional)

La interpretación básica del manifiesto es la invitación de los generales puritanos a los progresistas para que se sumasen a la revolución.

Palacio Atard habla de invitación informal; Comellas en cambio no está de acuerdo; no ve en el texto nada de esto.
Estíbaliz está de acuerdo con Atard.

Los sublevados desmienten al Gobierno, al Heraldo: Vicálvaro no va contra la reina; ellos buscan sólo la descentralización (aquí se deberían comentar las 4 leyes de los moderados de 1845)

Llaman a la formación de juntas de gobierno; el juntismo es un movimiento muy progresista.

Sevilla Andrés decía sobre este documento que la invocación a las Cortes Generales, es lo que transformaba este movimiento de mero pronunciamiento a ser una revolución.

2ª Revolución de los Progresistas:

Surgen juntas revolucionarias en las capitales de provincias. La composición sociológica de las juntas revolucionarias está marcada por la sobre representación de los comerciantes y los profesionales liberales; hay también muchos militares, y en cambio poca presencia de artesanos (espina dorsal de entonces) y oficios.

Pero en Madrid, el auténtico protagonista de la revolución progresista fue el jornalero y (aquí sí) el artesano. Por tanto en Madrid se presencia el levantamiento de los sectores populares.
Fue algo que Pérez Galdós dedicó a su Episodio: "La Revolución de Julio"

3ª Revolución demócrata:

El principal escenario como apuntábamos antes es Madrid. Aquí el protagonismo es de los demócratas a partir del 17 de julio; esto se traduce en una lucha armada entre los sectores populares y el Gobierno.

Hay violencia extremada en Madrid: actos vandálicos promovidos por una masa ciega que asalta las casas; y la primera es la de la reina madre (El Palacio de las Rejas); la de Salamanca; se hacen hogueras con cuadros y joyas.

La Revolución triunfa, e Isabel II nombra presidentes de gobierno para frenar el movimiento. Cesa a Sartorius, y nombra a sucesivos presidentes; la revolución no termina, hasta que no llama a Espartero; único capaz de imponerse a las masas.

Antes de que se constituya el Gobierno Espartero, se le fuerza a la reina a entonar un mea culpa. Es el Manifiesto de 26 de julio de 1854 (Texto 115); algunos historiadores hablan de humillación para la Corona:

Se vincula al trono con el pueblo; la Corona no pertenece a un partido, sino a la Nación a la que ella, está dispuesta a escuchar a través de las Cortes.

Tras esto, el 28 de julio de 1854, Espartero forma Gobierno, acompañado de otro hombre fuerte. Espartero asume la presidencia del Consejo de Ministros; el otro hombre fuerte es O´Donnell, moderado puritano, que ocupa el Ministerio de la Guerra. Se llega a hablar de diarquía.

Es un gobierno de coalición; de progresistas y moderados; que abre una nueva etapa en el reinado de Isabel II: el Bienio Progresista 1854-1856.

A través de las Cortes Constituyentes se va a dar otra versión de Estado Liberal (el primero fue el de los moderados); el de los progresistas; un gobierno de coalición entre progresistas y puritanos que se enfrentó a los problemas derivados de la falta de un programa común; de tratar de conciliar ideas tan distintas como defendían los que formaban el Gobierno o las Cortes Constituyentes.

Son dificultades que no existían en 1844 con los moderados, que eran un gobierno monocolor, con Cortes hegemónicas. Aquí no; aquí hay que armonizar estos diferentes intereses.

Esto explica que el periodo fuese tan inestable políticamente del equipo gobernante: de julio de 1854 a julio de 1845 dura este gobierno de coalición. Son muy típicos los reajustes ministeriales, que demuestran la inestabilidad política. Sobre todo de Hacienda: hasta 5 titulares; también Gracia y Justicia: 4.

Sólo Espartero y O´Donnell son fijos todo el Bienio: uno en la presidencia; el otro en la Cartera de Guerra.

Algunos como Canovas, ven que aquellas Cortes, pueden ser acusadas de esterilidad. Y es que se prolongan mucho en debates interminables; en referencias al pasado; en la exigencia de responsabilidades a María Cristina, a la Camarilla, y al Gobierno; todos corruptos.

Había que restituir tras la hegemonía de los moderados, a los progresistas en los puestos de la administración.

Pero se entretienen cada vez más, y discuten largamente las indemnizaciones a los perseguidos de los últimos años.

Canovas habla de prolongación exagerada del debate; en cambio, Ángel Fernández de los Ríos dice que son Cortes muy dignas estas del 54. Juan del Nido y Segalerva manifiesta que fueron las mejores del reinado de Isabel II.

Lo cierto es que tardaron mucho en aprobar la Constitución: año y medio; la más larga de aprobar en toda la historia constitucional española, a excepción de las de Cádiz. Y Canovas se impacienta.

La apertura del proceso constituyente llevó a la aprobación de esta constitución:

- El proceso electoral arranca por Real Decreto de agosto del 54, convocando a la Nación a Cortes Constituyentes de acuerdo con la ley electoral de los progresistas de 1837. Mantienen el tamaño del Congreso aprobado por los moderados en 1846: casi 700 mil electores y en torno a 350 diputados.

- En todo proceso electoral, el ministro de la gobernación se pone en contacto con sus gobernadores civiles en provincias (Documento 128) Se habla de legalidad; nada de fraudes electorales, sino respeto.
La campaña electoral se hace sobre todo en Madrid (también en provincias)

Destaca la coalición electoral de la Unión Liberal entre progresistas y moderados puritanos (no confundir con el Partido posterior de 1858); la propaganda en torno a ella es muy extensa, apoyada por manifiestos, por prensa... Destacada es también la propaganda en torno a los demócratas republicanos; pocos pero muy activos. Celebran una reunión en el Teatro Real de Madrid el 26 de septiembre de 1854; allí destaca en su intervención un jovencísimo Emilio Castelar; un gran orador, que sin embargo no sale elegido diputado.

Otra propaganda más radical en torno al círculo de la Unión Patriótica que emite también manifiestos.

Una participación muy grande, en torno a un 70% del electorado vota. Y un proceso por lo general limpio.

El resultado de las elecciones es de mayoría holgada para el Partido Progresista, seguidos de los moderados y progresistas que habían ido en coalición: la Unión Liberal; y luego los demócratas, que de los 21 diputados, 16 son republicanos; no son de las grandes ciudades, donde fracasan: Castelar en Madrid, y Pi i Margall en Barcelona, pero si triunfan en Sevilla, Cádiz, Zaragoza, Valencia... El voto republicano es clientelista con mucha frecuencia rural.

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