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Capítulo 14:

 Derechos del propietario de la tierra


Estos derechos fueron expuestos en los Decretos de 1813 sobre derechos de propiedad de la tierra y la industria. Finalmente fueron restablecidos en 1836. Supusieron el triunfo en el Estado liberal de las teorías individualistas (burguesas) de la propiedad frente a las teorías colectivistas.

Aunque en la vida rural tradicional del S. XIX continuarán muy presentes costumbres colectivistas, a pesar de que la ley las prohibía.

Población y sociedad en el Estado liberal.

Rasgos de la población.

España pasó de 11 millones de habitantes en 1800 a más de 16,5 millones en 1877, fecha en la que se hizo un censo. El primer censo moderno fue en 1857, y para corregir las clasificaciones sociales se hizo otro en 1860.

Vemos que se trata de un crecimiento modesto comparado con la Europa occidental. Se aprecia que fue un crecimiento desigual geográficamente e irregular en el tiempo. 1820 - 1860 fue la época de mayor crecimiento.

En cuanto a las comparaciones regionales, las poblaciones de Cataluña, País Vasco y Valencia suponían en 1877 un porcentaje más elevado sobre el total de población de España que en 1833. A la inversa sucede en las dos Castillas, y eso a pesar de que Castilla La Nueva incluía Madrid. El resto de regiones apenas variaron su peso proporcional de 1833 a 1877.

El modelo demográfico en España es el modelo antiguo, y apenas varía a lo largo del S. XIX. En Europa occidental se observa la transición hacia el modelo nuevo, con unas tasas de crecimiento natural mucho más elevadas.

- Tasa de crecimiento natural muy baja.
- La esperanza de vida era de unos 30 años en 1877, y esta cifra crecía muy lentamente.
- También es muy lento el proceso de urbanización, y de distribución de población activa.
- Todo lo anterior son rasgos del modelo demográfico antiguo, pero el arcaísmo se refleja sobre todo en la alta mortalidad infantil, debida a una mala nutrición y un entorno ambiental deficiente: condiciones sanitarias muy deficientes, falta de higiene y pobreza en las viviendas urbanas e instalaciones fabriles.

Las crisis demográficas influyen directamente en las tasas de natalidad, mortalidad y nupcialidad. Además de las pérdidas de gente por causa de las guerras y conflictos políticos, hay que considerar:

- Fiebre amarilla, sobre todo en 1803-04, y 1810-11, en la España litoral, desde Huelva a Gerona. No fue una epidemia importante a nivel global, pero sí de forma local, por ejemplo en Málaga.
- Cólera: Supuso un gran número de defunciones. Hubo 4 oleadas de cólera con las fechas álgidas de 1834, 1855, 1859-60 y 1865. Se calculan unos 600.000 - 650.000 muertos en estas 4 oleadas del cólera.
- Crisis de subsistencia. Fueron catastróficas las de 1803 y 1804, pero también las hubo en 1812, 1837, 1847, 1857 y 1867-68 (la más grave).

- Emigración. Es un fenómeno tardío, que estuvo prohibido en España hasta 1853. Afectó a grandes masas en los años 1880's y en el S. XX. El RD de 1853 fue algo contradictorio, ya que poco después las Cortes aprobaban la Ley de colonias agrícolas incentivaba a la población a no emigrar.
En 1853 los emigrantes debían pagar 320 reales de fianza para poder salir del país. Solía pagar la fianza el armador del buque - cuyo destino fundamental era América - para luego resarcirse de su inversión. En 1873 se eliminó la fianza y la emigración fue libre y gratuita. Las razones por las que en 1853 el gobierno decidió permitir la emigración:

o Por la actitud de los intelectuales, que saben de la realidad económica de España, como Fermín Caballero. Consideran que lo importante no es el número de españoles, sino que los que haya en el reino puedan llevar una vida digna, y si no pueden lograrla en España, que salgan a buscarla en el extranjero.
o Por la emigración clandestina, que era una realidad. Esta salida ilegal se realizaba en unas condiciones penosísimas, y el Estado no podía atenderla ni protestar, por ser ilegal. Se trataba de legalizar estos flujos y exigir diplomáticamente una mejor actitud.
o Desde 1836 se vuelven a firmar pactos de amistad con las ex-colonias y ahora nuevas repúblicas americanas.

El emigrante desde 1853, según Pérez Moreda, no es tan débil como se dice. Calcula que a raíz del final de la prohibición unos 300.000 españoles salieron del país, una situación muy distinta de las de finales del S. XIX y de la del S. XX.

El emigrante que sale fuera del país, al igual que el que sale fuera de su provincia, reproduce un mismo esquema: inserción del emigrante en una red de familiares, amigos, paisanos, que ya están situados en el lugar de destino y que les reclaman, les invitan. Es una inserción muy favorable, con ayudas de los que ya están establecidos. Es decir, por lo general no había una inmigración improvisada, sino que era producto de una reflexión.

Esta reflexión incluye la decisión del destino, que por lo general era hacia el extranjero, por parte de los habitantes de provincias marítimas, y interprovincial o interprovincial en el caso de las provincias interiores. Aunque hay algunas provincias marítimas españolas con excedentes de población que les lleva tanto a la emigración hacia América como a la emigración interprovincial. Es el caso de Galicia, Asturias, Santander o las Vascongadas, cuyo destino nacional solía ser Madrid.

Distribución espacial de la población.

Se determina en base a dos variables: a

a) Periferia vs. interior.

b) Población urbana vs. población rural

 

a) Periferia vs. interior.

Continua la tendencia desde 1800 de un incremento de población de la periferia y una disminución paralela de la población en el interior. Pero todavía en 1877 - a pesar de algunas interpretaciones diferentes - la población interior era superior a la de la periferia. Para este cálculo se ha tomado el censo de 1877, y se han sumado las poblaciones de todas aquellas provincias que no tienen salida al mar.

Ahora bien, la densidad de población sí es muy distinta. Según las estimaciones de Rodríguez Osuna a partir del censo de 1877, en la periferia la densidad era de 50 habitantes / Km2. En el interior, sacando a Madrid para no distorsionar, 22 hab./Km2.

b) Población urbana vs. población rural.

Tomando como listón el más bajo usado por los demógrafos, según el cual consideramos como población urbana aquella que vive en localidades de más de 5.000 habitantes, España en 1860 era mayoritariamente rural: el 75% de los españoles habitaban en localidades de menos de 5.000 habitantes.

Hubo un aumento de población en las capitales de provincia, como resultado de la división provincial de 1833. Esta división, al definir la capitalidad de las provincias, supuso un aumento de la migración interna intraprovincial, hacia la capital de cada provincia. No parece que la migración a otras provincias fuera tan relevante. En el censo de 1877 poco más del 7% de los españoles confesó vivir en una provincia distinta de la que había nacido.

Es una media nacional, con unos polos muy claros: Lógicamente en Madrid, por ser la capital de una Nación con una administración tan centralista, casi la mitad de la población era de fuera de la ciudad. En la provincia de Barcelona el 20% de los españoles censados eran nacidos fuera, y Vizcaya era un tercer polo de atracción. Las razones son diferentes en cada caso:

- Barcelona, por razones puramente económicas, ya que es la provincia de la industrialización textil por excelencia.
- Vizcaya todavía no ha experimentado el proceso industrializador del hierro, que llegará a finales de la década de 1870, pero sí tiene una actividad minera importante. Tras la segunda guerra carlista atrajo a mucha gente, algo que ya reflejarán los censos de 1887, 1897 y 1900.

- Madrid, por razones administrativas. Era la capital del un Estado liberal centralista. Allí reside la alta burguesía, la aristocracia, las instituciones principales del país, y tiene un importante sector servicios y financiero que reclama mucha población. La ciudad de Madrid pasó de 200.000 a 400.000 habitantes entre 1800 y 1877. En esas fechas, Londres tenía 4,770.000, París 2,260.000, Berlín 1,122.000, San Petersburgo 877.000, Viena 726.000, Moscú 612.000, Bruselas 500.000. Sólo Lisboa y Roma, entre las capitales europeas, tenían menos habitantes que Madrid.

En España había 13 núcleos con una cierta población: Madrid, con casi 400.000, Barcelona 250.000, Valencia 143.000, Sevilla 134.000, Málaga 115.000, Murcia 91.000, Zaragoza 84.000, Cartagena 75.000, etc. hasta Bilbao con 32.000. Algunas no eran capitales, como Lorca y Cartagena en Murcia. Sólo 5 ciudades tenían más de 100.000 habitantes.

Estas 13 ciudades no sumaban ni el 10% del censo total. Es decir, el proceso de urbanización fue muy lento en España.

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