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Capítulo 18:

 Década Moderada. Práctica política (2/2)


4º Control que las autoridades gubernativas hicieron del proceso electoral: "influencia moral del Gobierno en el proceso electoral"

Realmente podríamos hablar de fraude electoral que neutralizó el teórico carácter de arbitraje que podían tener las disoluciones de Cortes.
Esto invalidó el camino a las urnas como vía de acceso al poder a la oposición, que no contaba con la voluntad de la Corona.

Si el camino a las urnas estaba corrupto, sólo les quedaba la fórmula anticonstitucional del golpismo para acceder al poder.

- 5º Existencia de Camarillas como círculos de poder informal:

Camarillas que influyeron en la voluntad de la Corona para tomar decisiones, y que así influyeron en la toma de decisiones, poniendo a veces en entredicho el sistema liberal y la propia Constitución.

Algunos vieron esta práctica normal, por el hecho de que la reina fuese una mujer joven e inexperta. Para ellos la Camarilla era inevitable, por ejemplo para el Marqués de Miraflores: "La reina era simple instrumento de la voluntad de su madre"

Lo cierto es que las camarillas estaban muy arraigadas en la cultura política de entonces.

Los progresistas y demócratas veían en ellas resquicios del Antiguo Régimen, de la época de Fernando VII, y también de la época de la Regente María Cristina. Ahora las camarillas reaparecían en la monarquía constitucional de Isabel II, poniendo en entredicho el Estado Liberal.

Dos fueron las camarillas más importantes:

1- Una poco extensa camarilla en torno al rey consorte Francisco de Asís. Allí sobresalían los hombres de la Iglesia absolutista: el confesor del rey, el padre Fulgencio, el Conde de Clonard, algún amigo íntimo, también sor Patrocinio.

Camarilla clerical, reaccionaria y muy absolutista, que era incluso proclive al Carlismo.

2- La Camarilla más influyente, en torno a tres personas: la madre de la reina, María Cristina, Fernando Muñoz Duque de Riansares, que era el portavoz, y Donoso Cortés.
Y junto a estos cimientos se les unen gentes políticas y militares de la fracción autoritaria del Partido Moderado: Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa, Sartorius, los generales Roncali y Lersundi... es una camarilla muy extensa, a la que se unen también elementos de la Iglesia, hombres de negocios como Juan Grimaldi, el Conde de Retamoso, el Marqués de Gaviria.

Algunos de estos hombres de negocios actúan como testaferros de María Cristina y Fernando Muñoz, por lo que en la Década Moderada, se da una interrelación muy estrecha entre los político y lo económico.

Son gentes con información privilegiada, que participan en negocios ilícitos como la trata de esclavos, totalmente prohibida, auspiciados por el Gobierno.

Hay una captación de las empresas sobre los cargos políticos para formar parte de sus consejos de administración.

Otra fórmula es la venta de bienes nacionales con la abolición del régimen señorial, otra fórmula que practican es el suministro al Estado, los créditos al Estado, también los contratos de servicios al Estado, como las concesiones que el gobierno hace para construir el ferrocarril en España, que fueron concesiones totalmente arbitrarias por parte de María Cristina a sus amigos.

La normativa que reglamentaba la construcción del ferrocarril era una real orden de 1844, que permitía la especulación sin penalidad ninguna.

Son años marcados por la codicia excesiva de María Cristina, de los Muñoces. Codicia en los negocios materiales, que le hizo perder tempranamente popularidad a María Cristina, y que perjudicó también a la propia Isabel II. Y por eso los mueras que se manifestaban popularmente sobre la antigua regente.

En 1854 estalla la revolución, y se ve esta impopularidad en el Manifiesto de Manzanares, donde dicen que quieren mantener el trono pero sin camarilla que les deshonre.
Madrid es el lugar más violento contra el Gobierno, donde el protagonista fundamental era el artesano y el jornalero que asalta palacios de burgueses enriquecidos. El primero que asaltan es el Palacio de las Rejas de María Cristina.

- 6º La responsabilidad de la propia Isabel II:

Y es cierto, que no sólo fue víctima, sino que tuvo también su parte de responsabilidad.

Sus biógrafos, al hablar de su personalidad, coinciden en destacar su personalidad inmadura (Coinciden Carmen Llorca, Jorge Vilches, Ricardo de la Cierva)

El propio Galdós dijo que vivió en perpetua infancia.

Es una mujer que desde su infancia ha carecido del afecto familiar: huérfana de padre con sólo tres años, y casi ya de madre por la atención que María Cristina da a su nueva familia, la que forma con Fernando Muñoz.

Es una educación muy defectuosa la que recibe, donde prevalecen los absolutistas. Hay un periodo de excepción a esto, que es la Regencia de Espartero. Entonces se hacen cambios en Palacio, y hace de aya de la reina Juana de Vega, Condesa de Espoz y Mina, que es una liberal convencida y que ilustró en ese tiempo a Isabel.

Pero estamos hablando sólo de 1841 a 1843.
También la educan en ese periplo Argüelles Quintana; pero es poco el tiempo.

En 1843 regresan los habituales absolutistas, y la educación de Isabel se resiente. Deja mucho que desear, no siendo preparada para ese papel de primera reina constitucional de la historia de España.

Las funciones que tendría que cumplir cualquier monarca serían la política, la simbólica, y la social. Una reina constitucional tendría que unir a estas, la de simbolizar la cohesión de la unidad nacional, la de representar los valores sociales modélicamente, que eran los valores dominantes en esa sociedad de burgueses y clases medias, auténticos soportes del Estado Liberal: el valor de la familia, del trabajo o del esfuerzo.

Isabel II no cumplió ninguno de estos papeles. No fue una reina plenamente constitucional, ni una reina modélica en la vertiente social. Su mentalidad respondía más a comportamientos antiguos, a moldes absolutistas. Ella no supo nunca lo que era un sistema constitucional.

Se hace una comparación con Victoria de Inglaterra por los historiadores. Comparación imposible por las circunstancias que rodearon a ambas.

Las diferencias son notables:

Victoria I del Reino Unido (1819-1901) versus Isabel II de España (1830-1904):

Victoria fue reina desde 1837, es decir desde los 18 años, mientras Isabel lo es ya con 13. Victoria se casa con 21 años, y nuestra reina con 16.

En ambos casos el matrimonio es de conveniencia de Estado, pero el de Victoria, con Alberto de Sajonia, fue muy adecuado. El rey consorte desempeñó en ese caso muy bien el papel de rey consorte constitucional.
En el caso español, sabemos que el matrimonio fue un sonoro fracaso.

Pero es que Victoria, contó con una clase política acostumbrada ya al gobierno parlamentario, en el que el rey reinaba, pero no gobernaba, y en el que la Corona, era un valor social.

Y Victoria cumplió este papel perfectamente. Su hogar fue modélico, y allí se podían mirar todas las familias burguesas inglesas.

Es un hogar donde no se pone en duda la paternidad de los hijos.

En Inglaterra entre todos, reubicaron a la Corona en el lugar que le correspondía en un modelo de Monarquía Constitucional con Gobierno Parlamentario.

En 1901 los británicos creían que con la muerte de la reina, se moría también algo suyo: la Era Victoriana.

La vida amorosa de Isabel II fue muy escandalosa, y su matrimonio un completo escándalo.

Esta serie de deficiencias y desórdenes de la reina, trajeron unas pésimas consecuencias, no sólo para ella, sino también para el país.

Carlos Seco Serrano lo ha estudiado y destaca dos causas del infortunado reinado:

1. Ámbito particular: la incompatibilidad entre los esposos.

2. Ámbito político: la aparición en Palacio de un foco ultraconservador que estimuló al rey consorte.

Tenemos la semblanza escrita por Galdós, pocos días después de muerta la reina (Texto SRI):

La reina ha muerto el 9 de abril de 1904 en París. Es el 12 del mismo mes, cuando Galdós escribe en el "Liberal" este artículo sobre ella.

El escritor había visitado varias veces a Isabel II, la última de ellas en 1902. Fue acompañado de Fernando de León y Castillo, embajador español en París. Estaba escribiendo Galdós el Episodio Nacional "Las Bodas Reales" por lo que le interesaba mucho un contacto directo con Isabel II.

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