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Capítulo 14:

 Análisis de la reforma tributaria de 1845 (esquema de lámina)


Impuestos directos. De producto:

Gravan la renta de producción de las propiedades rústicas o urbanas y de las actividades ganadera, agraria, comercial.

Nace en la Revolución Francesa y es adoptado por España, Italia y Portugal.

Estos impuestos de producto en España van a durar hasta 1979 con la reforma de Fernández Ordóñez que introduce el impuesto de la renta sobre las personas físicas.

La aplicación era difícil porque el Estado no tenía la información de riqueza imponible para que cada uno contribuyese según su riqueza.
En Francia lo arreglan con la creación de un catastro muy impulsado por Napoleón.

Alejandro Mon hace también un catastro en 1846, pero enseguida se abandona la iniciativa. (Respecto a este tema, los historiadores de la Hacienda dicen que los moderados no tuvieron mucho interés en conocer la situación real de la riqueza de los contribuyentes)
Se aplicó entonces el Sistema de Cupo para estos impuestos de producto. Es la contribución de impuesto de producto sobre bienes inmuebles.

En este sistema el Gobierno hacía el presupuesto de ingresos. Alejandro Mon en 1845 lo hace, y estima que se pueden recaudar 350 millones de reales. Se hace una distribución global de ese cupo, distribuido entre las 49 provincias de España.

El problema es que se carece de la verdadera información de riqueza de cada uno, por lo que el Gobierno para distribuir el cupo global, se vale de los cupos territoriales agrícolas rústicos y urbanos, de lo que se había recaudado en el Trienio Liberal.

Se sirve también de una contribución extraordinaria de guerra en 1840 que gravaba la riqueza territorial agraria, ganadera, industrial y de comercio.

Y se vale además para distribuir el cupo global de la cifra de población de cada provincia.

Por tanto el proceso del Cupo Global de 1845 fue así:

Se piensa en una cantidad (350 millones), que se va a distribuir por provincias, se discute en Cortes (se reduce a 300 millones) se aprueba en Cortes el presupuesto, con lo que queda ya fijado en Cortes el Cupo Global.

Luego se comunica a cada provincia el cupo que les corresponde, y una vez que llega la información intervienen los jefes provinciales que tienen el poder ejecutivo para distribuir el cupo provincial en diferentes cupos municipales, en los pueblos que forman la provincia.

Es así como le llega a cada municipio lo que le corresponde recaudar. Se baja al nivel definitivo, al municipio, a las autoridades municipales, que ya no manejan cifras imaginarias, aquí ya son cifras reales.
Ellos distribuyen la carga municipal en el pueblo entre los contribuyentes.

Se hacen unos registros, unos padrones de propiedades: los amillaramientos, que son registros de propiedades, padrones de riqueza que van acompañados de unas cartillas de evaluación que determinan que la finca por extensión, calidad de la tierra... se prevé un rendimiento tal, y se les establece la contribución.

Y esto lo deciden los propios propietarios de la localidad, y los notables locales, los concejales que son los mayores contribuyentes.

Miguel Artola dice de este Sistema de Cupo que se adopta, que entre la Hacienda pública y el contribuyente hay muchas instancias mediadoras que tergiversan y manipulan la carga contributiva, y benefician al mejor colocado.

Por eso no sorprende lo que reclamaba un gran hacendista como Raimundo Fernández Villaverde: una reducción de la recaudación local.

El resultado era una distribución desigual de la contribución entre provincias, municipios, y contribuyentes.

En aquel sistema fiscal, lo que cada cual satisfacía a la Hacienda, era proporcional al clientelismo político.

Es un Estado que se construye sobre círculos clientelares. Pero además había una ocultación de riqueza consentida por el Estado, y esto lo denuncia Figuerola.

En 1879 se ocultaron 2400 millones de reales. Al Gobierno le preocupaba recaudar el Cupo Global, y lo otro le importaba menos.

Es un modelo fiscal que tiene una contradicción importante entre los principios teóricos que declaraban equidad y flexibilidad, y la aplicación práctica de estos impuestos.
La práctica fiscal se alejaba mucho del modelo implantado:

- En equidad, es cierto que la contribución era menos injusta que la del Antiguo Régimen, pero seguía siendo injusta, porque seguía pagando más quien menos tenía.
A veces incluso la contribución era ilegal, porque se aprobaba por real decreto, y no por ley.

- En flexibilidad, tampoco fue una contribución flexible. No fue tampoco un sistema general y universal, pues había aún provincias con sus fueros. Incluso Canarias, según Francisco Comín, tenía un sistema tributario particular.

Se demostró que la reforma era insuficiente enseguida, ya que el déficit volvió a reaparecer:

- Según Francisco Comín, entre 1850-54, los ingresos del Estado cubrían el 96% del gasto. Ya en los 60 se dispara el gasto público con el gobierno de la Unión Liberal, que sólo cubre ya el 81% del gasto. El déficit se hace aún mayor con el alboroto del Sexenio, donde sólo se cubre el 27%.
Casi se estaba ya en la situación de 1830, cuando el sistema fiscal no se había introducido.

Por tanto es una Hacienda Liberal insuficiente a causa de la aplicación de un sistema fiscal que seguía siendo injusto, que no hacía caso a la Constitución, ya que se ocultaba riqueza.
Además hay falta de flexibilidad, rigidez en los cupos de productos. Cuando se está en crisis nunca crecen al ritmo que crece la riqueza nacional:

- Entre 1850-1890 se puede ver en el gráfico que la contribución de producto sobre bienes inmuebles, cultivo y ganadería, la más importante, no supuso más del 20% de los ingresos del Estado, pero las ¾ partes de la riqueza nacional, estaban basadas en esta contribución. Por tanto no había equilibrio.

Se está gravando una fuente de riqueza que ya ha conocido muchas transformaciones (Ya se había dado la Desamortización), que no es creíble que crezca tan poco. Hay una ocultación de riqueza.

Hay una desigualdad de contribución frente a la riqueza, donde industria y comercio estaban menos gravadas que agricultura y ganadería. El sistema está pensado para favorecer a industria y comercio.
El déficit una vez que aparece cada vez crece más.

En el gráfico 2 de G.Tortella podemos ver en que se gastaban los ingresos.

Son los gastos propios del Estado Liberal del XIX; Estado guardián que gasta en la defensa del territorio, en la propiedad de las personas.

Se plantean que puede haber inversiones en infraestructuras y educación, pero no es competencia del Estado Liberal, sino que es de iniciativa privada. Esto les parece muy importante que se desarrolle, y asumen algún gasto, pero remiten a las otras instituciones públicas a asumirlo, y no al Estado central.
No son objetivos prioritarios del Estado Liberal.

No pasa igual con el orden público, que si lo asumen.

No se plantean que la distribución de la renta favorezca a los menos poderosos económicamente, ni se plantean la caridad.
Sólo cuando la miseria amenaza el orden público toman cartas en el asunto. Otra amenaza es la salud.

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