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Historia del cine español

Autor: Tomás Valero Martínez
Curso:
5/10 (2 opiniones) |2268 alumnos|Fecha publicación: 14/07/2006

Capítulo 10:

 Fin de la dictadura y principio del cine español actual

El cine español se libró de las ataduras de la censura franquista después de la aprobación de la Constitución refrendada en 1978. No obstante, aún queda mucho camino por recorrer. En este último capítulo, más extenso que los precedentes, se esboza la evolución que ha experimentado en los últimos treinta años. Merece la pena recordar los acontecimientos históricos de mayor trascendencia. Te invito a leértelo con especial atención.

A estas alturas, hay que enumerar dos acontecimientos trascendentales que influyeron notablemente en la evolución de la industria del cine en España:

La muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975 y,

La celebración de las primeras elecciones legislativas, el 15 de junio de 1977.

Por Orden Ministerial de 11 de noviembre de 1977, se suprimía la censura. Durante este período de transición político-social hubo intentos involucionistas, pero el proceso de democratización ya era irreversible1. El Estado, eso sí, adeudaba a la Unión de Productores Cinematográficos Españoles una cantidad aproximada de 12 millones de euros, por lo que ésta decidió declararse en huelga ante el temor de asistir al hundimiento del Cine Español. La respuesta estatal fue adelantar el equivalente a tres millones de euros. La medida surtió el efecto esperado, porque la producción cinematográfica no dejó de aumentar en los años sucesivos. La España democrática se rebeló, también, como una buena oportunidad para promover el cine autonómico. Véanse los diálogos en catalán que el director Luis García Berlanga introduce en La escopeta nacional (1978). Es de destacar, también, la traslación cinematográfica de la "movida madrileña", uno de cuyos mayores exponentes es Pedro Almodóvar, quien debutaba en 1980 con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. En fin, el cine español de la democracia acusaba cierto desconcierto ideológico, pero anunciaba a un tiempo cambios estético-formales de acuerdo a un nuevo contexto socio-político. Con el Gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con Felipe González a la cabeza, es elegida la realizadora Pilar Miró como Directora General de Cinematografía. Pronto asume como propia, la necesidad de poner fin a viejos problemas de nuestro cine, como las irregulares cuotas de pantalla o las controvertidas subvenciones, que, en último término, siempre beneficiaban más a productores y distribuidores que a exhibidores. Entre las medidas que Miró adoptó, destacaron las ayudas previas al rodaje de hasta de un 50%, especialmente destinadas a los nuevos realizadores; una cuota de pantalla de 3 por 1, o lo que es lo mismo, un día de película española por cada tres extranjeras, y los sucesivos acuerdos con Televisión Española, que, con el tiempo, se harán extensibles a otras televisiones nacionales y autonómicas, privadas y públicas, incluso en régimen de coproducción. Y lo cierto es que, aunque la producción disminuyó2, fue más rentable, al decir de las cifras.

En lo que se refiere al cine autonómico, hay que decir que empezó a erigirse en testimonio de las singularidades de cada uno de los territorios de la España democrática3. Volvieron a despuntar los herederos del Nuevo Cine Español (NCE), así como los directores pertenecientes al Joven Cine Español (JCE), denominación, ésta última, acuñada por el profesor José Mª Caparrós para designar a la última generación de realizadores. Pedro Almodóvar, José Luis Garci o Fernando Trueba son buenos ejemplos. Y, por primera vez, España recogía un Oscar de Hollywood por Volver a empezar (José Luis Garci, 1982). Además de todo lo expuesto con anterioridad, es de justicia afirmar que nuestro cine gana proyección internacional, sobre todo, a partir de la creación de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (enero de 1985), que se reserva el mérito, por qué no reconocerlo, de haber promovido el cine autóctono, oponiendo, así, no poca resistencia al agresivo proceso de colonización del cine made in Hollywood.

Durante las dos décadas siguientes, el cine en España contribuyó a desdibujar del imaginario colectivo la interpretación que el franquismo había hecho del pasado. A tal efecto, se hicieron multitud de adaptaciones de obras literarias, muchas de las cuales parecían haberse escrito con este propósito, "pues los textos literarios han funcionado como filtro que proporciona tensión dramática, talante poético o prestigio cultural a la reconstrucción fílmica del pasado4". Películas como Extramuros (Miguel Picazo, 1985), Divinas palabras (García Sánchez, 1986) o Esquilache (Josefina Molina, 1989) así lo atestiguan. Ahora bien, el revisionismo histórico empezaba a perder fuerza ante la influencia del efectismo de otras cinematografías, pero el socorrido cine de destape equilibró la balanza. Ese aparente aperturismo oculta, irónicamente, cierta falta de compromiso social que muchos realizadores de hoy creen abanderar con el único propósito de alinearse ideológicamente con algunos de sus predecesores, pero con la diferencia de no haber sido víctimas de la represión franquista. En su defensa hay que decir que han sabido captar la atención de jóvenes y adultos por igual, pues sus obras abordan problemas cotidianos muy concretos, pero, al mismo tiempo, universales: desempleo, inmigración o marginación, entre otros. Así que no persiguen, al menos, explícitamente, un cambio generacional, pero muestran, eso sí, una gran preocupación por el presente y auguran, a su vez, un incierto porvenir.

En los años noventa, acceden a la profesión 158 directores, pero son pocos los que logran mantenerse y menos aún, los que alcanzan a ser reconocidos en el extranjero. De hecho, bien podría decirse que a día de hoy dos son los directores españoles con más reconocimiento internacional: Alejandro Amenábar y Pedro Almodóvar. Ambos se codean con actores y directores de reconocido prestigio, y tienen el mérito, además, de haber sabido transformar un cine poco valorado en el exterior, en algo más que un icono.

En estos últimos tiempos, aún se mantiene el 15% de la recaudación en taquilla, pero se ha producido una progresiva liberalización de la industria. El dirigismo del partido en el poder ha ido disminuyendo a la par que el cine pasaba a ser controlado, en su mayoría, por grandes productoras y distribuidoras, más preocupadas por dominar el mercado de las multisalas que por la promoción de nuevos actores y realizadores. Sin embargo, para controlar el influjo ideológico de modelos sociales como el estadounidense, ha crecido la financiación televisiva, sobre todo, a partir de 19975. Muchas de las películas que se han proyectado en la sala de cine estaban destinadas a emitirse por televisión, dado el abaratamiento de los costes de adquisición. Y es en la parrilla televisiva, como hemos apuntado en otro apartado del presente libro, donde la autoridad política hace gala de toda su influencia.

Algunas de las características del cine español actual son las siguientes6:

Historias ubicadas en el presente y en la sociedad actual7.

Problemáticas sobre el entorno familiar.

Preocupaciones ideológicas heterogéneas.

Múltiples tratamientos formales.

Fórmulas comerciales.

Pero más allá de las particularidades estéticas y conceptuales del cine español contemporáneo, no podemos dejar de lado el efecto social que han tenido las dos últimas legislaturas anteriores a la actual. Si bien los casos de corrupción planearon constantemente en torno al PSOE durante sus últimos años en el Gobierno, los escándalos salpicaron por igual al PP, aunque en este último caso, las causas fueron sensiblemente diferentes. Durante la campaña electoral de 1996, PP y PSOE libraron una dura batalla. Mientras el primero recordaba a su rival político, la corrupción, la "guerra sucia" y los problemas endémicos que se cuentan entre las mayores preocupaciones de todos los españoles; el segundo se afanaba por desprestigiar la imagen de la derecha actual vinculándola, con no poca animadversión, a la dictadura franquista. En cualquier caso, el PP fue elegido por mayoría insuficiente, por lo que se vio obligado a pactar con partidos autonómicos como CIU y el PNV. Por entonces, solía decirse burlescamente que José Mª Aznar hablaba catalán en la intimidad. Tras celebrarse las elecciones generales del año 2000, Aznar salió elegido por mayoría absoluta. El autoritarismo del último Gobierno del PP, que fue creciendo en "progresión aritmética", no tardó en tener su respuesta contestataria entre un amplio grupo de actores y directores8. Entre tanto, aunque el cine español ha ido evolucionando, aún hoy "hay motivo9" para creer que falta mucho camino por recorrer. ¡El cine español ha muerto! ¡Viva el cine español!10

1 En este contexto, no podemos dejar de mencionar, a título de ejemplo, la matanza de Atocha, perpetrada el 24 de enero de 1977, cuando cuatro jóvenes de ultraderecha irrumpen en un despacho de Comisiones Obreras (CC.OO.) y asesinan a los presentes. Juan Antonio Bardem llevó al cine este sórdido episodio bajo el título Siete días de enero.

2 En 1982, se produjeron 146 largometrajes y una media de cincuenta los diez años siguientes (Cfr. SÁNCHEZ NORIEGA, José Luis. Historia del Cine. Teoría y géneros cinematográficos, fotografía y televisión. Alianza. Madrid, 2002, p. 558.

3 Cataluña ha sido la Comunidad Autónoma que más películas ha producido durante ese período. Hay que tener en cuenta que en 1982 se inicia el proceso de "normalización lingüística" con la finalidad de fomentar el uso del catalán y de recuperar la memoria histórica. Y aunque esta campaña de inmersión lingüística respondía a intereses político-ideológicos del partido de turno, el cine catalán ha catapultado a directores de la talla de Antoni Ribas, Jaime Camino, Josep Mª Forn, Francesc Betriu o Juan José Bigas Luna, algunos de ellos, antiguos miembros de la Escuela de Barcelona.

4 Op. Cit., p. 560.

5 El modelo cinematográfico alternativo tiene su espacio, cada vez con mayor notoriedad, en los distintos festivales que se celebran por todo el país. La paulatina desaparición de las salas de "arte y ensayo" ha obligado a su público a desviar su atención hacia éstos y, en especial, hacia los que tienen más prestigio internacional, como el Festival de Cine de San Sebastián. Los amantes del género se refugian en los más representativos, véase, el Festival de Cine de Sitges, especializado en cine fantástico y de terror.

6 Cfr. con Carlos F. Heredero (Op. Cit., p. 569).

7 La excepción la confirman obras como Soldados de Salamina (David Trueba, 2003).

8 Lo cierto es que las medidas adoptadas por el Gobierno del PP en su primera legislatura apenas sí diferían con relación a las de la denominada Ley Alborch. Se modificó la cuota de pantalla (un día de cine español o comunitario por cada tres de cine español); Se modificaron, asimismo, las licencias de doblaje, -sujetas a la recaudación obtenida en taquilla por películas españolas distribuidas por distribuidoras de alcance internacional y, en especial, estadounidenses-, se mantuvieron las subvenciones anticipadas y el Fondo de Protección.

9 En este punto, se hace referencia al documental homónimo, una obra coral que reconstruye un mosaico de episodios que fueron erosionando el prestigio del Gobierno del PP, muy maltrecho ya, en su segunda legislatura. Estos son algunos de los hechos principales que recoge:

La rotura de la mina de Aznalcóllar: escape minero que asoló el parque de Doñana.

El plan hidrológico nacional: plan de trasvase de aguas del Ebro al Levante español.

La especulación inmobiliaria: sobre las dificultades para adquirir una vivienda.

La reducción del gasto en prestaciones sociales: que afecta a los más desfavorecidos.

El empobrecimiento del sistema educativo: los alumnos cada vez saben menos.

El maltrato de "género": en España mueren decenas de mujeres cada año.

El accidente del Yak-42: 62 soldados perdieron la vida en extrañas circunstancias mientras volvían de Afganistán.

El hundimiento del petrolero Prestige en aguas gallegas: las secuelas ecológicas son irreparables. La costa cantábrica fue invadida por una marea de chapapote.

El atentado del 11-M: el PP lo atribuyó a ETA desde el principio.

La manipulación de la información: se habla de la era "Urdaci", en clara referencia al periodista del noticiario del primer canal de TVE, etc.

Todos estos hechos demuestran que el cine español ha mejorado con los años, y se ha convertido en un influyente testimonio de nuestro tiempo.

Más información en: http://www.haymotivo.com/

10 Esta proclama se hizo tras la clausura de las I Conversaciones Cinematográficas de Salamanca.

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