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Historia del cine español

Autor: Tomás Valero Martínez
Curso:
5/10 (2 opiniones) |2268 alumnos|Fecha publicaciýn: 14/07/2006

Capýtulo 4:

 El cine español: ¿al servicio de la sociedad o del poder?

Este capítulo demuestra que el cine ha estado unas veces a favor de la sociedad, y otras, sólo del poder. La Guerra Civil española puso el cine al servicio de sus contendientes, pero, como era de prever, después satisfizo caprichosamente los deseos del bando vencedor. Entre tanto, aún queda camino por recorrer, por lo que fenómenos como el de la sonorización merecen una gran atención. Sus efectos fueron demoledores, y acentuaron, cómo no, un progresivo proceso de politización.

El Cine Español tropezó en su camino con un nuevo obstáculo: la sonorización. El primer filme sonoro fue El cantor de jazz (Alan Crosland, 1927). Hollywood no tardó en obtener rentabilidad de esta innovación técnica, conquistó mercados como el latinoamericano, que siempre mantuvo con Estados Unidos una relación clientelar. Se doblaron películas a multitud de lenguas, pero en territorio propio. En España, se desencadenó una nueva invasión de filmes extranjeros, pero esta vez más dañina, si cabe, dado que al llegar doblados a la lengua vernácula, los estudios de grabación corrían el peligro de desaparecer. A fin de subsanar la colonización extranjera, el gobierno de la República convocó el I Congreso Hispanoamericano de Cinematografía (1931). Algunas de las propuestas enunciadas fueron las siguientes:

·        Protección estatal del cine de cada una de las cinematografías de los países implicados.

·        Sonorización al español en estudios propios.

·        Exhibición de un número mínimo de filmes españoles e hispanoamericanos.

·        Creación de un cine cultural.

·        Preservación de la pureza del idioma.

Lo cierto es que la inversión pública brilló por su ausencia, pero, para sorpresa de muchos sí prosperó la iniciativa privada. Quizás por eso, la crítica se apoderó de las pantallas y, a pesar de la rigidez estética -que, en muchos casos, no pasaba de la socorrida adaptación escénica de una conocida obra literaria-, empezaron a introducirse algunos cambios conceptuales. Además de esto, algunos de los filmes más populares del período expresan, cómo no, el sentir de una sociedad que confiaba, si se quiere, en un tímido cambio político-ideológico. No en vano, el 14 de abril de 1931 se proclama la II República Española, y una coalición de izquierdas (formada por republicanos y socialistas) alcanza el poder. Con Azaña como presidente del Gobierno, se inicia el Bienio Reformista. Todas estas alteraciones estructurales tienen su proyección cinematográfica. Pero, ¿qué acontecimientos espolearon el imaginario cinematográfico? En seguida lo veremos.

Las medidas político-sociales que el gobierno de Azaña adoptó, concitaron la animadversión de los estamentos privilegiados: la Nobleza terrateniente, la Iglesia y el Ejército. Tres fueron las leyes que originaron tal malestar:

La Ley Azaña (25 de abril de 1931): ley que promovía el retiro "voluntario" de un número determinado de oficiales, o, lo que es lo mismo, una depuración del Alto Mando militar. Asimismo, defendía la reducción de las divisiones del Ejército (de 16 a 8); la desaparición del cargo de Capitán General y la derogación de la Ley de Jurisdicciones de 1906. En resumen, disminuía la presencia militar del poder político. La Ley de Bases de la Reforma Agraria (9 de septiembre de 1932): cuya finalidad era redistribuir las tierras entre los campesinos y fomentar el asentamiento de éstos en tierras baldías. La Nobleza perdía poder sobre la tierra. La Ley de Congregaciones Religiosas (17 de mayo de 1932): a las que separó de la actividad docente e impidió, además, acumular más propiedades de las necesarias para sus propios fines. Se suprimieron las subvenciones y el Estado se arrogó la potestad de elegir obispos.

Además de todas estas leyes, Azaña concedió la autonomía a Cataluña tras la aprobación del Estatuto de Núria el 15 de septiembre de 1932.

Ni que decir tiene, que el Bienio Reformista tuvo una destacada proyección cinematográfica e inspiró películas como Fermín Galán (Fernando Roldán, 1931), que elogiaba el inconformismo del insurrecto opuesto al régimen vigente; o Pax (Francisco Elías, 1932) que, poco menos que hacía una referencia velada a la caída de la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, obras testimoniales como Sobre el cieno (Fernando Roldán, 1933) o Madrid se divorcia (Alfonso Benavides, 1934), descubrían la sordidez que el despertar sexual acentuaba entre las clases populares o presentaban como una amenaza para las tradicionales relaciones conyugales medidas como la Ley del Divorcio. Asimismo, Las Hurdes (Luis Buñuel, 1933) ponía en tela de juicio la eficacia de la Ley de Bases de la Reforma Agraria al revelar las miserias de los desheredados de una paupérrima aldea de la comarca homónima. No faltaron, tampoco, referencias a las reformas de este bienio, como la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña en obras como El café de la marina (Domènec Pruna, 1933). De uno u otro modo, el posibilismo político se manifestó en la pantalla. Con la caída de Azaña tras los sucesos de Casas Viejas [1] el 13 de septiembre de 1933, la ofuscación política se adueña de la sociedad. Y el 12 de septiembre de ese mismo año empieza el Bienio Negro, con Alejandro Lerroux al frente. El cine recogerá, también, la tensión creciente que precede al estallido de la Guerra Civil. Pero antes, trazaremos algunas pinceladas sobre los acontecimientos más relevantes del período tratado.

[1] El 11 de enero de 1933 se desencadena en la localidad gaditana de Benalup-Casas Viejas una revuelta protagonizada por un grupo de anarquistas de la CNT, que decide imponer el comunismo libertario, destituyendo al alcalde e intentando tomar por la fuerza el cuartel de la Guardia Civil donde se encontraban un sargento y tres números. Asesinan al sargento y a uno de los números. Una vez enterado, el gobierno envía a la Guardia Civil y a la Guardia de Asalto. La incursión que ambos cuerpos realizan es de tal virulencia, que el escándalo salpicará al gobierno de Azaña. Tras su caída, se inicia un período de inflexión ideológica, si se quiere, protagonizado por el gobierno de la CEDA.

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