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Capýtulo 20:

 Tendencias historiográficas actuales

Gaddis ha empezado y  terminado el primer capítulo del libro con dos imágenes, creadas con ciento ochenta años de diferencia de espaldas a nosotros: la pintura de Gaspar David Friedrich de 1818 “El caminante ante el mar de niebla”… y la escena final de la película de John Madden de 1998, shakespeare in love,…,  sugiere entonces que el historiador piensa el pasado como una suerte de paisaje, está de alguna manera en la misma situación que estas dos figuras pues en él se dan simultáneamente una sensación de importancia y al mismo tiempo de insignificancia, de distancia y de compromiso, de dominio y de humildad, de aventura pero también de peligro. Sostuvo que la conciencia histórica gira en torno a ese estar suspendido entre tales polaridades.

Los capítulos intermedios del libro se centraron en la manera en que los historiadores logran ese estado: la manipulación del tiempo, el espacio y la escala, la deducción de los procesos del pasado a partir de las estructuras supervvientes; la particularización de la generalización; la integración del azar en la regularidad; la diferenciación de las causas; la obligación de meterse en la mente de otra persona o de otra época, pero de encontrar luego nuevamente el camino propio. A través de todo esto se ha valido sin restricción de metáforas como medio de impulsar al lector a contemplar ciertos problemas familiares de modo no  familiar, que les lo que Gertrude Stein se sorprendió haciendo cuando en 1938 sobrevoló Estados unidos y descubrió que el paisaje tenía debajo adoptaba las líneas, las formas y los colores del arte cubista.

Pues sólo produciendo territorios y sociedades legibles[1] (mensurables y manipulables) los gobiernos pueden imporner y mantener su autoridad.

La evidencia de que el Estado trata d erehacer la realidad nos rodea por doquier. Una vez más, la conciencia histórica temrina por implicar no una sola cualidad, sino más bien una tensión entre opuestos. Esta tensión plantear interrogantes en especial acerca de la finalidad del estudio de la historia. Estos interrogantes son los temas que se propongo explorar en este último capítulo.

No veo manera de evitar este problema porque como ha tratado repetidamente de mostrar, la historia, com o la cartografía, es necesariameten una representación de la realidad. No es la realidad misma, es una lastimosa aproximación a una realidad que aun con la máxima habilidad de parte del historiador, parecería muy extraña a cualquiera que hubiera vivido realmente en ella.

Y sin embargo, con el paso del tiempo nuestras representaciones se hacen realida en el sentido de que compiten con , se insinúan en y finalmente sustituyen por completo los recuerdos de primera mano que la gente tiene de acontecimientos vividos. El conocimiento histórico sumerge el conocimiento que los participantes tienen de lo ocurrido: los historiadores se imponen al pasado de modo tan eficaz como  el modo con que los Estados seimpoenen a los territorios que tratan de controlar.

Lo que ha sucedido es que hemos hecho controlable el pasado mediante los recuerdos construidos, que preferimos con mucho a los recuerdos no controlables y por tanto desconcertantes e incluso terroríficos.

La realidad no es sólo experiencia[2], sino experiencia inmediata (Collingwood) pero el pensamiento divide, distingue, media: en consecuencia, en la medida en que pensamos la realidad, la deformamos destruyendo su inmediatez, por lo cual el pensamiento nuncas puede aprehender la realidad.

El pensamiento sólo puede aprehender la realidad de la misma manera que los artistas aprehenden imágenes, los Estados se apoderan del paisaje y los historiadores se apoderan de la historia, a saber, destruyendo su inmediatez, dividiéndola, distinguiendo, mediando; en una palabra, representándola.

Como Gaddis señaló en el capítulo anterior, los historiadores superan incluso a los autores de ciencia ficción en su capacidad para recuperar mundos perdidos gracias a la manipulación del tiempo, el espacio y la escala.

Nuestra responsabilidad como historiadores consiste tanto en mostrar que hubo vías que no se siguieron como en explicar las que se siguieron, lo cual, a mi juicio, también es un acto de liberación.

Por último, cuando los historiadores discuten entre ellos las interpretaciones del pasado, liberan a éste también en  otro sentido: lo liberan de una única explicación válida posible de lo sucedido…, que temen la alternativa del olvido, admitan de buen grado el encierro en la prisión de la representación.

En resumen, se da más peso a los principios generales que a las circunstancias particulares: se busca legibilidad con desprecio de la resonsabilidad; se prefiere las líneas rectas que se cortan a noventa grados a las irregularidades y simetrías del paisaje natural.[3]

Por último, es aquí donde podemos empezar a dar sentido al objeto real del estudio de lahistoria. Al comienzo de  este libro Gaddis, sugirió insipirándose en Geoffrey Elton que la conciencia histórica ayuda a establecer la identidad humana que forma parte de lo que se entiende por crecer. Pero dejó un análisis de es proposición para este momento, porque parecería imprescindible dejar claro cómo piensan  los historiadores antes que poder abordar con utilidad la finalidad de su pensmiento. Esa finalidad es , quiere Gaddis volver a sostenerlo, lograr el equilibrio óptimo, primero con nosotros mismos y luego también en el seno de la sociedad, entre las polaridades de la opresión y la liberación.

Hay un equilibrio entre el conocimiento universal y la experiencia particular, entre la dependencia y la autonomía, entre la legibilidad y la privacidad. Hay poco espacio para la creencia en variables independientes o en la superioridad del reduccionismo como modo de investigación. Más bien, todo es interdependiente: la personalidad deviene ecología. Es lo que entendemos por desarrollo completo. Es lo que nos mantiene sanos.

Puede que la conciencia histórica no sea la única manera de construir esa sociedad, pero así como en el dominio de los entes no reflexivos, el método científico ha mostrado tener más capacidad que otros modos de investigación para dirigir el consenso más amplio posible, así también puede el método histórico ocupar una posición análogamente ventajosa en el campo de los asuntos humanos. Tiene que ver con la enseñanza que es intrínsecamente una actividad que mira hacia delante. La definiría como opresión y la liberación simultáneas de los jóvenes por los viejos, pero también de los viejos por los jóvenes. Si esto parece consufo, ésa es la intención del autor, pues esas ambigüedades son inherentes a la profesión.[4]

[1]J. Gaddis, 2006, pp. 169- 171

[2]J. Gaddis, 2006, pp. 172- 179

[3]J. Gaddis, 2006, pp. 180- 186

[4]J. Gaddis, 2006, pp. 190- 193

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