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El hambre. Paradojas

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |6 alumnos|Fecha publicaciýn: 12/08/2011
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Capýtulo 4:

 Hambre y alimentación humana

(Véanse nuestras muchas contribuciones dedicadas a este tema).

Savants economistas han avanzado sus teorías idiosincrásicas (sensibles en apariencias) de que la expansión horizontal y centrífuga de los cuerpos deformes del obeso estadounidense, se debe en parte a la afluencia económica de los americanos.

Wisconsin (el estado de los lacticinios) ostenta la incidencia más alta de gordos en todo el país. Mientras que Nicholas Wade, escribiendo para el New York Times Sunday Magazine, nos advierte que los habitantes de Nauru, isla del Pacífico Noroeste, en la proximidad de Australia, solían ser pobremente flacos y hambrientos, hasta que se descubriera la existencia de yacimientos de fosfatos. Con esto, la llegada repentina de la afluencia, y con ella, les llegó la gordura y la haraganería... hoy día 9 de cada 10 nauruano es obeso, sufre de hipertensión y diabetes y la duración de su vida se ha reducido enormemente. Quizás la afluencia y la haraganería son responsables ¿Pero, dónde encaja lo qué y cómo comen, en este puzzle?

Debido al hecho de que las dietas han fallado de modo tan miserable y triste a quienes las acogen con entusiasmo (usualmente efímero y transitorio), hoy, en los Estados Unidos están proliferando grupos de soporte mutuo (‘self-help’) dedicados a combatir los prejuicios que son comunes cuando una persona bien gorda hace su apariencia en cualquier sitio público o reunión social, o cuando la misma persona es criticada sottovoce por su ostentación ofensiva de consumo conspicuo. (Frase ingeniosa que, como conspicuous consumption fuera acuñada por el economista norteamericano, Thornstein Veblen cuando escribiera su libro: The Theory of the Leisure Class).

La confusión que reina en medio de este problema (y problema portentoso lo es, no retruécano sobreentendido) reside en el hecho de que los intelectuales a cuyos juicios se han relegado las soluciones para estos asuntos han optado por la salida política y expediente de crear comités y subcomités que ‘a tiempo debido darán sus recomendaciones finales’. De este modo se posterga lo que ya parece ser impostergable: Encontrar una solución al problema.

Yo creo que la solución pueda ser contenida en las lecciones aprendidas y derivadas de la Estrategia [de] Comer Humana Adaptiva. (Véanse mis ponencias al respecto).

Separemos las categorías de las cosas que comemos, y que bebemos: entre 1. Comidas y bebidas que comemos y bebemos por placer; y 2. Comidas que son esenciales para nuestra básica existencia.

Llamemos las comidas que son, simplemente placenteras (y que ineludiblemente engordan por el contenido excesivo de ‘calorías vacías’): comidas de ‘deporte’ o de modista (‘de diseñador’ puede ser) y designemos las bebidas que las acompañan de un modo similar: ‘bebidas de deporte.’

Las comidas, bebidas, y los condimentos que son esenciales para nuestra supervivencia, pasarían a ser conocidos como: ‘elementos básicos.’

Un refresco, una gaseosa, un emparedado saturado (como de costumbre) de aliños ajenos a la adaptación humana. Comidas de ‘gourmet’ o propias de actividades ‘gastronómicas’, cazabes adulterados con cosas extrañas que los aborígenes no conocieran Todas estas abominaciones culinarias podrían ser sujetos al gravamen de impuestos pagables al fisco de mayor o menor importe, dependiendo en el daño que a nuestra ecología, y a nuestro cuerpo, esas comidas de lujo provoquen.

Las cosas que son, estratégicamente necesarias para alimentar al ser humano, como son los víveres, el arroz, el cazabe, las aves, las frutas, la carne magra en moderación, el aceite vegetal, y la yuca, para mencionar sólo algunas, deben de ser ‘exoneradas’ de todo impuesto. Así debe de ser, para que estas comidas puedan proporcionarse en las cantidades necesarias, justificadas y suficientes a ese sector de la población que se satisface con comer de acuerdo al plan de la Naturaleza (el plan paleolítico).

Dos cosas podrían resultar como resultado de este procedimiento:

Primero es, que aquellas personas que prefieren padecer los daños causados por lo que les gusta comer, que así lo sigan haciendo, pero, mientras que así lo hacen, que lo hagan ejerciendo una responsabilidad al erario como hacen cuando compran sus automóviles de lujo.

Y segundo, que de un modo inevitable, la gordura será menos prevalente, ya que habrá comida --- comida genuina, para todos quienes hoy no la tienen, y para todos quienes no comen ni por placer ni por lujuria.

Bibliografía

Suministrada por solicitud.

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