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Capýtulo 1:

 Se recrudece la guerra

  La carga de los confederados, vista por la tropa:

      Era casi la una cuando bajamos del tren en Manassas, donde nos esperaba un oficial del Estado Mayor de Johnston con la orden de avanzar lo más rápido posible.

      Nos quitamos rápidamente de las espaldas nuestras mochilas y nos dirigimos a la carrera hacia la humareda y el ruido del fuego de la artillería. El calor y el polvo eran casi sofocantes. Avanzamos, sin embargo, a paso rápido, disminuyéndolo a veces para poder tomar aliento y no nos detuvimos antes de recorrer cuatro millas. Nos hallábamos, entonces, a menos de una milla del campo de batalla.

      Por las rápidas salvas de la artillería y el crepitar incesante de los fusiles, comprendimos que el combate estaría produciendo estragos. Las nubes de polvo que levantábamos advirtieron al enemigo nuestra proximidad: apuntó hacia nosotros varios cañones. Un gran número de vagones de suministro se retiraban a retaguardia a toda velocidad, y centenares de fugitivos desmoralizados corrían hacia nosotros mientras gritaban: ¡Todo está perdido, todo está perdido! ¡Retrocedan o van a hacerlos pedazos! ¡EI ejército está en plena retirada!

      Pero la orden de nuestro valiente coronel Elzey fue siempre: ¡Adelante! ¡No escuchen a los cobardes y pusilánimes! ¡A la carga!.

      La suerte del ejército confederado dependía de este ataque. A su orden, con un solo alarido salvaje y bajo una verdadera lluvia de proyectiles sacamos en desbande al enemigo de su posición bien organizada. El coronel Elzey ordenó la persecución, y cuando nos encontramos nuevamente en la llanura, divisamos a nuestro frente, no a un ejército organizado, sino a un rebaño de fugitivos. Después del éxito de nuestro ataque al flanco derecho del ejército federal, éste abandonó por completo el campo y huyó hacia Washington.

      El presidente Davis y los generales Johnston y Beauregard cabalgaron hacia el coronel Elzey, y el presidente, que desbordaba de alegría y entusiasmo, gritó: ¡General Elzey, usted es el Blücher del día!

Capýtulo siguiente - La batalla desde la Casa Blanca

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