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Capýtulo 6:

 El ejército del Norte ocupa lentamente el Sur

      Una joven mujer de Fredericksburg:

Fredericksburg, Virginia.

Viernes Santo, 18 de abril de 1862.

      Mientras nos estábamos vistiendo, hemos visto enormes columnas de humo que se elevaban del río y poco después nos dijeron que el enemigo acababa de llegar con fuerzas importantes y que nuestras tropas se habían retirado de ese lado después de prender fuego a los puentes.

      Mientras descendía hacia la costa, no olvidaré jamás el espectáculo que he visto allí. Río arriba, los tres puentes ardían de un extremo al otro, y, a cada instante las traviesas se hundían con estrépito, haciendo brotar chorros de agua. Río abajo, dos grandes barcos de ruedas, el Virginia y el Nicholas, así como una docena de pequeñas embarcaciones, estaban en llamas. Dos o tres balsas, cargadas de varias familias, con sus negros y sus caballos, atravesaban el río zigzagueando entre ellos. Carromatos, carretas, hombres y mujeres que abandonaban la ciudad en coches y en calesas obstruían las calles. Todos han huido y las calles ahora están desiertas. La bandera estrellada ondea en Falmouth, a alrededor de cinco millas hacia el norte. Algunos dicen que las tropas enemigas cuentan con ocho mil hombres, y otros hablan de diez mil.

      20 de abril de 1862. Domingo de Pascua. Podemos ver a los yanquis y sus carpas más allá del río. Esta noche, han recibido cerca de diez mil hombres de refuerzo. No nos hacemos a la idea de que el enemigo está tan próximo y que estamos a su merced. Esta tarde he oído su música, que tocaba Yankee Doodle y el Star Spangled Banner. No podía meterme en la cabeza que son enemigos e invasores. Esas viejas melodías que antes me gustaban, me han dejado una impresión triste y penosa.

      Viernes, 25 de abril de 1862. Cinco barcos de rueda y veinte chalanas han llegado esta tarde. Las chalanas servirán de pontones, según supongo.

      Los negros se escapan en gran número y comienzan a mostrarse indóciles y arrogantes. Creo que los tres que tenemos como sirvientes van a abandonarnos de aquí poco tiempo. Los soldados yanquis indisciplinados me atemorizan pero eso no es nada al lado del miedo que experimento al pensar en un levantamiento de los negros.

      1º de mayo de 1862. Al atardecer, mientras estábamos sentadas en torno del fuego en la habitación de mamá, dieron ligeros golpes en la puerta y Johnny, mi querido hermano Johnny, entró. El primo Dabney lo ha propuesto como edecán y él ha venido a despedirse antes de partir para el Oeste. ¡Qué apuesto es! ¡Su venida nos alegró tanto!, ¡pero qué riesgos corría para darnos ese fugaz adiós! Desde hace varios días, en efecto, el enemigo busca a los rezagados. Ahora que los seres que nos son queridos deben desplazarse y esconderse en la noche como ladrones y arriesgar sus vidas para venir a sus casas, comprendemos que el enemigo existe realmente.

      Domingo 4 de mayo de 1862. El general Van Rennselaer asistía hoy al oficio. Ocupaba la silla reservada para el alcalde y éste ha ido a colocarse en la galería. Desde que el enemigo está allí, el Reverendo Randolph omite la plegaria por el presidente y por el triunfo de nuestra causa.

      16 de mayo de 1862. En lo que concierne a los negros, las cosas van todos los días de mal en peor. Abandonan a sus propietarios por centenares y comienzan a pedir salarios. Los habitantes de la ciudad rehúsan contratarlos, si bien hay gran cantidad de negros sin trabajo. Todos los nuestros han partido, salvo una joven de quince años, Nanny. Hacemos los trabajos de la casa y vigilamos la cocina por riguroso turno. En el fondo, constituye para nosotros un gran alivio el habernos desembarazado de los demás. Eran tan insolentes y perezosos, y Jinny era un mal sujeto. Se jactaba de haber traído soldados aquí en busca de las espadas, y hasta nos había proferido amenazas.

      Domingo, 18 de mayo de 1862. Esta tarde vimos a un oficial confederado a caballo, con los ojos vendados, rodeado de guardias y llevado por un oficial federal hacia el cuartel general. Había venido con una bandera blanca, no sabemos por qué. Estábamos tan contentos de ver nuevamente un uniforme gris, que mamá tenía deseos de gritar: ¡Dios lo guarde!, pero no se ha atrevido.

      Jueves, 22 de mayo de 1862. Ayer a la tarde, mientras Nanny Belle jugaba en la acera, un soldado le preguntó si quería descender a la calle con él para comprar bombones. Ella replicó: No, le agradezco, los bombones yanquis me ahogarían. Esto pareció divertir mucho al soldado.

      Domingo, 25 de mayo de 1862. Abraham Lincoln estaba aquí, el viernes. El alcalde no se ha dado por enterado y no he escuchado ninguna aclamación en las calles.

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