El plan argentino de invasión, había sido concebido enteramente como una corta y pacífica ocupación de las Malvinas por una relativamente pequeña fuerza, no como sostenidas operaciones de una gran fuerza, preparándose para y últimamente comprometida en combate.
El Operativo Rosario fue planeado e inicialmente ejecutado como una "invasión diplomática". Como un aguijón de las atascadas negociaciones con los británicos sobre la soberanía de las Islas. La Operación nunca fue intentada como operación de combate.
La reacción británica ante la invasión que consistió en la rápida formación y envío de una gran fuerza de tarea naval, incluyendo unidades de asalto anfibio, fue inicialmente imprevista por los argentinos.
La reacción argentina ante la idea de que se debería combatir con los británicos en Malvinas, fue un refuerzo en gran escala de las islas, una alternativa que el plan original no preveía y que originó una pesadilla logística para el sistema de aprovisionamiento argentino, que probablemente hubiera afrontado dificultades teniendo que apoyar la operación inicial de muy inferiores alcances.
La situación
logística argentina en Malvinas fue aún empeorada por la decisión
del Comité Militar de no usar buques para el refuerzo o
reequipamiento después del 10 de abril, como resultado de la
declaración de la zona marítima de exclusión por los británicos a
partir del 12 de abril. Esta decisión forzó a los argentinos a
descansar totalmente en el transporte aéreo y el posible usando
buques pesqueros.
Frontera con Chile
Aún con los problemas logísticos señalados previamente, la fuerza argentina que había sido reunida y encargada de la defensa de Malvinas, pudo haber estado integrada por tropas mejor entrenadas y equipadas de no haber retenido Argentina mucha de su tropa más eficiente en el continente. Esta decisión se explica diciendo que era militarmente prudente conservar esas tropas a retaguardia como reserva contra un posible ataque a Argentina por Chile.
La Fuerza argentina convocada con el plan original y usada en la fase inicial del conflicto era suficiente para una "invasión diplomática" de corta duración. Inicialmente sin amenaza militar británica presente en el teatro, el concepto básico argentino pareció ser poner un suficiente número de cuerpos con uniforme militar en las islas, para demostrar que el territorio estaba bajo control argentino y de ese modo forzar la herrumbrada rueda de la diplomacia a comenzar a girar de nuevo. Infortunadamente para los argentinos, cuando el peligro británico de hecho se materializó, su pensamiento no cambió y sus esfuerzos para reforzar las islas de cara al peligro fueron nuevamente una extensión del concepto original: por ejemplo, más cuerpos para reforzar la ilusión de control, para acicatear una solución diplomática de la situación.
Los
argentinos admiten que en ningún momento durante la planificación
de la invasión de Malvinas ellos pensaron que podían vencer si los
británicos decidían pelear por ellas. Infortunadamente este
preconcepto prevaleció influyendo en las decisiones y en la
capacidad militar argentina lo largo del
conflicto.
La defensa estática
El concepto básico argentino para la defensa de las Islas Malvinas parece reflejar el mencionado preconcepto. El plan no preveía una agresiva campaña terrestre para combatir y rechazar fuerzas británicas de invasión, cualquiera fuera el lugar en que hubieran desembarcado. En vez de ello, la defensa argentina de las Malvinas se basaba en una serie de puntos fuertes estáticos alrededor de Puerto Argentino, los que se esperaba habrían de parecer tan formidables que los británicos no intentarían la invasión; si invadían, no intentarían hacerlo en las proximidades de Puerto Argentino; y si los británicos desembarcaban en cualquier lugar de las islas, ellos iban a optar por una solución diplomática antes de intentar atacar Puerto Argentino.
Siguiendo la línea de este concepto defensivo, los argentinos a lo
largo de todo el conflicto concentraron casi todas sus fuerzas
terrestres alrededor de Puerto Argentino y simplemente esperaron
que el ataque británico llegara. Nunca hubo ningún serio intento de
la parte argentina para salir de sus atrincheradas posiciones y
ganar la iniciativa en la guerra terrestre al
enemigo.
La guerra terrestre - El lado
británico
Los ingleses también tuvieron problemas y afrontaron algunas difíciles decisiones antes de la real invasión de las Malvinas en San Carlos.
Aunque el deterioro de la situación en el Atlántico Sur había sido seguida de cerca por los británicos la invasión de Malvinas fue una verdadera sorpresa. No es posible poner en duda que los británicos demostraron gran ingenio y resolución al juntar una Fuerza de Tareas de treinta y seis buques y hacerla zarpar rumbo a Malvinas dos días después de la invasión.
No obstante, dado lo apresurado de su partida, los buques de la Fuerza de Desembarco no fueron cargados tácticamente en Gran Bretaña, por lo que los elementos no pudieron ser desembarcados en el orden adecuado, según eran requeridos por la Fuerza de Desembarco cuando esta hizo pie en tierra.
Esta
situación fue rectificada en alguna medida mientras la fuerza
estuvo demorada en Isla Ascensión embarcando equipos adicionales e
inventariando los que ya tenían. Este período fue también usado
para hacer algún reordenamiento en las bodegas para facilitar la
descarga en el área de combate. De cualquier modo, no hay duda de
que la descarga de los buques demoró el aprovisionamiento de equipo
en tierra en el área de desembarco de San
Carlos.
El desembarco en San Carlos
A pesar de todas las dudas en la elección del lugar de desembarco y la preocupación por la multitud de cosas que podían ir mal, el desembarco británico en San Carlos, fue completamente sin incidentes en términos de transporte de tropa a tierra.
La Fuerza de Tarea Anfibia británica se aproximó y arribó al área del objetivo sin ser detectada, con la ayuda de la cobertura dada por la oscuridad, pobres condiciones meteorológicas y operaciones de diversión llevadas a cabo en Goose Green, Fanning Head y otros lugares en la Isla Soledad.
Las tropas británicas desembarcaron en las primeras horas del 21 de mayo, no encontraron resistencia de tropas terrestres argentinas y pudieron moverse sin demora a las posiciones defensivas previstas alrededor del área. A medida que el tiempo pasaba, la amenaza argentina prevista para el desembarco, nunca se materializó. La batalla militar que se combatió en San Carlos pasó a ser entre las Fuerza Aérea y la Aviación Naval argentinas y los buques de la Fuerza de Tareas Anfibia. Para su frustración, las fuerzas británicas en tierra, se vieron obligadas a cumplir el rol de espectadores de estas acciones. Mientras esperaban las órdenes para seguir avanzando, los principales enemigos enfrentados por las fuerzas de asalto en tierra, fueron el medio ambiente, el pobre apoyo logístico y el aburrimiento.
Aunque no tomaban parte directamente de la batalla aire-mar que se desarrollaba en San Carlos, las fuerzas en tierra fueron de todos modos afectadas por el resultado de esta acción. El primer día de asalto a San Carlos los británicos perdieron una fragata y recibieron daño en otras cuatro por ataques aéreos. Durante los días que siguieron al desembarco las pérdidas británicas en buques continuaron a alarmante promedio.
Enfrentados
a la amenaza aérea argentina, los británicos se vieron forzados a
cambiar su Plan Logístico Básico, para apoyar a la fuerza de
tierra, pasando de un concepto basado en depósitos a flote a otro
de desembarco masivo de equipos a tierra. Este cambio de planes
estaba asociado con la posibilidad de mover los buques solamente de
noche y el grave error en la estimación de los helicópteros
necesarios para transportar equipos por lo que el crecimiento de la
logística en tierra se produjo con dolorosa lentitud. Un percance
casi fatal para el progreso de la campaña en tierra fue la pérdida
el 25 de Mayo, del Atlantic Conveyor que
transportaba tres helicópteros Chinook cuya gran capacidad de carga
era vital para el cumplimiento oportuno de los planes logísticos y
operativos. Esta pérdida significó una más pesada carga para los
helicópteros remanentes que terminaron siendo casi totalmente
empleados para el transporte de equipos durante el resto de
conflicto.
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