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Gnosis - Curso de autoconocimiento

Autor: Horacio Chaves
Curso:
8,52/10 (227 opiniones) |38857 alumnos|Fecha publicación: 30/08/2004

Capítulo 26:

 Retorno, recurrencia

"El desconocimiento de la Ley no excusa su cumplimiento Samael Aun Weor.

El animal intelectual es un pobre títere parlante con memoria y vitalidad, un muñeco viviente que tiene la tonta ilusión de que puede hacer, cuando en realidad de verdad nada puede hacer.

Imaginad por un momento, querido lector, un muñeco mecánico automático, controlado por un complejo mecanismo.

Imaginad que ese muñeco tiene vida, se enamora, habla, camina, desea, hace guerras, etcétera.

Imaginad que ese muñeco puede cambiar de dueños a cada momento. Debéis imaginar que cada dueño es una persona distinta, tiene su propio criterio, su propia forma de divertirse, sentir, vivir, etc. etc. etc.

Un dueño cualquiera queriendo conseguir dinero apretará ciertos botones y entonces el muñeco se dedicará a los negocios, otro dueño, media hora después o varias horas después tendrá una idea diferente y pondrá a su muñeco a bailar y a reír, un tercero lo pondrá a pelear, un cuarto lo hará enamorar de una mujer, un quinto lo hará enamorar de otra, un sexto lo hará pelear con su vecino y crearse un problema de policía, y un séptimo le hará cambiar de domicilio.

Realmente el muñeco de nuestro ejemplo no ha hecho nada pero él cree que si ha hecho, el tiene la ilusión de que hace cuando en realidad nada puede hacer porque no tiene el ser individual.

"Educación fundamental"

Retorno, recurrencia reencarnación.- "Todo fluye y refluye, va y viene, sube y baja, en todo existe un sístole y un diástole. Los astros en el firmamento y los átomos en la molécula retornan siempre al punto de partida.

Las leyes de retorno, recurrencia y ritmo gobiernan inteligentemente la vida y la muerte, el flujo y el reflujo, y los incesantes cambios y movimientos de la naturaleza.

"La gran maquinaria de la naturaleza está gobernada por leyes inteligentes."

De acuerdo con las leyes del ritmo todo tiene que retornar al punto de partida. De acuerdo con las leyes de la recurrencia todo vuelve a ocurrir tal como ocurrió. Las leyes del ritmo son matemáticas y las leyes de retorno y recurrencia son también matemáticas.

Todo en la naturaleza funciona de acuerdo con las leyes del número, medida y peso. El acaso no existe.

Los astrónomos pueden calcular matemáticamente el retorno de los soles y de los planetas. Sabemos con exactitud que cada tres meses cambian las estaciones; tres meses para la primavera, tres para el verano, tres para el otoño y tres para el invierno.

En forma rítmica todo se repite, todo vuelve a ocurrir tal como ya ocurrió. Recordemos que el reloj es redondo, recordemos que el tiempo es redondo, y que las horas van y vienen repitiéndose siempre rítmicamente, retornando las manecillas siempre a los mismos números del horario.

Si realmente queremos conocer las conexiones mutuas de todos los organismos y de todas las cosas en su forma realmente substancial y no únicamente accidental, necesitamos estudiar las leyes del ritmo, retorno y recurrencia.

El hombre o para hablar con más exactitud, el animal intelectual en última síntesis es energía, y esto no lo puede negar la física nuclear.

Ya esta totalmente demostrada la conservación de la energía, realmente la energía se transforma pero no se destruye.

El animal intelectual perece, es perecedero; pero el yo energético, por el hecho mismo de ser una suma de valores energéticos de la naturaleza. No puede ser del cuerpo físico y continúa en el tiempo.

Si todo retorna, el yo también, y si todo se repite, es claro que el yo vuelve a repetir el drama de la existencia. Esta es la ley de Recurrencia: Todo vuelve a ocurrir tal como sucedió más los resultados.

Desde el átomo hasta el sol, y desde el protozoo hasta el hombre, toda suma de valores energéticos está sometida a las leyes del retorno, recurrencia y ritmo.

Es imposible conocer realmente la mutua conexión intrínseca de todos los seres y de todos los pueblos en su entronque verdadero y concatenación autentica, si jamás hemos estudiado las leyes del ritmo, retorno y recurrencia.

Es imposible establecer un orden social perfecto si no comprendemos profundamente las leyes de la naturaleza.

Simplicio, citado por Ouspenky, escribió: "Los pitagóricos dijeron que las mismas cosas se repiten una y otra vez".

En conexión con esto, es interesante observar las palabras de Eudemo, discípulo de Aristóteles (en el libro tercero de la física). El dice:

"Algunas personas aceptan y algunas otras personas niegan que el tiempo se repite. La repetición se entiende en diversos sentidos. Una clase de repetición puede suceder en el orden natural de las cosas, como la repetición de los veranos, de los inviernos y otras estaciones, en que una nueva viene después que otra ha desaparecido; a este orden de cosas pertenecen los movimientos de los cuerpos celestes y los fenómenos producidos por ellos, tales como los solsticios y los equinoccios, que son producidos por el movimiento del sol.

Pero si debemos creer a los pitagóricos, existe otra clase de repetición. Eso quiere decir que yo os hablaré y me sentaré exactamente así y tendré en mi mano el mismo palo, y todo será igual que ahora y el tiempo, como es de suponer, será el mismo. Porque si los movimientos de los cuerpos celestes y de muchas otras cosas son los mismos, lo que antes y lo que ocurrirá después es también lo mismo. Esto se aplica también a la repetición, que es siempre la misma. Todo es lo mismo".

Un análisis de fondo sobre el budhismo, nos lleva a la conclusión de que el Budha enseñó la ley de la recurrencia en su doctrina sobre las existencias sucesivas.

El tiempo es redondo, cíclico, y todo se repite ya en espiras más elevadas, ya en espiras más bajas. Resulta interesante y doloroso al mismo tiempo la repetición incesante de los mismos dramas, de las mismas escenas, de los mismos acontecimientos en cada una de las existencias que por ley cósmica se asignan a las esencias humanas.

Un hombre es lo que es su vida. Si un hombre no modifica nada dentro de sí mismo, si no transforma radicalmente su vida, si no trabaja sobre sí mismo, esta perdiendo el tiempo miserablemente.

Un hombre muere y los angustiosos momentos de su agonía, sus últimos instantes y realizaciones, sus últimas sensaciones y sus últimas penas, se encuentran íntimamente asociadas a los goces del amor que originan el nuevo nacimiento. La nueva existencia comienza exactamente en las mismas condiciones que la anterior y es claro que no puede comenzar en ninguna otra condición.

La muerte es el regreso al comienzo de su vida con la posibilidad de repetirla nuevamente. Al renacer en este valle de lágrimas, el pasado se convierte en futuro de acuerdo a la ley de la recurrencia. La vida de cada uno de nosotros, con todos sus tiempos es siempre la misma de existencia en existencia a través de los innumerables siglos.

La vida de cada uno de nosotros en particular es la película viviente que al morir nos la llevamos a la eternidad. Cada uno de nosotros se lleva su película y la vuelve a traer para proyectarla otra vez en la pantalla de una nueva existencia. La repetición de dramas, comedias y tragedias, es un axioma fundamental de la ley de la recurrencia.

En cada nueva existencia se repiten las mismas circunstancias. Los actores de tales escenas siempre repetidas son las gentes que viven en nuestro interior, los "yoes psicológicos". Si desintegramos esos actores, esos "Yoes" que originan las repetidas escenas de nuestra vida, entonces la repetición de tales circunstancias se haría algo más que imposible. Obviamente sin actores no pueden haber escenas, esto es algo irrebatible, irrefutable.

Reflexionemos seriamente sobre la ley de la recurrencia o repetición de escenas en cada retorno; descubriremos por auto-observación íntima los resortes secretos de esta cuestión. Si en la pasada existencia a la edad de 25 años tuvimos una aventura amorosa es indudable que el "Yo" de tal compromiso buscará a la dama de sus ensueños a los 25 años de la nueva existencia. Si la dama en cuestión entonces solo tenía 15 años el "Yo" de tal aventura buscará a su amado en la nueva existencia a la misma edad justa.

Resulta claro comprender que los "Yoes", tanto el del él como el de ella, se buscarán telepáticamente y se re-encontrarán nuevamente para repetir la misma aventura amorosa de la pasada existencia.

Dos enemigos que a muerte pelearon en la pasada existencia, se buscarán otra vez en la nueva existencia para repetir su tragedia a la edad correspondiente. Si dos personas tuvieron un pleito de bienes raíces a la edad de 40 años en la pasada existencia, a la misma edad se buscarán telepáticamente en la nueva existencia para repetir lo mismo.

Dentro de cada uno de nosotros viven muchas gentes (Yoes) llenas de compromisos, eso es irrefutable. Un ladrón carga en su interior una cueva de ladrones con diversos compromisos delictuosos. El asesino lleva dentro de si mismo un club de asesinos y el lujurioso porta en su psiquis una casa de citas. Lo grave de todo esto es que el intelecto ignora la existencia de tales gentes o "yoes" dentro de sí mismo y tales compromisos que fatalmente se van cumpliendo. Todos esos compromisos de los "Yoes" que dentro de nosotros moran, se suceden por debajo de nuestra razón.

Son hechos que ignoramos, cosas que suceden, acontecimientos que se procesan en el subconsciente e inconsciente. El animal intelectual equivocadamente llamado hombre, no puede cambiar las circunstancias, todo le sucede como cuando llueve, o como cuando truena; tiene la ilusión de que hace, pero no tiene poder para hacer, sólo el ser puede originar nuevas circunstancias, sólo el Ser puede cambiar este orden de cosas, pero el animal intelectual no tiene encarnado al Ser, nuestra personalidad es tan solo el instrumento de distintas gentes (Yoes), mediante el cual cada una de esas gentes cumple sus compromisos.

En este valle de amarguras existen hombres maquinas de repetición absoluta, tipos mecanicistas en un ciento por ciento, sujetos que repiten hasta los más insignificantes detalles de sus existencias precedentes, casos concretos de "Egos" que retornan durante muchos siglos en el seno de una misma familia, ciudad y nación. Esos son los que debido a incesante repetición de lo mismo pueden decir, por ejemplo: Me casaré a los treinta años, tendré una mujer de tal color, de tal estatura, tantos hijos, mi padre morirá a tal edad, mi madre a tal otra edad, mi negocio fructificará o fracasará, etc. etc., y es claro todo viene a suceder con exactitud asombrosa. Son personas que se saben su papel a fuerza de tanto repetirlo, que no lo ignoran, y eso es todo.

Entran en este asunto también los "niños prodigio" que tanto asombran a las gentes de su época; por lo común, se trata de egos que ya saben su oficio de memoria y que al retornar lo hacen de maravilla desde los primeros años de su infancia.

En esta tierra del samsara (mundo fenoménico) se reincorporan constantemente sujetos de repetición variada que reviven sus existencias precedentes ya en espiras más elevadas, ya en espiras más bajas. Existe también en nuestro interesantísimo mundo cierto tipo de gentes con tendencia creciente a la degeneración que marchan resueltamente por el camino espiral descendente: estos son los borrachos, los suicidas, los homosexuales, las prostitutas, los drogadictos, los asesinos, etc. Esta clase de gentes repiten en forma más y más descendente en cada existencia sus mismos delitos, hasta que al fin entran a los mundos infiernos.

En aparente y brillante contraste con ese tipo de vía de descenso o fracaso, pero en posición igualmente abominable, se encuentran los caballeros de alto mundo, los grandes triunfadores que adoran a la gran ramera, los multimillonarios, los científicos perversos que inventan armas destructivas, los tenebrosos secuaces de la dialéctica materialista que le quitan a la humanidad sus valores eternos, los fanáticos del deporte, los vanidosos batidores de records, los cómicos que juegan con el monstruo de las mil caras (el público), las famosas estrellas de cine, que justifican todos sus adulterios con innumerables matrimonios y divorcios, los artistas degenerados de la nueva ola, los bailarines del rock, los fundadores de sectas perjudiciales, los escritores de libros pornográficos, los escépticos de todo tipo, etc. etc. etc.

El tipo de triunfador está hipnotizado por el éxito y ese es precisamente su mayor peligro, ignoran que están bajando por la espiral descendente y entran a los mundos infiernos embriagados por el triunfo. El tipo de triunfador sabe con exactitud lo que tiene que hacer cada vez que retorna a este escenario del mundo y repite siempre sus mismas aventuras.

Es asombrosa la ley de recurrencia. Las personas normales, comunes y corrientes, repiten siempre sus mismos dramas, los cómicos una y otra vez en cada una de sus existencias sucesivas repiten sus mismas payasadas, los perversos se reincorporan continuamente para repetir incesantemente las mismas tragedias. Todos estos eventos propios de las existencias repetidas van siempre acompañados de las buenas o malas consecuencias, de acuerdo con la ley de causa y efecto. Cada existencia es una repetición de la pasada más sus consecuencias kármicas buenas o malas, agradables o desagradables.

Volverá el asesino a verse en la horripilante ocasión de asesinar, más será asesinado; volverá el ladrón a verse con la misma oportunidad de robar, pero será metido en la cárcel; sentirá el bandido el mismo deseo de correr, de usar sus piernas para el delito, pero no tendrá piernas, nacerá inválido o las perderá en cualquier tragedia; querrá el ciego de nacimiento ver las cosas de la vida, aquellas que posiblemente le condujeron a la crueldad, etc. pero no podrá ver; amará la mujer al mismo marido de la existencia anterior, a aquél que posiblemente abandonó en el lecho de la enfermedad para irse con otro sujeto, más ahora el drama se repetirá a la inversa y el sujeto de sus amores partirá con otra mujer, dejándola abandonada. Así, amigos, así trabaja la ley de recurrencia incesantemente.

Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas que desgraciadamente, ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede.

Salir de esta desgracia, de esta inconsciencia, del estado tan lamentable en que nos encontramos, sólo es posible muriendo en si mismos.

Así pues, la ley del eterno retorno de todas las cosas se combina siempre con la ley de recurrencia. Los egos retornan incesantemente para repetir dramas, escenas, sucesos, aquí y ahora. El pasado se proyecta hacia el futuro a través del callejón del presente.

 

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