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Gnosis - Curso de autoconocimiento

Autor: Horacio Chaves
Curso:
8,52/10 (227 opiniones) |38857 alumnos|Fecha publicación: 30/08/2004

Capítulo 4:

 Personalidad, Esencia y Ego

De acuerdo a la Psicología Gnóstica, tres son los aspectos o factores que se manifiestan o expresan a través de la máquina orgánica, que son: la Esencia, la Personalidad y el Ego.

La Esencia es una fracción de Alma en nosotros, que representa lo Divino, lo innato, lo propio. Es aquello que tiene verdadera realidad; en el Budismo Zen se le denomina Buddhata, y es el material psíquico para fabricar Alma.

Debemos comprender que el Ser humano actual no tiene dentro un Alma como se nos ha dicho, sino que tiene una chispa de Alma que se llama Esencia y que traducida en hechos es Conciencia. Si tuviéramos un Alma integrada, seríamos incapaces de cometer tantos errores y violaciones de la Ley. El Alma es una parte del dios Interno y ella obedece en su totalidad, la Voluntad del Padre.

La Esencia que cada uno de nosotros lleva en su interior viene del Cielo, más exactamente del Tercer orden de mundos, que es la Vía Láctea, nuestra Galaxia, donde resuena la nota musical LA; luego pasa por el Sistema Solar con la nota SOL; continuando con su viaje llega a nuestro planeta con la nota FA. Así entra en este mundo, ingresando primero al reino Mineral para luego seguir por el reino Vegetal, pasando luego por el reino Animal, para al fin ingresar al estado humanoide con la nota MI. Nuestros padres crearon el cuerpo apropiado para la recepción de esta Esencia que viene de las estrellas. La Esencia no está sujeta por las 48 leyes que rigen nuestro cuerpo físico, sino por las 6 leyes que rigen todo lo creado en nuestra Vía Láctea.

El cuerpo físico sólo es creado con el propósito de que la Esencia se manifieste y adquiera la experiencia indispensable para su desarrollo. Incuestionablemente la Esencia se encuentra enfrascada entre los múltiples Agregados Psicológicos, viva personificación de nuestros defectos.

Los agregados psicológicos son un manojo de pasiones, deseos, temores, odios, egoísmos, envidia, orgullo, gula, pereza, ira, apegos, sentimentalismos, etc.

Así como el agua se compone de muchas gotas, así como la llama se compone de muchas partículas ígneas; así el EGO se compone de muchos Yoes. El Ego es múltiple, pluralizado, es por esto que el animal intelectual no tiene continuidad de propósitos porque no tiene un centro de gravedad permanente. Negar la multiplicidad de yoes, es negar las íntimas contradicciones, los innumerables cambios que nos suceden.

Cada idea, cada sentimiento, cada movimiento, cualquier sensación, cualquier deseo, etc., son simples manifestaciones psicológicas de yoes distintos, que nunca están ligados entre sí, ni coordinados en modo alguno. Tal yo sigue mecánicamente a tal otro y algunos hasta se dan el lujo de aparecer acompañados, pero sin orden ni sistemas.

La máquina humana como cualquier otra máquina, se mueve bajo los impulsos de las fuerzas sutiles de la naturaleza. Las radiaciones cósmicas en primer lugar y el yo pluralizado en segundo lugar. Las radiaciones cósmicas originan ciertos cambios en la psiquis subjetiva del animal intelectual, surgen ciertos yoes y se sumergen otros dentro de los 49 niveles del subconsciente. La marioneta humana no tiene noción de estos cambios porque tiene la conciencia dormida.

El pobre animal intelectual siempre es víctima de las circunstancias. Nos pegan y reaccionamos pegando; nos acosan por el pago del alquiler y reaccionamos buscando dinero con ansiedad; alguien nos hiere el amor propio y reaccionamos cometiendo locuras.

No somos capaces de originar conscientemente las circunstancias. Realmente sólo el Ser puede determinar concientemente las circunstancias, pero desgraciadamente el animal intelectual no posee todavía el Ser.

¡Infelices de nosotros!..., cuántas veces creemos estar amando y lo que sucede es que otro dentro de sí mismos lleno de lujuria utiliza el centro del corazón. Debemos empezar a dar cuenta de la propia nada y miseria en que nos encontramos.

Somos gentes dormidas, inconscientes y ni siquiera sospechamos que estamos dormidos, el animal intelectual no tiene verdadero sentido de responsabilidad moral, lo que la máquina piense, diga o haga en un momento dado, depende exclusivamente del tipo de yo que en esos instantes la controla. Cada uno de esos yoes pone en nuestra mente lo que debemos pensar, en nuestra boca lo que debemos decir, en nuestro corazón lo que debemos sentir, etc.

Lo peor de todo es que siempre pensamos lo mejor de nosotros. Es urgente luchar contra la fantasía que nos hace pensar que somos lo mejor, cuando en realidad no somos más que un vil gusano en el lodo de la tierra. Es urgente conocer los fundamentos sobre los cuales descansamos. Ej: Yo soy más justo que aquél, más sabio que fulano, más virtuoso que mengano, más rico, más experto en las cosas de la vida, más casto, etc.

Bueno es descubrir en que nos sentimos halagados cuando es satisfecha nuestra vanidad. Tales bases constituyen según el Evangelio Cristiano: "Las arenas sobre las cuales edificó su casa".

El Ego está sometido a la Ley del Eterno retorno de todas las cosas. Después de la muerte física el Ego continúa, y retorna en nuevas matrices para satisfacer deseos. El yo repite en cada una de sus vidas los mismos dramas, los mismos errores, el yo se complica a través del tiempo y de la experiencia volviéndose cada vez mas y más perverso. El niño inocente  y bello conforme pasan los años se transforma al fin en el viejo astuto, malicioso, avaro, miedoso. El hombre de hace 18 millones de años es ahora el hombre del  cabaret y la bomba atómica. Esa es la evolución del Yo. El Yo no se perfecciona jamás.

El Yo es la causa del dolor. El dolor no puede perfeccionar a nadie; si el dolor perfeccionara ya toda la humanidad sería perfecta. El dolor es el resultado de nuestros propios errores. El Ego comete muchos errores y cosecha el fruto de esos errores.

Existe otro aspecto que se  manifiesta en el hombre y es la personalidad. Ella es un vehículo o instrumento de acción y manifestación creado por el individuo para relacionarse con el medio donde se desenvuelve.

La personalidad es energética, se forma con los primeros siete años de la infancia y posteriormente se robustece y fortifica con todas las experiencias de la vida práctica.

Los yoes empiezan a intervenir en la máquina humana a medida que la nueva personalidad se va creando. Durante los 3 ó 4 primeros años de vida sólo se manifiesta en el niño la belleza de la Esencia, entonces el niño es tierno, dulce, hermoso en todos sus aspectos psicológicos.

La vida de la personalidad humana se desarrolla en su tiempo, nace en su tiempo y muere en su tiempo, jamás puede existir más allá de su tiempo. El tiempo es redondo. Cada día es una onda del tiempo, cada mes es otra onda del tiempo y todas estas ondas encadenadas en su conjunto constituyen la Gran Onda de la Vida.

Fuera de toda duda el tiempo es la cuarta dimensión. La mente humana concibe la Eternidad como la prolongación del tiempo en línea recta, nada puede estar más equivocado que este concepto, porque la Eternidad es la quinta dimensión.

La geometría de Euclides sólo es aplicable al mundo tridimensional pero el mundo tiene siete dimensiones. Cada momento de la vida se sucede en el tiempo y se repite eternamente. En la Eternidad no hay tiempo; pero el tiempo gira dentro del círculo de la Eternidad. La serpiente se muerde la cola. Termina un tiempo y una personalidad, pero al girar la rueda aparece sobre la tierra un nuevo tiempo y una nueva personalidad. Retorna el ego y todo se repite.

Tenemos que comprender que estamos dormidos. Si la gente estuviera despierta recordaría sus vidas pasadas. Si la gente estuviera despierta, vería la tierra tal cual es.

La gente de la Lemuria veía el mundo como es, sabían que el mundo tiene nueve dimensiones por todo, y veían las siete fundamentales. En el fuego percibían a las Salamandras, en las aguas percibían a las Ondinas y Nereidas, en el aire a los Silfos, así como en la tierra veían a los Gnomos. Cuando levantaban los ojos hacia el Infinito podían percibir a otras humanidades planetarias. Veían el aura de los planetas y también podían percibir a los Genios planetarios. Pero cuando la conciencia humana quedó enfrascada entre todos esos yoes o elementos indeseables que constituyen el Ego, entonces la conciencia se durmió.

En los tiempos de la Lemuria cualquier persona podía ver por lo menos la mitad de un Honstapagnos (un Honstapagnos equivale a 5 millones y medio de tonalidades del color). Cuando la conciencia quedó metida entre el Ego, los sentidos se degeneraron.

En la Atlántida ya sólo se podía percibir un tercio de las tonalidades del color.

La esencia primigenia se libera al iniciarse el proceso del morir, es incuestionable que se convierta en la Perla Seminal. La Esencia en forma progresiva se irá liberando a medida que vayamos destruyendo los yoes. De esta forma la Perla Seminal se desarrollará con el aumento de los distintos porcentajes de la esencia hasta convertirse en el Embrión Áureo. El despertar de la conciencia deviene maravilloso en el Misterio del Áureo Florecer.

El Embrión Áureo nos confiere la Auto Conciencia y el Conocimiento Objetivo Trascendental. El Embrión Áureo nos convierte en ciudadanos concientes de los mundos superiores.

Conforme la Esencia se va liberando, el porcentaje de conciencia va aumentando.

La Esencia embotellada sólo funciona de acuerdo con su propio condicionamiento. El Ego es subjetivo e infrahumano. Es ostensible  que las percepciones que la Esencia tenga a través de los sentidos del Ego, resultan deformadas y absurdas.

La conciencia es la Luz que el inconsciente no percibe, así como el ciego no percibe la luz solar, más ella existe por sí misma. Necesitamos abrirnos para que la luz de la Conciencia penetre en las tinieblas espantosas de mí mismo.

Ahora comprenderemos mejor el significado de las palabras de Juan cuando en el Evangelio dice: "La Luz vino a las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron". Sería imposible que la luz de la Conciencia pueda penetrar en nuestras tinieblas, si previamente no usáramos el sentido maravilloso de la Auto-Observación psicológica.

Con la muerte se cierra el tiempo y la Eternidad se abre, y luego se cierra cuando el Ego regresa al círculo del tiempo.

Sabemos que la personalidad es hija de su tiempo y muere en su tiempo. Es claro que si la personalidad retornara, retornaría el tiempo y eso es absurdo porque el tiempo es una curva cerrada.

Un hombre romano que haya retornado en estos tiempos modernos del siglo XX con la personalidad de la época de los Césares, resultaría ciertamente insoportable, habría que tratarlo como a un delincuente, porque sus costumbres de ninguna manera se corresponden a las que actualmente tenemos. Lo que retorna es el Ego, el recuerdo, la memoria, el error que se perpetúa, ello es lo que continúa.

La Personalidad es energética, sutil, atómica. Cuando la persona muere, tres cosas van al cementerio: el cuerpo físico y el cuerpo vital se desintegran poco a poco en forma simultánea. La personalidad deambula por el panteón y sólo a través de varios siglos se va desintegrando. Lo que continúa, lo que no se desintegra en el cementerio es el Yo. El Yo es el que retorna incesantemente en nuevas matrices. Luego de la muerte la Legión de yoes continúa en un cuerpo común que es el astral lunar. Todo retorno implica desde luego la fabricación de una nueva personalidad humana.

Sabemos que después de la muerte, el Ego retorna a una nueva matriz. Al retornar, el 3% de Esencia libre, impregna el huevo fecundado. En el recién nacido sólo se halla reincorporado el pequeño porcentaje de Esencia libre, esto da a la criatura Auto-Conciencia y belleza interior. Los diversos Yoes que retornan dan vuelta alrededor del recién nacido, van y vienen libremente por doquier; quisieran meterse dentro de la máquina orgánica, más esto no es posible en tanto no se haya creado una nueva personalidad.

La muerte es una resta de quebrados, terminada la operación matemática, lo único que queda, que continúa, son los valores (yoes). Los valores en la luz astral se atraen y se repelen entre sí de acuerdo a las leyes de Imantación Universal. Nosotros somos puntos matemáticos en el espacio, que servimos de vehículos a determinada suma de valores. Dentro de la humana personalidad de cada uno de nosotros, existen siempre estos valores que sirven de basamento a la Ley de Recurrencia. Nuestra personalidad humana en este sentido, parece un carro arrastrado por múltiples caballos.

Paralelamente a la formación de la personalidad, se desarrolla la mente sensual; ella es quien nos informa mediante las percepciones sensoriales externas, y es precisamente con los datos aportados por tales percepciones, como la mente sensual elabora siempre sus conceptos de contenido, motivo por el cual ella jamás puede saber algo sobre lo Real.

La personalidad es un estorbo entre el Ser y nosotros. Cuando se ha eliminado por completo el Ego, la presencia del Ser puede suplir perfectamente a la personalidad.

La personalidad es el vehículo del karma y en ella se encuentran muchas cosas que nos ligan al karma. La personalidad es múltiple y perniciosa, no es individual.

La falsa personalidad no nos permite conocer la verdadera felicidad. Si uno quiere ser feliz (todos tenemos derecho a la felicidad), tiene que empezar por eliminar todos esos yoes que dominan la personalidad, creando en nuestra conciencia un centro permanente de gravedad, deviniendo un estado de felicidad extraordinaria; pero, mientras exista la falsa personalidad, la felicidad es imposible.

 

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