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La gerencia y el equipo

Autor: Manuel Giraudier
Curso:
|472 alumnos|Fecha publicaciýn: 03/05/2011
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Capýtulo 1:

 La gerencia y el equipo. El caso "Laboratorios Clotet"

Fundados por el médico Máximo Clotet  para comercializar el producto “Las pastillas del Dr. Clotet”.

Máximo Clotet ejerció la profesión de medicina general durante veinte años, etapa que culminó con la creación de los laboratorios. Ha sido director general de estos laboratorios durante veinticinco años. Máximo Clotet es padre de Julio. Julio Clotet, actual consejero delegado de los laboratorios estudió la carrera de farmacia licenciándose y posteriormente doctorándose “cum Laude”.

Próximo a la jubilación y preveyendo la continuidad de los laboratorios, Máximo Clotet decidió buscar un gerente, para que conjuntamente con su hijo  Julio dirigieran la empresa. Así fue como se contrató a Juan Aguilar como gerente de los Laboratorios Clotet.

Juan Aguilar es médico, está casado y tiene tres hijos, Juan, Antonio y Carmen. Todos ellos están estudiando en diversas facultades universitarias. Su esposa, Irene Crespo es una médico reconocida en el campo de la ginecología. Atiende consulta en tres clínicas privadas.

Juan Aguilar tiene una secretaria, Ivone Riviere, que comparte con Julio Clotet. Ivone inició sus andaduras en los laboratorios como contable. De la dirección general dependen seis directores de área, a saber:

Luisa Sandoval, diplomada en ciencias empresariales, es la resposable de la actividad económica financiera de la empresa. Enrique Pallarés, está a cargo de la dirección de marketing. Es licenciado en Ciencias Económicas. Jaime Ramilans, diplomado en Relaciones Laborales, es el responsable del departamento de personal de los laboratorios. Agustín Semprún, responsable del área de sistemas de información. Está acabando la ingeniería superior de informática Mari Carmen Arozamena es Licenciada en Bioquímica y Farmacia y dirige el área de investigación y desarrollo. Francisco Crespo Licenciado en Ciencias Químicas dirige la producción de los laboratorios.

Veamos a continuación algunas de sus historias:

Ivone Riviere ha sido trasladada de funciones y departamentos tres ve­ces en los últimos cinco años. Ninguno de los cambios significó un as­censo, aunque así se lo hayan querido vender. Con el paso del tiempo, Ivone ha ido cayendo en una apatía y en un desánimo imposibles de ocultar. Sus compañeras hacen comenta­rios a sus espaldas. «Esta mañana, por casualidad, Luisa, la encontró llorando en el cuarto de baño. Durante diez minutos despotricó contra la empresa y sus je­fes, llena de rabia y desesperación.

»-¿Por qué no lo dejas? -le preguntó Luisa, intentando trans­mitirle un aliento de esperanza-. Te buscas otra empresa y empiezas una nueva etapa...

»--No puedo –le respondió-. Tengo construida mi vida en torno a estos ingresos. Estoy atrapada... Que ha­gan conmigo lo que quieran... mientras no me echen.»

Enrique Pallarés director de Marketing de los Laboratorios Clotet, profesional serio y competente, comprometido con sus responsabilidades, presenta al gerente Juan Aguilar el plan estra­tégico de los laboratorios para el año siguiente. Ha dedicado muchas horas a prepararlo.

Después de dis­cutirlo, el Sr Aguilar le demanda una serie de ajustes y correcciones.

Hechas éstas, según las instrucciones recibidas, presenta un nuevo plan, el Plan 2. En esta ocasión las cosas se ven de manera totalmente diferente, ya que se juzga, todo él, demasiado prudente.

Enrique discute, convencido, sus puntos de vista, pero sus ideas no prosperan, por lo que tiene que acatar una reconversión del proyecto. Nuevamente trabaja con empeño y prepara el Plan 3, más atrevido y ante el que no se siente tan seguro, pero que supone, esta vez, conciliará todas las ideas. Ha presentado un plan exageradamente optimista que no encaja para nada con la política general que en ese momento se quiere establecer para el año siguiente. Juan Aguilar sugiere volver al Plan 2 modificado. Se suceden los planes 4, 5  y 6. Paulatinamente, Enrique se va sintiendo menos dueño de su responsabilidad y apenas un ejecutor que va poniendo sobre el papel lo que le van marcando... Va per­diendo la sensación de implicación, coherencia y compromiso. Al final, es Juan Aguilar quien acaba, prácticamente, dictándole el Plan Final Definitivo (el número 9)), que no anda demasiado lejos, más bien resulta casi idéntico, de los Planes 1 y 2. El ejecutivo da por cerrado el asunto sintiendo que «moralmente» aquello es ajeno a su compromiso de responsabilidad y que «intentará hacer todo lo que pueda».

Para Agustín Semprún, responsable del área de sistemas de la información no es sólo que apenas le queden seis meses para estructurar toda la conversión informática de la compañía al nuevo Sistema SAP  y el trabajo parece que esté estancado... Hay algo más que acentúa su preocu­pación.

Desde hace casi un mes no despacha con el gerente, Juan Aguilar; éste anula, de improviso, las citas programadas y casi parece ignorarlo cuando se cruzan por los pasillos. Algo está pasando... Cree leerlo, incluso, en los ojos de su secretaria, Ivone, siempre tan bien informada, pero no se atreve a preguntarle.

Ayer fue a verlo Jaime Ramilans., jefe de personal, para hablar de temas poco urgentes. En realidad, ¿qué quería? No discutieron sobre nada importante y, sin embargo, al irse, éste le preguntó: «¿Cómo vas? ¿Estás contento?» ¿Qué significaban aquellas preguntas? ¿A cuento de qué se las formulaba? No podía ser sólo su imaginación... Su olfato pocas veces le ha fallado. Algo está pasando y ese algo puede tener que ver con él y con su puesto.

Hoy por fin, ha tenido una reunión con el gerente. Parecía más frío que de costumbre. No le ha preguntado siquiera del SAP. Juan ha buscado en su mirada alguna pista, pero pa­recía la misma de siempre. Lo peor es que no le ha dicho nada... Ni bueno, ni malo... Algo está pasando... algo está pasando... Pero ¿qué? ¿O tal vez no?

Francisco Crespo, licenciado en bioquímica, es el director de producción y podría definirse, sin paliativos, como un triunfador. Sin duda, a sus sesenta y tres años podía considerarse, legí­timamente, un ganador. Percibe unos ingresos envidiables. Amigos, relaciones y contactos importantes. Tiene a su alcance todo lo que puede desear. A lo largo del tiempo, había sabido invertir bien sus ahorros y hoy éstos le reportan casi tanto como la retribución anual que recibe. Podría dejarlo todo, si quisiera, mañana mismo, sin embargo para él su trabajo lo es todo.

Francisco es un hombre duro, frío, sereno. Ha aprendido a minimizar, hasta convertir en pequeñas anécdotas, las renuncias que ha debido aceptar para alcanzar su posición actual. Su matrimonio funciona mal, « ¿y para quién no?», se dice. Sus hijos ven en èl, más un superior lejano, que un padre o amigo. «No hay quien entienda a los jóvenes de hoy», dice. Pero hace unos días todo cambió, bruscamente, para nuestro amigo.

Jaime Ramilans lo encontró, hundido y tembloroso, sentado en una esquina de la cafe­tería que hay al lado de los laboratorios. Aunque nunca había sido santo de su devoción, se le acercó, con el afán de transmitirle su apoyo y solida­ridad.

«¿Qué te pasa?», Una mirada frágil y desconsolada. La semana pasada le dictaminaron a mi mujer cáncer de mama y hoy Aguilar me ha dicho que habría de empezar a pensar en la prejubilación... ¡Qué inmensa paradoja que me caiga todo encima a la vez! ¿No te parece?»

«Mira, recuerda por una parte, que los tratamientos para superar el cáncer, hoy en día están muy avanzados, y por otra, piensa que hay cosas que nos pueden dar fuerza, piensa que la fe puede mover montañas», le insistió Ramilans, «aférrate a ellas...» «¿Tú crees que puedo creer en algo?», respondió. «Hace ya tiempo que borré de mi vida estas palabras por innecesarias... ¿A qué quieres que me agarre ahora?»

Cuando el gerente de Laboratorios Clotet, Juan Aguilar, exigíó a Jaime Ramilans preparar un nuevo sistema retributivo basado unicamente en estimular la calidad, éste sabía que esa orden entrañaba un grave peligro. El modelo no ofrecía estímulos suficientes y, además, de­jaba una puerta abierta para otras iniciativas del comité de empresa.

Jaime ofreció toda clase de argumentos y razonamientos a su director general, advirtiéndole de los riesgos que encerraba la modificación. Como éste se mantuvo firme en su idea, elaboró, con mucha ha­bilidad, una propuesta intermedia que preservaba el espíritu de las in­tenciones de Juan Aguilar y las adaptaba a un más hábil rendimiento. El superior no se sintió para nada interesado en la alternativa de su co­laborador e insistió con tenacidad en que se cumplieran estrictamente sus instrucciones. Así lo aceptó, preocupado pero disciplinado, el Sr Ramilans, jefe de personal

Nada de lo que meses después aconteció resultó ser distinto de los pronósticos de Jaime. A pesar del empeño que aplicó en conseguir hacer pasar el cambio de sistema, en los laboratorios se complicaron las relaciones laborales.

Hace unos días le han anunciado a Jaime Ramilans la nueva incorporación de un director de recursos humanos ya que la empresa por su volumen lo necesita y además se ocupará de  mantener un buen clima laboral.y claro está, Jaime dependerá de él.

Para Jaime, la noticia ha representado un duro golpe.

A Luisa Sandoval, directora económico financiera de los laboratorios.  le espera un día duro y, además, no se encuentra muy ani­mada. No ha pegado ojo en toda la noche; quizá le sentó mal la inter­minable cena con los directivos extranjeros, o tal vez fue la posterior bronca con su marido («Dice que no hablamos nunca y no se le ocurre mejor momento para hacerlo que a las dos de la madrugada... y a voces...»). Lo cierto es que, ahora, cami­no del trabajo, la cabeza le da vueltas, y tiene la boca pastosa.

Suena el móvil. Tan pronto y ya le está llamando su gerente, Juan Aguilar.

«Luisa, ¿a qué hora puedo verla?», dice una voz entusiasta al otro lado de la línea.

«Cuando usted quiera», le responde, «estoy en camino»

«Anoche estuve pensando y me parece que hay que rectificar algu­nas cifras de sus presupuestos Dese prisa, que tenemos mucho que corregir... Y no olvide traer el reporting de ventas...»

«¿Cuándo descansará este pelma?», piensa para sí.

La jornada no ha transcurrido mucho mejor. El jefe le ha cambia­do todos los números, que ahora tendrá que rehacer («¿ Cuándo lo hago?», se pregunta), La cabeza le estalla; su marido la ha llamado para persistir en los reproches y su abogado le ha anticipado la mala noticia de que ha perdido el recurso que la empresa había in­terpuesto a Hacienda. Está de un humor de perros. Se va a comer.

Al regresar al despacho, tiene el firme propósito de comenzar a rectificar los presupuestos. Vana ilusión; los ordenado­res se han estropeado y no se sabe cuándo volverán a funcionar. Ten­drá que hacerlo más tarde, desde su casa. Hoy no quiere permanecer mucho tiempo en la oficina: ha quedado para jugar su partido sema­nal de paddel con las amigas..  Uno de los pocos buenos ratos que le quedan.

A las seis y media empieza a recoger todos los papeles que están desparramados sobre su mesa. Apenas tiene tres cuartos de hora para llegar al club. Su jefe la llama para preguntarle por las correcciones del presupuesto. Le garantiza que pa­sado mañana las tendrá.

Sale a la calle, debe darse prisa. Cuando por la noche regrese a casa todavía deberá ocuparse de los presupuestos. Se ha comprometido a re­hacerlos, y mañana tiene que estar en una reunión antes de las nueve...

Mari Carmen Arozamena es licenciada en bioquimica y farmacia, y desde hace tres años, directora del área de I+D de Laboratorios Clotet. Su carga de trabajo resulta abrumado­ra, sobre todo en los últimos tiempos

Ni siquiera permaneciendo habitualmente en el despacho hasta muy tarde, puede abarcar todas sus obligaciones. Por las noches, le cuesta conciliar el sueño incluso doblando la dosis del somnífero que le prescribieron hace seis meses.

Ahora está sentada en su despacho. Dentro de media hora se ha de reunir con Juan Aguilar y Julio Clotet para presentarles el resultado de una investigación previa de un nuevo producto para el tratamiento del cáncer. La reunión es tan importante que se ha apuntado a ella Máximo Clotet. Si les convence se iniciará el proceso de investigación de este nuevo fármaco y la inversión es importante. Se trata de tres millones de euros. «Todo debe salir a la perfección Se lo que me juego, no puedo fallar. -se ha dicho-. »

El teléfono no para de sonar con mil y una llamadas, a cuál más urgente. «Todo debe salir a la perfección...» Nota que sus manos se humedecen de sudor. Un puñal le oprime el estómago. Los latidos de su corazón se aceleran; escucha su zumbido. Tiene la boca seca y ganas de llorar. Querría salir corriendo... «Todo debe salir a la perfección...» Mientras se dirige a la sala de reuniones donde le esperan Máximo y Julio Clotet junto con Juan Aguilar, nota que le tiemblan las piernas.

Juan Aguilar cuando no está de viaje acostumbra a llegar al despacho a las 7:30 de la mañana, abandonándolo más tarde de las 20:00 horas.  Come en una hora y media aproximadamente cuando se toma un respiro. Juan, aunque sea el gerente de los laboratorios, cargo que le reporta unos interesantes ingresos económicos, siente en su interior una frustración al no ejercer la profesión por la que dedicó siete años de estudio y posteriores diez años como médico de cabecera en un ambulatorio. Fue precisamente su ambición que le llevó a estudiar un MBA de Dirección para dedicarse a la empresa. Los casos clínicos que su esposa Irene le comenta por las noches le provocan  sentimientos de frustración y a la vez de una especie de fracaso al no haber continuado en el ejercicio de la profesión. El dinero no lo es todo, sin embargo él tomó este camino.

Análisis del caso

¿Desde el punto de vista gerencial como ve usted este caso?

¿Dónde pueden estar los puntos flacos de la gestión?

¿Qué actitud cree usted que tendría que tomar el gerente de la empresa?

¿Los mandos intermedios que dependen de la gerencia cree usted que están motivados?

¿Cómo puede estar la autoestima de Ivon Riviere y de Enrique Pallarés?

¿Cree que la  preocupación por el futuro de su puesto de trabajo, que presentan tanto Agustín Semprún como Jaime Ramilans, podía haberse evitado.

¿Cree usted que Mª Carmen Arozamenna tiene la autoestima alta o baja? ¿Porqué?

¿Francisco Crespo ha de ser jubilado en este momento?

¿Cree usted que Juan Aguilar tiene falta de empatía con sus colaboradores? ¿Atribuye a una posible insatisfacción vocacional de Juan Aguilar este carácter? ¿Si ejerciese la medicina, cree usted que actuaría igual?

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