El psicoanálisis es creación del vienés Sigmund Freud. Fue elaborado como un procedimiento para el diagnóstico y tratamiento de ciertas neurosis, es decir, surgió de la observación y la experimentación directa sobre seres humanos. El psicoanálisis es, por lo pronto, un método, pero también una doctrina relativa al funcionamiento de la mente. Tanto en el método como en la doctrina se describen tres instancias fundamentales en que se divide la psique:
El Yo (Ego). Es la parte consciente que dirige la conducta y sirve de puente entre las necesidades del organismo y el mundo real. A nivel interno establece el orden de preferencias entre las exigencias del Ello y del Superyo para que no entren en conflicto.
El Superyo (Superego). Es la parte moral: ideales, normas y reglas establecidas por la sociedad y asumidas por el individuo, representa a la propia sociedad dentro del individuo. También puede identificarse con el Yo ideal, el que desearíamos ser y no somos. El Superyo es el que nos castiga y nos premia siguiendo nuestras propias convicciones, es decir, nuestro amor propio. Suele proyectarse sobre la idea de un dios o dioses por encima del hombre.
El Ello (Id). Es la parte más desconocida de nosotros mismos. Los deseos, pensamientos y sentimientos más profundos de los que ni siquiera tenemos noticia de que existan. Un almacén de recuerdos olvidados, emociones y traumas reprimidos o no reconocidos. Actúa de un modo instintivo, es decir inconsciente y automáticamente. Se trata de instintos básicos como la búsqueda del placer (la Libido) o la agresividad que buscan la satisfacción inmediata y a su vez dan pie a impulsos altamente elaborados que crean necesidades más concretas, tan arraigados que parecen instintivos como un comportamiento que ha sido intensamente aprendido durante mucho tiempo y llega a parecer natural y automático. Por debajo de éstos instintos e impulsos sólo quedan los actos reflejos puramente biológicos como el hambre, la sed, el sueño, la digestión, los latidos del corazón, etc. localizados en la parte más primitiva del cerebro.
A modo de síntesis podríamos ilustrar el organismo humano como un carruaje. El Yo es el que lleva las riendas, el Superyo el guía sentado junto a él, que le indica por donde tiene que ir y el Ello es el tiro de caballos que arrastra todo lo demás. ¿Qué ocurriría si el cochero y el guía no se ponen de acuerdo sobre la ruta a seguir? Sin duda malograrían el viaje, el conductor es quien dice la última palabra, pero el guía enfadado no dejaría de incordiar e incluso amenazar. ¿Y si el conductor maltrata a los caballos, no les da de comer o les lleva por un camino pedregoso? Seguramente acabarían abocados al desastre, perdería el control sobre los caballos o quedarían tirados en medio del camino. Otra forma de ilustrarlo sería utilizando el análisis transaccional, inspirado en el psicoanálisis: el Superyo representa a la figura del padre, nuestra parte crítica y protectora; el Yo el adulto racional y responsable; y el Ello el niño espontáneo y natural que todos llevamos dentro.Las tres instancias de la personalidad.
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