El fracaso es un episodio en la vida.
Es una marca con un significado. Un episodio que puede dejar una carga emocional negativa, auto-destructiva y desmoralizante de alto calibre y duración. Pero, con un poco de astucia y con clara conciencia de que la experiencia en si misma y las sensaciones son el resultado directo de energías actuantes, el fracaso se convierte sin dudas en una experiencia única y expansiva, perfectamente apta para la mente imaginativa y audaz, esa que concluye en que nunca verá la luz del día si no fuese por el fracaso. El fracaso puede ser la antesala de la grandeza.
Excluyendo las situaciones catastróficas de pérdidas o guerras, ante el fracaso, es frecuente observar que las personas protestan, se lamentan, se sienten víctimas o incapaces y solo esperan que las cosas cambien. Esto es un deseo reduccionista, simplista y para colmo, inútil. Inútil porque la persona afrontando un fracaso debe darse cuenta de que ha hecho algo de importancia para recibirlo. No necesariamente algo malo.
Para fracasar alguien tuvo que haber iniciado algo: una dieta adelgazante, una amistad; puede que haya tenido una relación amorosa y haya entregado su corazón. Es posible que haya trabajado, estudiado o entrenado durante un largo tiempo. Es posible que haya tomado una decisión equivocada, que haya decidido no realizar alguna actividad que le hubiera convenido realizar. Es posible que haya invertido su dinero, etc. etc. Una acción anterior al fracaso tuvo que haber habido. Si ha conocido el fracaso significa que se ha embarcado en alguna acción, ha tomado medidas y decisiones acerca de cosas para hacer y cosas para no hacer, y se encuentra ahora en condiciones óptimas de "afinación y cambio". Esa persona en el momento justo para hacer ese clic, ese destrabe indispensable y cambio para crecer por fin, se niega a hacerlo, se repliega o renuncia. Allí está el fracaso. Es esta actitud la que hay que lamentar y no el "fracaso" anterior que plantea una lección y obliga a una actitud positivista.
Se hace claro que de poco sirven la resistencia, la renuncia, la protesta, la resignación.
Esto supone una ilusión de cambio exterior y la verdad es que ante el fracaso no podemos pretender que el mundo cambie; solo podemos cambiar nosotros. El fracaso es nuestro, es para nosotros. Nos llega a todos alguna vez en la vida. Y cuando lo hace, tenemos que aprovecharlo. Sacarle el jugo que solo podemos sacarle nosotros. Porque es para nosotros. Nuestro fracaso contiene todo lo que necesitamos para nuestra evolución.
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