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Fotografía y retrato. Ensayo (2/2)

Autor: Pedro Taracena
Curso:
7/10 (3 opiniones) |2691 alumnos|Fecha publicación: 16/06/2009
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Capítulo 9:

 Fotografía. Camino a seguir

José R. Cancer Matinero
Doctor en Historia del Arte
RESUMEN

En esta comunicación, que fue presentada en el XI Congreso de la Asociación Española de Críticos de Arte, celebrado en A Coruña, en el año 2005, se reflexiona acerca de los valores del arte contemporáneo y se cuestiona el papel que desempeñan algunos críticos de arte. ABSTRACT This communication was introduced by its author during the celebration of the 11th Congress of the Spanish Association of Art Critics, celebrated during 2005 at A Coruña. It shows thoughts regarding contemporary art values, being questioned the role of art critics.

"En arte, ha llegado a ser evidente que nada es evidente" Theodor Adorno (1903-1969)

En los últimos años, se han publicado numerosos escritos denunciando la desnaturalización del arte contemporáneo. Por lo general, todos ellos coinciden al afirmar que la cultura basura nos invade.

Los firmantes de tales declaraciones, no son críticos de arte (salvo contadas excepciones) sino especialistas en filosofía, estética, sicología, medios de comunicación, teoría del arte, etc. Este grupo de expertos coincide al denunciar un hecho evidente: hoy, asistimos al triunfo de ciertos seudo-artistas, encumbrados por algunos críticos de arte, periodistas y dueños de salas de arte que los cobijan.

A este tenor, debe añadirse que el ritmo febril en que vivimos obliga a los museos y galerías de arte contemporáneo a una constante rotación de sus exposiciones. Como consecuencia, por exigencias del guión (como suele decirse) se incluyen en las programaciones algunas muestras de objetos procedentes de áreas tan diversas como el mundo textil, el de la automoción o el pirotécnico, los cuales se exhiben ante los ojos del público transformados en productos artísticos. A tales objetos no se les exige que sean originales, como antaño, sino eficaces, puesto que como muy bien anotara Brunswich, "el ojo cree en lo que ve". Y para que esa eficacia se ponga de manifiesto, se recurre por lo general al crítico de arte, quien, con su texto, legitima al objeto exhibido.

La jerarquía de antiguos conceptos tales como originalidad y creación, ha sido sustituida por copia y suplantación en la actual redefinición del arte, fruto de la concepción posmoderna: "arte es todo lo que llamamos arte". Tomando este eslogan como bandera, el arte contemporáneo deviene en espectáculo, de la mano de la publicidad y con el apoyo y la aquiescencia del gran capital, a la búsqueda siempre del beneficio fácil e inmediato.

La complicidad de ciertos agentes, entre los que se cuentan algunos críticos de arte, ha hecho posible que la impostura, la banalidad y la mediocridad se generalicen cada vez más en el denominado arte contemporáneo. En muchas ocasiones, lo zafio se ofrece bajo el manto de la provocación, amparándose en un supuesto juego innovador, siendo aceptado silenciosamente por quienes debieran denunciarlo, temerosos quizás de ser tachados de reaccionarios.

Lo banal y anecdótico se magnifican gracias a los medios de comunicación y fundamentalmente a la inmediata difusión que proporciona Internet (ese mundo virtual de convivencias eclécticas) y que es aprovechado por la cultura basura como trampolín desde donde lanzar su estrategia de invasión a la par que lo usa de escaparate permanente para exhibirse.

Frente a esta situación, que no es apocalíptica, sino real como la vida misma, puede constatarse que el crítico de arte ha dejado su verdadera función para convertirse en un mero informador al servicio del medio que le paga y ello es así porque en los medios de comunicación, los apartados supuestamente dedicados a la crítica, en realidad cumplen la función de describir y publicitar, recurriendo en muchas ocasiones al sensacionalismo, para atraer al público. No debemos olvidar que los medios de comunicación son intermediarios creadores de opinión, que actúan esparciendo ideas.

Se sabe que el ser humano, en tanto que totalidad orgánica gobernada por ciertas leyes, responde a los estímulos percibidos con una serie de reacciones abiertas es decir, no sujetas a leyes invariables. La actitud del sujeto por interiorizar los estímulos y filtrarlos a través de una subjetivación, constituye un proceso que recibe el nombre de "reacción en bucle". En ese proceso, el filtro cultural dejará pasar solamente aquellos mensajes que el receptor reconoce, es decir, los que forman parte de su universo cultural. Y ello es así, porque la percepción de los objetos familiares se relaciona de modo inseparable con las imágenes normativas que el observador conserva en su mente ya que el lenguaje tiende a señalar más bien categorías funcionales que formales.

Teniendo en cuenta todo este proceso, no debe extrañarnos que el arte contemporáneo viva en los últimos años bajo sospecha de impostura, habida cuenta que una parte de los objetos artísticos se presentan en los medios de comunicación con un exceso de provocación trasnochada y gratuita, mientras que otra parte se oferta como mera mercancía de consumo y decoración. Cabe preguntarse si esta situación de sospecha a que aludimos, no se debe en el fondo a dos cuestiones muy concretas, las cuales, siendo diferentes, aparecen no obstante ligadas íntimamente. La primera, sería establecer quién, cómo y por qué determinados objetos son sancionados como obras de arte contemporáneo. La segunda, sería determinar cuál es el papel que debe desempeñar el crítico de arte en los medios de comunicación. Por mi parte, entiendo que el crítico de arte debería retomar su verdadera función y enseñar a diferenciar, si es que no lo ha olvidado totalmente, entre arte y chapuza, separando la originalidad de la imitación; la creación, de la banalidad.

La tarea, no es sencilla, habida cuenta que vivimos un tiempo en el que la tradición se ha fracturado totalmente; la obra de arte ha perdido su aura e igualmente se ha disipado la noción de autoridad.

Es evidente que en estos primeros años del siglo XXI la finalidad del arte es la misma que heredamos del siglo anterior, esto es: el propio arte. Y como consecuencia, lo transversal, es uno de los signos de identidad del arte contemporáneo.

También hay que tener en cuenta que el arte no constituye una práctica cultural pura, sino que está ligado a las circunstancias temporales, sociales, religiosas y económicas que le rodean. En esta exposición reflexiva, debemos considerar además que hoy la publicidad se ha convertido en muestra, depósito y receptor (bien juntos o separados) de la transversalidad de las artes, antes aludida. Así pues, cabe preguntarse una vez más ¿qué papel debe desempeñar el crítico de arte?

La respuesta más cómoda, para muchos, es que el crítico debería continuar el papel que ha venido desempeñando últimamente en los medios de comunicación, esto es, ser un eslabón más en la cadena publicitaria, al servicio del capital. No obstante, una minoría (en la que me encuentro) opina que es necesario cambiar el rumbo y una forma de hacerlo sería recuperando las raíces o dicho de otro modo, regresando a la tradición. Me permito recordar que la representación más tradicional de la crítica es la de una anciana de rostro severo, que tiene en una mano un haz de flechas y ramitas de laurel (expresión gráfica del aplauso y la censura) y en la otra una antorcha que enciende en el fuego que le presta el dios del buen gusto. Desde hace años se viene cuestionando acerca de la forma y manera que resulten más idóneos para ejercer la práctica interpretativa también denominada crítica de arte.

A priori, la actividad del crítico debería consistir en marcar diferencias dentro del campo de actividades de lo artístico: juzgar.

El crítico, frente al hecho artístico actúa en base a una hibridación de sensaciones, de prejuicios, de conocimientos... es decir, dicho llanamente, lucha entre la subjetividad del corazón y la objetividad de la razón. El crítico, cuando observa una obra, trata de verse proyectado en ella; de verla, desde sus planteamientos e inquietudes, intentando en todo momento, si es honesto, de aislarse de la información condicionante anexa. Pero no debemos olvidar que un espectador anónimo, con espíritu contemporáneo, observa igualmente esa misma obra y la ve a su manera, de acuerdo con su sensibilidad y conocimiento. Ambas miradas, juzgan y comprueban si ese objeto que se les ofrece bajo la etiqueta de obra de arte les afecta emocionalmente o bien si les resulta indiferente o bien si les parece que su autor no ha puesto el interés debido en su concepción. Tanto el espectador anónimo como el crítico de arte pasan por la misma fase de "reacción en bucle" antes mencionada, pero sus valoraciones finales difieren. El espectador, juzga mediatizado por los medios de comunicación, mientras que el crítico de arte debería actuar con libre albedrío.

Cuando se cuestiona acerca del modo, de la forma más idónea de ejercer la práctica de la crítica de arte con libre albedrío, muchas veces olvidamos lo más elemental y en este caso sería interrogarse si el pretendido crítico de arte posee las dotes que tradicionalmente se han requerido para el desempeño óptimo de tal función.

Llegado a este punto, se impone recordar cuales son las dotes exigibles al crítico de arte: vocación manifiesta; probidad intelectual exenta por completo de miras bajas e interesadas; gusto estético depurado y exquisito; cultura extensa y profunda; ausencia de personalismo.

A ello, debe añadirse que el auténtico crítico de arte, emitirá un juicio imparcial acerca de lo que autor dejó consignado en su obra, sin adentrarse en terrenos propios de la criptografía.

Entiendo que si actualmente se exigiera al crítico de arte que demostrara estar en posesión de las mencionadas dotes, ello redundaría en beneficio de la sociedad y posiblemente afloraría el verdadero arte contemporáneo, con lo cual desaparecía la actual sospecha de impostura que lo envuelve. El crítico de arte, en tanto que intermediario entre el artista y el público, debe aprender a comportarse en libertad, sin sentirse peligroso ni embarazoso. Ese es el camino a seguir.

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