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Fotografía y retrato. Ensayo (1/2)

Autor: Pedro Taracena
Curso:
8,89/10 (9 opiniones) |18470 alumnos|Fecha publicaciýn: 09/06/2009
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Capýtulo 14:

 Tensión fotográfica

En las escuelas de fotografía nos ensañan las formas técnicamente correctas de obtener imágenes. Nos hablan del encuadre, de los primeros planos, las texturas, profundidad de campo, forzado de la sensibilidad, también del aprovechamiento del formato e inclusive tomando lecciones de grandes fotógrafos, nos recuerdan aquello de "más cerca" de Robert Capa. Pero en ningún manual de fotografía se habla de la tensión que soporta el fotógrafo o retratista en busca del lugar y momento más idóneo para captar aquella imagen irrepetible, que había concebido en su cabeza. Me refiero a la vivencia de toda persona que siente la vocación de atrapara la luz a través del objetivo de la cámara, allí donde se encuentre, rodeado de circunstancias no siempre favorables.

Siempre que el fotógrafo se deje acompañar de su cámara, allí donde vaya quedará prisionero sin poderlo evitar, de una dualidad de la que jamás se dejará liberar. Si practica montañismo o senderismo, la lucha entre el equipo ineludible de su mochila y demás accesorios de nieve o lluvia, siempre, librará la batalla de captar todo aquello que le rodea y acontece, a través de su cámara. No es fácil ejercer de fotógrafo y hacerlo compatible con las dificultades del terreno y las inclemencias del tiempo.

En el caso de eventos donde el fotógrafo se ve sometido a normas rígidas del uso de cámaras y en no pocos casos, perseguido por la prohibición de capturar imágenes, la situación le crea una frustración difícil de superar; privado de poder contar de forma plástica todo aquello que su saber mirar le permita. Con estas limitaciones se mutila la libertad del fotógrafo de poder captar los primeros planos que no vienen en las postales y su particular forma, a veces mediante arriesgadas acrobacias, de ángulos popularmente poco aceptados o tradicionalmente incorrectos; trasgrediendo la armonía, la simetría o simplemente cambiando la posición de la toma. Todo ello crea al retratista una ansiedad cuando se le escapan aquellos momentos irrepetibles. Imágenes perdidas que jamás volverán a producirse. Ortos y ocasos. Posición de las nubes en el cielo. Contrastes de luces, sombras y colores. Gestos semblantes y rostros que reflejan las mil y una faceta del ser humano.

Sin olvidar que el fotógrafo vive el momento cultural, histórico y hasta familiar del evento en el cual está inmerso. La tensión tampoco concede ninguna tregua al fotógrafo que es ante todo un retratista y cuando se encierra en una sesión fotográfica, bien "espontánea" o "natural preparada", su atención está centrada en controlar todas las variables técnicas, psicológicas y ambientales que las circunstancias ponen en sus manos. No obstante, si el retratista desea atrapar en su cámara a personas que masivamente se encuentran en manifestaciones de cualquier tipo, y además, desea vivir el evento del cual se trate, el momento de disparar su cámara contra el sujeto elegido y las oportunidades de captar los instantes irrepetibles, que son casi todos, se multiplican hasta el infinito. El fotógrafo cuando decide echarse su cámara al hombro, sabe cual es su objetivo principal, aunque aquellos que le rodean no tomen conciencia de ello, hasta que constatan la realidad o sufran sus consecuencias. Se pierde del grupo, su familia protesta, en fin, da permanente testimonio de un inadaptado y un trasgresor. Es el precio que paga por estar enamorado de todo lo que capta su mirada. Su saber mirar. El fotógrafo, siempre, su mayor deseo es contar a los demás las historias en imágenes que ha vivido. Unos cuentan sus sensaciones con el verbo, el fotógrafo a través de su mirada. No necesita hablar, su obra lo narra todo. Estas consecuencias de sufrir la vocación de retratista, no constan en ningún tratado, toman parte de descubrimientos personales. Es una tensión añadida, imprescindible, para vivir la pasión del momento único, con los riesgos y frustraciones que conlleva. El pintor vive ese momento más dilatado en el tiempo.

El fotógrafo disfruta sólo de un instante. También es preciso separar dos situaciones bien diferenciadas, la profesión de fotógrafo, donde las penalidades para conseguir la imagen deseada, vienen compensadas porque toman parte de un oficio remunerado, y el fotógrafo vocacional, donde el éxito es sólo gratificante en el campo de la autosatisfacción. En el primero cumple un objetivo impuesto por su cliente o empresa productora y en el segundo caso es la libertad y la creatividad, los límites impuestos. Aunque en ambos casos, no se dude de su vocación y de su arte.

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