El primero de los enemigos es el miedo a fracasar
El miedo es uno de los grandes enemigos de la disciplina. Tenemos miedo a todo, aunque no seamos conscientes de ello. Tenemos mucho miedo a no poder desarrollar nuestras habilidades, pero también lo tenemos a que nuestras habilidades una vez desarrolladas no cumplan con nuestras expectativas o las de los demás. Tenemos miedo intentarlo y preferimos no arriesgarnos porque tememos fallar. Y tenemos mucho miedo, aunque parezca paradójico, a triunfar.
Uno de los miedos más comunes, es el que tenemos a fallar.
Muchas veces ni siquiera comenzamos la persecución de un
objetivo porque tenemos miedo de no poder alcanzarlo, no lograrlo y
no tenemos el coraje ni siquiera de intentarlo. ¿Por qué
cuando nos enfrentamos a una situación extrema somos capaces
de sacar una fuerza que ni siquiera sabíamos que
teníamos? En ese momento tenemos un sólo propósito:
el de sobrevivir y es un objetivo demasiado fuerte. Si
estuviéramos, por ejemplo colgados de una soga a veinte metros
de altura lucharíamos hasta el final para no soltarnos, porque
si lo hiciéramos no mataríamos. Seguramente si la cuerda
estuviera a sólo dos metros del suelo, duraríamos una
cuarta parte del tiempo colgados. Eso quiere decir que cuando el
objetivo es fuerte, saca lo mejor de nosotros, nos potencia. Lo que
tenemos que lograr es que todas nuestras metas sean vividas de esa
manera, como si estuviéramos colgados a veinte metros de
altura y lucháramos firmemente por sobrevivir.
El segundo miedo: Temor al éxito
Puede resultar paradójico, increíble, pero uno de los
miedos que tenemos que superar es el miedo al éxito. Hay que
prepararse psicológicamente para el éxito ya que
éste no es fácil de asumir y estamos "adoctrinados" para
no alcanzarlo nunca, para ser simplemente uno más. Nosotros
también, sin embargo, podemos llegar a ser una persona
exitosa. No estoy hablando de una persona famosa, no es lo mismo,
el éxito va mucho más allá de la fama; son dos
caminos distintos. Y para esto tenemos que ser capaces de lograr
nuestros objetivos sin tener miedo al fracaso ni al éxito.
Tenemos que aprender a no conformarnos con lo mediocre.
El tercero de los miedos: a lo desconocido
Es inherente a la raza humana tener miedo a lo desconocido,
miedo al cambio porque no sabemos lo que puede llegar a pasar, que
hay más allá de lo que podemos ver. Por ejemplo se
experimenta cuando estamos conduciendo y nos perdemos en un lugar
desconocido, es de noche y no sabemos dónde estamos, es un
terreno nuevo para nosotros, inexplorado. Pero en definitiva
¿qué puede llegar a pasar? En realidad no pasa nada,
podemos preguntar, podemos dar otras vueltas hasta orientarnos; sin
embargo no pensamos en otra cosa que lo malo que nos puede llegar a
suceder.
Cuando nosotros sucumbimos a estos miedos, lo que estamos haciendo
es sentirnos más confortables porque no nos ponemos en el
conflicto que supone enfrentarnos al temor. Eso nos relaja y nos
hace sentir bien. ¿Por qué? Porque nuestra
psicología, nuestra forma de ser, de pensar y de actuar, no se
encuentra acorde con lo que estamos diciendo de la necesidad de
trabajar duro para cambiar. Por ejemplo, si tenemos que operar y
tenemos miedo a enfrentarnos al mercado, a lo desconocido que nos
pueda deparar una posición, a lo que nos puede llegar a pasar
en nuestra cuenta; y no apretamos el botón, nos sentimos
cómodos. Pensamos "qué bueno que no operé", sobre
todo si la posición finalmente no hubiera salido positiva. Si
somos vendedores y tenemos que hacer una llamada a un cliente, a un
encargado de compras que seguramente nos cancelará una
suscripción o una venta y no la hacemos, nos sentimos más
tranquilos porque evitamos afrontar la situación. Sin embargo
lo que estamos haciendo es dejarnos vencer por uno de los grandes
enemigos de la disciplina: el miedo. Esto es lo que tenemos que
evitar a toda costa. Esto es lo que tenemos que trabajar en
nosotros mismos.
Otro de los grandes enemigos es la distracción
Esta acción puede ser fatal en muchos casos, por ejemplo si estamos conduciendo. No podemos conducir y distraernos ya que podemos causar un accidente muy grave. Sin embargo si pensamos que podemos distraernos cuando estamos haciendo algo de menor importancia que no implique directamente el riesgo de vida o la integridad física de nadie. La distracción en general, como concepto, no es mala siempre. Es como el ejemplo anterior de enemigos de la disciplina; el miedo en sí mismo, le ha servido la humanidad históricamente para conservar la especie. No hablamos de todos los miedos sino de ciertos tipos de miedos que tenemos que superar.
En el caso de la distracción es lo mismo: no hablamos de toda la distracción, si no la que nos distrae de nuestros objetivos, de nuestras operaciones, de ser disciplinados. Por ejemplo en una jornada de trabajo, ahora que están muy de moda los videojuegos, hay mucha gente que hace una pausa y se pone a jugar con sus ordenadores. Alguno puede llegar a pensar "que indisciplinado" o "mira lo que está haciendo éste el lugar de trabajar". Sin embargo, esto no es malo en sí mismo y puede llegar a ser una excepción sana. Ahora, si este tiempo que nos tomamos para jugar con el ordenador, excede un período razonable y ya comenzamos a pensar todo el día en el momento en que vamos a poder jugar un rato a nuestro juego favorito, evidentemente se convierte en algo negativo. Yo personalmente soy una de las personas que siempre tiene que desconectar cada media hora o cuarenta y cinco minutos. Siempre lo he hecho y nunca me fue mal. Desde mi época de estudiante, en la que le dedicaba sólo ese tiempo por sesión y siempre hacía una pausa. Y nunca me perdí un examen por no llegar con el estudio. De hecho a mí me sirve muchísimo, ya que cuando vuelvo me siento mucho más fresco mentalmente como para continuar con la actividad. O sea que hay que entender qué grado de distracción nos hace bien y a partir de qué momento comienza a ser negativo. Tenemos que ser capaces de darnos cuenta de eso.
Una vez que controlamos ese punto y entendemos cuál es la
frontera, lo que tenemos que lograr es algo que muchos queremos
hacer pero pocos lo logran: varias cosas a la vez. No digo que no
podamos hacer varias cosas en un mismo período de tiempo pero
sí no podemos realizarlas todas juntas. Parece confuso pero no
lo es. Lo que hacemos muchas veces es: estar haciendo algo,
mientras pensamos en lo otro que tenemos que hacer. En lugar de a
dedicarnos el 100% a lo que estamos haciendo y luego pasar al
siguiente tema, lo hacemos a un 60% y mientras pensamos en lo otro
que tenemos que hacer. Incluso podríamos dejar a medias un
trabajo y empezar otro, luego volver al primero, terminarlo y
finalmente volver al segundo y concluirlo. Inclusive eso podemos
hacer, pero nunca estar en un trabajo pensando en otro. Lo
único que vamos a lograr con eso es distraernos y tardar
más en acabarlo y definitivamente no hacerlo bien. Sin embargo
lo que tenemos que entender es que no hace falta ni siquiera que
tenemos que hacer dos cosas a la vez.
Recapitulemos entonces cuáles son los enemigos de la
disciplina pensando directamente en Forex.
El primero es el miedo a operar. Aquí englobamos todos los
temores, tanto el de ganar como el de perder así como a lo
desconocido. Esto quiere decir ver una posición ya sea que
pueda comprarse o venderse, y no animarse a entrar al mercado y se
nos pasa la posición. Tuvimos miedo de entrar al mercado y
perder la posición, o de ganarla (sé que suena raro pero
muchas veces es así) o simplemente nos venció el miedo de
no saber qué podía llegar a pasar con la
posición.
El segundo es la distracción. Muchas veces estamos en el mercado mirando si hay una posible entrada, quizás hace una hora que estamos analizando el euro a ver si compramos o vendemos y de pronto vemos que otra divisa por ejemplo el usd/jpy se ha movido ya 100 pips. Entonces nos preguntamos ¿por qué no vi ese movimiento? porque justo en ese instante no estábamos concentrados en más que en el euro y nos olvidamos de ver las correlaciones, nos distrajimos y ese es precisamente el segundo enemigo.
El tercer enemigo es el delay. A veces tenemos una posición
que pensamos que es buena, otras veces nos sucede que algunas
personas de nuestro servicio durante las noticias escuchan compra o
venta y no pueden entrar, o dudar un segundo y ya no logran entrar
al mercado. En ese momento, comenzamos a leer en el Chat frases
como "¿todavía será posible entrar?", y frases por
el estilo. Esto quiere decir que alguna persona, no ha podido
entrar o ha dudado.
Nosotros tenemos que superar esos obstáculos, esos enemigos
que tiene la disciplina, porque quizás por distracción,
por no haber visto el movimiento de un par de divisas, o por
haberlo visto y haber tenido miedo de apretar el botón, o por
haber dudado al momento antes de hacerlo, nos frustramos. Y la
frustración nos conduce a lo contrario de la disciplina.
Entonces si nos enfocamos concretamente en que éstos son los
enemigos de la disciplina, tenemos que saber que van a estar
incluidos en nuestro plan de trabajo, tienen que estar contemplados
en nuestro plan de trabajo porque aparecerán, pero tenemos que
tener la inteligencia suficiente como para superarlos.
Tenemos que ser conscientes de que nuestro plan de trabajo no puede ser solamente lo positivo; también tenemos que tener en cuenta todas las cosas negativas que pueden suceder mientras operamos. Tenemos que entender que por ejemplo si tuvimos delay y no pudimos entrar al mercado, ya vendrán otras posiciones. De lo contrario lo único que vamos a lograr es tener desesperación. Precisamente este es el siguiente enemigo, pero es la consecuencia de los otros tres. Si tenemos miedo, si nos distraemos, si tenemos delay, tendremos seguramente desesperación. Todos estos puntos que acabamos de mencionar, sabemos que son negativos para la disciplina, entonces tenemos que identificarlos. Una vez que somos conscientes de estos problemas, quizás podamos entender un poco más acerca de nuestra forma de operar.
Son como un trauma y como tal, mientras no los comprendamos no
los podemos superar. Un trauma es un problema que nosotros tenemos,
pero no sabemos el por qué ni hasta qué punto estamos
traumados. Por ejemplo, un día cualquiera nos planteamos
¿por qué les tengo miedo a los pájaros? No sé
por qué tengo esa fobia, no lo entiendo. Pero tratándome
con un profesional posiblemente descubra que se deba a que cuando
era pequeño quizás tuve un problema con un pájaro y
me creo ese miedo. Y fue creciendo, creciendo y creciendo, me
olvidé de ese percance, pero nunca me olvidé del miedo
que padecí. Entonces el profesional, me hizo comprender que
hoy, muchos años después, no tiene sentido tenerle miedo
a un pájaro, por un susto que sufrí cuando era
pequeño. Es recién ahí, cuando uno entiende el
trauma, que puede comenzar a superarlo.
Entonces tenemos que entender cuáles son nuestras
frustraciones. Por eso hablamos de los enemigos de la disciplina,
para que los entendamos, para que los conozcamos, para que los
asumamos y sobre todo para que los superemos para poder seguir
adelante.
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