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Fobia social infantil. Trastornos de ansiedad

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |523 alumnos|Fecha publicaciýn: 13/08/2010

Capýtulo 10:

 Timidez y fobia social

Las modificaciones más relevantes para la investigación y la clínica fueron la supresión de la timidez como síntoma característico de este trastorno, sobre la que se había investigado exhaustivamente en la infancia, valorándola bien como precursor, bien como primera manifestación de la fobia social, y la advertencia de que la persistencia y gravedad de los síntomas pueden significar más bien un trastorno de personalidad por evitación, provocando el debate sobre la relación basada en criterios cuantitativos, que no cualitativos, y evolutivos, entre ambos trastornos.

La timidez ha sido a veces desvalorizada al considerarla una característica no infrecuente en la infancia, que disminuía a lo largo del tiempo hasta desaparecer cuando el niño adquiría su madurez, y es por ello que durante la infancia la fobia social podía pasar desapercibida por la creencia de que la timidez es una característica propia de esta etapa. Se han propuesto diversas definiciones y descripciones de la timidez, pero ninguna de ellas es realmente útil para diferenciarla de la fobia social; al contrario, casi todas se solapan, y pueden ser confundidas con este trastorno. Ambas condiciones comparten ciertos hechos como la ansiedad y el malestar ante situaciones sociales, y la frontera entre ambas es, con frecuencia, poco precisa. Generalmente la timidez se ha considerado un rasgo de personalidad o característica de temperamento sin valor clínico para ser incluida en categoría del eje I. La dificultad principal que han hallado los estudios que intentan su delimitación viene dada, entre otras razones, por la heterogeneidad de los individuos etiquetados como tímidos.

Las tasas de prevalencia de la timidez son más altas en la población general que la fobia social; ésta afecta a un 2% de la población aproximadamente, mientras que algunos estudios sobre la timidez como el de Lazarus (1982) encuentran que el 38% de los niños de su muestra se consideran a sí mismos tímidos. Caspi y col. (1988) refieren que padres de niños entre 8 y 10 años, describen al 28% de sus hijos y al 32% de sus hijas como tímidos. Tomando en cuenta estos datos, no todos los niños con timidez abocan a un trastorno de fobia social, y en muchos de ellos la madurez conduce a la disminución o desaparición de la timidez.

En un intento de delimitarlas en lo posible, Turner y Beidel (1990) estudian las diferencias entre timidez y fobia social condiciones en seis aspectos distintos: síntomas somáticos, características cognitivas, comportamiento, funcionamiento cotidiano, curso clínico y modo de comienzo.

Las manifestaciones somáticas no difieren significativamente entre ambas condiciones.

Se ha identificado en los individuos con fobia social una particular constelación de síntomas: enrojecimiento, temblor, palpitaciones, sudoración y urgencia urinaria, que también se observan en niños tímidos.

El temor a evaluaciones negativas, aunque menor en los tímidos que en la fobia social, también interfiere en sus rendimientos, y es quizás el área de mayor consistencia entre ambos grupos.

Los comportamientos que aparecen como respuesta a situaciones de ansiedad social en la fobia social y timidez incluyen la evitación de tales situaciones, a veces de forma explícita, en otras ocasiones con conductas menos detectables. La disminución del tono de voz en las respuestas acompañadas de abatimiento de la mirada es también una conducta observada en ambos ante situaciones ansiógenas. En la fobia social, aunque no es un criterio necesario para el diagnóstico es un comportamiento muy significativo, mientras en la timidez lo es muchos menos que las respuestas somáticas o cognitivas.

El funcionamiento del individuo en su medio habitual está más afectado en la fobia social, asociado además con un importante malestar emocional. La evolución de la timidez es, con no poca frecuencia, a la normalidad, no así la fobia social cuyo curso es crónico, estable y constante, pudiendo, a su vez, adoptar formas de evolución en su historia natural estables, fluctuantes, fásicas, episódicos, complicadas, etc. Por último, el comienzo de la fobia social tiene lugar al inicio o en mitad de la adolescencia, mientras que la timidez tiene un inicio mucho más precoz, aunque en la fobia social generalizada pueden observarse ya síntomas desde los primeros años de vida.

Turner y col. (1990) señalan que no está aclarado si ésta representa una forma extrema de timidez, o es un tipo específico, cualitativamente distinto de la misma. Asimismo se observa que algunos fóbicos sociales son tímidos, como los que presentan temor a hablar en público, mientras otros no refieren serlo. Hay pues un evidente solapamiento entre la timidez y la fobia social que plantea importantes interrogantes acerca de características evolutivas de la psicología médica y psicopatología infantiles.

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