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Fobia social infantil. Trastornos de ansiedad

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |523 alumnos|Fecha publicaciýn: 13/08/2010

Capýtulo 5:

 Fobia social. Inhibición de la conducta

Kagan y col. (1984-1991) identifican en algunos niños comportamientos a los que denominan “inhibición de conducta ante desconocidos”, que permanecen estables a través de la infancia y adolescencia, a los que consideran rasgos de temperamento.

El niño con estas características responde a estímulos o acontecimientos nuevos para él con activación simpaticotónica excesiva y con comportamientos de evitación y alejamiento, suspendiendo su actividad y conversación, retrayéndose y aumentando la latencia de su interacción con los otros, aferrándose a los conocidos. Estos niños ante estas situaciones presentan una mayor frecuencia cardíaca y menor variabilidad de la misma durante el tiempo que dura esta situación - así como taquicardia ante situaciones mínimas de estrés - que los que no presentan inhibición de conducta. Asimismo los niveles de cortisol salivar son más altos. Comparados con niños no “inhibidos” muestran más bajo umbral de activación de los circuitos hipotalámicos y amigdalar ante situaciones no familiares. Los autores consideran que estos comportamientos tienen una base genética, observándose su heredabilidad por la frecuencia con que aparecen en familiares en primer grado, y son detectables ya en los primeros meses de vida, manteniéndose estables a través del tiempo e influenciando el desarrollo de la personalidad.

Se postula que asimetrías en la actividad del cortex cerebral frontal pueden constituir un marcador biológico de esta característica del temperamento. En su modelo, el lóbulo frontal derecho mediaría las conductas de “aproximación”, emociones y conductas positivas, mientras el izquierdo lo haría con las de “evitación/retirada”.

La inhibición de conducta ante extraños constituye un factor de riesgo para la aparición posterior de trastornos de ansiedad, habiéndose debatido si lo sería para cualquiera de ellos, o específicamente para alguno. Mick y Telch (1998) publican sus hallazgos respecto a la especificidad de la asociación de la inhibición de conducta en la infancia con la ansiedad social en los primeros años de la adultez, y no con otros trastornos de ansiedad, considerándola un factor de riesgo para aquella que debe ser afrontado preventivamente.

Relacionalmente este patrón comportamental de inhibición de conducta puede provocar una interacción aversiva con sus cuidadores, generalmente la madre - que a su vez es frecuente haya sufrido perturbaciones del vínculo en su propia infancia -, por la exagerada reactividad del niño, influyendo en la atención que se le presta. Ello conduce a la elaboración de un vínculo inseguro y ansioso, lo que puede provocar posteriormente mayor dificultad en las relaciones con sus compañeros y reacciones de evitación a situaciones sociales que incrementarían su ansiedad social.

Los estudios longitudinales de Kagan y col., sobre los niños con riesgo para trastorno de ansiedad investigan los predictores de estabilidad de este patrón de comportamiento para la identificación de vulnerabilidad que permita plantear estrategias de prevención, en las que se incluirían intervenciones dirigidas a la resolución de trastornos o problemas parentales, y aproximaciones cognitivas que proporcionen la desensibilización del niño vulnerable a las situaciones nuevas y cambiantes.

La inhibición de conducta no debe ser confundida con la normal reacción de “ansiedad al extraño” descrita por Spitz (1961) en sus ya clásicas investigaciones, como un organizador – utilizando este término empleado en embriología con la significación conceptual que en ésta tiene – de la vida psíquica. El niño accede a los 7-8 meses de vida a la madurez que le permite diferenciar la figura de vínculo – generalmente la madre – de las demás personas, sufriendo cierta ansiedad ante los extraños si la madre no está presente. Su aparición expresa un desarrollo afectivo y maduración adecuados – no sucede en niños autistas o muy perturbados por ejemplo – y solo cuando su intensidad es excesiva podría considerarse cercana al comportamiento descrito como inhibición de conducta.

Desde un punto de vista etológico Bowlby (1973) mantiene la tesis de que la ansiedad ante el extraño y de separación de la madre tienen un valor de supervivencia, y forman parte de señales neurobiológicos, determinadas genéticamente, en la filogénesis. Las investigaciones de Bowlby sobre la formación del vínculo, fueron coincidentes con las observaciones que Spitz había realizado en los niños, añadiendo la influencia de la calidad de este vínculo en las relaciones futuras del niño con los otros compañeros y personas adultas, familiares o no.

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