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Fobia social infantil. Trastornos de ansiedad

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |523 alumnos|Fecha publicaciýn: 13/08/2010

Capýtulo 11:

 Fobia social generalizada

Desde que en 1987, y a partir de la publicación de DSM-III-R, se debe especificar dentro de la fobia social si ésta es o no generalizada - en relación con el número de situaciones sociales que provocan ansiedad -, comienzan a tenerse en cuenta dos tipos de fobias sociales: la que incluye miedo a una o más situaciones que ha venido denominándose discreta, específica, limitada, circunscrita, y la que abarca la mayor parte de situaciones sociales: generalizada. Aunque no suficientemente estudiada aún en niños y adolescentes parecer ser que en estas edades este tipo de fobia es la más frecuente. En ella no sólo se sufren temores funcionales a hablar en público, comer, etc., sino ansiedad ante las relaciones sociales, o temores de interacción.

Beidel (1991), encuentra una serie de características en los niños con fobia social generalizada que pueden ser observadas por medio de autoinformes y diarios del niño, comportamiento del mismo ante tareas provocadoras de ansiedad y médidas de frecuencia cardíaca. Estos pacientes tienen una percepción muy desvalorizada de su competencia cognoscitiva, malestar y afectación del funcionamiento cotidiano, con referencia – como recogen en sus diarios y autoinformes – de mayor número de sucesos provocadores de ansiedad y mayor ansiedad cuando estos ocurren. Observa en ellos marcados rasgos de ansiedad de base, y ansiedad muy intensa durante la ejecución de pruebas de vocabulario.

Describe, asimismo, un patrón característico de su frecuencia cardíaca: cuando abordan una actividad creadora para ellos de ansiedad, aumenta dicha frecuencia y este incremento se mantiene durante todo el tiempo que dura la tarea; al contrario que en los niños simplemente ansiosos, cuya frecuencia basal es más alta, y solo aumenta al inicio de la tarea, disminuyendo posteriormente. Únicamente los niños con fobia social respondieron con llantos, síntomas somáticos y conducta de evitación. Por ello Beidel hace referencia a las dudas que los miembros del subcomité del DSM-IV para fobias sociales habían expresado sobre la adecuación del término fobia social, a la infancia, por considerar que el niño podía no tener oportunidades de evitar interacciones ansiógenas; su estudio mostró, refiere, que los niños pueden utilizar diversas estrategias de evitación.

La fobia social generalizada se asocia a un mayor déficit en habilidades sociales y mayores dificultades en las interacciones sociales. Al iniciarse generalmente en las primeras edades de la vida, el deterioro académico, personal y social es más intenso y se acompaña frecuentemente de numerosos síntomas psicopatológicos expresivos de rasgos anómalos de personalidad: timidez, ansiedad social, miedo a evaluaciones negativas, baja autoestima etc..

Debe analizarse cuidadosamente la expresión clínica, que puede abarcar tres tipos de síntomas: somáticos, comportamentales y cognoscitivos; generalmente los primeros propios de los niños más pequeños, mientras que los cognoscitivos requieren una mayor madurez y complejidad psicológica, apareciendo en edades posteriores.

Atención especial merecen los juegos y actividades de ocio del niño con fobia social. No siempre está aislado; a veces busca grupos con los que halla más fácil relacionarse - niñas, por ejemplo, en pacientes varones, lo que puede inducir erróneas sospechas sobre su identidad, o compañeros de más edad, a través de hermanos mayores incluso -; en otras ocasiones, sobre todo los más inteligentes, pueden llegar a ser afanosos lectores, con gusto por la utilización de ordenadores y de otras actividades solitarias, como refugio y evitación de situaciones sociales.

Psicodinámicamente se ha postulado que muchos de estos niños funcionan con una organización neurótica de la personalidad, pero las funciones mayores del yo pueden permanecer intactas; algunos incluso poseen una gran fuerza yoica, aunque estén afectados en su funcionamiento social. Su superyo es normalmente severo y punitivo; la culpa y la vergüenza son sentimiento preeminentes en ellos. Como consecuencia se muestran autocríticos con su inhabilidad e inhibición social, lo que conlleva a menudo sentimientos crónicos de baja autoestima, cuando no depresivos.

Por último, es importante reseñar que la fobia social generalizada se acompaña con mayor frecuencia que la específica de otros trastornos psicopatológicos comórbidos, presenta mayor gravedad y cronicidad (Pine, 1998), y su inicio es más precoz que la fobia social específica.

Los datos en los estudios realizados, utilizando criterios DSM-III-R, parecen apoyar la posibilidad de que la fobia social generalizada y específica constituyan trastornos diferentes no solo en su clínica sino en la etiología, terapéutica y pronóstico. Incluso podrían conformar cuadros clínicos precisados de situarse en diferentes ejes diagnósticos – haciendo referencia al código DSM – en el eje I el primero, y en el Eje II, la fobia social generalizada; el DSM-III-R ya advierte al describir el trastorno generalizado que debe considerarse también el diagnóstico adicional de trastorno de personalidad por evitación. Turner y col. (1986-1992) encuentran en sus estudios soporte empírico para esta distinción. En la actualidad se mantiene un solapamiento de los criterios diagnósticos para fobia social generalizado y el trastorno de personalidad por evitación. Las características que aporta la observación de su desarrollo a través de la infancia y adolescencia apuntan en este sentido; en la actualidad parece evidente que su evolución a través de estas edades y hasta la vida dulta sigue una continuidad de forma homotípica - espresada siempre como el mismo trastorno -, frente a las formas sociales específicas en las que puede observarse a través del tiempo su discontinuidad (Conde y Ballesteros, 1995). Son necesarios, no obstante, más estudios para su mayor conocimiento, sobre todo en las primeras etapas de la vida, al ser éstos aún escasos e insuficientes.

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