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Experto Investigador de Siniestros

Autor: Susana Viale del Carril
Curso:
8,33/10 (3 opiniones) |14319 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/12/2005
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Capýtulo 10:

 Un caso real...

Un caso real...

Una Compañía de Seguros nos contrató hace muchos años (en 1957) para investigar una denuncia.

El Asegurado reclamaba por un importante robo de lingotes de aluminio.

La Compañía sospechó por que se trataba de una póliza relativamente nueva (menos de seis meses de vigencia) y porque el reclamo consistía en una cantidad desmesurada de dinero que se asimilaba al tope del seguro.

Lo primero que hicimos fue destacar un par de investigadores para realizar una discreta averiguación entre el vecindario cercano al domicilio comercial del Asegurado (donde se había cometido el robo). Se trataba de un amplio depósito ubicado en una apartada barriada de la ciudad de Buenos Aires, sobre el límite de los barrios de Nueva Pompeya y Villa Soldati.

Indagamos sobre las características de la zona, frecuencia de delitos contra la propiedad, costumbres de los habitantes, vigilancia policial, hábitos del personal del depósito, etc.

Con ese desmenuzado informe en nuestro poder, concurrimos al depósito y fuimos atendidos por los propietarios, dos socios de 40 y 46 años de edad.

Allí establecimos que los lingotes de aluminio (aún había una parte en existencia) pesaban cada uno 28 kg en promedio y se apilaban de diez en diez hasta que la estiba alcanzaba los dos metros de altura.

Interrogamos individualmente a los dos peones que trabajaban en el lugar y, por supuesto, al capataz y a los dos socios del establecimiento, labrando sus dichos en las actas de rigor. Llamaba la atención que todos los testimonios eran "sospechosamente"  idénticos, como si se tratara de un libreto aprendido de memoria.

Luego confeccionamos un croquis del galpón, con sus correspondientes dimensiones y, a simple vista, la comparación del abultado importe reclamado a la Compañía de Seguros con el valor de cada lingote arrojaba como resultado que no era posible estibar esa cantidad dentro del local, pese a que nos informaron que los lingotes en existencia habían sido recibidos con posterioridad al robo, lo que pudimos comprobar luego a través de los libros contables.

De todos modos, la composición cualitativa y cuantitativa del reclamo no hacía más que avalar las sospecha de la Compañía de Seguros. Pero había que probarlo fehacientemente.

Comprobamos que los supuestos delincuentes, para ingresar al local, habían hecho un boquete en la pared del contrafrente, sesgada a 35º respecto del muro frontal debido a que por la parte posterior existía un trazado ferroviario de trocha angosta (por entonces Ferrocarril Belgrano). A 40 m hacia el sudeste había un paso a nivel con servicio de guardabarreras las 24 horas.

El boquete guardaba cierta semejanza con un círculo imperfecto y su diámetro promedio era de 70 cm. suficiente para el paso de un ser humano.

La abertura había sido obstruida por el Asegurado con una especie de "tapa" construida en madera dura reforzada con listones, amurada internamente.

Encontramos restos de mampostería tanto dentro del local como fuera, sobre el terreno del ferrocarril, aunque no nos pareció que la cantidad de cascotes era suficiente.

Dimensionamos que el tendido de los rieles distaba a apenas a 1,15 m del muro.

Tomamos las fotografías de rigor y nos retiramos, para abocarnos a los análisis científicos con estos resultados:

*El supuesto robo se había producido entre las 22 horas de un viernes, en que ambos socios dicen haberse retirado (el personal egresaba a las l8 horas) y las 07 horas del sábado en que llegó al lugar el capataz, quien había descubierto lo ocurrido.

*En primer lugar, por el peso de los lingotes, dedujimos que no era posible sacar al exterior más de una unidad a la vez.

*Por el volumen de la sustracción denunciada, como mínimo debían de haber participado cuatro personas, una en el interior y tres afuera.

*Debieron de haber utilizado dos camiones de gran porte, seguramente estacionados del lado opuesto del tendido ferroviario, ya que la calle del depósito no tenia salida y, por otra parte, ninguno de los vecinos (incluso un matrimonio que llegó a su casa a las 2,40 horas), habían notado la presencia de esos pesados rodados. Por lo tanto, desde el boquete en la pared hasta el presunto estacionamiento de los vehículos, dimensionamos una distancia de 97 m.

*Una minuciosa inspección ocular del supuesto lugar donde hipotéticamente aguardaban los camiones, no arrojó resultados. No se encontró el mínimo rastro ni vestigio de su presencia, circunstancia que fue luego confirmada por varios vecinos del sector opuesto a las vías. ¡Allí no hubo camiones de gran porte, desconocidos, estacionados!

El vecino H. R. (de 83 años de edad) cuyo dormitorio tenía una ventana a pocos metros del presunto lugar de carga, pese a su sueño liviano y a levantarse no menos de tres veces durante la noche por su problema de próstata, ratificó testimonialmente, sin titubear, que ¡Allí no hubo camiones de gran porte, desconocidos, estacionados!

*Por otra parte, al guardabarreras de servicio a 40 m del boquete, no podía dejar de llamarle la atención que, en un paraje desolado en horas nocturnas, estuvieran cruzando los rieles una y otra vez varias personas cargando pesados bultos. Además, el hecho ocurrió con luna llena y como lo pudimos comprobar 25 días más tarde, la visión desde la caseta del empleado ferroviario (rodeada de ventanas) era óptima.

*En la oficina de tráfico del ferrocarril establecimos los horarios de los trenes ascendentes y descendentes, comprobando que en el lapso durante el cual el local quedó sin ocupantes, habían pasado por el lugar veintinueve formaciones ferroviarias, lo que significaba que el operativo de los delincuentes había sufrido otras tantas interrupciones.

Como resultado de estos análisis conversamos con los socios del local pero ellos se mantuvieron en sus trece e, incluso, amenazaron con iniciar una demanda judicial

Simultáneamente, el análisis contable arrojaba nuevos resultados sospechosos: Ocho meses antes del supuesto siniestro se producía un desfasaje. A pesar que, de acuerdo con el inventario reconstruido por nuestro Auxiliar Contable, había en el local una buena cantidad de lingotes de aluminio, los asegurados había hecho una compra muy importante de ese material.

Concurrimos entonces a la seccional policial de la zona (Comisaría 34ª) y revisando los viejos antecedentes archivados en la dependencia comprobamos que, seis días antes de esa compra importante de aluminio, los propietarios del depósito habían denunciado el robo de 160 lingotes "sin seguros" a través de un boquete abierto en la pared posterior que daba a las vías del ferrocarril..."

Concurrimos prestamente al Palacio de Tribunales y en el Juzgado de Instrucción a cargo del Dr. De los Santos, Sec. Nº 137, que intervenía en ese robo anterior, examinamos la causa penal (Autores NN) y al cotejar las fotografías agregadas al expediente con las que nosotros habíamos tomado pocos días antes... ¡Oh sorpresa!.. la abertura era la misma que presentaba el muro en esta segunda oportunidad.

Como no resulta práctico ni verosímil que los delincuentes confeccionen un plano para practicar una abertura exactamente igual a la que ya habían hecho ellos u otros sujetos ocho meses antes, volvimos a mantener una reunión con los propietarios del depósito a quienes les expresamos que la Compañía de Seguro iniciaría una querella por los delitos de falsa denuncia y defraudación en grado de tentativa.

Acuciados por las evidencias, los beneficiarios de la indemnización no demoraron en firmar un desistimiento total, liberando a la Compañía de Seguros de toda responsabilidad, presente y/o futura, evitándose de pagar la abultada indemnización fraudulentamente reclamada.

Los reclamos fraudulentos a las Compañías de Seguro se multiplican.

A medida que pasa el tiempo más y más personas que viven al margen de la ley pretenden lucrar con ese, a veces, sencillo negocio.

Es por tal motivo que el mercado Asegurador demanda, cada vez con mayor frecuencia, expertos que puedan desbaratar las maniobras y evitarles cuantiosas pérdidas económicas.

Si deseas profundizar alrededor de esta apasionante y lucrativa actividad, puedes consultar en www.eats-edu.com.ar

©Escuela Argentina de Técnicas del Seguro

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