Siempre me ha llamado poderosamente la atención la emocionalidad subyacente detrás de la investigación OVNI. Difícilmente exista campo del interés humano donde entusiastas y detractores se enfrenten más empeñados en un combate cuerpo a cuerpo que en un sensato intercambio de ideas. Los insultos, los conatos de pugilato y las actitudes despectivas proliferan de ambos lados, y todos y cada uno creen tener una razón profunda, una verdad inalterable para proceder así. Gente sencilla y alegre, confiable y sensata, pragmática y querible, comerciantes, bancarios, ingenieros, periodistas, maestros de escuela, padres de familia y apreciados por quienes les conocen, se transforman en "explotadores de la credulidad ajena" o "reaccionarios mentirosos" a los ojos de sus contendientes intelectuales. Deberíamos entonces preguntarnos si esto -que no me animo a llamar "fanatismo", porque éste se trata de una verdadera psicopatología con muchas otras características que por lo habitual los ovnílogos y escépticos militantes a los que me refiero no muestran- no tiene correlato con las actitudes intransigentes de cristianos y musulmanes propias de épocas pasadas, donde el combate contra el "enemigo ideológico" era una verdadera guerra santa por la Verdad.
Y uno de los matices colaterales de esta "emocionalidad" intrínseca a la actividad ovnilógica (y, al mismo tiempo, punto de quiebre entre los que reivindican una "objetividad científica" y aquellos a los que acusan de "demasiado subjetivismo en el tratamiento de la información") es la actitud con que los ovnílogos tomamos nuestra actividad: es casi nuestra vida. Lo hacemos con pasión, con lágrimas y risas, con depresiones y éxtasis exultantes.
¿Porqué la ovnilogía nos motiva tanto?. Ciertamente pueden inventarse muchas explicaciones, pero creo que la mayoría no pasarán de ser simplemente eso: inventos. Que compensamos carencias infantiles, que satisfacemos necesidades mágicas, que alimentamos nuestro deteriorado ego con protagonismos insulsos, que reprimimos nuestro complejo de inferioridad... Tal vez en casos individuales algunos de estos enfoques reflejen la realidad, pero ciertamente aglutinar todos ellos para describir el porqué de tanta pasión en los ovnilógico -pasión que en calidad, no en signo, es compartida por igual por defensores y detractores- debe tener otros fundamentos. Y entiendo que estos fundamentos son esotéricos.
Tomemos un ejemplo paralelo para comprender este aserto. Y remitámonos a algo tan cotidiano como la actividad laboral, el trabajo nuestro de cada día. Y, de paso, comprender porqué "sufrimos" el vacío espiritual detrás de las actividades diarias, que es como decir descubrir porqué la vida, pese a tener a veces cuánto deseamos, aparece "sin sentido". Si esta aproximación esotérica a la Ovnilogía nos permite, colateralmente, entender esa situación, creo que en cierta medida mi esfuerzo -aunque por razones ajenas a mi interés principal- se verá recompensado.
En las antiguas culturas tradicionales, la sacralidad, la espiritualidad estaba necesariamente presente en todos los órdenes de la vida. Era impuesta desde la niñez, y no se concebía, por ejemplo, abrir la tienda por la mañana sin abluciones, ni reunirse con amigos sin elevar ciertas preces. Cualquier gesto responsable de la tarea humana reproducía un modelo mítico, trascendente y, en consecuencia, se desenvolvía en un "tiempo" ajeno a la línea de temporalidad mortal, en un tiempo sagrado. El trabajo, los oficios, la guerra, el amor, eran sacramentos. Escribe Mircea Eliade: "Volver a vivir lo que los dioses habían vivido "in illo tempore" traducíase por una sacralización de la existencia humana que completaba de ese modo la sacralización del cosmos y de la vida. Esta existencia sacralizada, abierta sobre el Gran Tiempo, podía ser muchas veces penosa, mas no por ello dejaba de ser menos rica en significado; en todo caso, no estaba aplastada por el Tiempo. La verdadera "caída en el Tiempo" comienza con la desacralización del trabajo; sólo en las sociedades modernas ocurre que el hombre se siente prisionero de su oficio, por cuanto no puede escapar ya del Tiempo. Y es porque no puede "matar" su tiempo durante las horas de trabajo -esto es en el momento en que goza de su verdadera identidad social- por lo que se esfuerza por "salir del Tiempo" en sus horas libres; de donde el número vertiginoso de distracciones inventadas por las civilizaciones modernas. En otros términos, las cosas ocurren precisamente al revés de lo que son en las sociedades tradicionales, donde las "distracciones" casi no existen, por cuanto la "salida del Tiempo" se obtiene por todo trabajo responsable. Es por esta razón que, como acabamos de verlo, para la mayoría de los individuos que no participan de una experiencia religiosa auténtica, el comportamiento mítico déjase descifrar, fuera de la actividad inconsciente de su psiquis (sueños, fantasías, nostalgias, etc.) en sus distracciones".
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