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El euro

Autor: Adriana Guevara
Curso:
10/10 (1 opinión) |6304 alumnos|Fecha publicación: 27/12/2004
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Capítulo 20:

 La moneda única europea, el euro (4)

Algunos funcionarios norteamericanos dicen no estar perturbados por la rivalidad dólar-euro.  El estatus del dólar como moneda de reserva ha crecido hace poco, elevándose de nuevo al 64%, del 57% en 1990, anota el subsecretario del tesoro norteamericano, Lawrence Summers:  "La responsabilidad, podría decir uno, termina y comienza con nosotros...Si Estados Unidos mantiene estrategias vigorosas y verisímiles, la suerte del dólar estará, en gran medida, en nuestras manos".  A decir verdad, las políticas de la UE plantean un reto mucho mayor que los aspectos económicos.  La cuestión central de la unión monetaria es la que con mayor frecuencia se evade: ¿puede entregarse tan gran porción de estrategias económicas a entes que no tienen responsabilidad política alguna? Y si la respuesta es no ¿acaso no significa eso que la unión política debe seguir, entonces, a la monetaria?[1]

 De momento, Alemania ha bajado el tono a su antigua insistencia en la unión política.  Por ahora, Alemania insiste en que la UEM es un acontecimiento puramente financiero, sin adornos.  El canciller Helmut Kohl dijo ante el parlamento: "No hay posibilidad de que Europa se vuelva un gran estado centralizado...esto destruiría las culturas regionales de Europa, en toda su gloria... pero también la UEM generará los cambios más profundos en nuestro continente europeo... el impacto político será de grandes proporciones".[2]

 Con la llegada del euro, no se ha hecho esperar la euforia.  Los mercados financieros en Europa aventajan al norteamericano, los analistas especulan, como todos los demás.  Curiosamente, la mayor parte de los comentarios han  enfocado sus atención en el arbitrario criterio de que los presupuestos coincidan para llevar el euro hacia la línea del arranque.  Mucha menos atención se le ha prestado a la más importante tarea de hacer cambios fundamentales para que la moneda llegue a la meta, y ese reto tiene muchos más riesgos que los que hasta ahora han enfrentado los países de Europa.[3]

 Lo más importante es que los artífices de la moneda única europea no han tomado en cuenta el hecho de que incluso bajo las políticas, más amplias, las economías difieren.  Estados Unidos ha tenido una sola política fiscal y monetaria durante muchos años y, pese a ello, el las últimas dos décadas cada región del país ha tenido diferentes grados de desarrollo económico.   Estados Unidos ha enfrentado este problema en diversas formas.  Dos de las más efectivas, migración obrera, que lleva la fuerza de trabajo a donde están las oportunidades, y, estabilizadores automáticos (bajar los impuestos federales y hacer que suba el consumo); para poder suavizar la presión económica.  Los europeos mueven apenas una tercera parte  en sus propios países, y mucho menos a través de las fronteras, en comparación con Estados Unidos.  Y como el consumo está limitado sólo el 2% del PIB de Europa, la UE no puede suavizar tanto  la presión económica.[4]

 Cuando las monedas están ligadas indisolublemente, los ajustes ocurren en forma  muy desagradable, ya sea argumentando el desempleo, causando pérdidas en os salarios reales, o bloqueando la inversión.  En ocasiones se combinan los tres elementos.  Paradójicamente, el euro alentará la especulación económica regional y por lo tanto aumentará la probabilidad de shocks económicos perfectamente localizados, con su correspondiente re presión política, a pesar de que las naciones participantes en la creación del euro están comprometidas a observar los criterios del Tratado de Maastricht, los gobiernos europeos, mantendrán el  control sobre los impuestos, los gastos y otras políticas. Por el momento el euro distrajo a Europa de una tarea fundamental: reestructurar sus economías.  El continente carga todavía con el problema de las grandes extensiones de  tierra en manos del sector privado, subsidios excesivos, sistemas de bienestar social generosos, pensiones altas, demasiadas normas y mercados de trabajo nacionales muy rígidos.  Algunos alegan que el euro forzó a las economías de los países de Europa a tener más disciplina.  Considerando el BCE, cuyas férreas instrucciones  son  el mantener la estabilidad de los precios.  ¿Qué significa eso, en una región en la que las tasa de interés a corto plazo de Irlanda e Italia son casi el doble de las de Francia, Alemania y Bélgica?   Una política monetaria en estas regiones de bajo interés y alto desempleo podría causar inflación en otras partes de Europa.  La alternativa podría empeorar el desempleo.  Y una política menos  agresiva, quizás no le gustaría a nadie.[5]  

Sin embargo, el proyecto tiene aspectos muy inteligentes, incluida la decisión de fijar las paridades a partir del 2 de mayo, pero finalmente la decisión de no abandonar las monedas  sino hasta después del 2001.  Esto significa que si el euro sobrevive el período de transición y a la capacidad de los mercados para sacar a los países del arreglo, como ha sucedido en el pasado con esfuerzos similares de unión monetaria, entonces el euro quedará circunscrito y la habilidad de los países participantes para salirse también estará limitada.  En segundo lugar, el euro  creará transparencia en los precios, logrando una mayor competencia que beneficiará al consumidor.  También llevará a una mayor disciplina monetaria en los países con menor voluntad.  Y por supuesto, habrá ahorros por la reducción de los costes debidos al intercambio de las cotizaciones de las monedas extranjeras.[6]  

Pero, la introducción del euro puede también, en primer lugar, aumentar el desempleo.  La transparencia presionará a las compañías europeas a hacerse más competitivas.  En Estados Unidos este tipo de presión históricamente se ha convertido en presión a los sueldos reales, pero en Europa probablemente significará menos empleos.

[1]Op. cit

[2]Op. cit

[3]Op. cit

[4]Op. cit

[5]Op. cit

[6]Op. cit

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