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Etnociencias y yagé

Autor: Hernàn Buitrago Ramirez
Curso:
7,50/10 (2 opiniones) |1394 alumnos|Fecha publicación: 02/03/2007
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Capítulo 2:

 Etnologia: el yagé en la selva y en los centros urbanos

Para todos es conocido que las culturas americanas han consumido sustancias psicoactivas desde tiempos prehistóricos.  Tenemos registros arqueológicos que ubican este consumo unos 3.000 años antes de nuestra era con el desarrollo de la cerámica, en Perú, Ecuador y Brasil.  Estas investigaciones lo confirma por los hallazgos de utensilios domésticos para el consumo de plantas entre ellas las psicoactivas, que eran sagradas para los indígenas, tales como la coca, las daturas, los rapés narcóticos y probablemente el Yagé.  En lo que respecta al yagé, éste se encuentra localizado en lo que corresponde a la Hoya Amazónica y la Hoya del río Orinoco.  Entre las investigaciones que se encuentran sobre el uso y distribución del consumo de yagé están las de Fripper en 1.965 para toda América del Sur; en Colombia el profesor Uscátegui que hizo un estudio que se denomina Tribus Colombianas de la Hoya Amazónica y los Llanos Orientales; en los años 1.960, 1.963 y 1.969, el dr.  Reichel Dolmatoff estudió los grupos que corresponden al Vaupés, grupos tukano Orientales y también estudió los Noanamá y Emberas del Chocó.  La denominación que los distintos grupos indígenas hacen de esta planta varia mucho.  El nombre más usual es el Yagé, cuyo origen muy probablemente viene de la lengua Geral  del Brasil, una lengua franca que los jesuitas de la colonia utilizaron para comunicarse con los indígenas.  Entre los Tukanos, que es un grupo muy representativo del Vaupés y que se localiza también en el Brasil hasta donde extiende sus dominios, el nombre más usual dado por ellos es Caapi, Gahpí y Kahpí.  Otro grupo que también pertenece a esta misma familia, los Cubeo, le llaman Mihí; los Guahibo le llaman Kápi, los Noanamá le llaman Dápa; los Embera/Pildé; y en general en ecuador y perú se le conoce como Ayahuasca.  Pero el término más usual es Yagé, tanto para los indígenas, particularmente para los que tienen relación con otras comunidades, como para otras etnias como las comunidades blancas.  Otros investigadores se han referido a los aspectos botánicos de la Banisteriosis, que es el nombre científico del yagé.  El yagé es una enredadera selvática, que se da silvestre o se cultiva en los lugares mencionados, es una parra, un bejuco, una vid selvática.  Entre quienes han estudiado estos aspectos botánicos y etnobotánicos está el Dr.  Richard Evans Schultes, profesor de la Universidad de Harvard, eminente etnobotánico que convivió con los indígenas del Alto y Bajo Putumayo de Colombia y también en el Guaviare y quien tiene estudios fechados en 1.957, 1.960, 1.963, 1.967, 1.969 y también otros de la década del 70 y aún del 80 que no están referenciados en esta exposición.  Otros estudios interesantes también son los de Cuatrecasas, j. en 1.965; el Dr. García Barriga en 1.968; el Padre Pérez Arbelaez en 1.956 y Uscátegui en 1.959.  Pero la primera identificación que se hizo en los términos del método científico la hizo Richard Spruce en 1.851.

Descubrió que esta planta es una Malpighiaceae a la que él denominó Banisteriopsis Caapi, identificada en al región de Ipanoré en el Bajo río Vaupés.  Otros investigadores identificaron la Banisteriopsis Quitensis, la B. Inebrians y la B. Rusbyana.  La Banisteriopsis Caapi es exclusiva de la zona del Vaupés, también se encuentra en el Putumayo y en el Caquetá.  La Banisteriopsis Inebrians hace parte del Yagé como aditivo.  En cuanto a la Banisteriopsis Rusbyana, y a la Inebrians se sabe que se encuentran poco en el Putumayo pero de todas maneras hay comprobaciones que allí también se encuentran.  Los estudios fitoquímicos y farmacológicos los hace en 1.923 el biólogo inglés Fischer, quien aisló por primera vez el alcaloide que denominó Telepatina por los efectos que tiene de transmitir pensamientos a largas distancias y en 1.925 el Dr.  Barriga y también albarracín identificaron dos alcaloides que llamaron Yageina y Yageinina.  Ya en 1.928, otro investigador, Elger, descubrió que la identificación hecha Fischer como Telepatina era idéntico a un alcaloide llamado Harmina, que también había sido aislado de un arbusto del Cercano Oriente que se llama Peganum Harmala.  Desafortunadamente no tengo bibliografía sobre esta planta, que sería interesante averiguar, ya que los efectos del consumo de la Harmala son conocidos desde la antigüedad y hay descripciones al respecto.  Posteriormente, identificaciones botánicas más precisas determinaron presencia de harmina en B. Caapi, y B. Inebrians (Chen y Chen, 1.939; O´Conell y Lynn, 1.953).  Hochstein y Paradies encontraron otros derivativos de los Beta-carbonilos en tallos de B. Caapi tales como Harmalina y d-tetrahidroharmina y B. Rusbyana resultó contener N,N - dimetiltriptamina.  Esto en términos muy generales, porque existen investigaciones más recientes que pueden establecer con mayor exactitud los componentes bioquímicos de Yagé.  Sin embargo este campo aún sigue sin explorar y comprobar ya que es muy común que los indígenas de la selva Amazónica, los de la costa pacífica colombiana y los de los Llanos Orientales, preparen sus brebajes con base en otros aditivos y estos elementos tienen mucho que ver con la producción de los estados alucinatorios.  De eso hablaremos un poquito mas delante de la conferencia, pero tal vez lo importante sea comentar, que para los indígenas no constituye una planta alucinógena; para los indígenas es una Planta Maestro, una planta guía, y que fundamentalmente el Yagé está ubicado como aquella planta que permite acceder al mundo sobrenatural, a un espacio sagrado que tiene mucha relación con lo que sería su contexto mítico.  Cuando hablo del contexto mítico me refiero al cómo se creó la humanidad, cual fue el origen del grupo o grupos aborígenes, cuales fueron los seres que determinaron tantas reglas sociales, políticas, económicas; me refiero a los aspectos rituales que están íntimamente relacionados con el mito; es decir, las comunidades amazónicas están organizadas por fratrías, por clanes y cada una de esas formas de organización tienen una parte de ese mito; para efectos rituales también a cada una de las etnias le correspondió una parte del yagé que tiene propiedades específicas, así como otros contextos simbólicos que se mueven en el universo indígena; ya en los términos de cómo conciben ellos el Universo, cómo conciben las relaciones entre ellos; y todo esto determina el modo en que se establecen relaciones entre las comunidades y otros grupos y etnias al interior de sus propias comunidades.

Tal vez podríamos referir en términos muy generales un mito, como para podernos ubicar en ese contexto mitológico, ese contexto en el que se incluye para los indígenas el consumo del Yagé como planta sagrada.  Básicamente, para hacer una generalización, entre los Tukanos, uno de los grupos mejor estudiados en relación con el Yagé, existe un mito básico.  Este mito cuenta que el Padre Sol tuvo una relación incestuosa con su hija, mujer-yagé, y que a partir de esa relación se produjo un hijo que era el hijo del yagé, y la criatura resultó ser el bejuco del yagé.  Mientras los hombres estaban en el interior de lacas bebiendo chicha ella dio a luz afuera.  Ella entonces llevó al niño al interior de la casa, a la Maloca; aquí hay un simbolismo uterino, bueno, al entrar se produjo entre los hombres que ahí estaban y entre los animales un comportamiento como de ahogo, embriaguez o alucinación.  Esto está relacionado entre los Tukanos con el acto sexual.  Y este ahogamiento está simbolizando naturalmente un acto sexual incestuoso.  Entonces la mujer preguntó:  ¿quién es el padre de este niño?.   Un hombre contestó ¡Soy yo!.  Los otros hicieron lo mismo, entonces agarraron al niño, lo despedazaron y dispersaron sus miembros.  Así obtuvieron el Yagé.  Entonces, al comentar esto tendríamos que referirnos al Padre Sol, el que está representado como un espíritu masculino, germinador, que está en Ipanoré, está en el raudal de Ipanoré en el bajo Vaupés y también en la Piedra Nyí, cerca del raudal de Meyú, Bajo Pirá-Paraná, en donde en una época del año, en el equinoccio Vernal, los rayos verticales del sol no producen sombra; en esa topografía el sol fertilizó la tierra y se produjo el poblamiento.  Con su vara-rayo fálica por donde descendió gotas de semen fertilizó la tierra y se  formó la humanidad.  Los hombres, luego ascendieron los ríos embarcados en una gran anaconda que servía de canoa.  Todo este simbolismo uterino y fálico se relaciona con otro mito, el de Yuruparí.  Este mito permite establecer un patrón de conducta contra el incesto.  Esto conduce a las leyes exogámicas.  No se puede uno casar con ciertos parientes que están prohibidos, sino que debe buscar alianzas matrimoniales con otros grupos.  Entonces el yagé en esa parte mítica se correlaciona con las leyes de la organización social en términos de quien se casa con quién; qué actividades son propias de determinados grupos; cuales de ellos son chamanes.  Dentro de un sentido global en donde el yagé es femenino y produce imágenes.  La intoxicación es comparada con el acto sexual que en este caso tiene una connotación incestuosa.  De esta manera, la mitología permea completamente el universo mágico de los indígenas de la selva amazónica.

Otro mito que podríamos referir, que sea más cercano a nosotros, es de los indígenas del Alto Putumayo.  Ellos habitan la vertiente oriental de esa zona interandina que está situada aproximadamente a dos horas y media por la vía que conduce de Pasto a la Cocha y luego al Valle de Sibundoy.  Este Valle de Sibundoy también es por excelencia un sitio mágico, ya que esos indígenas, lo comentan los investigadores, desde tiempos precolombinos hacían intercambios con las etnias del bajo Putumayo, con Sionas, Kofanes, Coreguages, Macaguages, intercambian plantas, resinas, productos agrícolas; era fuerte ese comercio que hacían con ellos los Inganos y Kamsás, eso era también en plantas medicinales y el contacto permitía a estos indígenas del Alto Putumayo aprender de los sabedores, de los chamanes de los Curacas del Bajo Putumayo.   Allí hay otro mito que dice: antes en la tierra reinaba la oscuridad absoluta y solamente se proyectaban sombras.  Entonces una vez, los hombres y animales que vagaban en busca de alimentos y andaban como despistados, pues no tenían razón, no tenían conocimiento, encontraron el Yagé.  A las mujeres les correspondió el lado izquierdo del tallo que se parte en dos; y a los hombres les toca el lado derecho.  Y allí se establece en este mito de la creación que las mujeres están vedadas al consumo del Yagé.  Este sistema de creencias se relaciona con pares binarios y contradictorios.  La serie de la mujer, la serie de lo profano, la serie impar, serie del cuerpo y de la sangre.  Por otro lado, el derecho, es la parte par, la masculina, es la parte del chamanismo, de lo sagrado.  Entonces cuando descubren eso todos quedan anonadados, en un sentido de ahogamiento, y entonces la planta va creciendo en la medida en que la comen y llega la luz, y la luz y el color se mete en las formas; color, luz, imagen descienden a la tierra y hacen qué todas estas criaturas cobren cuerpo, vida y fundamentalmente inteligencia y razón.  Entonces por eso es importantísimo ver que el yagé ha sido poco estudiado por los antropólogos en relación a estos contextos míticos, los que tienen una conexión muy directa sobre cómo realmente conciben los indígenas el mundo.  En otras palabras, sin la presencia de estas plantas psicotrópicas, sin su consumo natural y sagrado, los indígenas no podrían haber constituido las bases culturales de su identidad y sus estrategias de resolución de sus conflictos, sus estrategias filosóficas sus concepciones pragmáticas de manejo del ecosistema de la Selva Amazónica; una intrincada red que el indígena concibe que está animada, que tiene poder en sí misma, que es capaz de transformar; que las plantas no son plantas en sí mismas sino que poseen un espíritu, que poseen una voluntad, que poseen una fuerza y un poder y que de lo que se trata es de consumirla en un acto ritualizado y sagrado, que es la esfera de lo real para ellos.  Si nos remitimos al Alto y al bajo Putumayo, es un hecho que estos dos grupos están divididos en especializaciones muy particulares.  El caso de los Inganos por ejemplo, ellos son comerciantes desde la época de la Colonia española, desde antes también; son mediadores entre las tierras altas y las tierras bajas.  Ellos capacitan a otros curanderos, y en este caso, los Inganos capacitan comunidades negras del Valle del Cauca, del Norte del Cauca, de la Costa Pacífica, Buenaventura, Guapí, Tumaco; y capacitan también a las comunidades indígenas Paeces y Guambiano del Cauca y a los antiguos Kuaiquer de Nariño; y eso les da un poder mágico, un poder especial, que es otro fenómeno que tocaremos cuando hablemos del yagé ya no en el contexto mágico de la selva amazónica, sino del contexto social en el cual los indígenas difunden su saber mágico en la sociedad urbana, en este caso en el Suroccidente colombiano.  Y por otro lado están también los Kamsá, que son un grupo que comparte ese mismo territorio del Alto Putumayo, probablemente, según los investigadores ellos provienen de la selva y son los mediadores a través de esa concepción de opuestos binarios que se mencionó.  Pues, son los mediadores de los distintos conflictos que tanto en el Valle Sibundoy como el Bajo Putumayo ocurren, conflictos que se relacionen con la guerrilla, el narcotráfico, los paramilitares y con las relaciones sociales entre el Estado y las comunidades.  Esto ha hecho que el yagé se convierta en una terapia social que haya llegado  a las ciudades, en este caso a Cali, en donde se reconoce que distintos curanderos Kamsá e Inganos vienen aproximadamente cuatro a cinco veces al año, y que incluso en los ámbitos intelectuales y universitarios también se soliciten los servicios de los curanderos para los efectos de lo que ya dijimos.  Bueno, retomando el hilo de esta charla, ellos son viajeros permanentes, y la preocupación permanente de estos indígenas Inganos - Kamsá es como les va a ir en el viaje que van a hacer a Cali y a Pasto.  Dependiendo de las interpretaciones que ellos hagan del yagé, digamos, si salen flores, dentro de la cosmología de los Inganos y Kamsás significa el poder de la curación, el conocimiento del mundo vegetal que es el mundo de lo sagrado; entonces van a tener un buen viaje.  Si por ejemplo ven que hay consumo de carne en la visión o ven una carretera, esto va asociado al mundo blanco, entonces se aplazaría el viaje.  Otro servicio importante es averiguar de la familias indígenas, ya que los Inganos y Kamsás hacen recorridos que no solo son en territorio colombiano, sino que van a Venezuela, Panamá, Centro América; entonces las familias quedan solas y el chaman necesita saber que pasa con su familia, o al interior de la familia en su territorio es necesario saber que pasa.  Se consume yagé para saber cómo están porque es bien conocido que la ausencia larga de un ser querido emocionalmente ocasiona depresiones, molestias, angustias e inseguridad; entonces es en este sentido que es un elemento básico, fundamental para saber cómo están los otros.  Están también las prácticas que tiene que ver directamente con la enfermedad.  Aquí se trata de pintar la sangre.  En la ingesta de yagé al pintar la sangre usted introduce parte del cosmos y de la naturaleza vegetal en su ser, eso le permite conocerse así mismo, es decir cual es su naturaleza.  La naturaleza se manifiesta en formas concretas, en imágenes, en sonidos y en una red intrincada que relaciona el ser de uno con el exterior y con el cosmos.  Para llegar a esto se consumen los preparados de yagé.  Los preparados de yagé son prácticamente dos.  Uno es una cocción de yagé que puede durar sus efectos entre cinco (5) y ocho (8) horas y al cual se le agrega otros adictivos, puede ser Datura Arbórea, es decir el famoso borrachero, este preparado para iniciar al aprendiz de chaman, y hay otros adictivos que le dan el color, la imagen, el ritmo a las visiones del yagé; como ya lo dijimos, la banisteriopsis Inebrians permite darle un punto, es decir, sola no funcionaba, o sea, la ayahuasca, el yagé, sin esos adictivos no es posible que las visiones sean perfectas.  Además hay prescripciones desde el punto de vista de la dieta, de la abstinencia sexual, de evitar el contacto con mujeres mestruantes y mujeres embarazadas.  Esto está codificado por los mitos y rituales.  El yagé se va a buscar a sitios apartados y sagrados.  El yagé puede estar salvaje o cultivado.  Se cultiva cuando el chaman busca darle la catadura por cualquiera de los dos métodos.  En el segundo método, en cuanto al sabor, aquí se macera y se le agrega agua fría, el sabor es más suave, es totalmente distinto al de la cocción.  Esta produce un sabor amargo y es molesto.  Una vez recolectado el yagé, el chaman sabe distinguir, tiene una forma de clasificar la variedad y tipo de yagé, a partir de la forma de los troncos que presenta el bejuco, la forma de la hoja, de la raíz, del groso mismo del bejuco y una serie de características externas que le permite el determinar cómo está el yagé, hacer un punto de prueba, incluso probarlo en el sitio de recolección y mediante ensalmos y usos de poderes mágicos acomodarlo, hay que acomodar el yagé, porque siempre existe entre los curacas, entre la comunidad indígena, el temor a la posibilidad que las visiones sean terroríficas.  En general hay visiones bellas, maravillosas, de luces; ahora veremos esa parte de las visiones, pero hay otras que son realmente horrendas y que están relacionadas probablemente con las tensiones que vive la comunidad; aparecen grandes serpientes que lo devoran a uno, animales que lo trituran; aniquilamientos del ser que producen grandes conmociones internas.  Entonces una vez preparado en un objeto ritual que simboliza la cavidad uterina, si es macerado se filtra y mete en esa vasija; y si no, se cocina y lleva a un sitio especial que ellos tienen dentro de la casa en donde se consume y que también es un lugar sagrado.  En los grupos Tukanos es en la Maloka, la maloka también es un centro uterino, ahí hay un lugar sagrado en donde están los objetos que el chaman usa en los rituales, como son coronas de plumas, pepas, cascabeles, una vara que simboliza el poder fálico, el poder fertilizador del sol, las pinturas que tienen también que ver con el yagé.  Los indígenas del Alto Putumayo están muy influidos por la parte católica, es un ingrediente importante porque estos grupos estuvieron sometidos a los procesos de colonización de Capuchinos y Jesuitas, sin embargo esto es un elemento accesorio porque el fundamento de sus creencias lo da el yagé.  Es decir, para los indígenas del Alto Putumayo lo fundamental del yagé es que les da identidad como indios y les da poder mágico y eso permite que establezcan relaciones ya que con ese poder mágico son maestros de otros grupos, de otras etnias.

Bueno, una vez preparado el yagé se reparte, siguiendo en este caso, los del Alto Putumayo, de derecha a izquierda; cada participante debe tener un propósito particular, para qué quiere hacerlo; aquí están fuera del contexto del yagé las connotaciones referentes a experimentar con el yagé como un agente psicodélico, las connotaciones referentes al consumo como si fuera aguardiente u otras experiencias  insólitas que se le pueda ocurrir al participante; es decir, usted va al yagé con un propósito particular ya sea un conflicto, ya sea un problema interno, algo que tenga que resolver, o problemas de enfermedad y salud, y entonces el chaman mediante un objeto de poder que se llama la Huairasacha, que es una planta que produce un sonido especial y constituye la primera jerarquía de poder mágico, la de tener la huairasacha, le infunde a la bebida ese propósito para que entonces el participante la consuma; y así hasta que termina el círculo.  Primero naturalmente, el chaman toma, él tiene sus visiones con las cuales hace una interpretación de lo que ve como chaman.

Ahora vamos a ver en que consiste el aprendizaje de un chaman de la selva Amazónica, del Putumayo en particular, que es el grupo que más conozco.  Miremos esa primera sesión, que es una parte de purificación del cuerpo, ya que las relaciones cuerpo y alma entre los indígenas no es como en nosotros los occidentales, la una está ligada intrínsecamente al otro, es una unidad.  Entonces es muy probable que usted vaya al baño y vomite para tener una limpieza del cuerpo; o también tenga diarrea, o las dos a la vez.  Se genera una conmoción interna, digamos a los 20 minutos de consumirlo comienza una etapa de visiones que ellos llaman la borrachera, la Chuma, que consiste en que uno se siente realmente que el cuerpo no le obedece, que hay dificultad en caminar, que hay sensaciones de náusea, de vértigo, y que pueden aparecer luces, pues la secuencia está más o menos establecida, hay luces, de repente puede haber flores o ciudades inmensas, es muy variada la gama, pero básicamente lo que se ve entonces es eso, son las luces, geometrías múltiples, rombos, triángulos, círculos, polígonos, en fin, o seres relacionados con la serpiente, con la pinta de jaguar, animales de selva, pecarí, dantas, etc.  Después vomita y hay una segunda toma, el Chaman por lo general él jamás vomita o va al baño, muy ocasionalmente, el ya tiene un dominio de la sesión y él ya ha mirado en cada uno de los asistentes sobre cómo está su situación, cómo está su corazón, cómo está su cuerpo, su alma; ha penetrado de alguna manera en él y entonces induce la segunda toma hacia un propósito más definido.  En una sesión usted puede consumir, dependiendo de la calidad del yagé, del ambiente que lo rodea, del grupo de asistentes, siete (7) u ocho (8) tomas diarias, básicamente que importa para la cantidad es la calidad del yagé, un yagé bien preparado, con dos (2) o tres (3) tomas usted ya podría iniciar un viaje,  una vez que pasan estos estados que le comento, de las luces, las geometrías, de las figuras, es muy probable que ya el problema que usted se planteaba aparezca mucho más claro, a nivel no de la visión pero sí de cómo usted puede ver la causa de su problema.  Un problema de la relación con los padres, de los miedos, un problema de la enfermedad misma.  Esto es muy valorado por los indígenas, porque algunos de ellos desconfían de los medios simbólicos urbanos como el Tarot, como la adivinación a través de otras mancias, la lectura de la mano, la lectura de la lengua, el oráculo del I Ching; porque dicen que la maravilla del yagé es que incorporado en la sesión, el paciente puede ver las causas y el Chaman también, y al mismo tiempo solucionarlos.  Entonces las soluciones están acompañadas de sentimientos muy contradictorios, de pasar de estados de euforia a otros de tremendo dolor, de compulsión, de sufrimiento, que hacen finalmente que la terapia se dé.

El solo hecho de estar presente frente a la imagenería visionaria de formas y geometrías, de animales, o lo que sea, o de flores, permite un descanso, una tranquilidad, y en segunda instancia, la resolución del conflicto que ha agobiado al individuo durante tanto tiempo; le permite sacar todo eso y tener un cura.  Luego hay conversaciones, entre la cuarta o quinta toma, en la cual los asistentes plantean sus visiones y le piden explicación al curaca.  El Curaca o chaman tiene codificado el proceso, tiene varias interpretaciones de acuerdo a ese contexto cultural y ritual.  Dice tales cosas como por ejemplo, color blanco significa buenas cosas, si hay colores blancos bien; si hay colores amarillos también; si hay colores rojos oscuros, puede correlacionarse con la sangre, dependiendo del contexto étnico.  En los Tukano, las visiones rojas son buenas, son tranquilizadoras, entonces cada cultura construye una interpretación de los distintos símbolos, de los distintos colores, apariciones, que se derivan del consumo del yagé.  Estoy hablando del Alto Putumayo.  En el bajo Putumayo los rituales son mucho más elaborados, tiene otro carácter, lo mismo sucede en el Vaupés.  También hay preparación de yagé para las fiestas.  Llegan los amigos de otros clanes, de otras fratrías, a una casa; ya sea porque tenga que ver con los inicios de una cosecha, o la definición  de una alianza matrimonial, o porque alguien está enfermo, o porque consistentemente hay un ciclo ritual de relaciones sociales en donde se afirma la identidad indígena y el yagé constituye el eje principal.  No quiere decir que las otras plantas no pueden ser importantes.  Hay otras plantas que también juegan un papel primordial en la concepción que tiene el indígena de la salud y la enfermedad.  Básicamente ya dije que el yagé desde el punto de vista mitológico es como la entrada al mundo sobrenatural, al contacto con lo sagrado. Hay otras plantas psicotrópicas que también tiene otras cualidades, pero no vamos a referirnos a ellas, tal vez al final de la charla.

Entonces el yagé se manifiesta de diversas maneras en los rituales según las etnias, eso era lo que quería concluir; y para los Tukanos, Los Sionas, los kofanes, hay invitaciones, reuniones, acontecimientos que celebrar, actos propiciatorios, alguien a quien curar, hay muchas cosas que resolver, la guerrilla está ahí, un poco de cosas.   Para los chamanes, los dueños del poder para la resolución de los conflictos y las enfermedades, el yagé se constituye en ese eje, entonces llegan las familias ahí, y en eso las mujeres tienen diversas tareas tales como cocinar, llevar la pesca; los hombres salen de caza y consumen ciertos alimentos, tienen dietas; entonces el día de la reunión hombres y mujeres se distribuyen en sitios diferentes, los hombres generalmente se reúnen a la entrada de la casa, y en la parte posterior; y están ataviados, están perfumados, tienen plumas, cascabeles, perfuman sus trajes para traer buenos espíritus, traen diferentes objetos de poder, flautas, caparazones de tortuga.  En ese contexto ritual se conversa animadamente y se distribuye el yagé entre los asistentes.  Ya en el caso de un enfermo es necesario tener en cuenta para la interpretación que hace el chaman muchas prohibiciones relacionadas con el ecosistema de la selva, ya que este es limitado en sus recursos; como el chaman tiene un sentido muy practico, muy pragmático para el manejo del ecosistema, sabe cuántos animales hay disponibles, cuantos pecarís, cuantos peces; o sea, el control de las actividades económicas, en este caso de la caza, implica un ritual chamánico que permite al chaman negociar con el dueño de los animales, que es otro espíritu que también tiene maloca, que también tiene jerarquía, que también tiene relaciones; entonces el chaman sabe cuántos animales se pueden cazar, en qué sitios se pueden encontrar y cual va ser el pagamento; la contraprestación que va a hacer al dueño de los animales luego de obtenido el permiso para cazar, algunas veces tiene que ser, como en los Tukanos, mediante la muerte de personas de otras etnias, con las que ha habido rivalidades o las hubo en el pasado, guerras; entonces hay ensalmos, la parte fundamental es el manejo de los cantos; es decir, el chaman aparte de tener varios instrumentos y una vara sonajera y tiene la huairasacha, cascabeles y plumas, induce a través del canto la curación colectiva; en este caso ya no es una curación individual, que también se hace en los medios urbanos y otros medios distintos a los de la selva; induce a una curación colectiva.  Es decir, el chaman mueve fuerzas más altas.  En este caso que hay una enfermedad, esta se puede relacionar con un exceso de caza, con romper el tabú del incesto, consumir ciertos alimentos que se encuentran prohibidos, que corresponden también a ciertos animales, de lo cual se encuentra disgustado el espíritu de los animales, por lo tanto le llega la enfermedad; o ha consumido muchos peces; es decir, hay un control, un poder chamánico sobre todas las especies animales y vegetales que se mueven en ese territorio indígena.  La concepción de la salud y  la enfermedad tiene que ver con la cultura, con esas prescripciones en donde el chaman negocia con los espíritus de los animales, con los espíritus de las plantas y con el cosmos.  Muy probablemente lo que hace es volver a esos pacientes al tiempo primordial en el cual el sol fertilizó la tierra y empezó todo el manejo de los seres y las cosas.

Hay otros casos que me toco ver en las comunidades Kofan y Siona.  Ellos están entre Ecuador y Colombia, hay varias entradas que se pueden hacer por la vía de Mocoa o la de Orito.  Hay otras vías también pero esas son las más conocidas.  Entonces la presencia de las petroleras genera una serie de conflictos hasta que finalmente los indígenas fueron arrinconados y con el cultivo de la coca se originó un altísimo consumo de bazuco en la comunidad Kofan a nivel de los Sucumbíos.  Los Kofan tienen poderosísimos chamanes, tal vez de los pocos que quedan en este territorio sur Occidental, grandes sabios, grandes maestros con los cuales uno se quita el sombrero; seres veneradísimos, muy respetables; pues bien, allí hubo una experiencia con yagé, ellos prepararon un viaje muy especial, un ritual en el cual manejaron un yagé particularmente fuerte, con datura, no me acuerdo el nombre del yagé pero se relaciona con el guacamayo y entonces lo que vieron los indígenas fue la miseria individual y colectiva que se ocacionaría si el consumo del bazuco se generalizaba entre los miembros de la comunidad Kofan, pues como ya les habia dicho, el yagé sirve para ver el futuro, entonces ellos vieron que era la muerte, una visión totalmente fúnebre y cancelaron el consumo de bazuco por completo.

Entonces, qué es lo que realmente hace el yagé en las ciudades.  Hay varios investigadores, entre ellos el médico y psiquiatra Michel Tussig, un australiano que estuvo trabajando en Colombia, que hizo trabajo etnológico entre los años 70 - 80 en el alto y Bajo Putumayo, trabajó muchísimo y estuvo un largo período con los inganos, kamsás, kofanes y sionas.  El lanza una hipótesis.  El dice que la fuerza que tiene el yagé, en este caso la fuerza del chamanismo y curanderismo en las selvas y su influencia en las ciudades, se relaciona con la visión colonial del universo y el mundo, las creencias coloniales de los campesinos, obreros y clase media, creencias que siguen siendo fundamentalmente mágicas; y dice que la imagen del indígena de la selva para el mundo de los blancos es de fuerza y poder, al mismo tiempo que la de un salvaje.  Lo salvaje en los términos de la visión europea le otorga poderes Mágicos al individuo indígena.  Miremos por ejemplo la relación que existe entre los indígenas del Alto y los del Bajo Putumayo; los del Alto que son los que más se relacionan con este mundo urbano con el extranjero, ellos se creen los dueños del poder, sin embargo frente a los indígenas del bajo Putumayo también se quitan el sombrero; pero la visión que existe es que entre más salvajes más poder tienen.  Otros elementos que estan incluidos ahí tienen que ver con la sal.  La sal llegó con la influencia española, a través del bautismo; como ellos consumen poca sal, ahora estan consumiendo mas, pero en general los chamanes tienen prescripciones con relación a la sal, la grasa, el ají, la cebolla; ciertos alimentos no pueden ser consumidos en momentos especiales, estan relacionados con esa serie de la muerte, de la descomposición, del caos.  Entonces los indígenas del Bajo son realmente los curacas más poderosos desde el punto de vista mágico, más eficientes; y eso incluso ha llevado hasta ciertos conflictos entre esas etnias, guerras que se dirimen por la vía mágica, lo que trajo en la década del 60 consecuencias deplorables, muertes de personalidades.  Pero en esencia, el poder mágico de los indígenas tiene que ver con el conjunto de ideas mágicas que se mueve al interior de las relaciones urbanas y que se movieron también cuando el indígena padeció la conquista y colonia española.  Entonces los chamanes tuvieron que mediar entre los numerosos conflictos, que como les comenté se resuelven por la vía del yagé básicamente; y en la parte urbana en donde los conflictos tiene características particulares.  Dice Taussig que median entre  el obrero y el patrón, en particular en el Valle del Cauca, el cita la medición en relación a las haciendas, los ingenios azucareros, la gran empresa; los obreros de los ingenios, los corteros acuden al empleo de las armas ofensivas mágicas, ya sea por medio de los curanderos indígenas, los chamanes, o de otros brujos.  Ahora, desde el punto de vista terapéutico los efectos también son obvios en lo que tiene que ver con nuestra vida cotidiana, el stresss, la sobrecarga, la neurosis, los comportamientos histéricos, ahí el yagé sigue siendo un vehículo extraordinariamente eficaz.  Ya en los años 70 el Dr. Naranjo, un psiquiatra chileno, estudió los efectos en algunas psicosis, con resultados sumamente positivos y objetivos, respecto a la curación de ciertos pacientes.  O sea que sigue vigente la capacidad curativa del yagé en la sociedad urbana.

En Cali sé que se reúnen profesionales y gente de las clases populares con los chamanes.  Obviamente los indígenas también conocen otros remedios, hay muchisimos remedios que son muy buenos para enfermedades cardiovasculares, para enfermedades crónicas, la diabetes, con problemas hepáticos, para limpieza del cuerpo, hay jarabes, pomadas, un arsenal de remedios extraordinarios.  Una de las fortalezas de los indígenas de la selva amazónica es que conocen ese vastísimo e intrincado ecosistema de la selva que tiene múltiples usos.  El Dr.  Schultes ha estado investigando un psicotrópico que se da en el bajo Putumayo muy usado por los Kofanes y Sionas que es el Chiricaspi.  El hecho es, que para los indígenas el Chiricaspi también produce visiones, es un visiógeno potente; cuando uno consume Chiricaspi debe estar lejos de los animales.  Eso potencia la voz hasta el punto que si uno grita a un animal, dicen los indígenas, puede causarles la muerte pero tiene propiedades extraordinarias el Chiricaspi, también efectos telepáticos, comunicación a distancia.  El Yoco, por ejemplo, (Paullinia yoco, Sapindaseae) que es una liana selvática es muy importante para darle fortaleza al cuerpo, tiene altísimas dosis de cafeína; usted puede caminar kilómetros sin cansarse, incluso puede ser mejor que la coca, se usa la corteza que se raspa en agua y se colorea de rojo subido, uno toma un vaso de eso y recorre grandes distancias sin sentir hambre; tenemos también la serie de los queremes, bueno eso es una cosa realmente asombrosa, es decir, el universo botánico de plantas medicinales es realmente extraordinario.

Tal vez no he contado como se inicia un chaman.  Una de las cosas fundamentales que se le plantean a los indígenas del Putumayo es si desean ser chaman, entonces deben pintar la sangre, ese concepto de pintar la sangre significa introducir un aspecto del cosmos, del cosmos de los ancestros indígenas, de apropiarse de un pedazo de naturaleza y de cosmos, y a medida que la pintan llega mas fuertemente, usted estará predispuesto a ser curandero; o a solucionar sus problemas, pero en este caso, a ser chaman.  Entonces ellos preparan un yagé especial al que se le agrega datura, que es un psicoactivo muy conocido en Colombia, por el mal uso que se le ha dado que es la escopolamina, la burundanga; es un estrato terrible; pero aquí se preparan las hojas y parte del tallo, es un secreto, yo he visto ahí pero no como se prepara exactamente, sé que es eso, ¿entonces que pasa con eso?.  Eso permite conocerse a sí mismo, es decir en relación con el yagé, no es que uno escoge al yagé porque quiere ser curaca, chaman, no, sino que es el Poder el que lo selecciona a uno.  El chaman que lo induce a uno interpreta si a uno le llega el yagé, si el yagé lo acepta a uno.  Entonces la primera instancia serian los colores que se ven, ese intrincado universo, ese tejido que se relaciona con el externo, con la naturaleza y con el cosmos; y si sigue tomando entonces se encontrará con los contenidos del mito.  Este mito ancestral lo pondrá en contacto con los hijos del Sol, estos hijos del sol le mostraran el universo, el espacio sagrado de los indios, que es un paraíso que tiene que ver con la religiosidad indígena; ven campanas y unas iglesias, esto para la gente del Alto Putumayo.  También allí se imparten comportamientos, conductas positivas sobre lo bueno y lo malo; pero lo más importante es que le lleguen imágenes y sonidos, es lo principal.

En el yagé, en última instancia la imagen y el sonido es lo principal, porque a través de la imagen y el sonido se creó la humanidad en ese mito de origen.  Luego tiene que tomar varias veces, y a medida que el aprendiz va conociendo más, le llegan los sonidos, los cantos; el debe cantar, improvisar de acuerdo a lo que le digan los aliados míticos, cuál es la canción para efectos de curar, es absolutamente básico la canción, los ensalmos para curar a las personas es clave; más el sonido que acompaña a la huairasacha y demás elementos curativos como las pepas, avellanas, almendras que se dan junto al yagé y otros elementos que tiene que ver con el agua.  Todo eso está codificado, todo tiene un significado.  Y después se prepara otro yagé que se llama yagé colibrí.  Con el yagé colibrí los indígenas del Alto y Bajo Putumayo aprenden los secretos de las plantas, es decir, el espíritu Maestro les cuenta cuales son las propiedades de las plantas.  Este yagé se llama colibrí en relación con el pájaro que conoce el secreto del polen de las plantas, de las flores y también de las semillas; y ese saber le permitirá establecer las causas de las enfermedades y el uso de las distintas plantas y el conocimiento de los distintos tratamientos.  Entonces el chaman le otorga un privilegio, un primer nivel en la jerarquía del poder que es la huairasacha, la planta del viento, que produce un sonido como de viento, es la planta que sirve para bautizar , para curar, para arreglar el yagé y también para actos de limpieza.  Para esta limpieza el paciente se pone de espaldas, los que están influidos por el catolicismo rezan un padrenuestro y se comienza por el lado derecho, que pertenece a la serie masculina del poder de lo sagrado, que es en donde se moviliza esa fuerza, esa energía que permite entonces que la ingesta del yagé no sea traumática........

(Hasta aquí llega la grabación de la conferencia dictada en Palmira en el marco del convenio de apoyo interinstitucional de la fundación CINMA en el Colegio Colombia.  Vea nota aclaratoria al final de los trabajos presentados en este libro).

NOTA BENE.  Lo que sigue es una entrevista hecha por el Antropólogo Hernán Buitrago al Antropológo Roberto Otero en la ciudad de Cali entre 1.994 y 1.996  que complementa el tema en relación con la historia del uso del yagé en centros urbanos.

Uno de los momentos más significativos en relación con el yagé lo tuve en Bogotá en un congreso de Antropología de la Universidad de los Andes en agosto del año 92 creo.  Era un momento muy crítico para mí por no seguir ciertas recomendaciones de los chamanes de trabajar el chamanismo en compañía con un auxiliar y segundo, porque muchas mujeres llegaron ahí y una de esas, gran hechicera me jodió; pues me dañó el mundo, me causó un gran perjuicio desde el punto de vista mágico, perdí el poder; entonces fui donde a taita Pacho, gran sabedor dueño del trueno, gran maestro de la selva, de grandes poderes, extraordinarios poderes mágicos.  Estaba además agobiado por el desempleo, los conflictos que se habían suscitado por todo eso, con muy poca energía; entonces el Taita había llevado un yagé selecto, el yagé de los Siona, el yagé Guacamayo, solamente para una elite mágica; pero había mucha gente desconocida, gente de la universidad de los Andes, antropólogos asociados a una alta clase social, el poder oligárquico.  Hubo conflicto porque el amigo con quien yo fui no le permitieron entrar,  pero a mi me permitieron entrar y el taita me dijo que yo podía entrar, y entonces en la primera toma yo quedé conectado, salí a vomitar pero estaba como ... al percibir el medio social, la hostilidad, la agresión, la guerra que suscitaba alrededor de esa reunión, yo estaba muy furioso; y confronté al espíritu del yagé, le perdí toda la reverencia y le dije que sí, que sabía de sus poderes extraordinarios para la curación, que los había verificado, incluso los había manejado, pero la comunidad indígena seguía llevada, con gran decadencia, tuberculosa, con serios problemas de salud, con serios problemas de irrespeto del resto de la sociedad al medio ambiente en donde vivían, que realmente yo quería saber que más fuera de eso que conocemos, si solamente servía para curar o si servía para otras cosas; por ejemplo para producir fortuna material, en los términos de un proyecto de beneficio para las comunidades indígenas, social, económico, cultural, de toda índole.  Hubo entonces una gran conmoción ante la confrontación, se levantó la tapa del baño en donde estaba, saltó de la cisterna del baño y cayó, pero no me asusté; de todas maneras fue una demostración de fuerza muy poderosa.  Entonces salí y le dije al taita que por favor me curara.  El me hizo una curación a fondo, extraordinariamente grande, me convertí en guacamayo, volé, hice un vuelo extraordinario.  Tuve muchas dudas sobre si era chaman y le pregunté si seré chaman de esta guevonada; entonces el taita me regañó, dijo que me faltaba confianza en mí mismo, que no jodiera, que era chaman y que le hiciera ... entonces empece a hacer ... entonces la imagen que se me vino fue confrontar otra vez al yagé, le dije que quería saber más de sus poderes, que si podía producir un leve temblor sobre Bogotá y verificarlo; entonces visualicé lo que podía ser, lo que el espíritu del poder podía.  Desafortunadamente mi intervención suscitó mucha envidia de parte de un antropólogo que también es brujo, que sabotió mis rituales ... me tuve que enfrentar, ¿no?.  Pero esto ya es otra cosa y será motivo de otro relato.

Es importante tener una pareja en el trabajo chamanístico de la ciudad.  El auxiliar tiene como función básica proteger, defender al chaman.  Hay momentos en una terapia masiva en que pueden ocurrir situaciones incontrolables, de fuerzas que para una sola persona serían inmanejables a pesar de disponer de gran poder; un auxiliar tiene la ventaja de protegerlo a uno, estar pendiente de lo que pasa alrededor de uno; el auxiliar por excelencia es un gran guerrero.  Yo conozco a una mujer que me protege, le he puesto el nombre de la Emperatriz de la galaxia porque con una sola toma de yagé ella tuvo grandes revelaciones, está dotada del don de la visión, de la protección, de la fuerza, de la magia en el mas completo sentido de la palabra.  Se tienen que formar aprendices en el medio urbano, es importante hacerlo, irán apareciendo en el camino ...

(Luego de un ingesta de yagé en una finca del área rural de Cali)... el dueño de la casa William Salazar es un hombre de muchas relaciones sociales, clase alta vallecaucana.  Las otras personas, A. es clase media, una periodista vinculada a algunos programas de desarrollo social en el grupo de SINARA que se dedica a tecnologías apropiadas en el área de saneamiento básico.  Está C.G. que es socióloga y salubrista de la Universidad Autónoma de México, también funcionaria de Sinara  y actualmente encargada de la dirección; estamos Ar. y yo y también M.  que hacen parte de Planeación Departamental, nosotros en el área social, salud y cultura, M. en la parte económica de Planeación.  Están ustedes dos (mi compañera Luz Marina y Yo).  Las otras personas de la ingesta no las conozco.  Bueno, está M.C., médico Homeópata muy relacionado con el Yoga; también su señora, la otra pareja y la joven más bajita, no me acuerdo como se llama, es una economista que trabaja en el sector bancario.  Creo que en conjunto estamos todos.

Pregunta: ¿Cuándo empezaron las experiencias con yagé en Cali?  Nosotros entramos con el yagé aquí en el año 1.989 por primera vez.  En 1.990 se regularizó más la venidera.  También habíamos ido ya después de los 90 a Pasto y Popayán, a Manizales, Buenaventura y Bogotá.  Así fue, pero realmente Cali fue el centro más importante para generar una serie de relaciones sociales que se establecieron a partir de las tomas.  También se puede reconstruir quienes fueron inicialmente las personas que estuvieron:  Pepe Bayona, Beatriz Giraldo, mi persona y una gente que trabajaba con medicina alternativa, especialmente la de acupuntura de la escuela Nei Jing que tiene en México como maestro a Padilla; un maestro muy reconocido.  Beatriz Giraldo es una terapeuta psicóloga que ha estado vinculada hace más de 10 años a Cali.  Ella tiene un consultorio médico, atiende pacientes, es especialista en masajes, en psicodanza, conoce la acupresión; también el I Ching, el Tarot.  Tiene un taller de masajes, se mueve en muchos campos y ella fue el punto clave para acceder a profesionales, médicos, acupunturistas, masajistas, yogas.  También hay que incluir en esta historia a la Universidad del Valle a través de Fernando Urrea, Diego Zapata, Ugardo Alvares y otros profesores y estudiantes de esa época.

P.:  ¿Trabajaron en esa época con gente de Sibundoy?

R.: Si claro, porque el cuento se construyó estando yo viviendo allá y al mantener un contacto con Pepe Beyona que hizo el vídeo sobre los médicos de la selva y la montaña de cultura Ingano Kamsás, la red de curanderos.  También los estudiantes de Psicología de la Universidad del Valle fueron allá a elaborar sus tesis.  En este caso una tesis de Diego Zapata relacionada con los efectos del yagé y del aguardiente, el consumo de distintas bebidas embriagantes y psicotrópicas; los efectos sobre la comunidad Sibundoy y la población mestiza.  Obviamente allí el lugar se convirtió en un centro, otros investigadores comenzaron a llegar, vino el médico Roy Barrera a mi casa; y eso permitió que al salir de Sibundoy pudiese restablecer las redes de comunicación creadas, y por lo tanto lo del yagé fue fácil.  Sin embargo yo permanecí poco tiempo en Cali.  En 1.990 salí hacia Bogotá y allí, al vincularme al Ministerio de Salud se me planteó nuevamente elaborar un plan de salud para las comunidades indígenas, lo que facilitó de nuevo los contactos con el Sibundoy, con el Cauca, con la Sierra Nevada, con los Llanos Orientales, con la Cuenca del Pacífico; y esto permitió de nuevo restaurar los contactos, ya en este caso de Bogotá y con la presencia de Sionas, Kofanes, Arhuacos, Kogis; contactos con algunos jaivanás en algunos eventos; pero la parte más importantes fue que tanto Sionas como Kofanes mantuvieron una relación mas estrecha conmigo que la que tenía con la gente del Alto Putumayo.  Predominó más los contactos con Sionas, Kofanes, coreguajes, y gente del Vaupés también, Kumues, se dieron encuentros, contactos, visitas.  Pero ya el contexto de Bogotá es de una índole muy diferente al presentado en Cali.  Lo que puede observar fue que los Curacas del Alto Putumayo, particularmente don Martín Agreda ya venía a asistir algunos grupos, organizaciones megicoreligiosas, en este caso los Gnósticos, otros grupos muy herméticos, consumidores de yagé.  William Torres, un estudiante a la postre de la Universidad Nacional, era el coordinador de la relaciones en Bogotá, coordinaba la medicina Ingano-Kanzá.   Mi relación en este caso era mas bien distante, para evitar los enfrentamientos que naturalmente se suscitaban con las interacciones de distintas étnicas con grupos y asociaciones de diversa índole.

P.:  ¿En qué año se dá este proceso?

R.:  Esto se dá mas o menos de 90 al 92 y se agudiza mucho más en el 92 que fue el punto de vértice del conflicto con el congreso de Antropología de UniAndes, debido al mal trato...

En 1.988 estaba yo de gerente de Save The Children Federation, una organización que recogía fondos norteamericanos y europeos para gestionar acciones sociales con jóvenes, niños y amas de casa indígenas; un programa de desarrollo, de salud, educación, capacitación, asesoría técnica, asistencia a las comunidades aborígenes y colonias del Alto Putumayo.  Fueron acciones que permitieron a través de programas de salud proponer al Cabildo Indígena  y a los Curacas indígenas intercambios de saberes entre médicos occidentales del servicio de Salud del Putumayo y Curacas, sobanderos, yerbateros; acciones conjuntas que se promovieron durante tres encuentros en un año.  Esto se hizo con Inganos y Kamzás, lo que abrió la posibilidad de ser invitado por parte de los indígenas a sus ceremonias, particularmente del yagé.  Se pudo conocer en los intercambios cuales son los orígenes de las distintas enfermedades tanto para los indígenas como para los médicos occidentales; cuales son las formas de diagnóstico, los instrumentos de diagnóstico, las distintas formas de tratamiento, las formas de pronóstico.  Existen materiales que conservo y que pueden ser muy útiles, y también en los talleres se produjeron materiales escritos que también tengo, algunos de ellos.  Valdría la pena volver a mirarlos pues ya llevan años.  Bueno, a partir de esas experiencias, tanto indígenas Kamsás como Inganos me invitaron a sus casas a la ingesta de yagé.  Con el que mayor afinidad se dio fue con Martín Agreda, de la vereda Tamabioy, municipio de Sibundoy en el Alto Putumayo, quien se interesó muchísimo porque yo aprendiese el saber e igualmente don Salvador Agreda y don Esteban Pitay de la comunidad Ingana.  Fueron realmente tres personas que mostraron el mayor interés en enseñarme con la mayor generosidad su saber.  Y comenzó entonces el aprendizaje con don Martín Agreda y simultáneamente con los otros dos indígenas, en distintas posiciones que no he sistematizado todavía, pero valdía la pena comenzar por alguno de ellos.  Particularmente una historia con don Salvador Agreda que sería muy interesante recordar.

P.: Antecedentes de ingestión de yagé en centros urbanos anteriores a los hechos narrados hasta ahora.

R.: Sí.  Había contactos ocasionales