La inspección y la palpación que lleva a cabo el médico es el principal método para identificar la presencia de uno o varios nódulos tiroideos. No obstante, es conveniente matizar las características de los nódulos. Para ello es útil la realización de ecografía que, siendo un procedimiento incruento, permite esclarecer si los nódulos son sólidos, mixtos o quísticos, conocer si hay otros nódulos no palpables y determinar la relación con las estructuras vecinas y la presencia de ganglios. La gammagrafía tiroidea, que se obtiene tras la administración de isótopos por vía oral (yodo) o intravenosa (tecnecio), aporta datos acerca de la función del nódulo (caliente, templado o frío). La probabilidad de malignidad es menor en nódulos calientes. No obstante, la gran mayoría de nódulos tiroideos, aun siendo benignos, son fríos, lo que resta a la gammagrafía valor predictivo de la naturaleza del nódulo. La gammagrafía se encuentra contraindicada en el embarazo. La exploración que aproxima con mayor precisión a la naturaleza estructural del nódulo es la punción-aspiración que se lleva a cabo con aguja fina. La extensión de las células obtenidas permite clasificar a la citología del nódulo como benigna, maligna, indeterminada o insuficiente. La precisión se sitúa en torno a 95 por ciento, si bien no se alcanza esta cifra cuando los resultados son indeterminados (duda de adenoma o carcinoma folicular).
Tratamiento.- Cuando el nódulo es de pequeño tamaño, no cursa con alteraciones en la función y carece de características sospechosas, puede mantenerse una actitud terapéutica expectante, realizando revisiones periódicas con controles clínicos y ecográficos. Si el nódulo muestra crecimiento significativo reciente, produce síntomas compresivos derivados de su tamaño o existen resultados citológicos sospechosos, debe plantearse el tratamiento quirúrgico, en cuyo caso la mínima intervención es la lobectomía. Si el estudio histológico realizado sobre la pieza quirúrgica demuestra un diagnóstico de malignidad, deberá llevarse a cabo la reintervención para completar la tiroidectomía total. En caso de que la punción-aspiración demuestre citología maligna se practica tiroidectomía total. Cuando existe hipertiroidismo es preceptivo compensar previamente la función mediante administración de fármacos antitiroideos para proceder, una vez se hayan normalizado los niveles hormonales, al tratamiento definitivo con yodo radioactivo o cirugía. El tratamiento de los nódulos tiroideos normofuncionantes con tiroxina se encuentra en revisión dado que no está claro que sea eficaz en reducir el tamaño o evitar su progresión.
¿Cuál es el pronóstico?.- Es variable, si bien la mayoría de nódulos o bocios multinodulares de largo tiempo de evolución suelen mantener un comportamiento estable. Dada la importancia de obtener datos evolutivos, es necesario realizar revisiones periódicas que permitan identificar con precocidad alteraciones en el tamaño, características generales o en la función que obliguen a variar la pauta de tratamiento. El pronóstico de los nódulos malignos tras la cirugía y el tratamiento con yodo radioactivo depende del tipo de carcinoma, tamaño del nódulo, amplitud de la resección y extensión metastásica.
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