La historia clínica es el dato más importante. En muchos casos un interrogatorio clínico bien hecho permite conocer la causa y en otros sospecharla. Las pruebas que se piden van dirigidas a confirmar o excluir el diagnóstico de sospecha. No es necesario hacer en cada caso una búsqueda exhaustiva de todos los gérmenes o enfermedades que pueden producir la pericarditis, sobre todo si se sospecha que es vírica, ya en este caso se trata de una enfermedad benigna que se cura en poco tiempo (antes de que llegue el resultado de las pruebas).
Entre un 15 y un 20% de los pacientes con pericarditis aguda benigna presentan una o más recidivas. A veces reaparecen los síntomas al suprimir el tratamiento antiinflamatorio. Si esto ocurre dentro de las 6 primeras semanas desde los síntomas iniciales, se habla de pericarditis incesante o recurrente. En estos casos hay que replantearse la causa, ya que a veces se trata de una pericarditis secundaria a otras enfermedades, y hay que tratar la enfermedad causante.
Tratamiento.- Depende de la forma de presentación y de la causa
La pericarditis aguda de origen vírico o idiopática se trata con reposo mientras duren el dolor y la fiebre. Además se administran antiinflamatorios no esteroideos en dosis altas durante varias semanas. El problema de estos fármacos es que muchas veces producen dolor de estómago o reactivan los síntomas de úlcera, en cuyo caso se deben dar en dosis más bajas de las deseables o incluso suspenderlos. Pueden asociarse a protección gástrica.
En los pacientes que hayan presentado dos o más recurrencias, o en los que tienen pericarditis incesante suele ser eficaz el tratamiento con colchicina, añadido a los antiinflamatorios no esteroideos. Se recomienda mantener el tratamiento con colchicina durante un año.
Sólo en algunos casos muy rebeldes al tratamiento habitual se recomienda el tratamiento con esteroides. Excepcionalmente, en enfermos rebeldes al tratamiento médico con pericarditis recurrente de larga evolución, que hayan presentado muchas crisis, se puede dar tratamiento inmunosupresor o incluso intervención quirúrgica para quitar el pericardio. En las pericarditis secundarias a una enfermedad conocida, se debe tratar la enfermedad.
En las que producen derrame pericárdico importante, puede ser necesaria la punción pericárdica para extraer el derrame.
La pericarditis constrictiva es una complicación de diferentes tipos de pericarditis. Cuando la constricción aparece después de una pericarditis tuberculosa o purulenta, es poco probable que se resuelva espontáneamente, y casi siempre requiere tratamiento quirúrgico que consiste en la extracción del pericardio. Los pacientes que presentan síntomas o signos de insuficiencia cardíaca debida a la pericarditis constrictiva deben ser intervenidos, aunque no siempre se llegue a conocer la causa.
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