La aterosclerosis es un proceso que evoluciona de la siguiente manera: la formación de las placas de ateroma se inicia invariablemente en casi todos los individuos en la primera o segunda década de la vida, de forma que puede empezar a dar manifestaciones clínicas en la tercera y cuarta décadas, acrecentándose su prevalencia de forma exponencial a partir de la quinta década, para alcanzar un impacto sanitario máximo en la sexta, séptima y octava décadas. La aparición de manifestaciones clínicas en una persona con aterosclerosis supone que alguna de las placas de ateroma que presenta se ha complicado, lo que significa que la placa se ha roto y que sus componentes han entrado en contacto con la sangre, especialmente con las plaquetas. Esto pone en marcha la formación de un trombo que obstruye la luz de la arteria y dificulta la llegada de sangre al territorio al que esa arteria irriga (lo que en medicina se conoce como isquemia, es decir, falta de riego). Según sea el tamaño del trombo, así será la severidad de la obstrucción y, consiguientemente, la intensidad de la isquemia y la gravedad de las manifestaciones clínicas. Los casos más importantes son aquellos en los que la obstrucción es completa y la falta total de sangre produce la muerte (infarto) de una parte del órgano afectado.
Síntomas.- Los cuadros clínicos que pueden presentar las personas con aterosclerosis complicada son varios. Cuando la obstrucción afecta a las arterias cerebrales pueden aparecer desde ataques de isquemia cerebral transitoria, hasta un accidente cerebro vascular agudo con secuelas más o menos permanentes. Cuando la obstrucción se da en las arterias coronarias puede aparecer desde angina de pecho, hasta el infarto agudo de miocardio. Cuando la obstrucción afecta a las arterias renales puede facilitarse el desarrollo de insuficiencia renal o aparecer un tipo especial de hipertensión denominada reno-vascular. La obstrucción de las arterias de las extremidades inferiores puede dar lugar a un cuadro de claudicación intermitente que se caracteriza por la presencia de dolores musculares desencadenados por la marcha y que incapacitan para ésta. Por último, la presencia de lesiones ateroscleróticas complicadas en la aorta favorece el desarrollo de aneurismas.
Cómo se detecta.- Tal como se ha mencionado anteriormente, la aterosclerosis puede tardar mucho tiempo en dar lugar a manifestaciones clínicas. Por ello, es preciso detectarla precozmente, antes de que las placas de ateroma se compliquen. Para ello es preciso realizar exámenes periódicos de salud (chequeos vasculares) desde la tercera década de la vida, y especialmente en aquellas personas con antecedentes familiares de algunos de los cuadros clínicos mencionados en el apartado anterior.En esos chequeos se presta una importancia especial al estudio de los factores de riesgo que se han comentado previamente. Además, a través de la realización de ciertos análisis también se evalúan determinados marcadores de daño vascular. Finalmente, se dispone ya de técnicas de imagen vascular (ecografía doppler, resonancia nuclear magnética, etc.) que permiten detectar las placas de ateroma e, incluso, identificar aquellas que pudieran estar complicándose.Con toda la información recogida en un chequeo vascular se puede llegar a cuantificar el riesgo que cada persona concreta tiene de desarrollar un cuadro clínico debido a la complicación de una placa. Por ejemplo, se puede predecir con gran fiabilidad el porcentaje de posibilidades de presentar un infarto agudo de miocardio a lo largo de los años.
Cómo prevenir.- La mejor manera de combatir la aterosclerosis radica en su prevención primaria. Para ello se debe actuar a tres niveles.
En primer lugar hay que llevar una vida sana, lo que significa:
1) seguir una dieta cardiovascular saludable (evitando las grasas animales y el exceso de calorías, y favoreciendo el consumo de aceite de oliva, verduras y frutas).
2) realizar ejercicio físico habitualmente (cada día se debe caminar no menos de una hora o correr suave, nadar y andar en bicicleta un mínimo de media hora).
3) eliminar el consumo de tabaco de manera total y definitiva.
4) procurar eliminar las situaciones estresantes de la vida cotidiana o, cuando ello no haya sido posible, vivirlas con una perspectiva positiva y mínimamente autolesiva.
En segundo lugar, las personas con hipertensión arterial y/o con hipercolesterolemia han de seguir tratamiento farmacológico (fármacos (antihipertensivos y fármacos (hipolipemiantes) de forma continuada para mantener cifras de presión arterial por debajo de 130/85 milímetros de mercurio (mmHg) y cifras de colesterol inferiores a 200 y miligramos por decilitro (mg/dl).
En tercer lugar, en personas con ciertas alteraciones se podrán instaurar tratamientos específicos según el criterio de su médico (por ejemplo, en las mujeres con predisposición a la aterosclerosis que han tenido la menopausia podría valorarse el tratamiento hormonal sustitutivo).
En los casos en los que ya han surgido manifestaciones clínicas el médico instaurará el tratamiento pertinente para cada caso individualizado, a la par que instaurará medidas de prevención secundaria (por ejemplo, aspirina a bajas dosis) destinadas a impedir la aparición de nuevas complicaciones
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