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Enfermedad del cáncer

Autor: Alejandro Martorell
Curso:
8/10 (2 opiniones) |1631 alumnos|Fecha publicación: 10/12/2009
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Capítulo 5:

 Cáncer. Definición

La enfermedad del cáncer se define como el crecimiento descontrolado de células anormales en el cuerpo. La mayoría de los mamíferos están constituidos por millones de células que conforman todo el organismo. Investigaciones muy recientes llevadas a cabo por los doctores Francisco Guarner, Natalia Borruel y Francesc Casellas, del Hospital del Vall d’Hebron, han demostrado que en nuestro cuerpo viven 10 millones de millones de bacterias que conforman más de 2 kilogramos de peso (Michele Catanzaro, 2009). A pesar de este abrumador número de microorganismos que habitan dentro y sobre nuestro cuerpo, son pocos los cánceres que vienen a raíz de ellos. Por otro lado, la pérdida de un pequeño porcentaje de estos 2 kilogramos de más que llevamos encima puede afectar nuestra salud haciéndonos más propensos a contraer infecciones y otras enfermedades.

El cáncer, que puede originarse a partir de cualquier tipo de célula en cualquier tejido corporal, no es una enfermedad única sino un conjunto de enfermedades que se clasifican en función del tejido y célula de origen. Existen varios cientos de formas distintas, siendo tres los principales subtipos (Lodish H. et al., 2005): los sarcomas proceden del tejido conectivo como huesos, cartílagos, nervios, vasos sanguíneos, músculos y tejido adiposo. Los carcinomas proceden de tejidos epiteliales como la piel o los epitelios que tapizan las cavidades y órganos corporales, y de los tejidos glandulares de la mama y próstata. Los carcinomas incluyen algunos de los cánceres más frecuentes. Los carcinomas de estructura similar a la piel se denominan carcinomas de células escamosas. Los que tienen una estructura glandular se denominan adenocarcinomas. En el tercer subtipo se encuentran las leucemias y los linfomas, que incluyen los cánceres de los tejidos formadores de las células sanguíneas. Producen inflamación de los ganglios linfáticos, invasión del bazo y médula ósea, y sobreproducción de células blancas inmaduras.

Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y mueren en una forma ordenada. Durante los primeros años de vida de una persona, las células normales se dividen con más rapidez hasta que la persona alcanza la edad adulta. Posteriormente, las células normales de la mayoría de los tejidos sólo se dividen para reemplazar las células desgastadas o moribundas, así como para reparar lesiones.

En la aparición del cáncer se han implicado mutaciones en dos amplias clases de genes: los protooncogenes y los genes supresores de tumores. Los primeros son genes cuyos productos promueven el crecimiento y la división celular (Alberts B. et al., 1996). Codifican factores de transcripción que estimulan la expresión de otros genes, moléculas de transducción de señales que estimulan la división celular y reguladores del ciclo celular que hacen que la célula progrese a través de este ciclo.

células normalescélulas tumorales

Imagen 7. Microfotografías electrónicas de barrido dan luz a las diferencias morfológicas entre células normales y las tumorales.

Los genes supresores de tumores normalmente restringen el crecimiento, por lo que si se dañan se produce un crecimiento inapropiado. La mayoría de genes que conforman los dos tipos sintetizan proteínas involucradas en el control del nacimiento celular o la muerte celular programada (apoptosis); en cambio, otros codifican para proteínas que participan en la reparación del DNA dañado.

Las pérdidas de regulación celular que dan origen a la mayoría o a todos los casos de cáncer se deben a daños genéticos (Lodish H. et al., 2005). Estos daños pueden ser efectos carcinógenos, como la radiación (ionizante, ultravioleta, etc.), de productos químicos (procedentes de la industria, del humo del tabaco y de la contaminación en general, etc.) o de agentes infecciosos. Otros daños genéticos cancerígenos son adquiridos durante la replicación normal del ADN, al no corregirse los errores que se producen durante la misma, o bien son heredados y, por consiguiente, se presentan en todas las células desde el nacimiento (causando una mayor probabilidad de desencadenar la enfermedad). Existen complejas interacciones entre el material genético y los carcinógenos, un motivo por el que algunos individuos desarrollan cáncer después de la exposición a carcinógenos y otros no. Nuevos aspectos de la genética del cáncer, como la metilación del ADN y los microARNs, están siendo estudiados como importantes factores a tener en cuenta por su implicación.

La metástasis es un proceso complejo con muchos pasos. Se ve facilitada cuando las células tumorales producen factores de crecimiento y de angiogénesis. Ocurren generalmente a través de los vasos sanguíneos y linfáticos. Los tumores se clasifican como benignos o malignos dependiendo de si pueden invadir localmente o hacer metástasis a órganos distantes. Los tumores benignos son los tumores que no pueden diseminarse por invasión o metástasis; por lo tanto crecen sólo localmente. Los tumores malignos son los tumores capaces de propagarse por invasión y metástasis (Alberts B. et al., 1996). Por definición, el término "cáncer" se aplica solamente a los tumores malignos.

La metástasis se produce a través de una serie compleja de pasos, la cascada metastática, en que las células cancerosas abandonan el lugar original del tumor y emigran a otras partes del cuerpo a través de la circulación sanguínea o linfática. La cascada metastática, se inician con la ruptura de los limites naturales del tejido, la lamina basal, en caso de epiteliomas, mediante un proceso de invasión de la matriz extracelular. A la invasión sigue la intravasación, fenómeno por el que la célula tumoral se introduce en un vaso sanguíneo o linfático y procede a su circulación por el organismo. Procesos inflamatorios y de restricción de elasticidad determinan la detención de la célula tumoral en un capilar. Tras su detención la célula tumoral procede a su extravasación a la matriz conectiva perivascular, para proliferar en su nuevo asentamiento y formar una "metástasis".

tumor hipervascularizado

Imagen 8.Representación gráfica de un tumor hipervascularizado y células metastásicas.

Los vasos sanguíneos aberrantes y disfuncionales constituyen una señal característica de los tumores sólidos. Contribuyen a las propiedades malignas del cáncer e impiden que los fármacos alcancen las células tumorales y las ataquen. El término angiogénesis remite a la ramificación y extensión de los capilares existentes(Rakesh K. Jain y Peter F. Carmeliet, 2005). La función fisiológica principal de la angiogénesis estriba en la reparación de tejidos dañados. En la actualidad se están realizando ensayos con muchos compuestos capaces de modificar este proceso, ya sea estimulando el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos (calvicie, neurodegeneración, ataques al corazón, fractura de miembros, trombos, etc.) o bloqueándolo (degradación macular, la mayoría de los cánceres, aterosclerosis, endometriosis, obesidad, etc.).

Crecimiento celular normal frente a angiogénesis aberrante

Imagen 9.Vasos sanguíneos normales frente a angiogénesis aberrante.

El sistema vascular aberrante que opera en el interior de un tumor empeora una situación que ya de por sí es nociva (Rakesh K. Jain, 2008). Se genera un microentorno hipóxico y ácido que dificultan la actuación de quimioterapias dependientes de oxígeno y de las propias células del sistema inmunitario. Además, se general una acumulación de fluido que su presión arrastra a proteínas y células tumorales hacia tejidos sanos y vasos linfáticos, lo que aumenta el riesgo de metástasis. Es necesario, por tanto, conseguir recuperar el equilibrio de la vascularización.

microquimerismo

Imagen 10.Microquimerismo.

La investigación sugiere que cada uno de nosotros posee, además de los billones de células que descienden del óvulo fecundado que fuimos, un conjunto de células procedentes de otros individuos genéticamente distintos. En el útero recibimos puñados de células procedentes de nuestra madre. Las mujeres embarazadas se hacen con una muestra de células del embrión en desarrollo. Cuando las células de una persona se entremezclan en el organismo de otra, hablamos de microquimerismo (Nelson J. Lee, 2008). En la mitología griega, quimera era un monstruo horrendo que vagaba por las regiones de Asia Menor aterrorizando a las poblaciones y engullendo rebaños y animales. Presentaba cuerpo de cabra, trasero de serpiente y cabeza de león. Las células adquiridas persisten durante decenios pudiéndose alojar en los tejidos y convirtiéndose en parte integrante del organismo.

El microquimerismo constituye un arma de doble filo: en unos casos desata un ataque inmunitario; en otros, facilita la curación del organismo. Ello convierte a las células adquiridas en dianas potenciales para terapias contra la autoinmunidad o para la regeneración de tejidos dañados. El microquimerismo materno sobre el feto puede desencadenar enfermedades tales como la atresia biliar, lupus neonatal, esclerodermia, diabetes tipo 1, etc. Por el contrario, el microquimerismo fetal sobre la madre está involucrado en cáncer de mama y de cuello de útero, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, enfermedades del tiroides, etc.

Las últimas investigaciones en nanomedicina sugieren que si asociamos el organismo humano a un sistema de redes moleculares, los médicos podrían abordar los puntos conflictivos con técnicas nanométricas, hablemos del cáncer o de otras patologías (James R. Heath, 2009). El enfoque sistémico de la medicina asocia el cuerpo a una compleja red de interacciones moleculares que pueden medirse y modelarse para desentrañar las causas de enfermedades como el cáncer. Las terapias de escala nanométrica aplican tratamientos dirigidos con precisión a tumores, al tiempo que evitan incidir en tejidos sanos. Esto se consigue mediante varios aspectos nanotecnológicos: los nanohilos (utilizados como sensores), los puntos cuánticos (para formar imágenes precisas de la localización de tumores), las nanoesferas y las nanopartículas (conseguir apuntar directamente al tumor y administrarle el fármaco).

En la actualidad, hay millones de personas que viven con cáncer o que han padecido la enfermedad. El riesgo de desarrollar la mayoría de los tipos de cáncer se puede reducir mediante cambios en el estilo de vida de la persona, por ejemplo, dejar de fumar, limitar el tiempo de exposición al sol, hacer ejercicio y tener una alimentación sana. Mientras más temprano se detecte el cáncer y más rápido comience el tratamiento, mayores serán las probabilidades de que el paciente viva por muchos años.

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