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Capítulo 21:

 Empatizar. Conocer su comportamiento

Recuerda que tú eres el adulto

En mi trabajo como coordinadora de los gabinetes Fácilmente, he visto a muchos terapeutas empatizar en exceso con el niño y al final pasarse la hora de sesión jugando porque “el pobre niño había sufrido mucho en su vida”. Pues bien, esa postura es tan peligrosa como la de adoptar la actitud de un sargento y trae las mismas consecuencias: más desmotivación.

Empatizar con tu hijo o hija es un ejercicio muy útil que no sólo te ayudará a comprender mejor su comportamiento negativista hacia los estudios y en un primer momento, hacia ti, sino que te permitirá conocerle de forma más profunda. Pero, ¡es que hay que hacer muchas más cosas si quieres motivarle!

Cuando uno trabaja como terapeuta de quien sea, lo fundamental es tenerlo todo bajo control (sin que se note, claro) con el objetivo de que la persona se entregue a la terapia de forma natural. Esto quiere decir, que debes tener en cuenta que no sólo estás enseñando matemáticas o lengua, sino que estás educando a un “ser en desarrollo”, lo que implica perseguir como mínimo los siguientes objetivos:

a)      Que consiga aprender lo que necesita.

b)      Que disfrute haciéndolo.

c)      Que mejore su autoestima.

d)     Que se quede con ganas de aprender más.

e)      Que quiera volver a repetir la experiencia con otra asignatura.

Para conseguirlos, deberás mostrarte como un adulto responsable de su hijo o hija. Me refiero a que debes pasártelo bien, jugar y reírte, pero siempre debes demostrar que sabes lo que estás haciendo y que te has preparado con antelación. Porque, ¿sabes una cosa? Los niños y adolescentes necesitan saber que pueden contar con alguien que los proteja y sentirse seguros.

Algo muy importante es que no trates de improvisar hasta que tengas memorizadas muchas rutinas que sabes que funcionan porque lo has comprobado. A veces son tonterías como cantar rapeando un tema de historia y grabarlo con el celular, pero recuerda que debes haber hecho el experimento y saber que funciona. Si no es así, por favor, no improvises, porque tu hijo te verá buscar desesperadamente la solución y te caerás del pedestal en el que te habrá colocado, tirando así, todo el trabajo que hayas realizado, por la borda.

Por eso te digo que si ves que no puedes seguir con la sesión de estudio por el motivo que sea, simplemente anúlala.

Ejercicio práctico:

Antes de comenzar a trabajar para mejorar la motivación de tu hijo realiza una tabla que recoja estos tres puntos:

A)    Cómo crees que reaccionará

B)    Cómo tienes que responder tú a esas reacciones.

C)    Si crees que estás listo para hacerlo.

Debes plantearte estas tres cuestiones para todas las asignaturas de forma individual, ya que lo más normal es que lo que funciona estupendamente para una materia, no tenga utilidad en ninguna otra.

Pase lo que pase, no pierdas la calma

Si estás teniendo problemas para motivar y estás haciendo este curso, probablemente estás cansado emocional y físicamente de luchar. Pero, no te rindas. Recuerda la frase de la película “Ejecutivo agresivo” que dice Jack Nicholson “los nervios son lo único de lo que no te puedes librar, perdiéndolos”.

Al principio va a ser duro, y de hecho, sería raro que no lo fuera, dado que vas a ir en contra de todo lo que se enseña en la mayoría de las clases: a sufrir. Esto va a hacer que tu hijo cuestione tu metodología, te pregunte de dónde sacas esas ideas tan raras, te diga que eres un iluso, te ponga a prueba cientos de veces o no colabore al principio.

Pero, pase lo que pase trata de seguir estos principios:

1º Trátalo con dulzura y comprensión, pero recuerda que tú eres el adulto.

2º Muéstrate seguro de ti mismo, no cedas ante sus intentos de cuestionarte, sobre todo si es adolescente.

3º Celebra todos sus logros, por pequeños que sean: si suspendió pero ya sabe en qué falla, celébralo.

4º Minimiza la importancia de sus fracasos: si sacó un cuatro en vez de un uno, dile que la próxima vez seguro que aprueba.

5º Mantén todos tus compromisos, es decir, que si le dices que le vas a ayudar con un examen preparando algo especial, hazlo.

6º Recuerda en todo momento que estás trabajando para contribuir al desarrollo de tu hijo, así que date tiempo. Por lo menos seis meses.

Algo que muchos padres olvidan con facilidad es cómo eran sus hijos antes de recibir terapia. Como se suele decir, a lo bueno se acostumbra uno pronto; y recriminan a los terapeutas el que sus hijos que llevan diez años sin estudiar, no saquen más que aprobados después de un año de terapia. Pues bien, existen personas que van a poner en duda todo lo que hagas, no porque te quieran hundir, o al menos eso espero, sino porque quieren que no sufras más.

Mi consejo es que no escuches a estas personas. Si son conocidos, es mejor que los evites hasta que tú mismo te hayas convencido al ver que la motivación de tu hijo o hija aumenta y empieza a obtener mejores resultados, a interesarse más por los estudios y a tener una relación de mayor complicidad contigo. Pero, si se trata de tu pareja, madre, hermano o tus otros hijos; lo mejor es que les digas que has decidido conseguir que tu hijo desmotivado se interese por sus estudios, que sabes que es un proceso difícil y que cuentas con su apoyo y comprensión.

Ejercicio práctico:

Algo que hacen todas las personas que lidian con proyectos complicados o difíciles de materializar, es dedicar tiempo a pensar en cómo sería su vida cuando alcancen los objetivos que pretenden. Esto hace que te enfoques en los beneficios que obtendrás y sigas trabajando con fuerzas para alcanzarlos.

Por eso, te recomiendo que busques un amigo o amiga que también desee motivar a su hijo o hija al que le puedas comentar tus progresos, los obstáculos con los que te encuentras, etc. Queda con esta persona para merendar una vez en semana hasta que ambas se sientan seguras para avanzar solas en el proceso de motivar.

Pero también es importante que escribas una lista de las cosas que podrás hacer tú cuando tu hijo o hija esté motivado hacia los estudios: qué harás con tu tiempo libre, cómo será la relación con sus profesores, etc. Dedica tiempo también a comentar esto con tu compañero o compañera de lucha en esto de motivar a los hijos.

Bueno, espero haberte inspirado para que puedas superar los problemas iniciales que de forma natural vas a tener en el proceso de trabajo con tu hijo o hija. En el siguiente módulo, te daré estrategias para que busques fuerzas para motivarlo cada día, tal y como yo lo hago para poder conseguir resultados con mis clientes a la vez que afronto los problemas de mi propia vida.

Quiero aprovechar para agradecerte que te hayas anotado en este curso y espero sinceramente que te resulte de utilidad. Puedes dejar tus comentarios, sugerencias, dudas o reflexiones en mi página de Facebook.

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