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Educación cristiana en niños y adolescentes

Autor: ZULLY DOMINGUEZ
Curso:
9,20/10 (5 opiniones) |1289 alumnos|Fecha publicación: 07/05/2010
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Capítulo 5:

 La relación de los niños con sus familias cristianas

 

Hemos dicho ya que uno de nuestros objetivos debe ser, nada menos que la salvación del niño y su familia. Con la mente esto, hay algunos conceptos que quiero comentarles. Veamos dos aspectos: las bases y las técnicas.

Las bases:

Jesús debe ser real para el cristinao: No se necesita ser super cristianos, sino cristianos genuinos.

Los testimonios más eficaces son los que se oyen y se ven al mismo tiempo. O sea, palabras y acciones. Alguien dijo sabiamente: “Lo que haces es tan fuerte que no puedo escuchar lo que dices”. Si nuestro trato, modales, actitudes hacia los niños y sus familias no son buenas, no querrán saber nada de nuestras palabras.

El testimonio principia con Oración: Ya habrán descubierto que soy coleccionista de frases sabias que he leído aquí y allá. Una de ellas dice: “Lleva a los hombres ante Dios, antes de llevarles a Dios a los hombres.” Ore intensamente por los que necesitan a Cristo, haga una lista de oración con los nombres de las personas a quienes desea llevar el mensaje.

Es la voluntad de Diós!No lo dudes! Usted debe testificar a esas familias. Quizás usted sea el único contacto que esas personas tienen con el Señor. Y por algo usted está justo ahí.

Las técnicas:

Conocimiento natural. Si deseamos testificar a alguien, será más fácil si primero tenemos una relación de conocimiento con esa persona. Naturalmente conoceremos a los padres y familiares del niño que invitamos, y en ese trato iremos procurando acrecentar los lazos. Preguntemos por los estudios del chico, sus horarios, ofrezcamos nuestra ayuda en lo que sea posible.

Folletería. Hay dos maneras principales de acercar un folleto a la familia: dárselo nosotros a los padres, o entregárselos al niño para que se los haga llegar. Creo que esta última modalidad sea la más efectiva.

Invitar a reuniones. A no ser por un caso muy particular, es conveniente invitar la primera vez para una reunión que tenga algo que ver con su hijo. Los casos pueden ser muchos: orar por el comienzo de clases de los estudiantes en el año, entrega de un certificado al niño, participación del niño en una canción, etc. El día que llegue al templo la familia invitada, debemos recibirlos personalmente, hacer que se sientan cómodos y presentarles a otras personas, especialmente al pastor. Esto les hará sentir con el grado de valoración que todos necesitamos para integrarnos fácilmente a un grupo. Si no se sienten cómodos la primera vez, será casi imposible que acepten una segunda invitación. Es nuestra obligación dejar la puerta abierta, o sea, la posibilidad concreta para nuevas ocasiones.

Dar testimonio personal. En la mayoría de los casos, las familias nos conocen a nosotros antes que a Dios. Por eso nuestro testimonio es lo primero que les llega. Y debe llegarles en forma natural, o sea, en las conversaciones ocasionales que tengamos con ellos y a propósito de sus circunstancias. Por ejemplo, si hay alguna enfermedad en la familia, podemos contar cómo Dios ha sido nuestro sanador, o cómo hemos visto su poder en otros. Si la dificultad es económica, nuestro testimonio versará sobre ese tema. Pero en todo momento, nuestro testimonio debe ir acompañado de un oído enorme para escuchar. Alguien dijo una vez que por algo Dios nos creó con una boca y dos oídos, será para que escuchemos el doble de lo que hablamos.

Intervenciones puntuales en caso de necesidad. Cuando hablamos de necesidad pensamos inmediatamente en el aspecto económico. Y aunque las necesidades no se agotan allí, este aspecto es muy importante. Sabemos que no siempre podemos dar la ayuda que quisiéramos personalmente, pero en alguna ocasión especial quizás podamos pedir colaboración de la iglesia, no tanto en dinero en efectivo (lo que realmente no recomiendo) pero sí en ropa, comestibles, abrigos de cama, y hacerles llegar esa ayuda a la familia necesitada, haciéndoles saber que se los entregamos en nombre del Señor Jesús y por lo que Él nos enseñó. De este modo el agradecimiento irá hacia el Señor y no a nosotros. Pero en otras necesidades también podemos ser muy útiles: cuidar un niño un par de horas, acompañar al centro médico a alguien, etc. Ocasiones no nos faltarán, sólo será cuestión de pedir a Dios que nos enfrente con las oportunidades y que tengamos la disposición necesaria para aprovecharlas.

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