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Educación cristiana en niños y adolescentes

Autor: ZULLY DOMINGUEZ
Curso:
9,20/10 (5 opiniones) |1289 alumnos|Fecha publicaciýn: 07/05/2010
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Capýtulo 2:

 Bases para ser un buen educador cristiano

Que jesús sea el señor de tu vida

No puedo dar lo que no tengo. Si mi vecina me pide azúcar, difícilmente se la pueda dar si no la tengo. Así es con el Señor y el Espíritu Santo. Si yo no los tengo, no los puedo compartir. Tan sencilla como ésta es la base para ser Educador de niños en el Señor. Puedo tener todos los cursos teológicos y didácticos, pero si no tengo la vida en mí no la puedo mostrar a otros. Sobre mi amor a mi Señor y a los niños debo edificar mi maestría. Y sobre eso sí, debo preocuparme por la preparación, métodos, estimulación, etc. Para llegar a la meta.

Recuerdo mis comienzos en esta tarea, hace unos 30 años. Mi pastor me llamó a su lado y me dijo: “Tu tienes que trabajar en la obra entre los niños”. –No puedo- fue mi primer respuesta- nunca fui a una clase para niños (porque me convertí al Señor junto con mis padres cuando tenía 10 años y comencé en las reuniones de mayores). Quizás tú pongas otras excusas, pero todas dicen: No puedo. Míralo desde este punto de vista: si quieres aprender tú mismo más del Señor, concurre a una reunión de niños, métete entre ellos, comparte con aquellos de los cuales es el reino de Dios y aprenderás muchísimo; aprenderás amor, paciencia, tolerancia, perdón, en fin, aprenderás a vivir la vida cristiana. Y a poco estarás tan involucrado con los niños que no te podrás separar fácilmente de ellos.

Ya sea que recién comienzas o que tienes años en el servicio, lo más importante es estar tú mismo dispuesto a aprender del Señor. Que Él sea el Señor de tu vida en todo momento, porque debes saber que frente a los niños estarás más expuesto que nunca. Ellos son muy intuitivos y saben si tú crees lo que les enseñas o lo estás dudando.

Tener pleno conocimiento de la Bíblia

“Ten cuidado de ti mismo y de tu doctrina” 1 Ti 4:16

Si ya estás frente a un grupo de niños ¡te felicito!. Eres un valiente. Has asumido una gran responsabilidad. Quiero decirte una frase con mucho de verdad: “Si Dios te señala una puerta con su dedo, con su mano te abrirá el camino”. Hay un camino a recorrer, pero lo bueno es realmente saber que paso a paso Dios te irá mostrando su senda.

El gran Spurgeon (grande por obra de Dios), a quien citaré varias veces en las páginas que siguen, gustaba de exhortar lo mismo que ya nos dice la Biblia: “Ten cuidado de ti mismo y de tu doctrina”. Para cuidarnos a nosotros mismos, debemos cuidar lo que creemos, cuánto más para cuidar a otros. Basémonos siempre en la Palabra de Dios. Ella es fiel y clara, no tiene sombra de variación. Si la Biblia dice algo, creámosle así.

Es increíble, pero si hacemos una encuesta entre los cristianos, y aún entre los obreros, para saber cuántos han leído la Biblia en su totalidad, nos sorprenderíamos de los resultados. Es bueno leer siendo guiados por el Espíritu Santo, pero también tenemos un raciocinio dado por Dios, aunque a veces con los hechos neguemos tenerlo. Si cualquier estudiante secular debe leer libros y más libros en cualquier materia o asignatura, no me explico por qué los obreros cristianos creemos que no tenemos el deber de leer sistemáticamente nuestro libro de cabecera. Hay un muy buen plan para leer la Biblia entera en un año, y consiste en leer cada día tres capítulos y los domingos cinco capítulos. Sólo con eso en un año habremos leído toda la Biblia. Es un buen desafío y sólo requiere disciplina. Por supuesto esto no exime de leer otras partes o historias bíblicas que deseemos conocer.

Hacer de la oración nuestro principal deleite

En 1 Samuel 12: 23 leemos: “que el Señor me libre de pecar contra él, dejando de rogar por ustedes”. ¡Qué tremenda convicción! En el trabajo en la obra del Señor no tienen lugar los haraganes. No sólo debemos prepararnos en Su palabra, sino no dejar de orar por aquellos que tenemos a nuestro cuidado. Piensa solamente que si tu no oras por esos niños hoy, nadie lo hará. Tú eres el encargado de llevarlos ante Dios y de mantenerlos ahí. Y te contaré un secreto: cuánto más ores por ellos, más fortalecido te sentirás tu mismo, más les amarás y ellos te devolverán ese amor multiplicado.

Hay dos esferas en las que hay que entregar todo: trabajo y oración. Hay mucha gente muy talentosa que con sus esfuerzos logran éxitos importantes aún en la consecución de gentes tras un ideal, pero la gran diferencia del cristiano es la intervención divina, intervención que se logra sólo mediante la súplica, humildad y sumisión a la voluntad divina.

Carácter adecuado

Un buen educador debe ser:

-        ejemplo

-        alegre

-        equilibrado

-        fiel

-        buen estudiante

Todo esto parece demasiado… y lo es. Es mucho. Salvo que leas el subtítulo del apartado: Que Jesús sea el Señor de tu vida. Si es así, nada es demasiado difícil. Ahora desarrollaremos los puntos que mencionamos:

EJEMPLO. Los niños son imitadores por excelencia. ¿Por qué crees que juegan a las muñecas, a la pelota o al carpintero? Es porque lo ven realizar a otros. Pero este es el nivel más inofensivo de imitación; cuando imitan acciones que demuestran sentimientos es más preocupante, pues en ellos se reflejan lo bueno o lo malo del ambiente en que viven. Los niños tienen una sensibilidad especial para captar su “ambiente inmediato” al decir de VYGOSKY. La parte que nos corresponde acá es la responsabilidad de ser (quieras o no) ejemplo para estos niños que están frente a ti. Esta es la razón por la que debes estar:

ALEGRE: Que no significa ser un payaso, sino trasmitir el gozo profundo del Señor, en la certeza de su amor y triunfo sobre todos los problemas.

EQUILIBRADOS. En estos días los niños necesitan un puerto seguro donde anclar tras las tempestades de la vida. Lo ideal es que ese puerto sea el hogar, pero como no podemos nosotros determinar ese punto, por ahora somos los educadores los representantes de ese lugar. Que ellos nos encuentren siempre con el mismo carácter. No que un día queramos besarlos y abrazarlos y al día siguiente no les permitamos ni que nos toquen. No que un día les hagamos bromas y al siguiente no se las aceptemos a ellos.

FIEL. Nada desilusiona más a un niño que ir a su clase semanal y no encontrar a su referente. Si bien es bueno traer invitados especiales, el educador no debe faltar ni en esas ocasiones especiales. Si algún día se ve obligado a faltar, debe  fundamentar con su grupo por qué no lo hizo. Esta es una de las razones por la que no recomiendo que haya solamente un adulto por grupo, pues ante cualquier imprevisto queda un referente fiel y el niño no se siente abandonado.

   También podemos referirnos a la fidelidad como al cumplimiento de lo prometido. Si al niño le decimos que tendremos una fiesta, hagámosla. Si les prometemos un premio, ver un video, sacar fotos, etc cumplámoslo. Tal como dice la Biblia “es mejor que no prometas y no que prometas y no cumplas” (Ec. 5:5)

UN BUEN ESTUDIANTE. La buena preparación pasa por las rodillas y los libros. Lee todo lo que esté a tu alcance y si tu alcance es muy corto, pide ayuda. Lee la Biblia por supuesto y también biografías de cristianos, libros de estudios bíblicos (eso te abrirá la mente a nuevos horizontes), bosquejos homiléticos

8que te enseñarán a preparar lecciones), libros seculares o cristianos sobre didáctica y sicología infantil. Es bueno llevar un registro de los libros, folletos y revistas leídos, acompañado de las fechas en que los leíste. Esto te estimulará a continuar adelante. Y recuerda que es una realidad: el alumno nunca podrá ir más lejos de lo que su maestro vaya. Si tú quieres que tus alumnos crezcan, crece tú.

Tener objetivos claros

Cada vez que nos proponemos hacer algo, debemos plantearnos algunas preguntas básicas, tales como ¿para qué? ¿por qué? ¿qué espero lograr?. La respuesta a esas interrogantes son los “objetivos” a los cuales queremos llegar. Ahora, según el plazo de estos objetivos, estaremos hablando de un corto, mediano o largo plazo. Y creo que los tres deben estar presentes al nuestra tarea.

A CORTO PLAZO: Un objetivo a corto plazo puede ser la respuesta a las preguntas ¿qué tema voy a tratar hoy en clase? ¿para qué quiero enseñar esto? Si me parece que lo que necesita el grupo o algunas individualidades es acrecentar su fe en el Señor, buscaré un tema tal que les impulse a creer más. Dependiendo de la edad claro, buscaré historias bíblicas de milagros, biografías de grandes cristianos contemporáneos, et. Si en cambio me parece que lo que necesitan es llevarse mejor como grupo, buscaré historias de ayuda mutua, de buen reracionamiento, parábolas de Jesús, etc.

A MEDIANO PLAZO: Un objetivo a mediano plazo podría ser relacionado con las familias de los niños. Puede ser, por ejemplo, que tengamos la inquietud de llegar con el mensaje del evangelio a esas familias. Iremos así planificando actividades especiales donde intervengan los niños e invitaremos a los familiares para que los vean. También podemos preparar folletos o tratados y entregárselos periódicamente. Al hablar de plazos, estamos hablando de tiempo, y aquí podremos pensar en un lapso de 2 a 10 meses.

A LARGO PLAZO: Si nuestra visión no es corta, seguramente miraremos a esas vidas que hoy tenemos con nosotros en una perspectiva mayor. Hoy son y valen mucho ¡pero cuánto más queremos que sean y que valgan en un futuro! Por eso nuestro anhelo debe ser que esos seres pequeños aún, sean en un futuro los conductores del pueblo de Dios, los que arrebaten almas de las puertas del infierno y las traigan a Cristo. ¡Nada menos podemos desear! Trabajemos por ello con ahínco. Pensando en este objetivo, deberemos programar a veces visitas a lugares donde la realidad sea diferente a la nuestra (con necesidades sociales y espirituales, o con abundancia de bienes, etc) o también invitar a personas con distintos ministerios a que visiten la obra entre los niños.

Por supuesto estos son sólo algunos ejemplos, pero los tres plazos deben estar entretejidos en una buena programación de Escuelas Bíblicas.

Tener interés genuino

Hemos hablado ya de la extrema sensibilidad de los niños. Ellos perciben si nuestro interés por ellos es auténtico o no. No debemos fingir sentimientos, pero sí tratar de ser demostrativos. Es bueno que les pidamos nos planteen sus necesidades y orar con ellos por su petición, preguntar por su familia, por sus estudios. Es de gran ayuda que anotemos, desde que tomamos contacto con el niño, el mayor número de datos personales, a modo de ficha individual.

   Sugiero los siguientes puntos:

-        Nombres y apellidos

-        Dirección y teléfono

-        Fecha de nacimiento (cumpleaños)

-        Año que cursa (estudios)

-        Personas con quienes vive

-        Otras actividades

-        Hobbys

Hay características generales de las edades que debemos dominar muy

Bien para entenderlos (las trataremos en un capítulo aparte), pero estos puntos personales son muy importantes, como también lo es, que pasemos tiempo a solas con cada niño. Deberemos buscar la oportunidad para no estar siempre con el grupo, sino también para atender un poco a cada niño en especial. Un día lo llamaremos aparte para que nos ayude con algo (arreglar láminas, etc) y aprovecharemos para hablar con él de sus cosas e intereses, sin decirle al niño, por supuesto, cuál es nuestro propósito. Debe parecer totalmente ocasional. En otra oportunidad podemos acompañar al niño caminando a su hogar, y en el trayecto tratar de conocer más profundamente sobre su vida, sus gustos o preocupaciones. En fin, Dios nos dará la sabiduría si realmente tenemos interés en conocer a nuestros niños. Jesús se movía entre la gente y conocía sus costumbres, sus rutinas de trabajo, sus lugares, por eso podía hablarles con propiedad y enseñarles en base a lo que ellos conocían. También aquí debe primar nuestro sentido común. Quiero decir, por ejemplo si en nuestro grupo hay un niño cuyo padre maltrata a su familia, seguramente no nos entenderá cuando le hablemos de que Dios es un padre amoroso. Si un niño pasa necesidades diarias de comida y nosotros le hablamos que Jesús es el pan de vida, está bien, pero también debemos hablarle sobre que Él puede suplir nuestras necesidades diarias y, en la medida de lo posible, colaborar con la solución a las necesidades. En nuestra congregación, a instancias de la esposa del pastor, se fijó un día al mes, donde los hermanos llevan un kilo de algún alimento no perecedero, y todo lo reunido se destina a ayudar a una familia, que bien puede ser la de un niño de las escuelitas. Eso es de gran ayuda para las familias y además un buen testimonio de la obra que Cristo quiere que hagamos (Santiago 1:27 y Lucas 10:33-37)

Otro tiempo importante para los niños es el del disfrute de las actividades. Que no aparezca ante sus ojos la hora de la clase como solamente la del aprendizaje: “has esto, no hagas aquello”, sino que tenga tiempo de disfrutar del juego, de videos, de moverse con canciones, de charlar.

Preparación adecuada

Oirá muchas veces que la mejor preparación es la que el Espíritu Santo da.

Y estoy totalmente de acuerdo. Déjate llevar por lo que el Espíritu Santo indica y nunca te equivocarás, ni en el tema a tratar, ni en los trabajos manuales, ni en las canciones elegidas. Pero al hablar aquí de preparación adecuada pretendo referirme a la parte que nosotros debemos poner de nuestro esfuerzo, empeño, inteligencia, tiempo y materiales. Cierto es que nunca diremos: “Me preparé demasiado para esta clase”. La preparación es contínua. Terminamos una lección y ya debemos comenzar a pensar en la siguiente. De este modo, con el tema ya decidido y claro en nuestra mente, podemos ir enriqueciéndolo durante la semana con diversas lecturas relativas al tema, fotos, gráficas, notas de actualidad que aparezcan en periódicos, revistas, con frases, versículos e historias bíblicas bien relacionadas. En el apartado sobre la oración, anoté una frase que, a riesgo de ser reiterativa, quiero que recordemos acá: “Trabaja como si todo dependiera de ti, y ora como si todo dependiera de Dios”.

Creo que no hay demasiadas excusas para no prepararnos debidamente. “No tuve tiempo”, “Tuve que trabajar horas extras”, “Debo cumplir también con mi familia”, pero no dejemos que ninguna de estas cosas (que pueden ser muy válidas) nos quiten nuestra mirada del objetivo y misión de nuestra vida.

¿Cuántos libros sobre educación cristiana y educación secular has leído en este último año? Lleva una agenda ordenada del material revisado y es recomendable extraer párrafos o conceptos que te resulten interesantes para tu labor. Así tu mente se irá abriendo a nuevos horizontes y cuando menos lo pienses estarás utilizando alguno de tus conocimientos.

Es bueno que tengas un plan general de acción. Esto es, si pretendes trabajar en el año con la vida de Jesús, trázate un plan dejando lugar para: a- su vida propiamente (nacimiento, infancia, lugares que recorrió, amigos, familia, viajes); b- sus milagros; c- sus parábolas; d-  su juicio y muerte; e- su resurrección. No debemos olvidar los imprevistos, tales como visitas que recibamos, días especiales (de la madre, de la Biblia, de juegos solamente), y los trabajos con videos.

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