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Discipulado de Jesucristo

Autor: Miguel De la Rosa Gamboa
Curso:  9,33/10 9,33/10 (3 opiniones) |2770 alumnos|Fecha publicación: 06/07/2009


Capítulo 22:

 Reproducción espiritual del discipulado

Reproducción

"Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios"(Ef.2:19).

Esta etapa es propia para el discípulo que ya ha alcanzado la madurez, pues ahora tiene la capacidad e idoneidad para engendrar hijos en la fe (Flm.10; 1Ti.1:2; 2Ti.2:1); es espiritualmente adulto, su criterio ya está formado, ya no es un niño fluctuante, ni carnal, ahora es verdaderamente espiritual, fortalecido en el conocimiento de Jesucristo, fuerte en la fe, la esperanza y el amor. Lleva a otros a los pies del Señor y los enseña con la sana doctrina y con su ejemplo personal, a guardar todas las cosas que Cristo mandó y edifica con sabiduría de lo alto a la Iglesia, cuerpo de Cristo. Así, por su obra, es digno de ser imitado y ser constituido en un discipulador (1Co.4:15-17; 1Co.11:1).

Sería un error nombrar o establecer a un discípulo novato e inmaduro como discipulador, o educador, o entrenador, u oficial de departamento, etc., pues aún no alcanza la estatura  ni madurez espiritual en Cristo, aunque sea muy devoto y obediente, pues es incapaz de edificar o dirigir a otros a metas que ni siquiera él ha alcanzado; puede testificar o hasta evangelizar y  tal vez alcance un crecimiento numérico, pero sin calidad, resultará un grupo desubicado, desorientado, pues un discípulo aún inmaduro tiene la vista corta (2P.1:5-9); le es necesario madurar y ser perfeccionado; Jesús dijo: `¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro" (Lc.6:39-40). Es necesario que todos testifiquemos y si es posible que evangelicemos, pero es preferible esforzarnos, crecer y madurar para ayudar a otros a que Cristo sea formado en ellos y enseñarles con
nuestro ejemplo también, a guardar todo lo que el Señor mandó.

Es lógico, que un discípulador maduro en Cristo, tiene visión e inspiración para engendrar discípulos y discípulas, y la madurez no solo es para el varón, si no también para las mujeres, tenemos en La Biblia muchas mujeres destacadas y maduras, que fueron sumamente útiles en el desarrollo de la Iglesia del Nuevo Testamento. En nuestro tiempo la mujer ha demostrado gran ventaja en el crecimiento, evangelizado en grupos, células o equipos. Preparémoslas y démosles también a ellas, la oportunidad de cumplir su Misión. La Iglesia es como la familia que va tener hijos, debe prepararse, estar unida y poner a disposición todos los recursos necesarios para recibir a los nuevos recién nacidos.

Perfección

"dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección" (He.6:1).

La palabra de Dios nos enseña que Dios en el propósito de su eterna y nueva creación, no solamente nos hace nacer de nuevo, crecer en todo y madurar espiritualmente, sino que nos conduce por el camino a la perfección. Dichosos los que alcancen la estatura de la plenitud de Cristo (Ef.4:13), el apóstol Pablo trabajaba y luchaba para perfeccionarse a sí mismo y a todo creyente, pues su ferviente anhelo era:"presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre" (Col.1:28), asimismo escribió: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil.3:12-14).

En el pasaje de Efesios 4:11-16, el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos revela que Cristo Jesús constituyó o estableció ministros de su Palabra poderosa, dándoles el don de ser un equipo de perfeccionadores de los santos con un propósito perfecto. Y es como sigue:

"Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo".

Esto significa que Cristo el Señor, quiere que todos los santos de su Iglesia, que es su Cuerpo, sean perfeccionados, por los ministros que han recibido esos dones específicos, Como he dicho, el apóstol Pablo tenía ese don del apostolado para el mundo gentil y era un verdadero doctor en las doctrinas del Antiguo y nuevo Testamento, pero aunque era menospreciado como tal, realizó la preciosa obra de perfeccionar a la santa grey en la fe de doctrinas fundamentales, discipulares y ministeriales. A Cristo Jesús primeramente y al apóstol Pablo les debemos los misterios revelados, mencionaré solamente algunos:

· El misterio de la piedad (1Tim.3:16).
· Los tesoros doctrinales acerca del amor (1Co.cap.13)
· Los dones espirituales (Ro.12:6-8; 1Co.cap.12; Ef.4:7-13)
· Las obras de la carne y El fruto del Espíritu Santo (Gá.5:16-24).
· los misterios de la resurrección (1Co.cap.15)
· El arrebatamiento y transformación de los santos (1Ts.4:16-17; 1Co.49-54)
· Los juicios (1Co.6:2-4;  Ro.14:10-12)

Ciertamente, Pablo, fue un verdadero e inspirado doctor en Teología, quien alcanzó un alto grado de perfección en Cristo y acabó su edificante carrera con un grande galardón en el día glorioso.

Así, nuestro Señor Jesucristo seguirá guiándonos por su Espíritu Santo, a través del cuerpo ministerial con las doctrinas del discipulado y otras veces nos perfeccionará con pruebas, experiencias o padecimientos para ejercer con más eficiencia nuestro ministerio y cumplir así nuestra misión personal; como está escrito: "El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil.1:6).

Nuestro modelo y ejemplo perfecto a seguir es Jesucristo, quien humanamente tuvo que crecer, madurar y ser perfeccionado por medio de padecimientos (He.5:7-10); él, nos manda que seamos perfectos cuando dice: "sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mt.5:48); este mandamiento aunque muchos entienden que Jesús espera que nunca nos equivoquemos, ni cometamos algún error o desacierto; otros interpretan que el Señor manda que seamos maduros. Yo creo que debemos ser maduros en todo, pero Cristo más bien está diciendo que seamos enteros, completos o perfectos.

La palabra perfecto (Gr. "téleios" 5049), significa haber alcanzado integridad, que no está alterado, sino que tiene todas sus partes bien integradas, que no tiene falta; una persona íntegra es recta, justa y honesta; un corazón perfecto o íntegro tiene un amor completo. El Señor nos manda pues, que seamos completos en todo, enteramente acabados en todas las cualidades y virtudes, por ejemplo, si observamos cuidadosamente el pasaje de Mateo 5:38, hasta 6:4, encontraremos que debemos tener un amor perfecto es decir, completo y sincero para todos, incluyendo a nuestros enemigos, así como Dios ama a todos, sin acepción de personas. Eso es tener un amor perfecto.

De manera que si amamos en verdad a Dios con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, será fácil cumplir todo lo que Cristo manda a sus discípulos en ese pasaje, de otra manera, sin amor verdadero y completo qué difícil es cumplir las disciplinas del discipulado, porque ¿cómo podemos ser verdaderos discípulos del Dios de amor que es perfecto en todo, si no perfeccionamos nuestro amor como él quiere? Retomando el pasaje, ¿cómo pudiéramos no rechazar al que es malo?, ¡solo con amor perfecto!;

¿cómo pudiéramos volver la otra mejilla?, ¡solo con amor entero y verdadero!; ¿cómo pudiéramos amar a nuestros enemigos?, ¡como Jesús, nuestro salvador, quien clamó en la cruz por sus enemigos y murió para salvarlos, por su amor completo! En fin, ¿si amamos solamente a los que nos aman, qué recompensa tendremos?, eso es tener un amor incompleto, imperfecto en el corazón. ¡Seamos completos, enteros, plenos; seamos perfectos, como nuestro.
 
Padre que está en los cielos que es perfecto!

Ahora, si hacemos justicia, para ser vistos de los hombres, o si damos limosna para ser alabados por los hombres entonces no hemos decidido ser perfectos en misericordia; o si amamos el orar para impresionar a los demás, entonces nuestro amor a Dios no es perfecto, pues si buscamos a Dios, es absurdo que lo hagamos para ser alabados por los hombres, antes bien si oramos y lo buscamos debe ser porque le amamos, porque deseamos servirlo, guardar sus mandamientos, alabarlo y adorarlo en espíritu y en verdad.

Entonces nuestro amor a Dios será total, completo, perfecto.

En conclusión, lograr el desarrollo del discípulo es un desafío que requiere nuestro continuo esfuerzo, y negación de nosotros mismos, siguiendo obedientes las instrucciones bíblicas, sumisos a Jesucristo, mediante nuestros pastores y educadores en el Señor, haciendo morir lo terrenal en nosotros, pues hemos nacido de nuevo, por lo tanto, debemos seguir escalando hasta la cima y alcanzar la imagen y la estatura de Cristo en nosotros; como está escrito:

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que esta viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Ef.4:22-24).

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