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Dinero y control mental. Energotonía

Autor: Gustavo Fernández
Curso:  4,50/5 4,50/5 (8 opiniones) |2446 alumnos|Fecha publicación: 17/06/2009

Capítulo 9:

 Triunfo laboral

"Cuando una sombra nos cubre, es porque en algún lugar hay una luz que la produce"

Dedicaremos esta lección a plantear una serie de tácticas de uso necesario para provocar el crecimiento al cual aspiramos en este curso. Debemos, empero, reforzar un concepto ya tocado oportunamente, y que consiste en comprender claramente las diferencias entre "estrategias" y "tácticas". "Estrategias" son, como dijimos, aquellos que queremos, mientras las tácticas serán las formas o vías de lograrlo. Estas son, entonces, tácticas, en tanto y en cuanto su implementación se traduce en la eficiencia a obtener. Pero debemos resaltar una condición fundamental: estas tácticas, más que recordatorios, deben ser verdaderas actitudes de vida. Esto implica dos cosas: (a) que deben hacerse porque es lo correcto, y no subordinándolas a una promesa hipotética de resultados promisorios. Esto último se evidencia cuando algunas personas dicen: "Está bien, voy a tratar de hacer -o ser- como me enseñas durante un tiempo a ver si las cosas cambian".

En primer lugar, los cambios radicales no se "tratan": son. Esto es fundamental. Si yo hago "como si" en lugar de "ser", muy posiblemente el resultado final será una simple parodia del ideal propuesto. Y en segundo lugar, si la ineficiencia de mi conducta actual es producto de actitudes que deben ser cambiadas, éstas no pueden "cambiarse por un tiempo". O cambian -si definitivamente, eso sólo lo dirá el suceder de los acontecimientos futuros- o no. Lo otro es una mentira a uno mismo.

Luego, (b) porque la eficiencia en el trabajo es más el resultado de cómo uno es que el resultado de lo que uno hace. Uno no puede seriamente prometerse ser emprendedor, con iniciativa, voluntarioso y aguerrido en su trabajo ocho horas por día si es un pusilánime el resto de la jornada. Así que mejorar el trabajo implica, muchas veces, modificar el carácter o la personalidad (que no son sinónimos). Y ello sólo lo lograremos provocando el acondicionamiento, el reflejo, el hábito de adoptar nuevas actitudes que por práctica y autoobservación pasen a ser automáticas y espontáneas en nuestro Yo.

Esto último va de la mano con dos condiciones que considero fundamentales para aprovechar el potencial que su ser le ofrece en este momento. La primera de esas condiciones nos dice que nunca es tarde para cambiar. Es falso que uno pueda refugiarse en la edad para autojustificarse, como aquellos que dicen de sí mismos: "¡Mirá si a esta altura de la vida voy a cambiar!". Sí, se puede. Tengamos veinte, cuarenta, sesenta años, en ningún lugar está escrito que si toda mi vida fui de una manera que hoy considero insuficiente o errónea, esté por ello condenado a seguir siéndolo, como si la oportunidad del cambio hubiera pasado para siempre. Mañana es el primer día del resto de mi vida, y todo puede hacerse. Y la segunda condición es que no existe en el Universo nada ni nadie que evite nuestro cambio excepto la parte oscura de nosotros mismos ("La Sombra", sobre la que volveremos a hablar). Podemos acobardarnos ante las consecuencias imaginarias de nuestro cambio (pero seguimos siendo nosotros). Podemos perturbarnos respecto a cómo Fulano o Mengana tomará nuestro cambio (pero seguimos, otra vez, siendo nosotros mismos). Es, el cambio y simplemente, un acto de Voluntad sostenido en el tiempo.

Mejores negocios desde casa 1) Acercarse a los clientes 2) Chequear la competencia 3) Reunir información 4) Dedicación absoluta El mejor empleado 1) Ser un solucionador

2) Constancia en la eficiencia (Teoría General de los Besos)

3) Siempre 5 minutos antes 4) Mantenga la línea del respeto

El experimento de Berkeley: encontrarle un sentido trascendente a la acción

Es para quedarse pensando, y mucho. En los años ´60, psicólogos de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos, realizaron el siguiente experimento. Contrataron a un carpintero -que era el objeto del experimento sin saberlo- y le encargaron la construcción de una silla. Se pusieron de acuerdo en el modelo y el precio -digamos veinte dólares- y lo esperaron una semana después. El día fijado el carpintero llegó con la silla, y le indicaron que la dejara en el jardín, tras lo cual le hacían pasar a una oficina -que, casualmente, tenía un gran ventanal que daba al jardín donde era visible la silla- mientras le decían que aguardara unos minutos para recibir su pago. En el ínterin -siempre bajo observación clandestina de los científicos- mientras el hombre relajado miraba por la ventana, ve como un individuo se acerca hacha en mano a la silla y comienza a destrozarla a golpes. Espantado, trata de salir corriendo para detenerlo, pero es interceptado por uno de los psicólogos que, impuesto por el alterado carpintero de lo que estaba pasando en el exterior, le dice que no era problema, que se trataba de un paciente bajo observación y que de todas formas le iban a pagar por su ya destruido trabajo. Hecho esto, le encargan entonces una nueva silla para la semana siguiente.

Siete días después el carpintero regresa. Otra vez le hacen dejar la silla en el jardín, otra vez le hacen pasar a la oficina para recibir su paga, otra vez observa impotente como otro "alienado" la parte a golpes en el exterior. Es en el momento en que otro de los científicos entra en la oficina, observa tranquilo el espectáculo que se desarrollaba en el jardín, le explica al azorado trabajador que se trata de "otro paciente" y le abona, esta vez, veinticinco dólares, "por las molestias", a la vez que le solicita hacer otra silla para una semana después prometiéndole pagarle treinta dólares.

¿Imaginan que ocurrió?. El carpintero cobró sus treinta dólares, sí... después de observar, ahora resignado, como un tercer "enfermo" rompía su trabajo. Una cuarta vez le invitan a hacer una nueva, prometiendo pagar treinta y cinco dólares y siete días más tarde, tras nuevo destrozo y cuando piden una quinta por la que pagarían cuarenta dólares, el carpintero, rotundamente, se negó. Se negó aún cuando subieron su oferta hasta sesenta dólares. El experimento en su totalidad se repitió en distintas oportunidades, y todos los carpinteros contratados, antes o después, terminaron rechazado los trabajos.

¿Qué nos enseña esto?. Que en el trabajo debe haber algo más que el hecho de redituar dinero. No se trata que uno se auto convenza que lo hay: este experimento demuestra que sí lo hay fuera de lo que pensemos cada uno de nosotros. Seguramente, muchos diríamos que es un excelente negocio esto de fabricar algo que destruyan ante nuestra vista si aumenta de manera tan evidente el precio de la pieza siguiente, y seguramente en teoría los mismos carpinteros habrán pensado que eso sería lo único importante hasta que les tocó protagonizarlo. Allí, entonces, algo se quebró. Sospecho que es la dignificación del hombre a través del trabajo. Las sillas, inconscientemente, eran parte de ellos mismos, y no soportaron la afrenta de asistir a su destrucción. De manera que si empíricamente hay en el trabajo algo más que el resultado monetario, descubrirlo cuanto antes no sólo elevará la calidad del resultado sino nos armonizará interiormente.

Claves para lograr un ascenso 1) Conocerse usted mismo 2) Fijarse objetivos 3) Perfeccionarse 4) Tener iniciativa 5) Ser el mejor 6) Dar a conocer sus ambiciones 7) Ser visible 8) Hallar un mentor 9) Afírmese 10) Crea en usted Teoría General de los Besos

Es de una sencillez genial. ¿Observaron ustedes cómo besamos cuando acabamos de iniciar una relación amorosa, y cómo besamos a esa misma persona cuando ya han pasado meses o años?. No hablo de lo que cree la otra persona, sino de la energía, la concentración, la intensidad mental -más que la sexual- que nosotros mismos solemos poner. A medida que pasa el tiempo y se consolida nuestra relación, sin que ello signifique menoscabo alguno en el sentimiento, es como que cada vez somos un poco más descuidados en la atención que ponemos al besar. Finalmente, terminamos por darlo como algo sobreentendido, natural, cotidiano. Y olvidamos que alguna vez, en el principio, besar a esa persona era el summun, la culminación de nuestras expectativas. Olvidamos el latir de nuestro corazón inmediatamente antes de esa primera vez, las dudas e inseguridades, el temor y la ansiedad, en síntesis, la recompensa que alguna vez significó haber conquistado ese beso. Bien, con el trabajo suele pasar lo mismo. Los primeros tiempos extremamos las precauciones, cuidamos nuestras palabras, nuestra presencia, casi hasta nuestros gestos, pero a medida que pasa el tiempo, aunque sigamos siendo laboralmente eficientes comenzamos inconscientemente a desatender, por cotidiano, rutinario y natural, el feeling que sentíamos en el comienzo.

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