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Dinero y control mental. Energotonía

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
7,45/10 (11 opiniones) |6589 alumnos|Fecha publicaciýn: 17/06/2009
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Capýtulo 10:

 Reinserción laboral

Entrenamiento

Cuando estamos fuera de la inserción laboral, tenemos que tratar de no desaprovechar el conocimiento adquirido en los días que sí estuvimos dentro de una actividad determinada. Un ejemplo contundente es el de rescatar algunos ejercicios, por lo menos aquellos que podamos practicar con algún grupo de gente afín. O en todo caso tener presente en la memoria la capacitación recibida.

Uno de los aspectos más sobresalientes del management de hoy en día, lo constituyen los programas de capacitación y entrenamiento de las empresas. Estos programas de capacitación se diseñan a partir de los objetivos de la organización, pero cada vez más contemplan las potencialidades subjetivas de cada empleado. En los mismos se siguen criterios que obedecen tanto a las necesidades de la organización como a las expectativas y aspiraciones de desarrollo del personal. Son muchas empresas las que están optando por el entrenamiento personalizado, que es el que centra el foco en lo que a cada uno se le ha de pedir y en aquello que subjetivamente cada uno pretende. El entrenamiento se personaliza, es decir, se dirige hacia lo que cada uno requiere, sea por su motivación como por su interés profesional. Es muy útil que nos conozcamos a nosotros mismos en interacción con la gente de nuestro entorno laboral.

Cuando carecemos de ocupación laboral, debemos de algún modo atesorar aquellas jornadas de capacitación. Así sea en los momentos en que podamos ejercitarnos en la relajación -tal como enseñamos en nuestro curso de Control Mental Oriental- como en las situaciones en las que podamos aplicar lo aprendido, retrotraer en nosotros aquellos ejercicios de adiestramiento personalizado nos permitirá rescatar un importante aspecto de nuestro Yo en el campo laboral. Y como consecuencia estaremos en mejores condiciones para retornar a ese ámbito, cuando la oportunidad se nos brinde. A este caso, cabe el contundente ejemplo de aquellos futbolistas profesionales que, aún sin firmar para ningún club por haber quedado libres, no dejan de correr y entrenar los músculos por su propia cuenta, así sea en los bosques o campos en las afueras de la ciudad.

Tendencias del marketing

Si los demás no me dejan que les venda el producto, debo convertirme propiamente en el producto. Venderse uno mismo sería la fórmula. Para lo cual es necesario saber de qué se trata, es decir, qué es lo que hay mejor logrado en nosotros para que pueda ser vendido.

Hay un autor, Gergen, que plantea que "uno puede ser cualquier cosa en cualquier momento, sólo es preciso disponer cómodamente de los roles, el vestuario y la escenografía adecuados". Así, ejemplifica con los casos de aquellas figuras del espectáculo y/o el deporte que devienen, con el correr de los años, en personalidades de la prensa cuando no e la política. Algo de ello debemos considerar para todos quienes estén interesados en revertir su situación en el mercado laboral.

El primer paso que debemos dar es situarnos justamente en los lineamientos del marketing, esto quiere decir adoptar la incómoda definición del mercado que nos llama "desocupados". Es decir, que no nos ocupa. En ese caso somos nosotros quienes debemos actuar para revertir esa situación.

Revertirla quiere decir proponernos crear de nosotros un producto comercializable. Un producto apetecible para el mercado. Para esto debemos en primer término convertirnos nosotros mismos en un "producto vendible". Una de las primeras cosas por hacer es la de evaluar cuáles son nuestras aptitudes y qué características requiere el mercado.

Si tomamos, por ejemplo, el caso de una muchacha de veinte años, ella puede decir: hoy es posible hacer carrera en el modelaje, el mercado lo requiere. Tanto los desfiles de moda en la pasarela luciendo ropa como los comerciales en televisión y otras franjas del mercado, lo solicitan. Muy bien, ése es el primer paso. Esto quiere decir, definir las búsquedas que el mercado emprende. Y, como consecuencia, encendemos los focos que en el mismo se encuentran disponibles para iluminar nuestra inserción.

Triple evaluación

Para llegar al análisis de la franja del mercado adecuada o puesta en foco, es importante haber pasado por una anterior evaluación. Una triple evaluación personal, amistosa y ajena.

¿Qué quiere decir esto?. Vamos por pasos. El primero es el de la evaluación personal. O sea que uno tiene que quedarse a solas con el propio juicio. Nos debemos preguntar: "¿Me gusta?" - "¿Es para mí?" - "¿Tengo condiciones para el modelaje?" (en el caso del ejemplo). Y las respuestas tienen que estar fundadas en una correlación con las exigencias del mercado. Es decir, tenemos siempre dos cuestiones para resolver. Una es la que hace a las exigencias y requisitos del mercado. Y la otra, a nuestras propias aspiraciones y expectativas. Debemos detenernos en ver qué pide el mercado. En este caso puede bastar que miremos los programas de televisión y la publicidad de diarios y revistas; o bien que vayamos a desfiles en galerías y shoppings. Y, a partir de allí, sacar nuestras propias conclusiones acerca de cómo perfilar nuestras inclinaciones con lo que verdaderamente es necesario para confrontar en la pasarela. Y tenemos que calificarnos en una escala de 1 a 10 (donde 1 sería la peor calificación) tratando de hacerlo de la manera más objetiva posible.

El segundo y tercer pasos consisten en requerir el juicio de los demás. En el segundo paso, de los allegados o familiares, donde escuchamos la opinión de los amigos así como de los parientes más próximos. Y en el tercer paso, vamos hacia el juicio de quienes son ajenos a nuestro círculo íntimo. Se pide opinión a circunstanciales testigos de nuestras tareas. Claro que aquí ya entra también la prueba realizada ante posibles futuros empleadores -el casting en el ejemplo de la niña que quiere ser modelo; aunque de todos modos es mejor tener primero la opinión de personas ajenas que aún no sean posibles empleadores (como sería en el caso del ejemplo que la señorita en cuestión participara de un desfile del club de su localidad y con jurado). Realizadas las tres modalidades evaluativas, el siguiente paso es el de arribar a una conclusión.

Descubrir los atributos

Debemos cotejar ahora los diferentes juicios y no tratar de ser especialmente benevolentes con ninguno de ellos. Nuestro juicio, el de quienes nos conocen, más el de quienes no nos conocen puede arrojar un resultado convincente. No podemos dejar de dedicar un par de líneas a reflexionar sobre el sentimiento de amigos y familiares. Sabemos que a veces el juicio de alguno de ellos está teñido de una subjetividad demasiado impregnada de envidia o de algún otro sentimiento, del cual seguramente no es conciente. Es conocida la expresión que dice: "Para los vecinos de una personalidad importante, ésta suele no ser más que un simple vecino"[1]. Y muchas veces un amigo, en su juicio sobre nosotros, nos quita posibilidades para tal o cual emprendimiento sin ser lo objetivo que debiera, porque vive en él una idea -inconsciente- que sería aproximadamente la siguiente: "si éste se va para arriba, lo perdemos como uno más de la barra". Es decir, que lo invade un sentimiento de pérdida, amén de experimentar envidia porque "él tiene posibilidades que yo no".

Pero aún con estos inconvenientes, es necesario afrontar el juicio y la evaluación de los demás. Porque ello nos brindará la posibilidad de ir desarrollando nuestro propio perfil. El que muchas veces deberá constituirse desafiando el juicio de aquellos. Pero es necesario tenerlo en cuenta. Es necesario conocer, en todo caso, qué desafío estamos llevando a cabo.

Una vez conocidas las distintas operatorias de evaluación, nos podemos encontrar frente a dos tipos de casos diferentes. En uno de ellos, encontramos unanimidad en el juicio de los distintos factores. Por lo que tenemos de algún modo nuestro perfil esbozado. En el otro, en cambio, advertimos el contraste en la evaluación de los distintos críticos. En este último caso, dado que en diversos ámbitos ven en nosotros cosas diferentes, tendremos que largarnos al mercado más amplio, para entender cuál de todos los perfiles nuestro es el más requerido.

En aquellos casos en los que todos los juicios coinciden en que no estamos para tal cosa, es importante que nos pongamos a trabajar en nosotros mismos para descubrir cuál es la veta con la que podamos sorprender al otro; y que el otro aplauda nuestra decisión de estar entre los que prestan el servicio en esa área.

Todos tenemos atributos que son útiles al mercado. El paso fundamental es descubrirlos. Y luego se trata de saber "venderlos". Esto último quiere decir construirnos una imagen.

Una sólida imagen

La imagen que nos construimos debe ser verdadera; si es ficticia, cae pronto y se hace añicos. El otro va a creer en nosotros sólo si primero creemos en nosotros mismos; en cambio, si la imagen que construimos es artificial y nosotros no creemos en ella, con seguridad que no podremos sostenerla por mucho tiempo.

La solidez de la imagen que construyamos de nosotros es lo que nos posibilitará el éxito.

Y esto es válido tanto si se trata de una señorita que quiere ser modelo como de otra que quiere ser actriz; de un joven que quiere ser cantante o de otro que quiere ser deportista. Y también en los casos de la gran mayoría de las personas que lleva a cabo profesiones con menor exposición en vidriera, pero para las que son también necesarias dotes desarrolladas en áreas específicas.

Juzgan las aptitudes.

Son las aptitudes las que juzgan si, en última instancia, la imagen que trazamos de nosotros es la adecuada. Si alguien, por ejemplo, construye de sí una imagen por la cual los demás lo perciben como naturalmente hábil para resolver conflictos, es muy posible que pueda desarrollar una ascendente carrera en el área de Recursos Humanos. Por lo que este señor -o señora- debería prestar la mayor atención a los movimientos que se produzcan en esta área en diferentes empresas, y tratar de poner la máxima energía en obtener allí su empleo o inserción laboral.

Pero si alguien, por tomar otro ejemplo, no tiene aptitudes ni condiciones de carácter para convencer y persuadir a los demás, es muy posible que su perfil más adecuado esté muy lejos del que se necesita para ser vendedor domiciliario. Y aún cuando este último puesto suele ser requerido en los críticos tiempos de escasez de ofertas de trabajo, construirse una imagen inadecuada no ha de prosperar si en el corto tiempo la misma se descascara. La imagen que nos construimos y que "vendemos" al otro, tiene que ser coherente con nuestras aptitudes y con la naturaleza del carácter.

Antes y después de entregar una copia de nuestro Currículum Vitae -que es muy importante- no debemos obviar que nuestras propias aptitudes son la mejor tarjeta de presentación para iniciar una práctica laboral. Sea como empleados dependientes de una empresa, o en el emprendimiento personal el resultado de nuestra carrera va a estar dado por la demostración práctica de las aptitudes. Éstas confirmarán u obligarán a rectificar y rehacer nuestro perfil laboral.

El papel de las vocaciones

En todas las épocas fue la consagración a una vocación lo que ha movido las vidas hacia un objetivo determinado. De estas personas se ha escrito sus biografías, por muchos hoy conocidas. Pero hay dos aspectos que es necesario recordar aquí, que ponen en apremios aquel criterio que dice: "la vocación manda". El primero de ellos es que, como no es secreto para nadie, sólo un número muy pequeño de personas tiene definida una vocación, de manera que pueda calificarse de obstinada al punto de poner todas sus energías absolutamente en dicha cuestión. Casos como los de Madame Curie o la Madre Teresa de Calcuta son siempre demasiado singulares como para dar cabida a leyes generales. Lo cierto es que la mayoría de las personas tiene intereses, adhesiones y rechazos a ésta o aquella actividad, y no una vocación a toda prueba (como la que exige, por ejemplo, el sacerdocio).

El segundo aspecto a considerar, es que allí donde sí hay personas que tienen una manifiesta vocación, muchas veces la imposibilidad -por el lugar en que viven o la época- torna a que las mismas se resignen a que su auténtica vocación quede relegada al lugar de un hobby, cuya importancia no es desdeñable si analizamos la actividad anímica de la persona, pero que no alcanza para sustituir a la actividad profesional.

Este segundo punto tiene aún una consecuencia especial en los tiempos que vivimos. Están los autores que consideran que la vocación puede incluso ser un impedimento para insertarse en el mercado. Es difícil determinar hasta dónde es esto cierto, aunque se debe reconocer que tiene su parte de verdad.

En todos los casos debemos analizar cómo y cuándo la persona en cuestión descubre su vocación. Muchas veces el sentimiento de tener una vocación se debe al hecho de experimentar la pertenencia a cierta actividad: creemos tener, por ejemplo, vocación docente. Pero tal vez cuando dejamos de ser maestros de tiempo parcial para dedicarnos de lleno a la actividad, vemos que ni la ingrata postura del Estado que tan mal retribuye ni las condiciones de aulas y escuelas en ciertos barrios o aún los niños y niñas que son nuestros alumnos, no nos posibilitan desarrollar la actividad docente como quisiéramos. En ese caso vemos que paulatinamente lo que llamamos vocación se va malgastando, quebrando. Por ello es siempre necesario revisar preconceptos. La vocación, como un sentimiento fijo y que se tiene desde siempre, es un hecho innegable. Pero que sólo afecta a muy pocas personas, capaces de llevar a cabo su actividad contra viento y marea porque ésa es su determinación. Y solamente en estos excepcionales casos es que puede hablarse legítimamente de la vocación.

Cuando el esfuerzo no es reconocido

Como vemos en el ejemplo del docente (otro caso paradigmático es el de los enfermeros) muchas veces el medio en el que se desempeñan no reconoce la importancia de esos atributos vocacionales. Todos sabemos que si un hombre o una mujer tiene vocación de enfermero/ra es posible que encuentre un trabajo. Pero, lamentablemente, si debe mantener una familia y tiene que pagar un alquiler, la recompensa por su denuedo no se traduce en el salario. Y como consecuencia, sus agotadoras jornadas se vuelven aún más pesadas cuando escasean los fondos para mudarse a una vivienda con un cuarto para los niños, o no existe el modo de tomar vacaciones con toda la familia u otras privaciones. Es, por lo tanto, indispensable detenerse y apreciar cuánto estamos dispuestos a perder en beneficio de realizar nuestra vocación. Si vemos que estamos dispuestos a tener dos -o hasta tres- lugares de empleo, con tal de ejercer la enfermería, entonces.... ¡adelante con la vocación!. Pero si nos desanima tener que estar fuera del hogar una enorme cantidad de horas y el hecho de no poder ver a los nuestros más que un breve rato, nos descorazona, sumado esto a una tarea ciclópea que sentimos que no se nos reconoce, sería más útil que nos volcáramos a un operativo de ajuste. Esto quiere decir, que nos dediquemos a ajustar nuestros sentimientos sobre la actividad a desarrollar de acuerdo con las posibilidades que el mercado nos brinda. Entendemos que sería útil emplear también aquí la citada escala de 1 a 10 que utilizamos para calificar nuestros atributos. Y que si nuestra vocación está por lo menos en 8 puntos, entonces sí vale el esfuerzo de desafiar los vallados sociales.

Hoy es más valorada la confluencia de ciertas habilidades o competencias en las personas, que el desarrollo de las tempranas vocaciones.

¿Qué sabemos hacer?. ¿Qué podemos hacer bien?. ¿Dónde podemos ser útiles?. Son preguntas que nos debemos formular.

Y debemos contrastar estas respuestas con los juicios resultantes de la triple evaluación que mencionamos más arriba. El resultado de esta contrastación debe ser, a su vez, puesto a prueba en la actividad que desarrollemos.

Si bien el concepto de vocación ha sido hoy un tanto relegado, tampoco hay que pasar al otro extremo: no debemos malgastar nuestro tiempo respondiendo a avisos clasificados que exigen atributos y experiencia que no poseemos. Porque dilapidar el tiempo en nuestra búsqueda es también invertir esfuerzos que, en tanto arrojen un resultado vano, producen un temprano agotamiento. Reservar energías quiere decir focalizar nuestra búsqueda, teniendo en cuenta la evaluación y nuestras aptitudes.

Y siempre, ante los obstáculos, recordar esta frase: si comienza a rodearte la oscuridad, no maldigas. Enciende una vela.

[1]En Argentina tenemos, literalmente, la expresión: "¡Qué va a ser importante ése, si vive a la vuelta de mi casa!".

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