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Dinero y control mental. Energotonía

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
7,45/10 (11 opiniones) |6589 alumnos|Fecha publicaciýn: 17/06/2009
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Capýtulo 12:

 Meditación activa o dinámica

Nos introducíamos en la lección anterior en las particularidades de la meditación -en ese caso pasiva- comenzando a comprender sus efectos y beneficios. Como queda claro, la meditación pasiva tiene el efecto de una válvula que permite descomprimir el estrés, así como esa obnubilación mental que ante la presión de las agresiones exteriores (y la naturaleza humana entiende los problemas cuya solución no podemos todavía entrever como agresiones)[1] nos confunde y perturba, impidiéndonos ver claramente el sentido de nuestros pasos. Nada más -pero también nada menos- que eso.

Y sólo tras una meditación pasiva espontáneamente generable tiene sentido pasar a implementar una meditación activa y dinámica en cualquiera de sus manifestaciones. Porque son muy variadas, y con distintos resultados según cuál ejercicio específico apliquemos[2]. De todas formas y para todos los casos, uno de los efectos comunes a cualquier técnica de meditación activa o dinámica es focalizar nuestras energías en un ente -un pensamiento o un objeto exterior- tanto para discernirlo como para trabajarlo.

Aunque no es específicamente lo que se busca, todos los especialistas están de acuerdo que existe un baremo que define la corrección de la aplicación de estas técnicas, baremo que se ilustra en el equilibrio, el punto de unión armónica entre lo que intelectualmente pensamos que deseamos y lo que, íntimamente, "sentimos desde el corazón" que debemos hacer.[3] Una de las formas es, luego de practicar meditación pasiva (condición sine qua non) "tomar" mentalmente la idea, imaginar el peor escenario posible e inmediatamente la mejor situación; darle vueltas, analizarla, buscarle errores y defectos, componentes emocionales o ansiedad ante el "qué dirán", sin prisa, pero por períodos prolongados de tiempo (esto es fundamental: hemos descubierto -si se me permite la expresión- que cuando alcanzamos el pico de angustia ante el pensamiento de un problema aparentemente insolucionable, cuando decidimos tratar de pensar en otra cosa, distraernos, cuando metabolizamos la ansiedad en agresión hacia otros o hacia nosotros mismos, es porque el inconsciente creativo está muy cerca de encontrar una solución, pero ello es percibido por la Sombra y, en consecuencia, "torpedeado" por ésta)[4] es decir, en un esfuerzo de Voluntad, no ceder al cansancio, al "lo dejo para mañana", "no quiero pensar" sino es cuando más tenemos que tocar la herida y disciplinarnos en seguir pensando en ello. Esto es una "pulseada"[5] amigos míos: o vence ella, la Sombra, o la parte luminosa, creativa y próspera de nuestra personalidad.

El estado "Ku"

Existe sin embargo otra condición necesaria para mejorar nuestra calidad de vida, y nunca mejor empleada esta expresión que en el contexto energotónico, donde la calidad tiene que ver tanto con lo exterior, material, como lo interior, espiritual, donde descubrimos los caminos para que uno sea reflejo de lo otro.

El estado "Ku" es una expresión japonesa que podría definirse como el estado de la mente "vacía pero alerta". Vacía de contenidos. Alerta ante lo que ocurra. Es una estado de "expectación creativa", o podríamos compararlo como la actitud de la serpiente antes de atacar: balanceándose suavemente, casi de manera hipnótica, para lanzarse como un rayo donde la oportunidad se presente.

No voy a reiterarme aquí con conceptos ya tratados en nuestro curso de Control Mental Oriental[6], fundamentalmente por respeto a los alumnos que estén tomando este curso y ya han pasado por aquél. Permítaseme señalar cuando menos que es un hecho demostrable que uno de los "handicaps" que enlentecen nuestro crecimiento -aquí económico, pero podemos aplicar el concepto a todos los órdenes de la vida- es la merma de energía -intelectual, espiritual, astral, bioplasmática- que experimentamos cuando resentimos el pasado o esperamos angustiados el futuro[7]. Por lo tanto, acometer una acción especulando sobre qué pasará y cómo (no me refiero a pensarlo previamente, sino a que ello ocupe nuestra mente en el momento mismo de la acción) como temiendo repetir alguna vieja situación sólo inunda nuestra visión mental con distorsiones. De allí que debemos adoptar la actitud del practicante de artes marciales, que frente a su contrincante no especula con qué brazo el mismo atacará primero o con qué pierna pateará: si así lo hiciera, recibiría una sucesión de golpes mientras está tratando de ordenar sus pensamientos para contraatacar. Simplemente, observa con la mente vacía pero alerta, simplemente actúa.

Existe un mecanismo increíblemente astuto de La Sombra para destruirnos: hacernos creer que somos responsables de las consecuencias de nuestras acciones. ¿Alguna vez comprenderemos que somos responsables de las acciones, no de las consecuencias de ellas?. Uno debe tener la certeza interior de su correcto proceder, saber que agotó todas las instancias. Pero nada garantiza el resultado, ya que el número de variables que interactúan en nuestra vida -especialmente cuando de la vida laboral, económica o financiera se trata- es casi infinito. Ante un problema hay contextos que dependen de nosotros en su totalidad, otros sólo en parte y otros no dependen en absoluto. Y si bien es cierto que la fuerza del pensamiento actúa aún a distancia -vaya si lo sabremos nosotros- si bien es un hecho que una mente fuerte siempre se impone sobre una mente débil, si bien es demostrable que la Voluntad moldea la Realidad, también es igualmente cierto que todos los demás -por ejemplo, nuestros oponentes en la vida- tienen sus propios pensamientos y su propia voluntad, que existe ahí afuera una Realidad objetiva de leyes, papeles firmados, precios o intereses asignados, cuentas pendientes, etc. Así que tarde o temprano deberemos admitir que hay cosas que son como son aunque no nos gusten, y el tiempo que demoremos en comprenderlo será más dinero perdido[8].

Todo esto se aplica funcionalmente al concepto que no somos responsables de las consecuencias de nuestras acciones, sí de las acciones mismas. Esto no significa hacer lo que debamos hacer superficialmente, de manera desconsiderada e indiferente, porque allí, precisamente estaríamos faltando a nuestra responsabilidad con la acción misma. Pero la preocupación antes de la acción por las consecuencias posteriores de la misma sólo consigue perturbar y enturbiar dicha acción. La ansiedad después de la acción por las consecuencias que podrán sobrevenir sólo confunde nuestros próximos pasos y nos predispone a que, si dichas consecuencias no son las que esperamos, las asumamos como errores. Errores que no son tales en un sentido personal si hemos actuado como Guerreros espirituales en la acción.

Pero allí está la maldita Sombra acechándonos. Haciéndonos sentir culpables que, pese a haber hecho lo mejor posible, todo saliera "mal"[9]. Y se generará entonces un círculo viciosos que, en lo que tiene que ver con lo económico en la vida- me atará eternamente.

El efecto "Rumpeltilskin"

Otra de las aplicaciones específicas de la meditación dinámica tiene que ver con clarificar las emociones en momentos de discusión -en este caso, por cuestiones económicas, aunque puede aplicarse a cualquier contexto-.

Todos sabemos que pese a que "el dinero es sólo dinero", cuando se generan situaciones ríspidas (un deudor que no nos paga, un acreedor que nos presiona) tendemos a perder el control, ya sea interiormente (nos sentimos mal), ya sea exteriormente (insultamos y podemos llegar a la agresión, que si es a los puñetazos o a través de un abogado sigue siendo una forma de agresión como disimulo de lo que sentimos como impotencia, y disfrazamos de "acto de justicia") generalmente somos concientes de qué es lo que va a pasar con nosotros: tendremos un acceso de furor, se nos nublará la vista y la mente, sentiremos odio incontrolable, nos pondremos a llorar, nos deprimiremos. Pues bien, entonces deberemos aplicar una variante de la meditación dinámica que es el "efecto Rumpeltilskin".

El mismo toma su nombre de un viejo cuento alemán. Dícese que en un tiempo remoto habitaba una pobre aldea una jovencita que soñaba con mejorar su posición, conocer mundo, ser feliz con un marido amoroso. Pero contemplaba su triste realidad y deprimida, comprendía que sólo le quedaba soñar.

Allí estaba una noche, sentada en el granero de su humilde vivienda, sonando y soñando, cuando unb pequeño "¡plop!" sonó a su lado. Sorprendida se volvió, para descubrir un pequeño gnomo mirándola sonriendo.

- Te he estado escuchando soñar noche tras noche -dijo el duende- y vine para hacr realidad tus sueños.

Ante la mirada de escepticismo de la muchacha, el ser simplemente rozó con su mano una pila de heno... y ésta se transformó instantáneamente en miles y miles de monedas de oro. La joven empezó a batir palmas entusiasmada, y le preguntó al gonom qué era lo que deseaba a cambio. Éste respondió:

- Ahora nada, porque nada tienes para darme, y lo único valioso te lo acabo, precisamente, de dar yo. Pero regresaré dentro de un año a pedir una sola cosa de tu vida. ¿Me lo darás?

Por supuesto, la muchacha le respondió que sí, que ante la felicidad de poder cambiar así su vida le daría cualquier cosa. El pacto quedó sellado y el gnomo desapareció.

Muchas cosas pasaron en la vida de esta aldeana a partir de allí. Compró una espléndida mansión, los mejores vestidos y claro, semejante movimiento llamó la atención de muchos, entre ellos el príncipe del reino que, curioso, acudió a conocer a la sorpresiva adinerada. Y quedó inmediatamente prendado de ella, de tal forma que, a los pocos meses y fugaz noviazgo mediante, ambos decidieron contraer matrimonio.

Todo era felicidad en la vida de la joven. Felizmente casada y en inmejorable situación económica, sólo le faltaba una cosa. Y al poco tiempo eso llegó. Estaba embarazada.

Su alegría era única y total.

Cierta noche estaba ella, en la soledad de la biblioteca del castillo, sentada junto al fuego, repasando un ilustrado libro pero meditando en los buenos eventos que estaban ocurriendo a su alrededor, cuando un "¡plop!" sonó a su lado. Se dio vuelta y allí estaba él, el gnomo.

La primera reacción de la dama fue caer de rodillas para agradecerle todo lo que, gracias a él, su vida había cambiado. Pero el gnomo la interrumpió, recordándole la promesa de un año atrás. Sorprendida, la muchacha tomó conciencia que ya había pasado un año, y dijo estar dispuesta a darle cualquier cosa como retribución.

- ¿Cualquier cosa? -preguntó desconfiado el duende.

- Claro que sí. Cualquier cosa. Fíjate todo lo que he podido cambiar mi vida gracias a ti -respondió ella.

- Pues bien -dijo entonces el elemental- lo que quiero es que me des tu hijo apenas nazca.

La mujer creyó que un rayo caía sobre su cabeza. Cualquier cosa sí, pero jamás su hijo. De modo que se negó rotundamente. El gnomo, fastidiado, le recordó su promesa de un año atrás, a lo que la joven respondió que si hubiera sabido que ese "cualquier cosa" representaba esto jamás habría aceptado. Comenzó entonces una larga discusión, que el duende terminó abruptamente:

- Tendrás una nueva oportunidad. Te doy hasta mañana a la medianoche para que averigües mi nombre. Si no lo sabes para entonces, me llevaré a tu hijo a la fuerza.

Y desapareció.

Esa noche y todo el día siguiente pasó en vela y afanosamente buscando una respuesta la desesperada. Buscó en los libros del castillo, bajó a la aldea a preguntar a los ancianos y a la curandera del pueblo, llenó cartilla tras cartilla escribiendo posibles nombres élficos y sus combinaciones. Había caído la noche y seguía enfrascada en su búsqueda cuando el "¡plop!" volvió a ssonar a su lado.

La ,mujer cayó de rodillas. Pidió más tiempo, rogó por una pista que la orientara, volvió a insistir con reemplazar semejante pago por su propia vida. A todo ello el duende se negó obstinadamente. Desesperada, la mujer empezó a arriesgar nombres:

- ¿Peter? - No. - ¿Hans? - No. - ¿Rudolf? - Tampoco

Y así se sucedieron, minuto tras minuto, hora tras hora, los desesperados intentos de la mujer por acertar con el nombre correcto. Abandonó los de su propia cultura, comenzó a probar con nombres exóticos, creó verdaderos anagramas verbales, probó todo tipo de onomatopeyas, desde las graciosas hasta las escatológicas. Ninguno de los términos era el correcto. Agotada, creyéndose vencida y con un odio reprimido, la mujer hizo el último intento. Inventó un nombre cualquiera, ridículo, inexistente:

- ¡Qué se yo!. ¡Rumpeltilskin!

Y con un estruendoso "¡plop!" el gnomo desapareció para siempre.

Este cuento es empleado en Psicología para definir el fenómeno que: cuando logramos "darle un nombre" -racionalizar, expresar verbalmente- una emoción que aún no sentimos pero que intuimos próxima, esa emoción no se producirá.

De manera que en una de las situaciones iniciales de este acápite, cuando sentimos la proximidad de ese estado de ánimo -el llanto, la ira, la ofuscación[10]- debemos, por ejemplo, preguntarnos mentalmente: "Estoy a punto de estallar. Ahora bien, ¿para qué voy a hacerlo?". Increíblemente, comprobaremos que la sola mención -verbalizada mentalmente- de nuestro sentimiento inmediato inhibe por completo la manifestación de tal sentimiento.

[1]Perdiendo generalmente de vista el hecho irreductible que todo problema encierra necesariamente en sí mismo el germen de la solución. En efecto, es obvio -pero en ocasiones tan obvio que pasa desapercibido- que si algo nos afecta, si algo influye perjudicialmente sobre nosotros, esa misma relación que se establece define parámetros del problema, y definidos los parámetros de un problema es la recombinación de algunos de los elementos constituitivos del mismo lo que se clarifica a sí mismo como una solución. El problema, generalmente, estriba no tanto en que no se pueda descubrir la solución sino en el hecho que exigimos que esas soluciones respondan a nuestras reglas de juego y no las reglas de juego del problema, o bien satisfagan expectativas que tienen más que ver con lo emocional que con lo práctico del obstáculo a superar. Ejemplo: una persona está a punto de perder su casa porque no puede afrontar una hipoteca. Busca las soluciones frente a cómo responder a esa hipoteca ahora -cuando la situación es extrema- de maneras que ni siquiera pudo enfocar antes -cuando la situación no era tan límite-. Piensa en créditos usureros que sólo patearán la dificultad para más adelante, piensa en pedir prestado a cuanto conocido, vender otras propiedades, separarse -la casa será rematada igual, pero ¿cuánta gente ante situaciones como ésta sólo encuentra forma de vahiculizar sus conflictos descargándolo sobre la pareja o huyendo de la misma como si dejara hundirse el barco?-, suicidarse... Pocos, en este tipo de casos, acepta el hipotético hecho cierto que simplemente es imposible y peor aún, inútil afrontar esa deuda a tiempo (recordemos el adagio chino que dice "cuando un enemigo es demasiado grande, el no presentar batalla es en sí una pequeña victoria") y aplicar sus tiempos restantes, sus esfuerzos y los recursos económicos que pueda reunir -que siempre serán menores que el pago de una hipotética donde el monto de lo "refinanciado" -por ejemplo- siempre será enormemente mayor que el valor de la deuda en sí y en ocasiones que la propiedad misma- en adquirir una nueva vivienda, más modesta quizás y por ello más "saneada" financieramente, o simplemente dejar pasar un tiempo para reponer fuerzas y acometer una nueva adquisición, descubriendo, por fin, que más allá de incomodidades varias y consecuencias negativas de descapitalización, la casa es sola una cosa y nuestro dolor tiene más que ver con la imagen de "fracaso" que creemos dar ante los demás, el golpe para nuestro autoestima -en definitiva, una forma de orgullo y egoísmo- todo lo cual lo disfrazamos de "responsabilidad por el techo de la familia", "preocupación por el futuro de los hijos" y un largo etcétera. Lo cual es sólo una excusa, porque esa misma preocupación la podríamos canalizar generando otra propiedad o capital más funcional en términos de nuestras actuales capacidades, que comprometer el futuro de los próximos años por las limitaciones de nuevos endeudamientos supuestos solventes de futuros remotos.

[2]Recuérdese, sin más, la "danza de la grulla" y "danza del dragón" como ejercicios de meditación activa en la materia Bioenergética de nuestro Profesorado en Parapsicología Aplicada.

[3]Volvemos a recordar aquella máxima del Control Mental Oriental: "Las verdadera intuición no contradice a la razón, sino que ambas se complementan entre sí".

[4]¿Porqué creen ustedes que a veces nos despertamos por la mañana con una solución?. ¿Y porqué creen ustedes que cuando el problema se desata aunque sea de maneras desastrosas, dentro del caos siempre se experimenta cierto alivio?

[5]"Torcida" le dicen en algunos países.

[6]Parte a su vez del Profesorado en Parapsicología Aplicada

[7]Recordar aquí las palabras del Swami Vivekananda: "el ser humano vive tan resentido por su pasado y tan angustiado por su futuro, que olvida vivir el presente. No es dueño de su pasado, porque ya fue. Tampoco es dueño de su futuro, porque aún no es. Entonces, dado que no es dueño ni de su pasado ni de su futuro y de lo único que es dueño es de su presente y el presente es acción, entonces actúa y quédate en paz".

[8]Recuerden la oración: Señor, dame la inteligencia para cambiar las cosas que se pueden cambiar, la resignación para aceptar las que no se pueden cambiar, y la sabiduría para distinguir las unas de las otras".

[9]Aquí debo necesariamente detenerme en dos conceptos. ¿Qué significa que algo salga "mal"?. ¿Podemos estar seguros que eso no será lo mejor para el futuro?. ¿Es "bueno", siguiendo con el ejemplo de la vivienda hipotecada, lograr evitar el remate contrayendo una deuda triplicada sólo por salvarla?. En segundo luigar: muchas veces esa sensación de culpabilidad, de fracaso propio, es sembrada desde fuera, por aquél "qué dirán" al que ya me referí: que dirán, qué pensarán de mí la gente que me quiere, mi familia, mis amigos, cómo se deteriorará mi imagen ante ellos. Pero entonces habré olvidado que la gente que amo también son falibles, y si actúo sólo para satisfacer sus expectativas para conmigo aún en contra de mi propia voluntad estaré alimentando a sus Sombras.

[10]Especialmente porque todos esos estados, en primer lugar, impiden pensar con claridad y discernir las conductas más idóneas para el objetivo que estamos buscando.

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