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Dinero y control mental. Energotonía

Autor: Gustavo Fernández
Curso:
7,45/10 (11 opiniones) |6589 alumnos|Fecha publicaciýn: 17/06/2009
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Capýtulo 7:

 Dinero y control mental. Metaprogramas

Organización de la percepción de la realidad. Cómo abandonar el subjetivismo esclavizante tras una objetividad liberadora.

El tiempo subjetivo. Manejo conciente de los tiempos físicos desde los tiempos mentales.

En esta lección -y las subsiguientes- presentaré un conjunto de técnicas nacidas de la experiencia de mis décadas como investigador en estos campos. No hace a la ocasión -ni al espacio disponible ni al tiempo del estudiante- presentar los fundamentos de las mismas, tarea que demanda del interesado el conocimiento global de mis trabajos; sin embargo, los fundamentos operatorios de estas técnicas no resultarán desconocidos para mis alumnos del curso de Parapsicología Aplicada, pues es en parte del amplio "dossier" teórico del mismo en que se basan estas conclusiones.

Sin duda, la instrumentación más inmediata de ello es la comprensión -y desarrollo- de lo que llamamos "densificación del pensamiento" o, de un modo más gráfico, el "Láser Mental". Cuando nos preguntamos cuál es la diferencia entre la luz común y la luz láser, advertimos que, en esencia, son básicamente lo mismo: luz. No es su diferente manifestación, entonces, consecuencia de su naturaleza, sino de su organización. En efecto, así como la luz común, cumpliendo el Segundo Principio de la Termodinámica, Ley de Entropía o Principio de Carnot se distribuye uniformemente en todas direcciones, iluminando la habitación y, a lo sumo, elevando un par de grados la temperatura ambiente (en realidad, se disipa, pues por Ley de Entropía busca distribuirse uniformemente en todo el sistema cerrado), el láser es toda esa luz "montada" en un haz coherente, que es como decir, reunida y focalizada en una línea, en un punto. Pero mientras la primera sola ilumina la habitación, la segunda es capaz de atravesar una de las paredes de esa habitación. Insisto en eso: su poder no nace de su naturaleza; nace de la forma cómo se estructura.

Lo mismo ocurre con el pensamiento -entendiendo éste como una forma de energía y cuánto más cuando es aplicado a las cuestiones materiales- El pensamiento de la gente común tiende a comportarse como la luz común, disipándose en múltiples direcciones. Por ejemplo, el sujeto piensa cómo mejorar su situación financiera y su imaginación creativa salta de cuestionarse cómo llegar a obtener un aumento de sueldo, a las maneras de aprovechar rentablemente sus horas disponibles, o a buscar otro trabajo, o a asociarse con alguien para encarar un emprendimiento, o.... Es decir, va "saltando" de un foco de eventual interés a otro. En cambio, el practicante de Energotonía focaliza su atención en un solo objetivo (obviamente, después de concluir que es el más idóneo: de las múltiples formas de llegar a esta conclusión, recomiendo seguir los pasos de la Programación Controlada de Objetivos de nuestro curso de Control Mental Oriental), La dispersión es el demonio; y si alguien opone a este planteo el viejo refrán de "no poner todos los huevos en la misma canasta", le recordaría que se refrán sólo es válido si se aplica a los resultados obtenidos, no a los recursos disponibles.[1]

Focalizar la atención tiene dos características necesarias: la duración de la focalización -el aspecto cuantitativo- y la intensidad de la misma -el aspecto cualitativo- Uno de los grandes errores de quienes frecuentan estas disciplinas es dar por hecho su capacidad de concentración. Así, si para un ejercicio determinado se les pide que mantengan, digamos, diez minutos su concentración sobre un evento o un objeto, creen y de hecho se disponen a hacerlo de una manera que entienden sencilla: no observan, sin embargo, el comportamiento muchas veces errático de sus mentes. En esos diez minutos sucesivamente su atención va saltando del objetivo deseado a lo que tendrán que hacer más tarde o tendrían que haber hecho más temprano; vuelven al objetivo propuesto, divagan momentáneamente en temas ajenos, vuelven al objetivo, atienden los sonidos que provienen del exterior.... Si reunimos el tiempo realmente concentrado en el objetivo, descubriremos que de esos hipotéticos diez minutos todo quedó reducido a tres o cuatro.

En este sentido -y me remito otra vez al Control Mental Oriental- nada entrena tanto la atención -y, de paso, la Voluntad- como el ejercicio que llamamos "Técnica de Refuerzo de Mirada".

Estos ejercicios están pautados como elementos capaces de modificar la conducta de terceros, bajar sus defensas psicológicas, obligarles a actuar en el sentido que nosotros queramos y acatar nuestras sugestiones. En verdad, se encuentran teñidas de mecanismos hipnóticos.

Parten del supuesto que, por el comportamiento visual de un sujeto, no solo podemos juzgarlo con bastante acierto sino asimismo, por ejemplo mirándolo fijamente a los ojos, vencer sus mecanismos de resistencia.

Decimos de quien conversa con nosotros sin mirar nuestro rostro que se trata de una persona débil, de carácter inseguro o falso, por regla general, acordamos que quienes "miran el paisaje" mientras conversamos no expresan la realidad de sus pensamientos y sentimientos, mientras que el "observador del tercer botón" porque siempre parece estar mirando el tercer botón de nuestra camisa) es un individuo de poca firmeza mental o espiritual.

Nuestra firme mirada desconcierta y apabulla, y la confusión es el instrumento ideal para evitar que el otro organice sus defensas y contraataque. Para poder transmitir nuestras convicciones con nuestra mirada sin traicionarnos existe una pequeña trampa: mirar, no los ojos en sí de la otra persona, sino sólo uno de ellos, fijar allí nuestra vista y concentrarnos hasta distinguir nuestra imagen reflejada en la pupila del otro. Si la distancia no lo permite, visualizar ese reflejo. Esto brinda seguridad, confianza, ya que distrae a nuestro inconsciente de la opresión del "sentirse observado" hacia la sensación gratificante de reflejarse en un espejo.

El entrenamiento consiste en sentarse a unos cuarenta o cincuenta centímetros del rostro del compañero y permanecer todo el tiempo que sea necesario observándose fijamente en forma mutua (lógicamente, pudiéndose pestañear) con la vista clavada en un ojo, esforzándose por observarse a sí mismo reflejado en ese ojo, y con la mente ocupada sólo en eso.

Los mecanismos psicológicos con que fuimos educados no conciben a la mente conciente enfrascada en una tarea aparentemente tan mínima como esa. Por eso, aunque en principio creamos que se trata de un quehacer muy sencillo ("¿quién puede tener problemas en eso de mirarse a los ojos, simplemente?") nuestro inconsciente -que no va a transar a la hora de dejarse controlar por nuestro yo conciente- va a jugarnos algunas malas pasadas; trata de "llenar" ese vacío de acción sin acción y es por ello que sobrevienen deseos de mirar hacia otro lado. Los estímulos exteriores (ruido, por ejemplo) aparecen enormemente amplificados, nos atacan incontrolables deseos de reírnos, o el rostro de nuestro compañero parece transformarse, brillar o desvanecerse. Esto nos enseña cuán lejos estamos de conocer los procesos mentales y, en consecuencia, de controlarlos. Y esto nos lleva al ejercicio siguiente.

Practicando con cierta periodicidad esta técnica observaremos que nuestras determinaciones (por ejemplo, en las conversaciones con terceros, durante una venta o un examen) parecen mucho más firmes e influyentes. A ello debemos sumar el necesario mecanismo vocal (voz más bien grave dentro de nuestros propios tonos, pausada sin ser lenta, tonos claros, con repetidos "picos tonales" e irregular distribución de los tiempos de dicción) y el incremento en esa faceta, el éxito personal será sumamente significativo.

Metaprogramas

Ampliando el campo del manejo del campo visual de la personas que interpelamos, podemos entonces conculcar lo que llamamos "Metaprogramas", que básicamente consiste en adaptarse a la persona que está enfrente.

Si el 70 % de lo que se percibe de nosotros -esto es una verdad estadística- tiene que ver con nuestro lenguaje corporal, gestual, nuestro tono de vos y apenas el resto con el "contenido temático" de lo que decimos, en el terreno de lograr la empatía necesaria con fines laborales o comerciales será entonces de indudable importancia "sintonizar" con el otro. Para poner un ejemplo: frente a un individuo de modales pausados, tono de voz quedo, maneras suaves, nos expresamos con nuestra personalidad sanguínea y extravertida, de manera altisonante y con movimientos de manos que hacen temer por la pérdida de la vista a quien tenga sus ojos al alcance de nuestros miembros que se sacuden como aspas de un molino, es ingenuo suponer que nuestra personalidad será "magnética", "atrapante" o "seductora". De allí la falencia de tantos improvisados cursos de formación de vendedores o agentes de promoción, que apuntan a establecer una forma de desenvolverse, supuestamente basada en la autoconfianza, la seguridad y la afirmación, pero que en la realidad pobres resultados suele brindar a sus improvisadores. Una personalidad modosa como la descripta seguramente interpretará subliminalmente nuestra personalidad como autoritaria, impositiva, incómodamente frenética. Más aún: subliminalmente percibirá que esa quizás no sea nuestra verdadera personalidad -esto, para el caso expuesto de alguien a quien se entrena como vendedor de una forma "agresiva"- pero como dicha percepción opera a nivel inconsciente no se racionalizará como la chapucera actitud de alguien que trata de impresionarnos para convencernos, sino que es muy posible que la mente lo decodifique como "falsía" o "hipocresía", derrumbando definitivamente nuestra relación eventualmente económica. La aplicación del un Metaprograma consistirá en "dejarse llevar" por el "tono corporal" del interlocutor: digo esto de "dejarse llevar" porque debe tratarse no de una primera observación y la impostación de una actitud, una teatralización, sino de una adaptación por debajo del umbral de percepción conciente del ritmo corporal del otro. ¿Nos habla en un tono de voz bajo?. Pues nosotros también. ¿Tiene una postura corporal laxa?. Relajémonos en el asiento. Por el contrario, ¿es impulsivo y temperamental?. Pues animémonos y entremos "en su onda". Es muy interesante comprobar cómo esta sencilla técnica brinda inmediatamente resultados promisorios.

El grado de "intuición" puesta en juego no implica, obviamente, discontinuar el control racional del decurso de la entrevista. Esto significa por ejemplo preguntarse, si estamos en una situación desagradable, "¿qué pasos de los que he seguido me han traído hasta aquí?", tanto para no persistir en esa línea como para no repetirlos. Comprender que una cadena de argumentos es tan fuerte sólo como su eslabón más débil, por lo que un detalle nimio, un argumento inconsistente en nuestra exposición no es despreciable por más que los demás parezcan consistente, pues será precisamente por ese punto por donde se derrumbará nuestra aproximación. Verse a sí mismo cómo se reaccionaría ante la proyección de las escenas desagradables y desenfocar, reducir u oscurecer esa imagen.

Esto último debe aplicarse -y comprenderse- en un sentido literal. Una situación desagradable o inconveniente en la entrevista o interacción digamos comercial se debe en gran medida a un "metaprograma", claro que en este caso de naturaleza negativa. Todos los esfuerzos racionales por procederse de otra forma deberán sin embargo coexistir con la "inclusión inconsciente" de una visualización negativa, por lo que es muy profiláctico proceder de esa forma, repito: "construir" imaginariamente la escena problemática y luego desenfocarla, oscurecerla o reducirla de tamaño. Este aparente infantilismo no es tal ya que como el inconsciente no opera en base a disquisiciones lógicas sino es motorizado por símbolos, y siendo toda imagen de hecho un símbolo, lo que hagamos con ese símbolo se proyectará de manera acorde a la espera del inconsciente, con lo que evitaremos el boicot de La Sombra, tema de nuestra próxima lección.

[1] De todas formas, siempre es válido recordar que muchas veces los "refranes populares" son formas arcaicas e inconscientes de condicionar y limitar a los individuos para adecuarlos al Sistema; no -como se suele creer- un compendio necesario de recomendaciones útiles. Debemos recordar, por ejemplo, aquél que dice "más vale malo conocido que bueno por conocer". Un verdadero absurdo: siempre es preferible enfrentar la ansiedad de lo Desconocido si conlleva la certeza de lo correcto o mejor que seguir soportando la comodidad intelectual de lo conocido cuando es sinónimo de perjuicio y dificultades.

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