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|10621 alumnos|Fecha publicación: 09/08/2007
En los conflictos amorosos más profundos, inconscientes, los llamados conflictos amorosos neuróticos se encuentran influidos por las experiencias traumáticas en la relación con la madre y el padre. En absoluto se repiten continua y necesariamente las experiencias negativas en las relaciones amorosas, debido a semejantes experiencias, algunas personas se encuentran atrapadas entre el deseo de satisfacer el amor que les falto en la niñez y el temor excesivo a la satisfacción de ese amor (Willi, J. 1993, P. 162).
En las relaciones amorosas están en juego disposiciones personales profundas, que no salen a relucir en otras relaciones. Una relación amorosa moviliza recuerdos de experiencias amorosas anteriores y, en especial, de la relación con la madre. Son recuerdos felices y satisfactorios, pero también dolorosos. Surgen temores a que puedan repetirse esas experiencias amorosas previas. Pero también se movilizan deseos de un amor que esté por encima del sufrimiento, que pueda curar y compensar los traumas anteriores (Willi, J. 1993, P. 162).
Las disposiciones a las relaciones neuróticas se manifiestan con
frecuencia en una ambivalencia torturante. En el caso de los
hombres se trata, por ejemplo, de la ambivalencia entre proximidad
distancia. Ellos anhelan la intimidad pero después no la soportan.
Generalmente esta ambivalencia tiene que ver con la relación con la
madre. Se trata del temor al amor devorador de la madre, de sus
límites, de poder destructivo. La ambivalencia de las mujeres puede
reflejarse en el temor de ser abandonadas, que se sobrecompensará
con el aferramiento y la entrega total de la pareja.
Las personas con rasgos de carácter neuróticos se presentan a
menudo como seres sensibles, vulnerables, inseguros de sí mismos
que dejan percibir deseos regresivos e infantiles. Estos rasgos
pueden esconderse tras deseos de unión, armonía, idealización,
dependencia y ternura.
Los deseos vehementes neuróticos reprimidos ofrecen una relación de intimidad especial, satisfactoria y exclusiva. Sin embargo una profunda ambivalencia lastra la satisfacción de esos deseos apasionados. Tan pronto como se perfila la satisfacción de los deseos excesivos, aparece el otro polo de la ambivalencia mediante reacciones defensivas y un rechazo rudo y humillante.
La ambivalencia entre los deseos vehementes y las actitudes defensivas pueden solucionarse en la relación de pareja en donde los deseos regresivos de amar y su defensa se complementan.
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