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Dinámica de algunas relaciones de pareja

Autor: Laura Herrera Dominguez
Curso:
8,57/10 (14 opiniones) |22893 alumnos|Fecha publicaciýn: 09/08/2007
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Capýtulo 10:

 Características personales de la pareja y dinámica de la relación

En este apartado se explicará los rasgos de personalidad de la pareja, así mismo se tratará de encontrar similitudes en sus características personales, ya que esto influye en la obtención de pareja y la formación de la colusión inconsciente (Willi, J. 1993, P. 162).

Mujer histérica

Se ha afirmado que las mujeres con carácter histérico son veleidosas, superficiales en su vivencia emocional. Con eso se pasa por alto que sufre un vacío interior, que la teatralización y dramatización de la expresión de sus sentimientos les tiene que ayudar a percibirse mejor a ellas mismas. Con mucha frecuencia tiene que realizar verdaderos esfuerzos para ponerse a hacer algo solas y encuentran en sí poca fuerza moral. Se sienten revalorizadas cuando tiene que contemplar cómo dos caballeros, rivales por su causa, se rompen mutuamente la cabeza. Así participan en el papel de espectadora en el drama qua han desencadenado en el entorno.

La mujer histérica se entrega muchas veces a la exaltación, actúa como escena, se arregla o se pinta, o intenta seducir, coquetear y agradar con el refinado juego de miradas. La atención del entorno tiene que estar invariablemente centrada en ella por medio de sensaciones siempre nuevas (Willi, J. 1993, P. 162).

La mujer histérica teme al contacto personal más íntimo por miedo a entregarse, a ser dominada o a que abusen de ella. En su fuerte tendencia a transferir al exterior sus conflictos, necesita en el consorte un yo auxiliar, un timonel o una guardia que la oriente, dirija o frene.
La mayoría de estas mujeres ha llevado una vida sexual intensiva antes del matrimonio. Pero la fuerte teatralidad de su instinitvidad sexual es muchas veces una maniobra de defensa con respecto al compañero.

Como fondo de esta conducta sexual aparece casi siempre un complejo de Edipo no dominado. Estas mujeres se hallan en la unión paterna ambivalente. La mayoría fueron las favoritas del padre. Lo describen como frecuencia como un padre fascinador y único: por una parte instintivo, por otra parte infantilmente desvalido, débil que excita a que se le compadezca. La conducta seductora dificulta la superación del conflicto de Edipo y, sobre todo, la formación del matrimonio posterior, en la que realmente se reactiva la situación edipal. La madre casi nunca resulta apropiada como personaje de identificación, sea porque ella misma no está lo suficientemente identificada con su feminidad, sea porque sus sentimientos de inferioridad apenas pueden servir de modelo (Willi, J. 1993, P. 162).

Hombre histerófilo

La mayoría de estos hombres fueron mimados por sus madres. Describen a sus madres como dominantes y de personalidad activa y fálica, junto a las que los padres son insignificantes, desvalidos, desempeñaban en contraste papeles sin importancia.

El abandono de la postura pasiva de dependencia respecto a la madre se les hace muy difícil a estos hombres. Para defenderse de ese vínculo materno emprenden actividades súper compensatorias, como por ejemplo, entusiasmarse por especialidades deportivas que debían ser prueba de su extraordinaria masculinidad, o todas aquellas actividades que puedan considerarse como intentos de superación y desligamiento de una invencible sujeción madre-tierra. Para poder sustituir la pérdida de la madre se identificaron con ella y sienten luego la necesidad de una mujer a la que quieren tratar como quisiera que sus madres les hubieran tratado a ellos. A causa de su necesidad de cuidado y atenciones maternos quieren ser madres que prestan ayuda como las enfermeras. A consecuencia de la problemática de su propia estimación buscan su ratificación como centro de matrimonio y de su familia (Willi, J. 1993, P. 162).

El marido histerófilo casi nunca ha tenido experiencias sexuales antes de su matrimonio. Para él lo sexual es de importancia secundaria en la relación bipersonal. Este tipo de hombre quieren decir a la mujer: "sexualmente no tienes nada que temer de mí: seguramente no te agradaré nada, pero si me admites como ayudador y cuidador a tu servicio estaré siempre a tu disposición".

Curso de la relación histérica

La mujer, en el momento del encuentro, se halla con frecuencia en una situación aparentemente de infelicidad, en la que necesita con frecuencia la protección de un hombre. Muchas veces se trata de un amor desgraciado, con frecuencia de una unión con los padres no solucionada. Su enamoramiento desaparece repetidamente, intentando poner fin a estas rarezas incomprensibles para ella misma, inicia, violentándose, un intento de poner cruz y raya de una vez a sus subterfugios "portándose razonablemente". Aunque no se siente enamorada, decide casarse con la esperanza ilusoria de que el amor llegará más tarde por sí mismo (Willi, J. 1993, P. 162).

El hombre histerófilo se siente llamado de manera especial a salvar esta mujer de sus complicaciones y sus necesidades. También se siente tranquilizado por las explicaciones de la mujer de que lo sexual en la relación con él no juega un papel especial, pues ella le elige a él mucho más porque irradia seguridad y confianza, ya que, en el fondo, ella le repugna los hombres instintivos.

Haciendo alusión a su amor inagotable se deja dirigir a voluntad por ella, sin darse cuenta conscientemente. Al principio ellos idealizan la relación. La mujer reniega de sus propios deseos masculinos y de la debilidad del hombre elegido. Quieren ver fuerte a su marido y lo manipulan con estas expectaciones (Willi, J. 1993, P. 162).

El marido se identifica con la imagen que su mujer proyecta sobre él. Ahora es utilizado como una ayuda materna y un noble caballero. Sienten en sí fuerzas que les hacen crecerse. La relación proyectiva de la histérica se complementa con la necesidad del histerófilo de dirigir hacia sí las proyecciones que la reafirman. La histérica estimula a su marido con sus proyecciones, o mejor dicho, le enardece. Pero conserva la válvula en su mano para poder regular en cada momento su tamaño y reducirlo si es necesario.

Este estado de felicidad de convierte en desencanto. El marido vuelve a darse cuenta de las primitivas dudas sobre sí mismo y se presenta, imperiosa la necesidad de protección infantil pasiva en el rezago de la madre. Estas aspiraciones son desplazadas y rechazadas por su mujer; está no puede asumir funciones maternales, ya que se decidió por la posición de debilidad infantil y necesidad de ser cuidada. Como el marido ha fracasado en sus aspiraciones a la grandeza caballeresca se convierte en motivo de desprecio por parte de la esposa, que esta desilusionada y le colma de reproches. Estos comportamientos de la mujer comienza a molestar al marido cada vez más y, por fin cae él en letargia y pasividad paralizadora. Tal comportamiento es lo peor que puede ocurrir a la mujer, pues, soporta más el odio temperamental, la pérdida de reacción y la repulsa que el que no le hagan caso. Precisamente su relación con amantes le demuestra que sin él se pervertiría moralmente (Willi, J. 1993, P. 162).

En el aspecto sexual estos matrimonios viven casi siempre como si fuesen hermanos. La mujer manifiesta su repugnancia a los accesos desmañados de su marido. La mujer se queja de la falta de temperamento, de interés de masculinidad en su marido; éste por su parte se resguarda más y más tras su posición de santo y mártir. Esta forma de relación no basta a la esposa. Necesita palpar el afecto del entorno para no diluirse y caer en el caos interior. Comienza a buscar fuera de matrimonio dedicación, apoyo, aprecio uno de los medios son las relaciones extramatrimoniales.

Conflicto en la pareja

Dentro de toda relación existen diversos motivos que llevan a inconformidades, sin embargo se presenta una línea virtual entre una simple discordancia y un conflicto, éste último se origina por el retorno de lo desplazado, es decir, que tanto pasivo como activo dan cuenta de sus actitudes, así como las de su consorte que formaba el objeto de desplazamiento, surgiendo entonces un sentimiento de temor a ser descubierto como dependiente y por lo tanto a ser manejado por el otro miembro de la colusión; esto lleva como consecuencia el hecho de que el miembro activo exagere sus actitudes, mientras que el miembro regresivo; al saber de la dependencia del otro, sigue jugando su papel pero tratando de demostrar su poder mediante algunas negaciones pasivas que se presentan ante una petición del otro (Willi, J., 1993, p. 122).

En ocasiones, en la colusión, no siempre resulta eficaz el curarse a través del otro provocando dificultades y conflictos que les llenan de desilusión, rabia, y odio, e intentan inculparse y molestarse mutuamente. Entonces la conducta de los cónyuges es determinada por aceptaciones inconscientes (Willi, J. 1993, P. 12).

Infidelidad

La infidelidad es vivida como una de las peores traiciones que enfrenta la pareja y en general se piensa que el infiel es el culpable, sin embargo, la infidelidad es sólo el resultado de las crisis de pareja y ésta no es sólo sexual pues el cónyuge infiel buscará aspectos que su pareja no le brinda y estos pueden ser intelectuales, sexuales, físicos y emocionales. (Creimerman, 1997).

Para el ofensor ser infiel puede significar simplemente disfrutar de la "variedad", para el ofendido la infidelidad es un ataque directo a la propia relación una burla del supuesto compromiso mutuo. Aun las parejas que han tenido aventuras, siguen considerando la monogamia como un ideal. (Beck, 1990, P. 261, 406).

La histérica, en la relación con su amante, proyecta de nuevo el cumplimiento de todas sus ideas y deseos; en antitesis con su marido débil y mal conformado, su amante es varonil, puede prestar apoyo y saber refrenar y dominar intrépidamente el carácter de la mujer. Esta mujer se siente apoyada y dominada por él. Proclama que en esta relación ha sabido lo que verdaderamente es amar y vivir. La mujer elige para el amor un compañero por el que conscientemente quiera dejarse conducir, pero, ya con él, es ella la que determina cuándo, dónde y en que medida. Aunque los maridos se encuentran en una situación de digna lástima, no se quejan, soportando esto con extraña resignación ante su destino (Willi, J. 1993, P. 162).

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