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Diario de Crecimiento Emocional

Autor: Juan Carlos Medina Velandia
Curso:
9,20/10 (223 opiniones) |11093 alumnos|Fecha publicaciýn: 10/09/2004
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Capýtulo 5:

 Día 4: La Habilidad

Una de las principales habilidades a desarrollar, es la de Relacionarnos con los demás, dando y recibiendo, intercambiando conocimientos y emociones, disfrutando de las experiencias, fortaleciendo nuestra autoestima y desarrollando nuestros sentidos externos e internos. 

Una persona competente emocionalmente, puede apoyar la confrontación de comportamientos desconocidos en los demás, como, aceptar las críticas, evitar los resentimientos producto de esas diferencias y mantener en alta la autoestima y seguridad. Lo que los demás nos dicen, es una información útil para agregarla a otras tantas disponibles, pero no es la verdad absoluta y no nos debe afectar hasta el punto de sentirnos mal y avergonzados. Nuestro valor no puede ser menoscabado por un comentario inoportuno o inconveniente. De igual manera, el valor de los demás no puede disminuirse por observar comportamientos diferentes al nuestro o diferir en la percepción de las situaciones. Una habilidad práctica de la Inteligencia Emocional es la Empatía, que implica tener conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los otros, comprender y darse cuenta de los sentimientos y perspectivas de los compañeros de trabajo, estar al tanto de las necesidades de desarrollo de los subalternos y reforzar sus habilidades, anticipar, reconocer y satisfacer las necesidades reales del cliente. Esto no significa, que tengamos que sufrir como el otro o que nos involucremos en su sufrimiento. Una persona no puede salvar a otra que se está ahogando, si siente la misma angustia, en lugar de permanecer calmado y con claridad para actuar. Cuando otra persona nos cuenta sus problemas o carencias, lo que espera es que la escuchemos y entendamos, no que nos pasemos a su lado a sufrir con ella. Otra habilidad práctica es la destreza social, que implica poder relacionarnos con los demás y construir fuertes lazos con ellos. Para lograrlo, debemos primero ser concientes de la importancia de las personas en nuestra vida, en el ámbito afectivo y empresarial. Toda Empresa está conformada por personas, quienes a su vez trabajan para otras tanto y sirven a muchas otras. Del mismo modo la estructura familiar y social, está llena de personas, algunas más afines a nosotros pero todas indispensables para nuestro desarrollo y evolución. Desde el punto de vista empresarial, también es fundamental nuestra habilidad para persuadir e inducir en las respuestas de los demás. Muchos clientes llegan a nosotros buscando apoyo para satisfacer una u otra necesidad, tal vez vienen en busca de una solución tecnológica o una necesidad de servicio, y esperan que los asesoremos en su escogencia y toma de decisión. Dentro de las Organizaciones los líderes requieren tener la capacidad para inspirar y guiar a los individuos y al grupo en su conjunto. Así como, colaborar y trabajar con otros para alcanzar metas compartidas. Las personas se encuentran en todos lados, siempre siendo esenciales en la nuestra vida. Quererse a uno mismo, ser más generoso con los demás, aceptar los fracasos, no todo depende de lo que hemos heredado, por lo que hemos de ser capaces de seguir aprendiendo y mejorando nuestras actitudes día a día, aprender a ser más inteligentes emocionalmente y en definitiva a ser más felices. No podemos pasarnos la vida, reforzando el concepto de que "Somos así y punto". Esto no es verdad, siempre podemos moldear la arcilla con la que hemos nacido y cambiar la figura para nuestro beneficio y complacencia. El primer paso es desearlo y el segundo es trabajar duro para lograrlo. Dentro del camino, nos ayudará la persistencia y la motivación interna, nos ayudarán las relaciones con los demás dentro de un sano equilibrio de reciprocidad mutua "Dar y Recibir". No podemos convertirnos en Donadores Universales ni en Receptores Universales, ninguno de las dos posiciones trae beneficios. Debemos aprender a dar y sobre todo debemos aprender a recibir, dejar el orgullo a un lado y la vanidad en el otro extremo, para caminar por el sendero del equilibrio. La Inteligencia es una aptitud desarrollable y diversa, relacionada con la capacidad para interactuar con nuestro entorno y con nosotros mismos. Es desarrollable porque siempre la podemos mejorar y es diversa porque existen diferentes caminos igualmente adecuados para interactuar. Se puede llegar a través de la razón, la emoción o una mezcla de los dos. Cuando no conocemos a otra persona, la manera normal de relacionarnos es el intercambio de opiniones y conceptos. Si un cliente se acerca a nuestro mostrador, lo invitamos y le brindamos información sobre nuestros productos y servicios, sus características, formas, colores y bondades. En una segunda etapa, cuando existe una mayor confianza, ampliamos las relaciones al campo emocional, nos atrevemos a decir una palabra amable cada vez más cariñosa, identificamos con mayor claridad los estados de ánimo, los cuales expresamos e intercambiamos. Los clientes pasan de ser una simple máquina de información, para convertirse en un ser vivo, lleno y ávido de emociones. Ya no importan tanto las características del producto sino la satisfacción emocional que llevan implícitas. No importan los megas o capacidad de memoria del computador sino la posibilidad de disfrutar de experiencias inolvidables cuando se utiliza. Y así sucesivamente. La Inteligencia Emocional, es un tipo de inteligencia social que involucra la habilidad de monitorear las emociones propias y de los otros, discriminarlas y usar la información para guiar el pensamiento y las acciones. Si queremos relacionarnos con otras personas, debemos primero desarrollar nuestro aparato detector de emociones, para identificar la alegría o la tristeza, el miedo o la angustia, la furia o el desencanto. Cada emoción nos brinda información básica sobre lo que está sintiendo la persona, sobre lo que espera y desea. Si conocemos la emoción o grupo de emociones transmitida por los demás, podemos con ello, sintonizarnos a su estado emocional y prepararnos para satisfacer sus deseos. Por ello, debemos desarrollar nuestra habilidad para pensar, entender y aplicar efectivamente el poder de las emociones, en beneficio de las diferentes interacciones que se nos presentan día a día. En este cuarto día, me he motivado por desarrollar mi capacidad de percepción de las emociones propias y ajenas. Tal vez en el pasado, solo me preocupaba por los conocimientos y habilidades técnicas, pero a partir de ahora, me he dado cuenta que es más importante, reconocer las emociones y sentimientos de las personas, para crecer individualmente y colectivamente.

 

Espacio Individual de Reflexión:

¿Qué aplica para mi vida?
¿Qué puedo Mejorar?
¿Qué información destaco?
¿Por donde voy a empezar?
¿En qué aspectos voy a trabajar?

 

Preguntas de chequeo:

¿Acepta la Confrontación, las Críticas y las Diferencias con los demás?
¿Qué es la Empatía y qué beneficios trae? Revise su nivel de Empatía.
¿Qué es la Destreza Social y para qué sirve? Observe su Comportamiento.
Diga tres (3) Características de una buena Actitud.
¿Es preferible Dar o Recibir? Explique.
¿Cómo se define el concepto de Inteligencia?
¿Cómo se satisfacen las Necesidades Emocionales de los Clientes?
¿Qué es la Inteligencia Emocional y cómo se utiliza?

 

Lectura 1


Si tuviera que escoger dos Emociones, escogería la Alegría y el Optimismo. Sin duda todas las Emociones tienen su encanto y revisten un atractivo especial. La Satisfacción es el placer de lograr lo esperado, la Esperanza es la ilusión de un mejor mañana, el Amor es la intimidad puesta en práctica, la Tristeza es un desahogo recuperador, el Miedo es la demostración de que estamos vivos, la Furia es la expresión de que algo nos importa, y así sucesivamente. Pero entre todas, la Alegría y el Optimismo son las más poderosas y útiles, para nuestro trabajo y la vida personal. Ambas son positivas y complementarias, apetecidas por la gran mayoría de las personas pero a los mismos tiempos poco utilizados, su acceso está al alcance de todos y no cuestan nada. Lo primero que aprendemos en nuestra vida, después de llorar, es a sonreír, como demostración de agrado, aceptación y afecto. No solo reímos cuando nos hacen cosquillas, también lo hacemos cuando disfrutamos de la actividad que estamos realizando o cuando traemos el recuerdo de algo simpático y chistoso. Las emociones se pueden crear por medios físicos y mentales. La Alegría no solo se origina en forma natural y espontánea, también se puede crear por voluntad propia y a nuestra conveniencia. Solo necesitamos un poco de práctica y el profundo deseo de sentirla y expresarla. Cuando se le pregunta a las personas cual es su mayor anhelo, meta u objetivo, la mayoría sin vacilar responden que "Ser Felices", es decir, sentir y transpirar Alegría. Por ello, es catalogada como una emoción primaria y esencial, para nuestra vida y evolución. La Alegría, le pone color a lo que hacemos, le añade una motivación muy especial y le da sentido a los resultados. Nuestro desempeño, nunca es igual cuando falta la Alegría, esta amiga y compañera inseparable del éxito. Sin embargo, no todos los hechos y personas nos producen Alegría, y tampoco lo hacen con el mismo grado de intensidad. Una muerte, un fracaso, una agresión, una decepción, pueden ser ejemplos de la inexistencia de la Alegría en nuestra vida. Pero en cualquiera de los casos, estamos en capacidad de reemplazar dicha emoción por la Alegría. ¿Cómo? Aceptando el dolor como parte de nuestro crecimiento, liberando los sentimientos pasados que no me aportan ni puedo cambiar, tomando control de nuestra vida y reemplazando los pensamientos con hechos y personas constructivas y placenteras. Muchas veces, ocurre lo contrario, mantenemos con nosotros el rencor, la tristeza, la venganza y el odio, como si esto nos permitiera mejorar nuestro ser y estar. Pensamos falsamente, que con mantener el odio se aumenta la venganza o que con incrementar la duración de la tristeza le hacemos tributo al difunto. En general es todo lo contrario, los afectados somos nosotros mismos y los demás ni se afectan ni se benefician con ello. En nuestras manos está la decisión de dejar ir lo que no nos conviene y abrirle paso a lo que nos produce placer y beneficio, como la Alegría. De la mano con la Alegría, va el Optimismo, que no es otra cosa que la proyección de ella en el tiempo. Es ver el lado alegre de las cosas, la cara positiva y esperanzadora, la solución a todo inconveniente o situación que se nos presente. ¿Cómo lograrlo? Con paciencia, observación, flexibilidad, visión, recursividad y mucha alegría. Debemos inicialmente, concientizarnos que todo en la vida tiene múltiples facetas, que todo problema es una oportunidad, que detrás de la oscuridad siempre está presente la luz, que detrás de la montaña siempre hay un nuevo horizonte. Luego, se convierte en un atractivo e importante ejercicio, la búsqueda de nuevas formas de ver las situaciones, encontrarle la comba al palo, como dirían algunos. No se trata de convertirnos en conformistas, al aceptar todo lo que nos pasa. Se trata de movernos y actuar hacia la dirección correcta. En lugar de sentarnos a llorar por las derrotas, debemos desarrollar una filosofía de vida en donde el pasado se quede como pasado, y sus enseñanzas nos impulsen hacia nuevos retos y objetivos. El Optimismo es ese faro que siempre nos debe guiar por los senderos que transitemos, no importa lo escabrosos que sean ni los peligros que los asechen. Recordemos que siempre hay un ángulo positivo al cual mirar, un ambiente alentador al cual escuchar, un amigo al cual acudir, una puerta la cual abrir y una nueva actitud a asumir. Por ello, si debiera escoger entre las emociones, me quedaría con la Alegría y el Optimismo, la primera me prepara y la segunda me guía, ambas me motivan y me impulsan a dar lo mejor de mí, mejoran mis resultados y mis relaciones, irradian y magnetizan los entornos, me convierten en una mejor persona, un mejor coequipero y un mejor líder. ¿Qué estamos esperando para hacer que todos y cada uno de nuestros días, se encuentren inundados de Alegría y Optimismo? En nuestras manos se encuentra la clave para lograrlo.

 

Grado de Conciencia de las Emociones:

¿Puede Identificar su Nivel de Responsabilidad en las Cosas?
(4) Si (3) A Veces (2) Poco (1) Nunca ¿Registra el Significado de sus Emociones y las Circunstancias?
(4) Si (3) A Veces (2) Poco (1) Nunca ¿Tiene Cosas que le da Miedo o Pena Decir?
(4) Nunca (3) Poco (2) A Veces (1) Si ¿Se Estresa con Facilidad y no Sabe Porqué?
(4) Nunca (3) Poco (2) A Veces (1) Si ¿Conoce sus Miedos y Pesadillas en las Relaciones?
(4) Si (3) Algunos (2) Pocos (1) No

 

Tips Prácticos (Guía de Iniciación)

El uso efectivo de las Emociones en la Comunicación, es la clave para construir Relaciones duraderas con los Clientes.
Para los Clientes, existen no solo las Necesidades lógicas (30%), sino los Deseos Emocionales (35%) y las Carencias (35%).
Los Vendedores Optimistas venden un 37% más que los que no lo son.
Ser Positivo mejora la Eficacia de la Acción.

 

Lectura 2

El hombre como factor clave. (NotiNova) El hombre es el principal activo de la empresa. El personal juega un papel determinante para la búsqueda del progreso continuo. Nada se puede hacer sin un estilo de dirección participativa. Hay que acabar de una vez con mensajes de este tipo si no se gestionan los recursos humanos consecuentemente con los mismos. Para ello es necesario transformar los gastos de formación en autenticas inversiones estratégicas, desencadenando una verdadera apropiación de estos estilos, de estas prácticas fundamentales de trabajo. Remontándonos al pasado recordaremos, por ejemplo, que los sistemas de gestión de la calidad estaban basados en tres factores: La desconfianza en el hombre y en el proceso, el control de aceptación o rechazo de todo lo producido y la corrección o eliminación de lo defectuoso. Tres factores con una lógica aplastante ya que, partiendo de la desconfianza en el hombre, era necesario una férrea inspección a posteriori. Las empresas han aceptado durante años, y no sólo en la gestión de la calidad, que los operadores de cualquier tipo de procesos podían hacer mal su trabajo, mientras que los supervisores eran «superhombres», ignorando la desmotivación provocada por unos controles «clásicos y sordo mudos» y alentando, incluso, enfrentamientos entre algunos colectivos, facilitándose consecuentemente el establecimiento de departamentos redundantes. Se ha convivido felizmente con la desconfianza, la desmotivación y en muchas ocasiones, con el despilfarro. Según se ha ido avanzando en las percepciones de los imperativos de la calidad, como consecuencia de la aparición de unos clientes mucho más exigentes, mejor informados y con mayores posibilidades de elección, se está avanzado también en el reconocimiento de la trascendencia del proceso fidelización/ penetración en el mercado. Sin embargo, las empresas han olvidado en este camino con harta frecuencia a su principal y más próximo cliente, el hombre en su puesto de trabajo. Tres son las causas de las equivocaciones de un hombre en su trabajo: El no sé, el no puedo, el no quiero.

En la eliminación de la primera "no sé", todas las soluciones pasan por la formación, por una verdadera inversión en formación continua, apoyada por una adaptación del hombre al puesto de trabajo, tras una definición clara de requerimientos, perfiles y validaciones.

En el «no puedo», las soluciones son posibles mediante la calificación continua de la factibilidad de las operaciones en las que se presenta esta situación. En la eliminación de la tercera causa "no quiero", y antes de emprender medidas no deseables de cirugía social, es necesario un trabajo de reflexión con profundidad para descartar las posibles causas congénitas que pueden estar perturbando el sosiego social y provocando, por tanto, manifestaciones de una absoluta desmotivación. En todos los planes de progreso, esta confianza mutua entre la empresa y sus empleados sólo puede implementarse mediante la práctica de esta máxima: Jamás buscar culpables, y sí las causas de los problemas. Finalmente, puede decirse que, en los análisis de las múltiples operaciones de «benchmarking» realizadas sobre actividades y sectores varios, se ha llegado a dos conclusiones muy claras. En las empresas líderes, las que de verdad están evolucionando, se conoce muy bien que su subsistencia está en manos de la satisfacción de sus clientes finales, que son y seguirán siendo los supremos dueños de sus elecciones.
En las empresas líderes los empleados son considerados como sus más próximos clientes. Es claro, por tanto, que para la subsistencia, en el mundo empresarial actual, las compañías deben en sus «planes de progreso continuo» contar con sus hombres, escucharlos y ayudarlos a solventar sus dificultades.

 

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