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Un diálogo entre Frida Kahlo y Horacio Quiroga. La selva como escenario de la Modernidad.

Rebecca Beltrán Jiménez

Autor: Rebecca Beltrán Jiménez
Curso:
9,37/10 (30 opiniones) |3104 alumnos|Fecha publicaciýn: 05/11/2004

Capýtulo 10:

 Kahlo versus Quiroga: la muerte como elemento regenerador (I)

La presencia de la selva enriquece todavía más los lienzos de los que hablábamos en el anterior capítulo. Muchos exegetas de la obra de Frida Kahlo se muestran una especial insistencia en subrayar el contenido sexual de las formas selváticas que pintó la autora. Bien es cierto que en estos cuadros podemos encontrar referencias sexuales en el dibujo de algunas ramas y hojas, como también lo es que estas formas se encuentran con la misma forma en la naturaleza.

Prefiero, por este motivo, desglosar uno de los símbolos qué tienen una presencia más sostenida, y que también está tomado de la jungla: las espinas. Para cualquier individuo criado en el ideario católico es innegable la importancia de las espinas como representación máxima del sufrimiento, del dolor físico y psíquico, de la traición y de la tortura. A Jesucristo se le aumentó el padecimiento colocándole sobre la frente una corona de espinas, y eso mismo hace Frida en uno de los pocos retratos que pintó en los que mira de frente al espectador, el Autorretrato con collar de espinas (reproducido en el capítulo número 9). Mientras finísimos regueros de sangre cruzan su cuello y su escote, a Frida la escolta no sólo la selva, sino un pájaro, un mono, un gato, dos mariposas y dos libélulas. Con una expresión en los ojos mucho más decaída de lo que era habitual en sus pinturas, la artista plasma en este cuadro lo que parece ser un reto a Rivera, dejándole claro que su sufrimiento es supremo pero, también, que luchará por vencerlo y que cuenta con aliados. Y es que, además, las espinas también representan la resurrección, el renacimiento de las almas del que ella desea participar.

Este mismo motivo aparece en el cuadro que Frida pintó para el Doctor Eloesser (véase también en el capítulo número 9), el encargado de llevar su historial médico en Estados Unidos y en quién profesó una fe y confianza infinitas. Consciente de lo doloroso de las lesiones de Frida, esta vez ella vuelve a colocarse un collar de espinas que le han rasgado el cuello para subrayar el sufrimiento que su salud le depara. Kahlo sabe que el doctor la comprenderá, que ha padecido con ella los rigores de los postoperatorios y esto acrecienta la sinceridad de este autorretrato, en el que ya ha comenzado a dar más importancia a su presencia y ha disminuir el tapiz vegetal que solía valerle de imaginario respaldo.

Pero no sólo recurría a la representación de la selva cuando pintaba autorretratos. En uno de sus cuadros más bellos, Dos desnudos en un bosque, vuelve a recurrir a la selva como refugio. El follaje y los atentos animales aparecen de nuevo en un cuadro que no irradia sino tranquilidad y paz, que se desprenden de una de las imágenes más tiernas que pintó Kahlo. Jamás escondió su bisexualidad, e incluso llegó a mantener romances con alguna mujer. Este lienzo se lo regaló a la estrella cinematográfica y gran amiga suya Dolores del Río.

 Kahlo versus Quiroga: la muerte como elemento regenerador (I)

Dos desnudos en un bosque o La tierra misma o Mi nana y yo, 1939

La selva, en definitiva, le ofrece a Frida refugio y, a la vez, representa el constante fluir de la vida y el concepto de la muerte como tránsito hacia otra forma de existencia, una concepción proveniente de las culturas precolombinas que recoge Andrea Ketenmann:

"También la concepción de la vida y la muerte como dependientes la una de la otra está contenida en la filosofía del equilibrio basada en esta mitología india. En numerosos cuadros aparece la vida como eterno circular de la naturaleza simbolizada mediante plantas. Parte de este círculo, de este ciclo vital, representado en la mitología azteca mediante la diosa Coatlicue, es la muerte. Coatlicue es el principio y el fin de todas las cosas, contiene la vida y la muerte, da y quita por igual. Por eso la muerte, en la vieja acepción mexicana, significa también renacimiento y vida. Así, en el autorretrato Pensando en la muerte [ver reproducción más abajo], la muerte está representada ante un fondo de ramas con espinas. Con este símbolo de la mitología prehispana alude la pintora al renacer que sigue a la muerte." [20]

Kahlo versus Quiroga: la muerte como elemento regenerador (I)

Pensando en la muerte, 1943


[20]Andrea Ketenmann, Frida Kahlo. Dolor y pasión, Taschen, Colonia, 2002, p. 72.

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