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Capýtulo 8:

 Transformación de las impresiones

Introducción  

 Nosotros estamos viviendo en este mundo por algún motivo, para algo, por algún factor especial...

Obviamente en nosotros hay mucho que debemos ver, estudiar y comprender, si es que en realidad anhelamos saber algo sobre nosotros mismos, sobre nuestra propia vida...

Trágica es la existencia de aquel que muere sin haber conocido el motivo de su vida...

Cada uno de nosotros debe descubrir por si mismo el sentido de su propia vida, aquello que lo mantiene prisionero en la cárcel del dolor...

Ostensiblemente hay en cada uno de nosotros algo que nos amarga la vida y contra lo cual necesitamos luchar firmemente...

No es indispensable que continuemos en desgracia, es impostergable reducir a polvareda cósmica eso que nos hace tan débiles e infelices.

"Te advierto, quien quiera que fueres, oh! tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros, Oh! hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses".

La Transformación

Vamos a hablar de la transformación de la vida y esto es posi­ble si uno se lo propone profundamente.

Transformación, significa que una cosa cambia en otra cosa diferente. Es lógico que todo sea susceptible a cambios.

Existen transformaciones muy conocidas en la materia. Nadie podría negar, por ejemplo, que el azúcar se transforma en alcohol y que éste se convierte en vinagre por la acción de los fermentos. Esta es la transformación de una sustancia molecular. Uno sabe de la vida química de los elementos, por ejemplo, el radio se transfor­ma lentamente en plomo.

El proceso de la vida, en sí misma y por sí misma, es la transformación. Cada criatura del universo vive me­diante la transformación de una sustancia en otra. El vegetal, por ejemplo, transforma el agua, el aire y las sales de la tierra en nuevas substancias vegetales vitales, en elementos útiles para nosotros, co­mo pueden ser las nueces, las frutas, las papas, el limón, etc. Así pues, todo es transformación.

Por la acción de la luz solar varían los fermentos de la natura­leza. Es incuestionable que la sensible película de la vida, que nor­malmente se extiende sobre la faz de la Tierra, conduce a toda la fuerza universal hacia el interior mismo del mundo planetario. Pe­ro cada planta, cada insecto, cada criatura y el mismo hombre, absorbe, asimila deter­minadas fuerzas cósmicas y luego las transforma como también las transmite inconscientemente a las capas inferiores del organismo planetario. Tales fuerzas transformadas se hallan íntimamente re­lacionadas con toda la economía del organismo planetario en que vivimos. Indubitablemente, cada criatura, según su especie, trans­forma determinadas fuerzas que luego transmite al interior de la tierra para la economía del mundo. Así pues, cada criatura que tenga existencia cumple las mismas funciones.

Los alquimistas de la Edad Media hablaban de la transmuta­ción del plomo en oro. Sin embargo, no siempre hacían alusión a la cuestión metálica meramente física. Normalmente querían in­dicar con tal palabra, la transmutación del plomo de la personali­dad en el oro del espíritu. Así pues, conviene que reflexionemos en todas estas cosas.

En los Evangelios, la idea del hombre terrenal, comparable és­te con una semilla capaz de crecimiento, tiene la misma significa­ción que la idea del renacimiento del hombre que nace otra vez. Es obvio que si el grano no muere la planta no nace. En toda transfor­mación existe muerte y nacimiento.

La Fábrica de 3 Pisos

En la Gnosis consideramos al hombre como una fábrica de tres pisos que absorbe normalmente tres alimentos.

El alimento común, que se corresponde con el piso inferior de la fábrica, a la cuestión ésta del estómago. El aire, que natural­mente está en relación con el segundo piso, con los pulmones. Y las impresiones, que indubitablemente están asociadas con el ter­cer piso o cerebro.

El alimento que comemos sufre sucesivas transformaciones, esto es incuestionable.

Cuando comemos un alimento necesario para nuestra existen­cia, éste es transformado, claro está, en etapa tras etapa, en todos esos elementos tan indispensables para nuestra misma existencia. ¿Quién realiza dentro de nosotros esos procesos de transformación de las substancias? El Centro Instintivo, es obvio. La sabiduría de este centro es realmente asombrosa.

La digestión, en sí misma, es transformación. El alimento en el estómago, es decir, en la parte inferior de esta fábrica de tres pi­sos del organismo humano, sufre transformación. Si algo entrara sin pasar por el estómago, el organismo no podría asimilar sus prin­cipios vitamínicos ni sus proteínas, eso sería sencillamente una in­digestión. A medida que vamos reflexionando sobre este tema, lle­gamos a comprender la necesidad de pasar por una transformación.

En el segundo piso encontramos al Aire como alimento, el cual se transforma en nuestro interior a través de los pulmones. De esta manera se extraen las partículas de este alimento que nos sirve para vivir.

Por último en el tercer piso, encontramos a las Impresiones, las cuales pasaremos a estudiar en esta lección.

Las Impresiones

Ante todo debemos comprender como captamos el mundo exterior. Los 5 sentidos son el medio por el cual la vida externa ingresa a nosotros. Cada uno de nuestro 5 sentidos es una ventanita que nos permite percibir el mundo externo. Todo aquello que ingresa por nuestros 5 sentidos le llamaremos "impresiones", estas son muy sutiles y llegan a nuestra mente.

Las personas que lean estas líneas deben reflexionar en lo que aquí se está diciendo. Estamos hablando de algo muy revoluciona­rio, pues todo el mundo cree que lo físico es lo real, pero si nos va­mos un poco más a fondo, vemos que lo que realmente estamos re­cibiendo a cada instante, en cada momento, son meras impre­siones.

Voy a tratar de simplificar esto. Pongamos como ejemplo lo siguiente: Si arrojamos una piedra a un lago cristalino, en el lago se producen impresiones y la respuesta a esas impresiones dadas por la piedra se manifiesta en ondas que van desde el centro a la periferia.

Ahora, imagínense a la mente como un lago. De pronto, apa­rece la imagen de una persona, esa imagen es como la piedra de nuestro ejemplo que llega a la mente. Entonces, la mente reaccio­na en forma de impresiones. Las impresiones son las que produce la imagen que llega a la mente y las reacciones son las respuestas a tales impresiones.

Si se tira una pelota contra un muro, el muro recibe las im­presiones, luego viene la reacción que consiste en el regreso de la pelota a quien la mandó. Bueno, puede ser que no llegue directa­mente pero de todas maneras rebota la pelota y eso es reacción.

El mundo está formado por impresiones, por ejemplo: Nos llega la imagen a la mente a través de los sentidos. No podemos decir que ha llegado la mesa o que la mesa se ha metido en nuestro cerebro, eso es absurdo, pero sí está metida la imagen de la mesa, entonces nuestra mente reacciona inmediatamente diciendo: Esta es una mesa de madera o de metal, etc.

Si vemos una persona que nos agrada o desagrada, lo primero que obtenemos son impresiones de esa naturaleza, ¿verdad? Esto no lo podemos negar. La vida es una sucesión de impresiones, no como creen los ignorantes ilustrados, que es una cosa física de tipo exclusivamente materialista. ¡La realidad de la vida son sus impre­siones!

Claro está que las ideas que estamos emitiendo resultan no muy fáciles de captar, de aprehender. Es posible que los lectores tengan la certeza de que la vida existe como tal mas no como sus impresiones. Están tan sugestionados por este mundo físico que, obviamente, así piensan. La persona que vemos sentada, por ejem­plo, en una silla, allá, con tal o cual traje de color; aquél que nos saluda, aquél que nos sonríe, etc., son para nosotros realmente verdad.

Pero, si meditamos profundamente en todos ellos, llegamos a la conclusión de que lo real son las impresiones. Estas llegan, na­turalmente, a la mente a través de la ventana de los sentidos.

Si no tuviéramos los sentidos, por ejemplo, ojos para ver, ni oídos para oír, ni boca para gustar los alimentos que ingiere nues­tro organismo. ¿Existiría para nosotros eso que se llama mundo físico? Claro que no, absolutamente no.

La vida nos llega en forma de impresiones y es allí, precisa­mente, donde existe la posibilidad de trabajar sobre nosotros mis­mos. Ante todo, ¿qué debemos hacer? Hay que comprender el trabajo que debemos hacer. ¿Cómo podríamos lograr una trans­formación psicológica de sí mismos? Pues efectuando un trabajo sobre las impresiones que estamos recibiendo a cada instante, a cada momento.

Claro está que los alimentos físicos se transforman, pero hay algo que nos invita a la reflexión: ¿Existe en nosotros la transfor­mación educada de las impresiones?

La mente, como ahora se encuentra, no sirve para nada. Se necesita organizarla, remodelarla, amueblarla, etc., es decir, poner­la en un nivel intelectual superior.

Hoy en día, nuestra mente no transforma las impresiones y esto nos perjudica internamente, tal como lo estudiaremos.

Así como el aparato digestivo tiene un estómago para que puedan ser asimilados los alimentos, y así como el sistema respira­torio tiene pulmones para asimilar el oxígeno, el hombre-máquina deberá crear un estómago mental-no se vaya a confundir o a in­terpretar como uno físico.

Antes de digerir las impresiones hay que transformarlas. La Enseñanza gnóstica permite y facilita la creación de dicho es­tómago, para hacer del animal intelectual algo distinto.

Para el propósito de la naturaleza propiamente dicha no hay necesidad alguna de que el animal intelectual, equivocadamente llamado hombre, transforme realmente las impresiones. Pero un hombre puede transformar sus impresiones por sí mismo, poseyen­do, naturalmente, un conocimiento, dijéramos, de fondo, y hay que comprender el por qué de esa necesidad.

Resultaría magnifico transformar las impresiones. La mayo­ría de las gentes, como se ven en el terreno de la vida práctica, creen que este mundo físico les va a dar lo que anhelan y buscan. Realmente, ésta es una tremenda equivocación. La vida, en si misma, entra en nosotros, a nuestro organismo, en forma de meras impresiones. Lo primero que debemos comprender es el significa­do del trabajo esotérico relacionado íntimamente con el mundo de las impresiones.

¿Qué necesitamos transformarlas? ¡Es verdad! Uno no po­dría realmente transformar su vida si no transforma las impresio­nes que le llegan a la mente.

Importancia de las Impresiones

Reflexionemos en estos 3 alimentos...

Los 3 son importantes para la vida. Pero alguno es más importante que otro.

Las comidas es un alimento imprescindible, ya que sin ellas no podríamos vivir. Es quizás es el alimentos al cual le damos más importancia los seres humanos, pero de los tres es el menos importante. ¿Cuánto tiempo podemos vivir sin ingerir comidas?. Quizás varios días y si nos preparamos, podremos estar sin los alimentos 2 o 3 semanas,  tal como lo hacen algunos yoghis.

Analicemos el Aire, este alimento es mucho más imprescindible para la vida que las comidas. ¿Cuánto tiempo podríamos estas sin respirar?. Sólo 4 o 5 minutos, con alguna preparación.

¿Qué sucede con las impresiones?. ¿Cuánto tiempo podríamos estar sin recibir impresiones?. Nos dicen que no podríamos estar ni un instante sin recibir impresiones.

Técnica para transformar las impresiones

El Primer Choque Conciente

Este primer trabajo recibe el nombre de Primer Choque Consciente. Este se relaciona con estas impresiones que son todo cuanto conocemos del mundo exterior. ¿Qué tamaño tienen las verdaderas cosas, las verdaderas personas?

Necesitamos transformarnos internamente cada día. Al que­rer transformar nuestro aspecto psicológico necesitamos trabajar sobre las impresiones que entran a nosotros.

¿Por qué llamamos al trabajo sobre la transformación de las impresiones, el Primer Choque Consciente? Porque el "choque" es algo que no podríamos observar en forma meramente mecánica. Esto jamás podría hacerse de manera mecánica, se necesita un es­fuerzo auto-consciente. Es claro que cuando se comience a com­prender este trabajo, se comenzará a dejar de ser el hombre mecmnico que sirve a los fines de la naturaleza.

Si se piensa ahora en todo el significado de todo cuanto se les enseña aquí, por vía del esfuerzo propio, empezando por la obser­vación de sí mismo, verán que en el lado práctico del trabajo eso­térico todo se relaciona íntimamente con la transformación de las impresiones y lo que resulta naturalmente de las mismas.

El trabajo, por ejemplo, en las emociones negativas, sobre los estados de ánimo enojosos, sobre la identificación, sobre la auto­consideración, sobre los yoes sucesivos, sobre la mentira, sobre la autojustificación, sobre la disculpa, sobre los estados inconscien­tes en los que nos encontramos, se relaciona en todo con la trans­formación de las impresiones y lo que resulta de todo ello. Con­vendrá que, en cierto modo, el trabajo sobre sí mismos se compare a la disección, en el sentido de lo que es una transformación. Es necesario formar un elemento de cambio en el lugar de entrada de las impresiones, no lo olviden.

Mediante la comprensión del trabajo, ustedes pueden aceptar la vida como un trabajo, realmente entonces entrarán en un estado constante de recuerdo de sí mismos, llegará a ustedes naturalmente el terrible realismo de la transformación de las impresiones. Las mismas impresiones, normalmente, o supra-normalmente dijéra­mos mejor, los llevaría a una vida mejor en lo que a ustedes natu­ralmente respecta y ya no obrarían más sobre todos ustedes como lo hacían en el comienzo de su propia transformación.

Pero mientras ustedes sigan pensando de la misma manera, to­mando la vida de la misma manera, es claro que no habrá ningún cambio en ustedes. Transformar las impresiones de la vida es trans­formarse uno mismo. Esta forma enteramente nueva de pensar nos ayuda a efectuar tal transformación. Todo este discurso está basa­do exclusivamente sobre la forma radical de transformarnos. Si uno no se transforma nada logra.

Comprenderán ustedes, naturalmente, que la vida nos exige continuamente reaccionar. Todas esas reacciones forman nuestra vida personal. Cambiar la vida de uno es cambiar realmente nues­tras propias reacciones. La vida exterior nos llega como meras im­presiones que nos obligan incesantemente a reaccionar en una for­ma, dijéramos, estereotipada. Si las reacciones que forman nuestra vida personal son todas de tipo negativo, entonces también nuestra vida será negativa.

La vida consiste en una serie sucesiva de reacciones negativas que se dan como respuestas incesantes a las impresiones que llegan a la mente. Luego, nuestra tarea consiste en transformar las impre­siones de la vida de modo que no provoquen este tipo de respuesta negativa. Pero para lograrlo es necesario estar auto-observándose de instante en instante, de momento en momento. Es urgente, pues, estar estudiando nuestras propias impresiones.

No se puede dejar que las impresiones lleguen de un modo subjetivo y mecánico. Si comenzamos con dicho control, esto equivale a empezar la vida, a empezar a vivir más conscientemente. Un individuo puede darse el lujo de que las impresiones no lleguen mecánicamente, al actuar así, transforma las impresiones y enton­ces empieza a vivir conscientemente.

El Primer Choque Consciente consiste en transformar las impresiones que nos llegan. Si se consigue transformar las impresio­nes que llegan a la mente en el momento de su entrada, se consi­guen magníficos resultados que benefician a nuestra existencia.

Siempre se puede trabajar en el resultado de las impresiones. Claro está que caducan sin efecto mecánico ya que esta mecanici­dad suele ser desastrosa en el interior de nuestra psiquis.

Este trabajo esotérico gnóstico debe ser llevado hasta el pun­to donde entran las impresiones, porque son distribuidas mecáni­camente en lugares equivocados por la personalidad para evocar antiguas reacciones.

Cuando se comprende realmente todo lo que existe dentro de uno mismo con relación al mundo físico, que no son más que im­presiones, comprende también la necesidad de transformar esas im­presiones, y al hacerlo, se produce la transformación de uno mismo.

No hay cosa que duela más que la calumnia o las palabras de un insultador. Si uno es capaz de transformar las impresiones que nos producen tales palabras, pues esas quedan entonces sin valor alguno, es decir, quedan como un cheque sin fondos. Ciertamente, las palabras de un insultador no tienen más valor que el que les da el insultado. Así que si el insultado no les da valor, repito, quedan como un cheque sin fondos. Cuando uno comprende esto, trans­forma entonces las impresiones de tales palabras, por ejemplo, en algo distinto, en amor, en compasión por el insultado y esto, na­turalmente, significa transformación. Así pues, necesitamos estar transformando incesantemente las impresiones, no sólo las presen­tes sino las pasadas y las futuras.

El Segundo Choque Conciente

Continuando el estudio de los procesos de la transformación de las impresiones, proseguiré con algo más. Por ejemplo, una ima­gen de una mujer lujuriosa llega a la mente o surge en la mente, tal imagen es una impresión, eso es obvio. Nosotros podríamos transformar esa impresión lujuriosa mediante la comprensión. Bas­taría con que pensáramos en ese instante que esa mujer ha de mo­rir y que su cuerpo se volverá polvo en el panteón, y si con la ima­ginación viésemos su cuerpo en desintegración dentro de la sepul­tura, sería esto más que suficiente como para transformar esa im­presión lujuriosa en castidad. Si no se transforma, se sumará a los otros yoes de la lujuria.

Conviene que mediante la comprensión transformemos las impresiones que surgen en la mente. Resulta altamente lógico que el mundo exterior no es tan exterior como normalmente se cree. Es interior todo lo que nos llega del mundo porque no son más que impresiones internas.

Nadie podría meter un árbol dentro de su mente, una silla, una casa, un palacio, una piedra. Todo llega a nuestra mente en forma de impresiones, eso es todo; impresiones de un mundo que llamamos exterior y que realmente no es exterior como se cree. Resulta impostergable que nosotros transformemos las im­presiones mediante la comprensión. Si alguien nos saluda, nos alaba, ¿cómo podríamos transformar la vanidad que tal o cual adulador podría provocar en nosotros? Obviamente, las alaban­zas, las adulaciones, no son más que impresiones que nos llegan a la mente y ésta reacciona en forma de vanidad; pero si se transfor­man esas impresiones, la vanidad se hace imposible. ¿Cómo se transformarían las palabras de un adulador? Mediante la compren­sión. Cuando uno realmente comprende que no es más que una infinitesimal criatura en un rincón del Universo, de hecho trans­forma por sí mismo esas impresiones de alabanza, de lisonja, en algo distinto; convierte a tales impresiones en lo que son: polvo, polvareda cósmica, porque comprende uno su propia posición.

Sabemos que la Galaxia en que vivimos está compuesta por millones de mundos. ¿Qué es la Tierra? Es una partícula de polvo en el infinito. Y si nosotros dijéramos que somos unos organismos microorgánicos de esa partícula, ¿entonces qué? Si nosotros com­prendiéramos esto cuando nos adulan, haríamos una transforma­ción de las impresiones que se relacionan con la lisonja y la adula­ción o alabanza y no reaccionaríamos como resultado en forma de orgullo.

Tanto más reflexionemos en esto, veremos más y más la ne­cesidad de una transformación completa de las impresiones.

Todo lo que vemos externo es interior. Si no trabajamos con el interior vamos por el camino del error porque no modificaremos nuestros hábitos. Si queremos ser distintos, necesitamos transfor­marnos íntegramente, y debemos empezar por transformar las im­presiones.

Si las impresiones cayeran directamente sobre la Esencia, es obvio que serían transformadas porque, de hecho, ella las deposi­taría exactamente en los centros correspondientes de la máquina humana.

Esta es una idea muy difícil de en­tender o comprender, debido a que es muy poderoso el hipnotis­mo de los sentidos.

Aunque parezca increíble, todos los seres humanos se hallan en estado de "hipnotismo colectivo", producida por nuestros egos. Estos elementos y sub-elementos, condicionan a la conciencia y la mantienen en estado de hipno­sis. Así pues, existe la hipnosis de tipo colectivo. ¡Todo el mun­do está hipnotizado!

· Importancia de Relajar la Mente

Lo importante sería, por ejemplo, a fin de conocer mejor nuestras acciones y reacciones, poder relajar la mente. Esto del "relajamiento mental" es magnífico. Recostarse uno en su lecho o en un cómodo sillón, relajar todos los músculos pacientemente y luego vaciar la mente de toda clase de pensamientos, deseos, emo­ciones, recuerdos. Cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, podemos conocernos mejor a sí mismos. En tales momentos de quietud y silencio mental, es cuando realmente venimos a vivenciar en forma directa el crudo realismo de todas las ac­ciones de la vida práctica.

Cuando la mente se encuentra en absoluto reposo, vemos a multitud de elementos y sub-elementos, acciones y reacciones, de­seos, pasiones, etc., como algo ajeno a nosotros, pero que aguarda el instante preciso para poder realizar su control sobre nosotros mismos, sobre nuestra personalidad. He ahí el motivo por el cual vale el silencio y la quietud de la mente. Obviamente, la relajación del entendimiento es benéfica en el sentido más completo de la palabra, pues nos conduce al autoconocimiento individual.

¿Cómo se forman los egos?

Si nosotros no transformamos las impresiones nada cambiará en nosotros. La lujuria, codicia, orgullo, odio, etc., existen en for­ma de impresiones dentro de nuestra psiquis que vibra incesante­mente.

El resultado mecánico de tales impresiones han sido todos esos elementos inhumanos que llevamos dentro y que normal­mente los hemos llamado yoes, que en su conjunto, constituyen el mí mismo, el sí mismo.

Supongamos, como ejemplo, que un individuo ve a una mujer provocativa y que no transforma esas impresiones, el resul­tado será que las mismas, de tipo lujurioso, producen en él el de­seo de poseerla. Tal deseo viene a ser el resultado de la impresión recibida y se cristaliza, toma forma en nuestra psiquis y se con­vierte en un agregado más, es decir, en un elemento inhumano, un nuevo tipo de yo lujurioso que viene a agregarse a la suma de ele­mentos inhumanos que en su totalidad constituyen el ego.

En nosotros existe ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pere­za y gula. Ira, ¿por qué? Porque muchas impresiones llegaron a nosotros, a nuestro interior, y nunca las transformamos. El resul­tado mecánico de tales impresiones de ira forman los yoes que existen y que vibran en nuestra psiquis y que constantemente nos hacen sentir coraje.

Codicia, ¿por qué? Indubitablemente, muchas cosas desper­taron en nosotros codicia: el dinero, las joyas, las cosas materiales de toda clase, etc. Esas cosas, esos objetos, llegaron a nosotros en forma de impresiones. Nosotros cometimos el error de no haber transformado esas impresiones (producto de la identificación) en otras cosas diferentes, en una atracción por la belleza, en alegría, etc. Tales impresiones no trans­formadas, naturalmente se convirtieron en yoes de codicia que ahora cargamos en nuestro interior.

Lujuria, ¿por qué? Ya dije que distintas formas de lujuria llegaron a nosotros en forma de impresiones, es decir, surgieron en el interior de nuestra mente imágenes de tipo erótico cuya reacción fue la lujuria. Como quiera que nosotros no transformemos esas ondas lujuriosas, ese erotismo malsano, naturalmente que el resultado no se hizo esperar, nacieron nuevos yoes morbosos en nuestra psiquis.

Así pues, hoy mismo nos toca trabajar sobre las impresiones que tengamos en nuestro interior y sobre sus resultados mecánicos. Dentro tenemos impresiones de ira, codicia, gula, orgullo, pereza y lujuria. También tenemos dentro los resultados mecánicos de ta­les impresiones, que ahora necesitamos comprender y eliminar.

Tal trabajo de nuestra vida consiste en saber transformar las impresiones, y también, en saber eliminar los resultados mecánicos de impresiones no transformadas en el pasado.

El mundo exterior propiamente no existe. Lo que existen son impresiones y las impresiones son interiores, y las reacciones de tales impresiones son completamente interiores.

Nadie podría decir que está viendo un árbol en sí mismo. Es­tará viendo la imagen del árbol pero no el árbol. La cosa en él, co­mo decía Emmanuel Kant, nadie la ve, se ve la imagen de las cosas, es decir, surge en nosotros la impresión sobre un árbol, sobre una cosa, y éstas son internas, son de la mente.

Si uno no hace modificaciones propias, internas, el resultado no se deja esperar: se produce el nacimiento de nuevos yoes que vienen a esclavizar aún más a nuestra esencia, a nuestra conciencia, que vienen a intensificar más el sueño en que vivimos.

Dentro de nosotros existen muchas impresiones que cometi­mos el error en el pasado de no haberlas transformado, y muchos resultados mecánicos de las mismas que son los tales yoes que ahora hay que desintegrar, aniquilar, a fin de que la conciencia quede libre y despierta.

Es indispensable reflexionar sobre lo que estoy diciendo. Las cosas, las personas, no son más que impresiones dentro de noso­tros, dentro de nuestras mentes. Si transformamos esas impresio­nes, transformamos radicalmente nuestra vida.

Cuando en uno hay, por ejemplo, orgullo, éste tiene por basa­mento a la ignorancia. Sentirse, por ejemplo, una persona orgullosa de su posición social, de su dinero. Pero si esa persona, por ejem­plo, piensa que su posición social es una cuestión meramente men­tal, que son una serie de impresiones que han llegado a su mente, impresiones sobre su estado social; cuando piensa que tal estado no es más que una cuestión mental o cuando analiza la cuestión de su valor, viene a darse cuenta que su posición existe en su mente en forma de impresiones. Esa impresión que produce el dinero y la posición social, no es más que las impresiones externas de la men­te. Con el solo hecho de comprender que son sólo impresiones de la mente, hay transformación sobre las mismas. Entonces, el orgullo, por sí mismo, decae, se desploma y nace en forma natural en nosotros la humildad.

Reglas de Oro

Hay impresiones que no son muy agradables, por ejemplo: Las palabras de un insultador ¿no? ¿Podríamos transformar las palabras de un insultador?

Las palabras son como son, entonces, ¿qué podríamos ha­cer? Transformar las impresiones que tales palabras nos produ­cen y esto es posible. La Enseñanza gnóstica nos enseña a cris­talizar la Segunda Fuerza, el Cristo en nosotros, mediante el pos­tulado que dice: "Hay que recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes. "

En el postulado anterior se encuentra el modo de transfor­mar las impresiones que producen en nosotros las palabras de un insultador. Recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes.

La mente está enfrascada en el mundo de los cinco sentidos y no acierta a comprender cómo podría independizarse de ellos, cree firmemente que es un Dios. La vida son nuestras impresiones y éstas pueden ser trans­formadas. Necesitamos aprender a transformar nuestras impresio­nes, empero, no es posible transformar cosa alguna en nosotros si seguimos apegados al mundo de los cinco sentidos.

Como he dicho en mi Tratado de Psicología Revoluciona­ria, la experiencia enseña a uno que el trabajo esotérico gnósti­co, si es negativo, se debe a la culpa propia.

Desde el punto de vista sensorial es que ésta o aquella per­sona del mundo exterior a quien uno ve y oye por medio de los ojos y los oídos, tiene la culpa; esta persona a su vez dirá que nosotros somos los culpables, pero realmente la culpa está en las impresiones que nosotros tengamos sobre las personas. Muchas veces pensamos que una persona es perversa cuando en el fondo es una mansa oveja.

Conviene mucho aprender a transformar todas las impresio­nes que tengamos sobre la vida. "Hay que aprender a recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes. "

Práctica para transformar las impresiones del día

Es urgente y necesario transformar las impresiones del día antes de acostarnos, de la siguiente manera:

1.-Relajación absoluta.
2.-Llegar al estado de meditación.
3.-Se revive la escena tal como sucedió.
4.-Buscar dentro de sí mismo el yo que ocasionó el pro­blema (que nos hizo identificar y no nos permitió transformar esa impresión).
5.-Observando serenamente, se colocará el ego en el banqui­llo de los acusados y se procederá al enjuiciamiento.
6.-Pedir la desintegración del yo-problema a la Divina Madre Kundalini (el aspecto femenino de Dios, que mora en nuestro Templo Corazón, a Ella le oraremos por la eliminación de ese ego).

Estimado amigo/a.

Nos complace enormemente que nos haya acompañado a través de estas 7 lecciones de Psicología.  Lo que más deseamos es que Usted pueda vivenciar, experimentar las Grandes Realidades, aquellas que moran su Interior.

Si Anhela seguir profundizando en estos conocimientos, para lograr un desarrollo espiritual, entonces le aconsejamos ingresar en alguna Institución o Centro Gnóstico de vuestra Ciudad, como así también estudiar los Libro y Conferencias del autor Samael Aun Weor.

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