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|1244 alumnos|Fecha publicación: 27/07/2009
Uno de esos grandes límites, que atañe al capítulo que
desarrollamos, es el de la copia del modelo de Estado europeo y
norteamericano, sin pasarlo por el tamiz de la crítica y la
adaptación creativa a nuestras sociedades.
Fue así como las Constituciones del siglo pasado, y aún de éste,
mantuvieron en general un enorme divorcio con la realidad: se
declararon derechos que nunca se cumplieron (y en muchos casos era
imposible de cumplir), y se pretendió establecer una estructura
política en base a la teoría de división de poderes que no era
aplicable a nuestra realidad. Se habló de democracia representativa
en el contexto de un pueblo que no podía practicarla en la forma
que se normaba y, en fin, todo ello condujo a tener un sistema
político en el texto legal y otro totalmente distinto en la
realidad.
Ni un caudillismo que va a los años de la Guerra del Pacífico, ni
la República Aristocrática que emerge en 1930, ni el Estado
oligárquico que sigue hasta 1970, son excepciones a esa regla.
Contados períodos intentaron soluciones distintas, pero la regla
general y abrumadora fue la del divorcio entre hechos y
normas.
En el decurso de todo nuestro período republicano, sin embargo, dos
tendencias son asuntos de resaltar y revisten importancia:
- La primera es el esfuerzo sostenido (aunque no permanente) de
constituir una nación a partir del Estado. Parece cierto decir que
mientras en muchas latitudes la nación constituye al Estado como su
emanación, en el Perú (y varios otros países), es el Estado el que
hace emanar de sí un acrisolamiento progresivo de la nación,
proceso que a mi personal parecer aún no está concluido.
En ese sentido, no podemos negar ni discutir que hay un ser peruano
que diferencia a nuestro pueblo de los otros Estados y naciones,
aún cuando también es cierto que por ejemplo los latinoamericanos
en conjunto, también podemos encontrar entre nosotros elementos
nacionales comunes que nos diferencias de otros. Hemos vivido en
una tensión dialéctica entre ser peruanos y latinoamericanos que es
creativa, ha sido desarrollada por muchos insignes pensadores,
especialmente los de los años 30, y que presenta perspectivas
futuras alentadoras en un mundo crecientemente integrado.
- La segunda es una progresiva consolidación del aparato del
Estado. A mi modo personal de ver la historia política del Perú, la
obra de Ramón Castilla fue decisiva en el siglo XIX y, luego de
vaivenes, ha sido desarrollada por otros cuyas ideas políticas y
actuación gobernativa están abiertas a discusión, pero cuyos
resabios han sido importantes en el largo plazo. Muchos ejemplos
concretos son hitos históricos, pero destacan el gobierno de
Leguía, ciertos aspectos políticos del de Bustamante y Rivero, el
período inicial del primer gobierno de Fernando Belaunde Terry y el
Gobierno Militar del General Juan Velasco Alvarado.
Las transformaciones políticas y orgánicas de todo este tiempo han
ido marcando una huella progresiva en el Estado Peruano, y han ido
modelando también progresivamente la nación. Es cierto, para
nosotros, decir que esos pasos sucesivos no han sido obra de
hombres ni de gobiernos, sino la representación objetiva de la
maduración que ha ido sufriendo el Perú mismo, aunque también
indudable que las características y orientaciones de cada grupo de
gobierno ha contribuido a plasmar los resultados y avances.
El Perú no está hecho ni concluido ni como nación ni como Estado,
en forma definitiva aún. Probablemente ningún otro país lo está y,
más bien, el avance de la historia mundial plantea siempre retos
más allá de las posibilidades. Así, por ejemplo, es evidente para
Latinoamérica que su necesidad de integración económica y política
es super-impuesta a una no plena configuración de sus actuales
países, y que lo propio ocurre en muchos otros, no el último
Europa.
También es cierto que los aspectos ideológicos globales del mundo
superan los de sus fracciones: los derechos humanos y su vigencia,
la necesidad del desarrollo, de la paz, etc., son imperativos
urgentes en la agenda universal que no reciben tratamiento adecuado
ni equitativo.
En este contexto, describir al estado peruano a partir de su texto
constitucional, plantea muy serios límites en el cotejo con la
realidad interna y la que nos circunda. Sin embargo, el estudio del
Derecho debe informarse de todo ello y, en su tarea cotidiana,
tiene un rol importante de contribución a que muchos aspectos
positivos del Derecho vigente en las normas, mas no en los hechos,
se hagan realidad para continuar en este esfuerzo ascendente del
largo plazo, por encima de las coyunturas y caídas.
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