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Derecho Civil. Guatemala (2/3)

Autor: Denise Sanchez
Curso:
8,80/10 (5 opiniones) |9167 alumnos|Fecha publicación: 15/10/2009
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Capítulo 4:

 La posesion

CONCEPTO Y NATURALEZA JURÍDICA

Aptitud que consiste en conservar o guardar una cosa de modo exclusivo y de realizar en ella los mismos actos materiales de uso y disfrute como si fuera el propietario de cierta cosa.

Naturaleza Jurídica: Ihering siempre existe un interés tutelado jurídicamente en que la posesión es un simple hecho. Pero si nos atenemos a la relación de contacto material con la cosa exclusivamente; pero si nos fijamos en las consecuencias jurídicas que ello produce, no hay duda que es también un derechos. Consecuencias Jurídicas fundamentales:

a)  La protección posesoria de los interdictos.

b)  El derecho del poseedor a los frutos, en determinadas circunstancias y condiciones.

c)  El derecho del poseedor para el reintegro de las mejoras y gastos causados.

d)  La responsabilidad del poseedor por los deterioros sufridos en la cosa

e)  La transmisibilidad de la posesión a los herederos.

f)  La adquisición, en ciertos casos, del dominio por usucapión

g)  Los efectos especialísimos que se producen en la posesión de cosas muebles, adquiridas de buena fe.

Ø                                                     POSESION DE HECHO Y POSESION LEGITIMA

Posesión de hecho y Posesión legítima

Sentidos de la palabra "posesión". — La palabra posesión tiene dos sentidos: como señorío o poder de hecho, y como poder jurídico (derecho).

·        POSESIÓN COMO PODER DE HECHO.

En el más usual, significa señorío o poder de hecho sobre una cosa. Consiste la posesión en el hecho mismo de ese poder, omisión hecha de que se tenga o no derecho a él. En tal sentido, posee una cosa el que la tiene bajo su dominación. A diferencia, pues, del derecho subjetivo, que es un poder concedido por el Ordenamiento, es decir, un señorío jurídico, el poder de hecho que la posesión es, ni puede proceder de la ley ni depende de ella, ya que lo ostenta quien en realidad domine la cosa, y no quien establezca la ley que deba tenerla. Y cuestión distinta es que a alguien corresponda el derecho a poseerla (por ejemplo, al dueño, al arrendatario), que es asunto aparte del hecho de poseerla o no efectivamente (posesión). De cualquier manera, aunque la posesión no sea un poder jurídico, de hecho se comporta como tal, o sea, como un derecho, ya que de hecho el poseedor puede todo lo que jurídicamente puede el titular del derecho. Ahora bien, la ley no sólo protege a los poderes jurídicos (derechos) que ella concede, sino que protege también (por razones que luego se verán) al poder de hecho en que la posesión consiste, atribuyendo, además, al mismo, ciertos efectos (jurídicos). En el caso de los poderes jurídicos (derechos) otorgados por la ley, ésta concede el poder y su protección; en el caso de la posesión, concede sólo la protección. Según lo dicho, la posesión es un poder de hecho, y un hecho (el hecho de ostentar tal poder). Y el que tenga efectos jurídicos no hace de ella un derecho, sino un hecho jurídico.

Lo mismo que el tener tales efectos tampoco hace que sean un derecho, por ejemplo, la muerte de una persona o el matrimonio o el testamento, todos los cuales los producen.

 Se ha dicho que en su primera acepción posesión es poder de hecho sobre una cosa. Poder de hecho, no en el sentido de que de hecho nos quepa verificar algún acto aislado que la tenga por objeto, sino en el de que nos está sometida de forma que (al menos en potencia) quepa ejercer tal poder duraderamente sobre ella. Esta afirmación que se deduce, sin duda, de la concepción tradicional de la posesión y de la opinión social sobre el poder posesorio, se apoya, además, al decir que la posesión se adquiere "por la ocupación material de la cosa o derecho poseído" y "por el hecho de quedar éstos sujetos a la acción de nuestra voluntad".  La posesión es un hecho-estado, y no un hecho-acontecimiento.  Por poder de hecho hay que estimar aquello que aparezca como tal ante la opinión común (conciencia social, criterio del comercio jurídico). Interpretando ésta dispone, por ejemplo, el Código que "la posesión de la cosa mueble no se entiende perdida, mientras se halle bajo el poder del poseedor, aunque éste ignore accidentalmente su paradero". Dicho poder debe ser entendido, no en un sentido de poder físico actual (como tener la cosa cogida con la mano, o junto a nosotros, de manera que esté a nuestro alcance y disposición), sino en el sentido de hallarse bajo el señorío efectivo de nuestra voluntad (por ejemplo, también poseemos de hecho la casa veraniega que está ahora cerrada, y el objeto que, sólo tomado al comprarlo, permanece después olvidado en el fondo del armario; porque una y otro están bajo nuestra dominación: cabe, si lo decidimos, que la habitemos o que lo utilicemos). O sea, para juzgar sobre la existencia o falta del poder de hecho, hay que rechazar un criterio de pura tenencia material, pues:

1.° Por un lado ésta es, por sí sola, insuficiente. Así, hay contactos corporales entre persona y cosa que, ante los ojos de la opinión común, evidentemente no son tal poder. Por ejemplo: no lo tiene (no posee la silla que ocupa) la visita que se sienta en casa del amigo, ni tampoco lo tiene (no lo posee) el niño de unos meses que se aterra al chupete, ni lo tuvo, es decir, no poseyó la cartera robada, el viajero inocente en cuyo bolsillo la encontró el guardia, por temor al cual el ladrón la deslizó en él, etc. En ese sentido de excluir que haya poder de hecho sobre la cosa cuando, aunque exista contacto material con ella, falta un mínimo de voluntad posesoria (voluntad de tenerla de hecho, independientemente de ostentar o no algún derecho sobre ella) del sujeto, cabe decir que la posesión requiere animus possidendi, y que se compone de dos elementos: corpus (señorío efectivo) y animus (voluntad posesoria). Mas, realmente, y para evitar confusiones, debe aclararse que lo que ocurre es que, sin este animus posesorio, no se estima que el solo contacto material puramente externo entre persona y cosa constituya señorío de hecho sobre ésta. 

2º. Y, por otro lado, el contacto corporal no es necesario. En efecto, según lo antes visto, para que se estime la existencia del poder en cuestión no es precisa tal tenencia material por el poseedor. Este tanto puede estar falto de ella, como tenerla, no él personalmente, sino a través de otra persona que, careciendo de autonomía en orden a la cosa, actúe dependientemente de aquél. Se trata del llamado servidor de la posesión ajena, que es, simplemente, no un representante, sino un instrumento inteligente manejado por el poseedor: así, el chofer no tiene poder de hecho sobre el coche, sino que sirve para llevar a cabo la posesión del dueño; y lo mismo puede decirse del criado que maneja los instrumentos de limpieza o de la cocinera que usa los utensilios para cocinar.  Hasta aquí el examen del asunto de que para juzgar de la existencia o falta del poder de hecho, hay que rechazar un criterio de pura tenencia material, pues, como he expuesto, ésta, de por sí sola, es insuficiente, y, por otro lado, el contacto corporal no ES necesario. Pasemos ahora a otro tema: el de si para que se pueda estimar que alguien tiene poder de hecho sobre una cosa, es preciso que ésta esté sólo a su alcance y fuera del de los demás. Tema del que pienso lo siguiente: El poder de hecho en que la posesión consiste, no requiere, según se ha visto, la tenencia material de la cosa en la mano. Pero ni siquiera es preciso tampoco que ésta esté sólo a nuestro alcance, y fuera del de los demás (pues de exigirse ambas cosas, casi nadie poseería nada, salvo lo que llevase encima). Se requiere sólo que ciertamente la cosa se halle bajo el poder de nuestra voluntad, porque, aunque esté al alcance de los demás, éstos no la hayan sometido al suyo. Tal estar en poder, depende de la concepción social. Así, yo poseo mi finca distante, sin cercar y sola (aun sin guarda), porque efectivamente ya la señoreo de hecho (voy cuando hay cosecha, la recojo, entro y salgo cuando quiero, etc.), y los demás que —sin estar cercada— podrían también hacerlo, de hecho no lo hacen; y si alguno llega a hacerlo (siempre que no sea una entrada furtiva, externamente no configurable como apoderamiento estable), se convierte en poseedor de hecho. Aunque yo conserve la posesión como derecho. E igual se diga del pescador que deja las redes caladas, yéndose luego, para volver en su momento, o del cazador que deja puesto el cepo, o del bañista, que deja la ropa amontonada en la orilla, materialmente más cerca de los que están allí, que de él, que se aleja a nado, o del barquero que, ausentándose, deja su bote simplemente varado en la arena, o del ciclista que, para recogerla luego, deja su bicicleta al borde de la acera, o de la empresa constructora que, cuando cesa el trabajo, deja la maquinaria al borde de la carretera que está en reparación.

·        POSESIÓN COMO PODER JURÍDICO (DERECHO).

Por razones de conveniencia práctica, ciertas situaciones, que no son de poder de hecho de una persona sobre una cosa, producen esencialmente iguales efectos que éste. A las mismas se les puede calificar también de posesión. Y, como en ellas el poder que tiene la persona sobre la cosa no consiste en una dominación efectiva, sino sólo en el señorío (poder jurídico) que (independientemente de a quién corresponde el derecho definitivo sobre la misma) le concede la ley, puede decirse que son casos de posesión como derecho (poder jurídico), y no como hecho (dominación efectiva). En efecto, posesión es palabra que se emplea no sólo para expresar al poder de hecho sobre una cosa, sino también cierta especie de poder jurídico que —aun sin constituir un señorío del tipo que lo es un derecho normal— confiere la ley en orden a aquélla. Como he dicho, por razones de conveniencia práctica, el Ordenamiento establece que determinadas situaciones, aun sin que en ellas una persona tenga un poder de hecho sobre una cosa, produzcan esencialmente iguales efectos que éste. Es decir, que el Ordenamiento hace derivarse consecuencias de posesión, no sólo del hecho de la posesión, sino de otros, a los que —por ello— también puede denominarse posesión.

Ahora bien, así como en aquel caso las consecuencias se producen por la existencia de un poder de hecho sobre la cosa, en éstos, en los que tal poder falta, se producen por la existencia de un cierto señorío que —por diferentes razones— el Ordenamiento concede a la persona sobre la cosa, señorío que, en cuanto que es un poder concedido por la ley, puede ser calificado de "derecho". Así:

A) Quien es despojado por otro de la cosa que materialmente poseía, pierde ciertamente la posesión corporal, pero conserva durante un año un poder (una llamada posesión) incorporal (o ideal), en cuya virtud, puede, independientemente de que tenga o no derecho (normal) sobre la cosa, recuperar (durante este plazo) mediante la oportuna reclamación judicial su tenencia material, además de producirse otros efectos a su favor. Cuando viene a faltar el hecho del señorío efectivo sobre la cosa, cesa la posesión como hecho, aunque pueda conservarse una posesión como derecho.

Al hablar de que el poseedor pierde su posesión, "Por la posesión de otro, aun contra la voluntad del antiguo poseedor, si la nueva posesión hubiese durado más de un año", se refiere a la pérdida de la posesión como derecho. La posesión como hecho, es decir, como poder efectivo sobre la cosa, es indudable que la perdió desde el momento mismo en que fue despojado de ésta.

B) Quien en el Derecho del Código civil' hereda a otro, adquiere sobre las cosas poseídas por el difunto (y aparte de la propiedad de los bienes de éste) un cierto poder jurídico llamado posesión civilísima (en el sentido de no consistir en un poder efectivo sobre la cosa, sino consistir sólo en estar establecida por el Derecho civil), independientemente de que de hecho hayan pasado o no a su poder las cosas heredadas.  Y en virtud de aquel poder, tiene, en principio, la facultad de tomar por sí la posesión efectiva de las mismas o de pedir (mediante el llamado interdicto de adquirir) que se le entregue jurídicamente.

C) Quien carece de la posesión directa de una cosa (posesión inmediata) puede, sin embargo, tener sobre la misma cierta clase de poder jurídico llamado posesión mediata: por ejemplo, el dueño que otorga al arrendatario la posesión efectiva de la cosa arrendada, conserva la posesión (mediata) de la misma. En ese sentido, de poder concedido por el Ordenamiento sobre una cosa (independientemente, tanto de que se sea titular de un derecho definitivo sobre ella, como de que se ¡talle bajo nuestro señorío efectivo) se puede decir que la posesión no es un poder de hecho (o un hecho: el hecho del señorío efectivo) ni un derecho definitivo sobre la cosa, sino un derecho provisional o más débil que los ordinarios. Porque, siendo un poder jurídico (es decir, concedido por el Ordenamiento), es un derecho; y siendo vencido por los derechos normales (por ejemplo, quien, sin ser dueño posee una cosa, es protegido en su posesión, y puede pedir la restitución de aquélla si se le arrebataron, pero ha de entregar la cosa al dueño —el derecho de éste vence al del poseedor— si se la reclama), es un derecho más débil que éstos.

CASOS EN LOS QUE NO HAY PODER DE DERECHO.

En algunos de los casosl en los que, según mi punto de vista, falta un poder de hecho sobre la cosa, entienden muchos que tal poder existe, aunque espiritualizado: por ejemplo, en los de la llamada posesión mediata. Por mi parte, no niego que, en ellos, el interesado pueda tener ciertas atribuciones respecto a la cosa (piénsese en las facultades de control que sobre la misma conserva, por ejemplo, el que la arrienda); pero estimo equivocado pensar que constituyen el discutido poder de hecho. En ellos hay, sí, posesión, pero como derecho. Por otro lado, si, ciertamente, he afirmado que poder de hecho es lo que aparezca como tal a la opinión común, debo advertir, sin embargo, que no cabe argumentar que ésta, en los casos discutidos, vea un poder de hecho (aunque espiritualizado), pues lo que realmente ocurre es que los mismos son considerados como de posesión, a pesar de la falta de un poder de hecho, o sea, que son considerados de posesión como derecho. En efecto, hay que distinguir dos cuestiones: una, que, en ciertas hipótesis, la opinión del tráfico estime como poder de hecho situaciones que no son de tenencia material de la cosa, pero en las que ésta se halla sometida al señorío de nuestra voluntad. Y otra, que esa opinión del tráfico estime que en determinados supuestos hay posesión, aun no estando actual mente la cosa bajo el poder de hecho del poseedor, porque —aparte de a quién corresponda el derecho a tener la cosa— tal poseedor deba de ser respetado y protegido en su situación hasta que sea vencido legalmente por aquél; es decir, porque se trata de supuestos en los que es justo que se produzcan iguales efectos que si hubiera poder de hecho.

ELEMENTOS PERSONALES, REALES Y FORMALES DE LA POSESION

PERSONAL:  El poseedor.

REAL: Muebles e Inmuebles.

FORMAL: Animus.

a)  Muebles: La mera posesión.

b)  Inmuebles: El tiempo

Posesión + Inmueble + 10 años = USUCAPION.

FUNDAMENTOS DE LA PROTECCIÓN POSESORIA.

Arto. 229 inciso 5º. Y 249 Dcto.-Ley. 107

Arto. 612, 614, 615, 617, 620  C.C.

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