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Derecho Civil. Guatemala (2/3)

Autor: Denise Sanchez
Curso:
8/10 (3 opiniones) |9167 alumnos|Fecha publicación: 15/10/2009
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Capítulo 29:

 El negocio jurídico

HECHOS Y ACTOS JURÍDICOS

Hechos: Cambio en la naturaleza, sin la intervención del hombre y sin consecuencias jurídicas.

Hecho Jurídico:  Cambio en la naturaleza, sin la intervención del hombre y con consecuencias jurídicas.

Acto: Cambio en la naturaleza con intervención del hombre pero sin consecuencias jurídicas.

Acto Jurídico: Es todo cambio en el mundo sensorial, determinado por la voluntad de un hombre que produce efectos jurídicos.

CLASIFICACION DE LOS ACTOS JURÍDICOS

Actos Jurídicos UnilateralesActos Jurídicos BilateralesActos Jurídicos PúblicoActos Jurídicos Privado

CONCEPTO Y DEFINICIONES DEL NEGOCIO JURÍDICO

Manuel Albaladejo: Es un acto jurídico (genero próximo) constituido por la declaración de voluntad privada -> pero puede estar compuesto por más declaraciones de voluntad y por otros elementos <- acto que el derecho tutela reconociéndolo como base (fundamento) para la producción de efectos que dicho derecho ordena tengan lugar en congruencia con lo que a tenor de la declaración se puede calificar de querido (deseado, efectos ex voluntate, diferencia especifica).

Acto voluntario y lícito realizado de conformidad con una norma jurídica que tenga por finalidad directa y específica, crear, conservar, modificar, transferir o extinguir derechos y obligaciones dentro de la esfera del derecho privado.

Declaración o declaraciones de voluntad privada, encaminados a producir un fin práctico jurídico, a las que el ordenamiento jurídico, bien por si solo o en unión de otros requisitos, reconoce como base para producir determinadas consecuencias jurídicas (Espín Canovas)

Acto integrado por una o varias declaraciones de voluntad privada, dirigidas a la producción de un determinado efecto jurídico y a las que el Derecho Objetivo reconoce como base del mismo, cumplidos los requisitos y dentro de los límites que el propio ordenamiento establece (Castán Tobeñas)

N.J. Actos que se fundamentan en la declaración de JURÍDICO que van a crear modificar o extinguir una relación jurídica como consecuencia de esa declaración.

CARACTERÍSTICAS DEL NEGOCIO JURÍDICO

Ø     Es un acto jurídico, una conducta humana

Ø     Ese acto consiste en una declaración o varias declaraciones de voluntad (es una voluntad declarada, exteriorizada, no interna: puede ser solo una declaración, testamento, o varias, un contrato; es una voluntad privada

Ø     La declaración de voluntad está encaminada a producir un efecto jurídico;

Ø     Ese efecto está protegido o reconocido por la ley, por el Derecho

* EL NEGOCIO JURÍDICO Y SU APLICACIÓN EN EL DERECHO

DERECHO DE FAMILIA

El negocio jurídico  se encuentra en todas las relaciones, actos que realiza el hombre, por el hecho de ser una declaración de voluntad, que tiene por fin inmediato establecer entre las personas relaciones jurídicas, crear, modificar, transferir, conservar o eliminar derechos.

Ejemplos.

 Matrimonio

     Derecho de alimentos

DERECHO SUCESORIO

Ejemplo.

     Testamento

DERECHOS REALES

Ejemplo.

     Derechos reales de garantía. (Hipoteca)

DERECHOS DE OBLIGACIONES

Ejemplo:

     Constituidos en obligaciones de hacer, no hacer, dar y no dar.

Objeto del Negocio Jurídico

Diverso de la causa es el motivo del negocio. Por motivo del negocio debe entenderse, propiamente, la representación de la realidad, en cuanto tal representación pone en movimiento, o detiene (Es decir, es su razón determinante}, la voluntad del sujeto, al dar vida al negocio. Por tanto, parece término más apropiado para expresar el concepto, el de móvil (a veces, se habla de causa eficiente).  No siempre la determinación de la voluntad es obra de un solo motivo; varios motivos pueden operar conjuntamente en el mismo sentido, o en contraste el uno con el otro. La causa difiere del motivo, no solamente en los dos primeros significados atribuidos a aquel término, sino también, y sobre todo, cuando se la entienda en su significado propio, o sea, como finalidad perseguida en el acto de dar vida al negocio (con el cual se cumple una atribución patrimonial). Motivo es una representación (hecho subjetivo); causa es elemento objetivo (finalidad) para conseguir el cual, el sujeto da vida al negocio (es elemento teleológico). Solamente ha de admitirse que la representación de la finalidad (causa) hace de motivo (impulso); es la razón por ¡a cual el sujeto quiere; causa no es motivo, o sea, representación de la finalidad, sino que es la finalidad en sí -y por si considerada Precisado esto, se advierte que el motivo presenta estrecha conexión con la volición; incluso, que el juego de los motivos es precisamente lo que prepararla volición; y, por tanto, el motivo se diferencia ulteriormente de la causa, en cuanto el primero opera en el terreno de la voluntad, mientras que la segunda opera en el terreno de los fines, permaneciendo (como se ha señalado ya) el primero como elemento subjetivo y la segunda como elemento objetivo. Se puede decir, por ejemplo, que causa (y causa constante) de la venta es, para el vendedor, recibir el precio de la cosa, mientras los motivos de la venta son, para el vendedor, los diversos empleos posibles que puede hacer de la suma obtenida (comprar una cosa diversa de la vendida; gastar la suma en un viaje; ayudar con la suma a un pariente necesitado; y similares) ; la primera es siempre la misma; los segundos varían de un sujeto a otro y, para el mismo sujeto, de una situación a otra. Igualmente, para el comprador, la causa de la compra de una casa es siempre la adquisición de la propiedad de la casa; el motivo puede ser el de habitar la casa, el de revenderla, el de demolerla para levantar una más alta y moderna, el de destinarla a una obra de beneficencia, etc.

En otro sentido, pueden establecerse las relaciones entre motivo y causa: el sujeto puede, mediante el negocio, perseguir finalidades mediatas, que van más allá de la inmediata (causa en sentido estricto ; también las ulteriores finalidades se llaman —por la mayoría— motivos (o causas secundarias, o remotas). Y, en efecto, no son la causa, sino motivos particularmente importantes para el sujeto. Ahora bien, mientras en general los motivos son indiferentes (cfr. número siguiente), por el contrario. los que consisten en finalidades mediatas, cuando sean deducidos en negocio, o sea, manifestados por el sujeto, adquieren relevancia; y, si no se consiguen, pueden dar lugar a una reacción en favor del sujeto, por analogía de lo que ocurre con la causa no-realizada. Las finalidades mediatas, pues, aun permaneciendo distintas, se aproximan a la causa, del negocio, porque (excepcionalmente) son relevantes. Dentro de estos límites restringidos, puede aceptarse la opinión según la cual también la causa en sentido subjetivo seria causa en sentido técnico. Como causa secundaria o remota, o sea, como causa en sentido subjetivo, la misma opera, indudablemente, como si fuese causa objetiva; pero desde el punto de vista de la esencia, la causa remota no pierde su naturaleza de motivo.

De ordinario, los motivos son jurídicamente irrelevantes! Sobre todo porque no son deducidos en negocio, o sea, porque el declarante no hace depender de la realización del motivo del cual él ha partido, la eficacia del negocio; ni, por otra parte, del motivo silenciado pueden ser conocedores los terceros. Los motivos son relevantes en materia de negocio mortis causa, en materia de donación y en materia de contratos en general; estado de peligro y de necesidad). En sustancia, los casos principales que la ley toma en consideración, son los motivos erróneos y los motivos ilícitos.

Además de causa y de motivo, se suele hablar de propósito (o intención) : un término cuyo significado no es claro, a menos que se haga de él el motivo que ha prevalecido sobre los otros (el motivo último) en el proceso de formación de la voluntad y que, entonces, se identifica con la voluntad o, mejor, con la volición; a manifestar la cual, en el negocio jurídico (es diferente en los actos jurídicos, sirve  la declaración. Pero, con esto, se ve cómo, también en cuanto a la intención (al igual que en cuanto al motivo), los nexos son con un hecho subjetivo (precisamente, la volición) y no con un hecho objetivo, como es la causa. En efecto, de la intención, y del intento jurídico y del intento empírico, se ha hablado aquí, a propósito del concepto de negocio jurídico, para expresar que el declarante es movido por aquella cierta voluntad; y entonces, el concepto de intención coincide con el de causa remota, o sea, es siempre la variante de un motivo.

El negocio jurídico y su aplicación en el derecho

En cuanto al fin que con el negocio se persigue es, según hemos indicado, regular los propios intereses, jurídicos. Pero ello como regla general, pues también haya negocios jurídicos encaminados, como excepción, a la regulación de los intereses ajenos. Por ejemplo, el negocio representativo. Sin embargo, conviene advertir que hay una serie de consecuencias mediatas que pueden afectar a terceros y que sería equivocado considerar como prueba de que habitualmente los negocios jurídicos producen sus efectos en la esfera de los que no intervienen en ellos. Por ejemplo, si en virtud de un negocio se adquiere a non domino, el titular del derecho adquirido cesa de serlo por haberse convertido en titular el adquirente a non domino. Pero no es que el negocio sea eficaz respecto de aquél, sino que siendo el efecto del mismo sólo la adquisición de éste, tal adquisición tiene, a su vez, como consecuencia, la pérdida del derecho por el anterior titular.  Cabe ahora observar qué papel desempeña en el ámbito 'jurisdicción’ la institución del negocio: representa la solución a, un problema práctico paralelo a aquél que se resuelve con la figura del derecho subjetivo privado. Ambos (derecho y negocio) están al servicio de la libertad y de la autonomía privada, pero con finalidades esencialmente distintas, ya que cada uno de, ellos representa la solución de una diferente cuestión, si bien sean éstas correlativas y complementarias. El derecho subjetivo cumple una finalidad estática de conservación y tutela. El negocio jurídico, por el contrario, tiene una (finalidad dinámica, de iniciativa y renovación. Con el derecho subjetivo resuelve el Ordenamiento jurídico el problema de proteger los intereses privados tal como los encuentra constituidos en el ordenamiento económico social que tutela. Con el negocio jurídico soluciona el de ofrecer a la iniciativa individual el modo de desplegarse y actuar, modificando la posición de aquellos intereses, según las directrices que los particulares mismos juzguen más convenientes.

A esta materia, que ha adquirido un especial desarrollo en tema de contrato, debemos referimos aquí, porque presenta aspectos generales, comunes a todos los negocios patrimoniales entre vivos, según la extensión autorizada. Interpretación del negocio, vale tanto como investigación del significado efectivo del negocio; significado que no es siempre claro y patente, ya conste el negocio de una sola o de varias declaraciones de voluntad. En otros casos, además, aparte la cuestión de la posible oscuridad o ambigüedad, el negocio puede resultar de dos (o más) declaraciones de voluntad, de contenido diverso (como en los contratos): las cuales concurren a constituir la que se llama voluntad contractual: aquí, las dificultades de interpretación aumentan, también porque entra en juego, en otro aspecto, el problema de si debe darse relieve a la voluntad, tal como resulta de la declaración (voluntad declarada), o bien a la voluntad efectiva (no declarada). La investigación fundamental del intérprete consiste en establecer la naturaleza jurídica efectiva del negocio, puesto que de ella deriva la aplicabilidad de un determinado grupo de normas, en lugar de otro. A este respecto, adviértase que no es en absoluto decisivo el nomen iuris, empleado de ordinario por las partes, para calificar el negocio. Esto es verdad, especialmente en materia contractual. A reconstruir, en los indicados casos, el significado efectivo del negocio, ayudan, además, las reglas legales (o sea, fijadas por la ley) de interpretación. Estas son —como actualmente se considera, de manera indiscutida, después de haber superado la opinión que veía en ellas meros consejos, o criterios, confiados al arbitrio del intérprete en general y del juez en particular— verdaderas y propias normas jurídicas coactivas cuya observancia, por tanto, es obligatoria. Las reglas antes señaladas, sin embargo, no desarrollan todas la misma función; y, por eso, deben agruparse como sigue.

2.—Algunas están dirigidas a fijar los criterios objetivos a base de los cuales pueden eliminarse las eventuales ambigüedades o dudas de las declaraciones de voluntad, y determinar su contenido efectivo contra el aparente (interpretación denominada objetiva). Se afirma, ante todo, el denominado principio de conservación del negocio, lo que significa que se debe impedir que el negocio sea prácticamente inútil, esto es, que quede privado de efecto, a causa de la ambigüedad de alguna de las cláusulas, o de las proposiciones en el mismo contenidas. Se prescribe, además, que, para entender la cláusula ambigua, debe hacerse referencia a lo que se practica en el lugar donde se ha formado el negocio; que las palabras de diversos sentidos deben entenderse en el sentido más conveniente a la naturaleza y al objeto del negocio. Convendrá, también, la rectificación de la errónea declaración de voluntad.

3.—Por el contrario, otras reglas están dirigidas a facilitar la investigación y la determinación —en cada caso— del valor de la declaración de la voluntad en concreto de la parte declarante, o (si se trata de negocio bilateral) de las partes (interpretación subjetiva, o histórica, o en concreto) a prescindir de la hipótesis de la ambigüedad. Se postula que, para interpretar el negocio, debe investigarse la intención del sujeto, y no limitarse al sentido literal de las palabras (donde es evidente el paralelismo con las disposiciones preliminares). De la premisa se sacan las consecuencias (las cláusulas se interpretan las unas por medio de las otras, porque son lógicamente "complementarias"), (interpretación "restrictiva" del negocio) y (interpretación "extensiva" del negocio) (también aquí, emerge el paralelismo con las normas sobre la interpretación de las leyes). El legislador declara introducir en la materia del negocio entre vivos, aun unilateral, el principio de la buena fe objetiva. El deber de observancia de la buena fe, al menos en los limites en que la regla está dirigida al juez, parece significar que el contrato debe ser interpretado como exige la buena fe (objetiva); pero, en cuanto la misma está dirigida a las partes, se ha observado que la regla carece de contenido especifico, en cuanto el principio de buena fe ha penetrado en la reciente redacción de las normas sobre la interpretación negocial. La buena fe, en esta materia, impondría un comportamiento leal de los sujetos en entender los recíprocos deberes y en hacer valer los propios derechos, a apreciarse a base del criterio objetivo de lo que el hombre medio entiende por lealtad.

El negocio oscuro es ininteligible, sanciona, en su primera parte, el principio de equidad. en materia de interpretación negocial.

Por equidad, en el sentido ahora considerado, debe entenderse el equilibrio de los intereses y la igualdad de trato que ha de conseguirse en las relaciones entre las partes.

4. — Otras normas de interpretación, particulares a algunos negocios jurídicos, testamento, dote, servidumbre, comodato; los cuales contienen, no ya presunciones (como podría parecer a primera vista), sino normas interpretativas.

5.—Además de interpretación, en el sentido ya explicado, el negocio  es susceptible de interpretación integrativa, pero, sobre todo, de integración; ésta implica una incidencia, no sobre el contenido, sino sobre los efectos del negocio, en el sentido de hacerlos más próximos a los que la ley, el uso o la equidad reclaman.

Capítulo anterior - Extinción de las obligaciones

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