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La depresión refractaria. Psicoterapia

Autor: Felix Larocca
Curso:
10/10 (2 opiniones) |135 alumnos|Fecha publicaciýn: 15/08/2011
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Capýtulo 3:

 Psicoterapia. Caso (2/2)

Durante las pocas sesiones que, juntos compartieran, en lo que, ella considerara un ejercicio en futilidades. El psiquiatra tomaba llamadas de índoles privadas, no escatimando detalles pocos discretos cuando, con su llamador, conversara.

Se lamentaba de la manera siguiente: “Me puso en un antidepresivo y me dijo que esa receta me iba a curar y a mejorar mi vida sexual. ¡Yo no lo fui a consultar por el sexo! --- lo resentí mucho”.

“En otra ocasión me preguntó si siempre había sido tan gorda como hoy fuera. Cuando le dije que ‘no’. Me advirtió que a las mujeres gordas --- como yo --- los hombres no le hacen caso”.

“La última vez que lo llamé. Me despidió diciéndome que estaba ‘curada’. Que parara de tomar la medicina y que no tenía que volver a verlo. Entonces, me recordó que las llamadas telefónicas representaban un honorario adicional de diez dólares por minuto…”

“Enfurecida colgué. Esa noche tuve una pelea con mi marido por regresar tarde de su noche de póker y decidí acostarme tirando las píldoras en el inodoro.

“Cuando mi esposo llegó. Me gritó. Me acusó de estar loca. De volverlo loco a él --- y aquí estoy…”

Mina mantuvo una actitud serena y desafiante durante la sesión. Su afecto era de amplitud normal y sus asociaciones tendían a lo exagerado e histriónico, por lo que apropiadamente se reía.

Por ejemplo: “Le he dicho a mi marido un millón de veces --- bueno --- quizás cien mil veces…” mientras sonriera.

Le advertí que nuestra visita era tentativa y diagnóstica. Por lo que no podría garantizarle seguimiento de ser necesario.

Me respondió: “Entonces, lo que usted quiere es que me lleve el diablo y que siga deprimida…”

Le respondí que no tenía deseos de que nadie se la llevara --- y, mucho menos, el diablo.

Silencio.

“Entonces (me dice) lo que usted quiere es que siga en esta depresión de la que no puedo salir…”

Le pregunté y observé: ¿A cuál depresión se refiere? Porque, deprimida, usted no lo está”.

Se levantó abruptamente con los brazos en jarras y me interpela de la manera siguiente: “Si no deprimida ¿Entonces qué estoy?”

Le respondí quedamente: “Usted está furiosa”.

Algo que, a carcajadas, admitiría; mientras me preguntaba, “y, ahora ¿qué hacemos?”

En un recetario comencé a escribir algo, cuando Mina, espantada me pregunta: “¿Otra receta?”

No, le di el nombre de una terapeuta por mí conocida y el título de un libro: Portnoy Complaint por P. Roth.

En este caso, como en tantos que pasan desapercibidos, la rabia reprimida e inconsciente se tornaría, como sentimientos de culpa, contra las defensas del ego y avanzarían metamorfoseándose como melancolía.

De ahí se originarían los síntomas que pareciendo depresión --- no lo fueran.

Una paciente me decía, con perspicacia singular: “Muchos doctores recetan antes de que uno entre a la consulta…”

En resumen

La “cura por el habla” es, sin duda, la cura por excelencia para la gran mayoría de los sufrimientos humanos. Pero, para que ésta sea efectiva se necesita el conocimiento y la experiencia.

Algo que, tantos pacientes como terapeutas, con frecuencia sorprendente ignoran. (Véanse mis ponencias al respecto).

Ahora, concluiremos esta lección con otra que la complementa…

La realidad y su entendimiento como instrumento terapéutico

Dr. Félix E. F. Larocca

Uno de los beneficios de ser nuestros pacientes o haber sido tratado en algunos de los centros que en el pasado dirigiéramos, es terminar siendo recipientes de una colección extensa de artículos que incrementan logros personales, acrecientan la velocidad de la terapia y facilitan la incorporación emocional de conocimientos básicos para seguir viviendo una vida libre de conflictos neuróticos. Porque para nuestros pacientes, cultivarse es un capítulo más en su desarrollo. (Véanse mis artículos acerca de la educación del paciente y sus familiares para realce terapéutico).

Cuando contemplo el mar fuera de mi ventana, me pregunto, fascinado por su belleza: ¿Es posible que todos quienes contemplen esta profusa hermosura perciban lo mismo? Un médico, recientemente me indicó que “no”. Me dijo que la vista le recordaba un parqueo y que el mar a él no le gustaba.

Volvamos al tema de la realidad y de la terapia, palabra ésta de significado ambiguo, para muchos quienes la ejercen --- así lo digo, porque, es la Realidad.

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